CAPÍTULO 15
Aún estaba dormida cuando sonó el timbre. Me levanté de un salto y bajé corriendo las escaleras. No podía ser otro que Mariano, y no quería hacerlo esperar.
-¡Buen día! -me sonrió- ¿Cómo está hoy mi novia? -parecía contento, divertido.
-Con sueño, pero muy bien -lo besé y me arrojé en el sillón del living. El se sentó a mi lado y me invitó a recostar mi cabeza en sus piernas, posición que adopté de inmediato.
-¿Todo bien? -preguntó dubitativo mientras enredaba sus dedos en mis rulos.
-Sí, Negro, me encanta que hayas venido... -aunque estaba feliz de verlo, no podía controlar el sueño.
-Te noto en otra... repito, ¿todo bien ayer con el pibe? -recién entonces comprendí el por qué de su pregunta anterior. Me incorporé para poder besarlo y abrazarlo.
-Si lo que estás preguntando es si algo cambió desde anoche, te contesto que no, pude aclarar todo con Francisco, no hubo problema. No quiero que pienses que pasa algo, sólo tengo sueñito, estaba durmiendo cuando llegaste y solamente pasé por el baño a lavarme los dientes para poder besarte, pero todavía no me desperté. Te amo, Negro. Te lo dije ayer y no me voy a cansar de repetirlo.
Su rostro se iluminó. Me acarició con suavidad y besó mis labios.
-Yo también te amo. No entiendo cómo no me di cuenta antes. Si tenés sueño, vamos a la cama. Total no tenemos nada más importante que hacer.
A decir verdad, a mi se me habían ocurrido un par de cosas.
-Ayer le conté a mis viejos -dijo de repente mientras flotábamos en las colchonetas.
Me sentí avergonzada, sus padres eran como mis tíos, y ahora empezarían a verme con otros ojos.
-¿Y qué dijeron? -me moría de curiosidad.
-Primero me retaron, y luego de explicarles que iba en serio y que era algo que veníamos charlando desde hace rato, se pusieron contentos. Pero me amenazaron. Mi viejo me dijo que si te hacía sufrir iba a ser el primero en romperme la cara -largó una carcajada- ¿Te das cuenta de que ahora mis viejos son tus suegros? -volvió a reír aún mas fuerte.
-Vos reíte, pero a mi me da un poco de vergüenza. Además a veces nos juntábamos con tu vieja a tomar mate y criticar a tus novias, ahora no lo vamos a poder hacer más -allí largué yo una carcajada.
-Mirá que bien... mirá las cosas que hacían a mis espaldas -movió mi colchoneta hasta tirarme al agua.
Una vez que logré volver a recostarme, me preguntó:
-¿Vos le vas a contar a tu viejo?
-Anoche estuve pensando. Me parece que le voy a contar cuando vuelva, me parece algo importante para contarle por teléfono.
-Mejor, porque él se va tranquilo, pensando que yo me quedo acá para cuidarte, y si se entera, no sé si va a estar tan tranquilo pensando en las noches que pienso pasar con su nena -volvió a reír y acarició mi vientre.
-Sos medio sexópata... ¿alguna vez dejaremos de pensar sólo en sexo?
-¿Vos pensás sólo en sexo? -preguntó con picardía; pero no esperó mi respuesta-. Es lógico que nos tengamos ganas todo el tiempo. No nos vimos por casi tres meses y al fin dejamos de reprimirnos luego de un año lleno de histeria. Las cosas se van a ir acomodando. A mi me encanta mirarte y tener ganas de hacerte el amor. Además no estamos todo el día teniendo sexo, ya hace como dos horas que no hacemos nada, ¿ves? somos una pareja normal.
-Me encanta que me hables, siempre lográs tranquilizarme. Ya me estoy asqueando de sentir tanto amor -me arrojé al agua para reaccionar y volver un poco al mundo real.
Mariano me imitó y al rato salió de la pileta, para regresar luego con mate. Nos sentamos bajo el sauce.
-Estuve pensando -me dijo-. Yo di por hecho que me iba a quedar a vivir acá hasta que vuelva tu viejo, pero a lo mejor vos te sentís muy invadida -me ofreció un mate.
-No, yo también pensé que te ibas a quedar. Lo que ahora estoy pensando es que vamos a convivir como novios. Que vamos a compartir la cama a la noche. Que va a ser como vivir juntos. Es medio loco eso, ¿no? Apenas tenemos un día de novios y ya vamos a convivir.
-Tendremos un día de novios pero nos queremos desde hace más de 18 años. Lo que se me ocurre ahora es proponerte, si querés, que yo duerma en mi habitación, en la que duermo siempre, para que no te sientas intimidada -Mariano, realmente era muy dulce.
-¿Vos me estás jodiendo? Me encanta que convivamos y me va a encantar aún más que durmamos juntos. Me encanta que estemos juntos, que te quedes acá conmigo, no se me ocurre nada mejor que eso; pero no deja de ser un flash. Lo único feo va a ser cuando vuelva papá.
-Para eso falta como un mes, y a lo mejor te rapto y te llevo a mi depto -se tiro sobre mí para besarme, y así se dio por terminada la charla.
Pasada la tarde, me di cuenta de que ninguno de mis amigos había venido a casa, cosa bastante extraña, ya que era un hecho que si el día estaba lindo venían sin invitación, entonces supuse que de alguna manera sabían o sospechaban que algo había pasado con Mariano y Francisco. Y un llamado telefónico de Lola terminó por darme la razón.
-¡A vos te parece que tenga que enterarme por Federico que mi mejor amiga se puso de novia! -fue su saludo.
-¡Lola! ¡Qué suerte que llamaste! -le contesté- ¿No me vas a felicitar?
-No hasta que no me cuentes todo, hasta el último detalle -mi amiga era incorregible y me encantaba que así fuera.
-Venite a cenar y si querés decile a Naty y Lucre así le cuento a las tres, esto es algo muy importante para ir contándolo por teléfono -estaba feliz y quería compartirlo con mis amigas.
-Corto, así llamo y en un rato estamos allá -Lola no podía soportar la espera.
Al colgar el teléfono, Mariano me miraba sonriente.
-¿Así que esta noche hay cena entre amigas para chusmear sobre el gran evento?
-¿Te molesta? -me había ruborizado.
-No, pero si vas a contar intimidades, haceme quedar bien -largó una carcajada.
-Te puedo asegurar que van a sentir envidia -me colgué de sus hombros para besarlo.
-Bueno, entonces aprovecho para ir a casa y buscar ropa, así las dejo solas... y vuelvo a dormir, ¿dale?
Me sentía muy feliz a su lado. Nos era fácil actuar con naturalidad. Nos entendíamos, comprendíamos qué pensábamos en cada momento. Sin lugar a dudas, habíamos elegido el camino correcto.
Los días se sucedieron y fuimos acomodándonos a nuestra nueva relación, en donde, en verdad, la única nueva variante era el sexo, hasta esos momentos, en demasía.
De a poco, mis nuevos amigos fueron acostumbrándose a este nuevo integrante del grupo, y Mariano a ellos. Al principio Federico se mostraba un poco distante, seguramente por fidelidad a Francisco, pero era difícil no congeniar con Mariano. Fede era un tipo muy agradable y con el paso de los días, lograron tener un trato amigable.
Cuando nos reuníamos en casa, como el día de mi cumpleaños, Francisco no participaba, pero si la reunión se realizaba en otro lado, se hacía presente. Su trato con Mariano era socialmente aceptable, al igual que conmigo. También con el tiempo esa situación se fue volviendo más natural.
Al acercarse mayo, comencé a ponerme tensa. Mi padre regresaría a casa, lo que implicaba que además de tener que contarle sobre nuestra relación, Mariano volvería a su departamento.
Habíamos convivido casi dos meses, y pensar en la separación, me parecía desgarrador. A él tampoco le agradaba demasiado la idea, hasta pensó en la posibilidad de mudarnos ambos a su departamento; pero yo me acobardé. Apenas tenía 19 años y una cosa era convivir en vacaciones con mi novio, pero algo muy diferente era actuar como un matrimonio. Mariano meditó mi argumento y reconoció que en realidad era una idea un tanto apresurada.
El día que regresó papá, tomé valor y lo invité a cenar. Cuando el mozo sirvió nuestros platos me animé a hablar.
-Pá, tengo una noticia para darte... -me miró expectante, entonces continué- estoy de novia.
-¡Te felicito! ¿Lo conozco? -se apresuró a contestar.
-Bastante... estoy de novia con Mariano.
Penetró su mirada en la mía.
-Bueno, en realidad era algo que se venía venir... ¿Va en serio?
-Sí, estoy muy enamorada... -estaba esperando la pregunta que no quería contestar.
-¿Y desde cuando? Porque el se quedó el verano con vos en casa, ¿no? –y él también estaba preparándose para esa pregunta.
-En realidad él volvió en marzo, y ahí nos pusimos de novios. Estás contento, ¿no? -intenté desviar su razonamiento, pero no lo logré.
-Sí, claro... ¿Y él se quedó en casa como siempre? -seguía mirándome fijo a los ojos.
-Si, pá, siempre se queda cuando vos te vas. Vos se lo pediste, ya sabes que se queda. Dale, no des más vueltas... -ya me había tensionado.
-Entonces... ya tuvieron... vos sabés... -¡Qué conversación! Pensé, ¿para qué los padres preguntan cosas que en realidad no quieren escuchar?
-Y... sí, pa... ¿Pero no es preferible que sea con Mariano? Vos y yo sabemos que él me quiere y se preocupa por mí. No está conmigo para joder.
-Y... es verdad, vos ya sos grande. Bueno, lo único que te pido es que se cuiden. Todavía son muy jóvenes para ser padres -pobre papá, pensé, seguramente jamás imaginó que iba a tener esa conversación conmigo.
-No te preocupes. Nos cuidamos -yo tampoco había pensado en tener esa conversación.
-Bueno... -dijo algo más distendido- ¡Los felicito! Para mí Mariano es como un hijo, así que en serio estoy muy contento... y Poty, realmente espero que seas muy feliz -se estiró a través de la mesa y besó mi frente-. Vos sabes que mamá también lo quería mucho, ella desde el cielo debe estar contenta -sus palabras me emocionaron y un par de lágrimas rodaron por mis mejillas-. Y bueno, yo en realidad también tengo que darte una noticia...-¡El también está de novio!, pensé.
-Yo también estoy de novio... -calló para observar mi expresión, entonces le sonreí.
-¿La conozco?
-No, trabaja en una de las sucursales de Mar del Plata, así que seguramente voy a viajar bastante. Se llama Teresa y tiene muchas ganas de conocerte.
-¡Que bueno, pá! Espero que les vaya muy bien, y cuando quieras la conozco -aunque ya habían pasado varios años de la muerte de mi madre, me costaba asimilar la noticia. No podía esperar para contarle a Mariano.
En cuanto terminamos la cena, fui al departamento de Mariano.
-¿Y? ¿Qué dijo? -se mostraba divertido.
-Que nos cuidáramos, que éramos jóvenes para ser padres –Mariano largó una carcajada y me interrumpió.
-¡Tu viejo es un maestro!
-Me dijo que nos felicitaba y que fuéramos muy felices. También me dijo que está de novio -así terminé mi relato. Mariano se puso serio
-¿Cómo te cayó la noticia?
-No sé, me parece bien, en realidad me parece muy bien; pero no deja de ser raro -me senté en el sillón a tomar el café que me había preparado.
-Ya te vas a acostumbrar. Pensá que no puede ser muy malo, de última si ella se va a vivir a tu casa y te molesta, sabés que tenés lugar para escaparte -se sentó a mi lado y besó mi frente.
-Bueno, tampoco nos apresuremos. Además vive en Mar del Plata, es más factible que papá se vaya para allá. Pero, la verdad, es que prefiero no seguir hablando del tema.
-Entonces vayamos a la cama que ya es tarde -me levantó entre sus brazos para encerrarnos en su cuarto.
Capítulo 15
Capítulo 14 (última parte)
CAPÍTULO 14 (ÚLTIMA PARTE)
En menos de media hora ya todos se habían marchado. Por supuesto Mariano seguía nadando en la pileta. No lo molesté por un rato, pero luego, mi impaciencia me venció y comencé a revolear una toalla al borde de la pileta para llamar su atención.
Mariano comprendió mi mensaje y luego de hacer otro largo, saltó fuera del agua para tomar aquella toalla.
-¿Vamos adentro a charlar?
Asintió con la cabeza y me siguió. Nos sentamos junto a la mesa de la cocina.
-¿Y? ¿Cómo estás? -preguntó mientras tomaba mis manos.
-En este momento me siento muy feliz, pero... medio confundida... -quise mirarlo a los ojos pero no pude.
-¿Por qué? ¿Porque transaste con el pibe de pelo largo? -lo dijo con total naturalidad, pero logró sorprenderme y avergonzarme de mis actos.
No sólo no podía mirarlo, sino que en esos momentos mi cabeza parecía haberse escondido en mi cuello. Mariano notó que me había incomodado, y como seguramente no era su intención, tomó mi mentón para que lo mirara y me sonrió.
-Poty, te conozco demasiado, era evidente que me iba a dar cuenta. Además él no hizo nada por disimularlo. No te pongas mal, no nos prometimos fidelidad. Sí prometimos que íbamos a pensar. Y yo pensé mucho -hundió sus oscuros ojos en los míos, para llenarme de confianza-. Sé que esto que nos pasa no es fácil, no es fácil para mí hacerme cargo de lo que siento por vos. Me siento muy responsable. No sos cualquier mujer... -se detuvo para volver a mirarme y tomó mis manos- ¿Estás bien o te estoy asustando?
-¡¡No!! No me estás asustando. Me encanta lo que me decís; pensé que te ibas a enojar. Ahora siento que te traicioné... -volví a hundir mi cabeza y él nuevamente levantó mi mentón.
-Vení, Poty, vení acá -me señaló sus rodillas y obedecí a su pedido-. Poty, vos no me traicionaste porque nosotros no hicimos ninguna promesa más que pensar en nosotros. No te voy a mentir, no me gusta que hayas estado con ese pibe, pero no me enoja. Yo lo único que quiero es estar con vos. No pude pensar en otra cosa mientras trabajaba, todo el tiempo pensé en vos... en nosotros y no me importa que hayamos sido amigos toda la vida, ahora quiero estar con vos. El tema es saber lo que vos querés -sus ojos se habían fijado en mi boca y me costaba prestar atención a la conversación, ya que mi deseo de besarlo y acariciarlo se iban acrecentando a medida que sus ojos ahondaban en mis labios. Supongo que Mariano sentiría algo similar.
-Yo quiero hacerte el amor -me sinceré-. En este momento no puedo pensar en otra cosa.
No me dejó terminar la idea. Me sonrió, demostrando alivio para luego besarme con desesperación. Yo también necesitaba con desesperación aquel beso. Sin perder tiempo me cargó, y sin despegar nuestros labios caminó hasta el sillón del living donde nos recostamos.
Aunque hasta ese momento no me lo había planteado, descubrí que deseaba sentir su cuerpo, acariciar su espalda, paladear sus besos. Hacer el amor con Mariano era algo tan natural como exquisito.
-Te extañaba -susurró en mi oído mientras reposaba su cabeza en mi hombro y cerró los ojos.
Mientras descansaba aproveché para pensar. Mariano causaba en mí, indefectiblemente, un torbellino de emociones. A su lado, mi razón se cegaba y mi cuerpo se encendía de pasión.
En realidad, no había mucho que pensar, concluí. Estar a su lado era lo que necesitaba, era lo que me transportaba a un mundo de fantasía, ideal. Tal vez, existirían otros hombres que me atrayeran, pero comparado con Mariano nada, absolutamente nada me parecía tan perfecto.
-Poty... -movió mi hombro pensando que dormía. Luego se incorporó y buscó su short.
Yo lo imité y también me vestí.
-Poty, yo ya sé lo que quiero. Hay mucha gente que pierde la oportunidad de ser feliz, pensando que va a aparecer algo mejor. Yo sé que somos chicos, pero creo que a nosotros ya nos llegó ese momento y no estoy dispuesto a desperdiciarlo -me sonrió con sus ojos y con su labios.
-Sé que tenés razón, y creo que no tenemos que perder más tiempo. Yo también quiero estar con vos, en este momento no se me puede ocurrir otra opción -le devolví su sonrisa y lo abracé.
-¡¡¡Tenemos que festejar!!! ¡¡Estamos de novios!! ¿Te das cuenta? -me levantó entre sus brazos para hacerme girar como a un chico-. ¿Vamos a cenar?
En ese momento recordé que me había citado con Francisco y que faltaba apenas una hora para que pasara por mí.
-Negro, no te enojes... pero había quedado en salir con Francisco -observé su rostro y no me agradó su expresión-. No te enojes, me parece una buena oportunidad para cerrar esa relación. Me parece que le debo una explicación -lo besé para apaciguar su ánimo.
-Está bien, tenés razón. Entonces te dejo, pero mañana temprano nos vemos... ¿si?
-Sí Negro, ¡no sabes lo feliz que me haces! ¡Te amo! -Oí que salía de mis labios. Se sorprendió para luego sonreir.
-Mejor me voy, porque si me quedo dos segundo más no voy a poder dejar de hacerte el amor.
Me besó con mucha dulzura y se marchó.
¡¡Qué momento!! pensé. Tendría que enfrentar a Frank. Era un buen tipo, la pasaba bien con él. Me dolía tener que contarle mi determinación; pero la vida es así. Tal vez... tal vez, bajo otras circunstancias hubiera sido distinto. Pero mi felicidad estaba con Mariano. Y eso no lo dudaba ni por un segundo.
Me bañé con pereza e intenté arreglarme cuanto pude, y cuando terminaba de peinarme, sonó el timbre. Al abrir la puerta lo encontré apoyado en un auto, noté que se había arreglado y hasta llevaba su cabello bien peinado, cosa poco usual.
Por suerte no intentó besarme en la boca y luego de un saludo algo tenso me invitó a subir a ese auto en el que se apoyaba, que resultó ser suyo. Viajamos en silencio, nos detuvimos en un restaurante frente al río. Una vez ya acomodados comenzó a hablar.
-No sé que pasó esta tarde en tu casa desde que me fui; pero te noto distinta. Así que antes de que me digas lo que me tengas que decir, voy a hablar yo -quise interrumpirlo, no quería que quedara expuesto, me parecía innecesario, pero no me lo permitió-. Cuando me fui de tu casa, intenté entender por qué me había puesto tan mal, por qué me sentí amenazado. Pensé que había exagerado, pero me di cuenta de que me gustás. Me parece que vos valés la pena, y si me preguntás por qué, no lo sé. No es algo que se pueda razonar. Creo que con vos me arriesgaría a probar. Lo que te estoy diciendo es que me encantaría ser tu novio -hasta ese momento sus ojos se desviaban de un trozo de pan a otro, pero al finalizar su discurso, los clavó fijamente en los míos.
¡¡Por que me haces esto!!, pensé. Era muy duro tener que decirle lo que sentía a ese par de ojos azules que me miraban expectantes.
-Frank, me parecés un tipo divino. Aunque la verdad es que mucho no nos conocemos, ni jamás hablamos de cosas demasiado profundas, me doy cuenta de que sos un tipazo. Y si me hubieras dicho esto en otro momento de nuestras vidas estaría re feliz –no me dejó continuar.
-Pero ahora estás saliendo con tu amigo, ¿no?
-Sí... hoy me di cuenta de que estoy enamorada de él y porque me encantás creo que no te merecés que te mienta. Te juro que estoy pasando un muy mal momento -necesité sincerarme-. Nunca pensé que iba a tener que rechazar a un tipo que me encante tanto como vos; pero lo que siento por Mariano es muy fuerte. Frank, yo no te quiero joder y dentro de mis posibilidades no quiero que pases un mal momento.
-No vas a poder evitar que pase un mal momento, creo que lo tendrías que haber pensado en San Bernardo, así nos hubiéramos ahorrado esto, creo que no fuiste sincera ni conmigo, ni con vos misma. Ya está, yo lo único que quiero agregar es que no me pidas que deje de juntarme con los chicos... -entonces fui yo quien lo interrumpió.
-¡Nunca pensé pedirte algo así! Pero yo tampoco voy a dejar de verlos.
-No, claro -dijo asomando una pequeña de sus sonrisas-. Yo me bancaré verte con Mariano y vos te bancarás verme y saber que siento que sos la mujer de mi vida, y que no me voy a dar por vencido tan fácilmente -sus últimas palabras me impactaron, pero no quise demostrárselo.
Aquella cena ya había perdido su sentido, entonces decidimos abandonar aquel lugar lo más rápido que pudimos. No puedo negar que aquella charla dejó una sensación de incomodidad en el recuerdo de tan bello día.
Capítulo 12
CAPÍTULO 12
Me levanté decidida a enfrentar a Francisco y contarle cuáles eran mis sentimientos. Cuando llegué a la carpa lo encontré leyendo el diario.
-Francisco, ¿podemos hablar un minuto? -dije tímidamente. Sin mirarme contestó en forma despectiva.
-Arreglé con Angie que íbamos a ir caminando hasta el muelle, asi que no puedo -arrojó el diario sobre la mesa y camino rumbo a la orilla.
Me enfurecí. No entendía por qué me sentía atraída hacia él. No soportaba quedarme allí, y como no sabía a dónde ir, pensé qué haría en Buenos Aires, y comprendí cual sería la solución. Busqué un cyber para chequear mis mails, tenía varios de Mariano, por eso decidí imprimirlos para luego leerlos con tranquilidad y luego de escribirle sobre mis vacaciones, regresé a la playa.
-¿A dónde fuiste, Po? -Lola se escabulló de los brazos de Fede al verme regresar.
-Fui a chequear mis mails. Tenía varios de Mariano, los imprimé para leerlos más tranqui -me sentía muy relajada, y era la primera vez en días.
-¿Quién es Mariano? -Federico parecía intrigado.
-Mi mejor amigo, está trabajando en Estados Unidos.
-¡Ah! Pensé que era algún enamorado que nos tenías oculto... -comentó Fede.
-A mí me encantaría tener un enamorado virtual, debe ser divertido. Me tengo que poner a chatear -Natalia expresó sus pensamientos en voz alta e hizo que cambiara el rumbo de la conversación.
A la hora del almuerzo estábamos todos reunidos, me sentía incómoda y notaba que Francisco intentaba provocarme con algunos comentarios o coqueteando con Ángeles, pero yo me mantenía callada porque no quería que notara que su actitud me dolía. Cuando ya estaba cansada de hacerme la desentendida ante tantas indirectas, me alejé un poco de la mesa, para hojear los mails de Mariano. Creo que lo hice a propósito. ¡Por fin alguien que se mostraba agradable! Me sumergí en la lectura y no presté más atención a lo que sucedía a mi alrededor.
-¿Qué estás leyendo? -Me preguntó Matías.
-Seguro que los mails de “su mejor amigo” -dijo en tono burlón Federico.
-¡No me digas que me engañás con un Romeo por carta! -agregó Lucas.
-¡Sí, Lucas! Es que con vos no me alcanza, porque todas las noches me dejas por otra -le contesté riendo, tratando de restar importancia a mi correspondencia.
-Bueno, pero no nos dijiste que estás leyendo -obviamente el comentario había salido de los labios de Ángeles.
-Los mails de un amigo. Pero la verdad es que con ustedes no se puede tener privacidad. Doblé las páginas y las guardé en el bolsillo de mi short.
Luego de jugar un partido de truco, me alejé del grupo para ir a recostarme cerca de la orilla y poder leer las novedades de Mariano con tranquilidad.
-¡No sabés la cara que tenía Francisco cuando hablaron de los mails! -dijo Lola mientras pasaba a mi lado para seguir rumbo al mar.
En ese momento no me interesaba, leer las actividades que el Negro estaba haciendo me hacía sentir cerca suyo, y eso me daba seguridad y paz. Si Francisco quería molestarme, alterarme, o cualquiera fuese su intención, en esos momentos no lo lograría con su usual facilidad.
Leí y releí aquellas frases y justo cuando pensaba volver a guardar las hojas, una sombra apareció sobre mi cabeza.
-¿Estás ocupada? -Francisco me miraba con seriedad.
-No, realmente no, estaba a punto de dormir una siestita al sol -me sentía muy relajada.
-Si querés ahora tengo tiempo para que charlemos -no esperó que le contestara y se arrojó a la arena.
-Voy a anotar en mi agenda que para hablar con vos hay que pedir audiencia... ¡Este verano sí que conocí gente importante! -le dije riendo.
-Hoy estás en ganadora -en cambio él estaba inseguro.- ¿De qué me querías hablar?
-La verdad es que ya no importa. Creo que te diste cuenta de que con Ángeles tenés diversión asegurada, en cambio yo soy una reprimida, susceptible, indecisa, y algunas cosas más. Así que para qué seguir una charla que no tiene demasiado sentido... -me admiraba mi claridad de pensamiento.
-Yo no dije todo eso de vos, y Ángeles no me interesa, bah, me interesa porque sé que te molesta, y si esa es la manera de lograr que te decidas a estar conmigo, voy a seguir con ella.
-Hay mejores estrategias, como por ejemplo tratar bien a la chica que te gusta, en vez de agredirla, y funciona mucho más.
-Yo no te agredo, solamente te hago ver cosas tuyas que se ve que no te gustan.
-Tendrías que haber estudiado psicología...–me recosté boca abajo y cerré mis ojos, ya no me interesaba discutir. Francisco me gustaba, pero si aceptaba alguna clase de relación, sería siempre y cuando me tratara bien.
-¿Fue ese mail el que te hizo estar tan distinta?
Apenas giré mi cabeza para mirarlo.
-Tal vez sí, porque me di cuenta de que me gusta que me traten bien, que me digan cosas lindas, de buena manera. Ya estoy harta de ser tu blanco, ya no me gusta más tu juego.
-¿Y quién es el que sabe cómo tratarte?
-Un amigo -volví a cerrar mis ojos.
-¿Querés que hoy a la noche vayamos a comer algo por ahí?
-Si las chicas no arreglaron algo, está bien... -satisfecho con mi respuesta, se marchó. Me sentí victoriosa, era la primer batalla que ganaba y, paradójicamente, gracias a Mariano.
Francisco me esperaba sentado en el capot de un auto frente a nuestro edificio. Cuando me vio, se incorporó y con las manos en sus bolsillos me saludó haciendo un movimiento con su cabeza.
-Parece que tus amigas no tenían nada mejor que hacer -comenzó a caminar rumbo al centro y me hizo un gesto para que lo siguiera.
-No... Naty y Lu iban a salir con Martín y los chicos y Lola iba a aprovechar para ir a lo de Fede, ya que vos no estabas. Así que aquí estamos -me detuve y lo miré, entonces él me imitó.
-¿A dónde querés ir?
-No sé. No tengo mucho hambre. Vayamos a la feria artesanal.
-Ok.
Lo notaba perdido, no sabía de qué hablar, algo poco común en él. Intentaba ser cortés, pero era evidente que lo estaba forzando. Intentar tratarme bien parecía no ser nada fácil y la situación se estaba volviendo aburrida e irritante.
-Francisco... -llamé su atención. El soltó el caleidoscopio con el que se entretenía y me miró.
-Vayamos a comer una hamburguesa por ahí, ¿dale? -creo que ambos queríamos terminar con la salida lo antes posible.
Fuimos a un pequeño bar y nos sentamos en un rincón. Ambos mirábamos abstraídos nuestros sandwiches.
-¿Y tu amigo anda bien? -me dijo de pronto. Tardé un rato en contestarle, ya que debí pensar sobre qué me estaba hablando.
-Sí, está trabajando mucho. Pero está contento.
-¿Y es un muy buen amigo? -revolvía sus papas fritas, pero no probaba bocado.
-Sí. Somos amigos desde que nacimos -su interrogatorio me estaba irritando, pero sentía que volvíamos a la normalidad.
-Y él tiene onda con vos -afirmó y soltó sus cubiertos para dedicarle total atención a mi rostro.
-Francisco, hay algo que me molesta mucho... -no pude terminar mi frase ya que se apresuró a contestarme.
-¡No me podés echar la culpa, porque no te dije nada agresivo!
-¡No! No es por eso. Vos me preguntás con cara de serio sobre mi vida, pero vos no decís nada. Antes de que te cuente sobre quien quieras que te cuente vas a tener que decirme qué es lo querés, porque me tenés cansada. Un día me planteás una cosa, al día siguiente te hacés el malo... Ponete de acuerdo y después te hablo de lo que quieras -arrojé mi discurso a tanta velocidad que creí haberlo apabullado. Enmudeció unos segundos y contestó.
-Ok. Me gustás, me gustaría transar con vos, salir, divertirnos, pero no quiero ponerme de novio. No es por vos... es por mí; pero vos me rechazaste y quiero saber por qué -dijo en tono decidido.
-Yo no te rechacé. Sólo quería pensar un poquito, y no te preocupes porque yo tampoco me quiero poner de novia.
-¿Y por qué? -me dijo con cara de enojado.
-Primero te pido que no te hagas el ofendido, porque te dije exactamente lo mismo que vos a mí. Y además no pienso contestarte si vos no me decís primero.
-No vine a hablar de mí -parecía molesto, incómodo.
-¿Y a qué viniste? -yo me sentía muy segura.
-A intentar ganarte -me mostró su sonrisa.
-¿Y cómo creés que me vas a ganar? -Francisco era todo un personaje.
-Mostrándote mi sensual cara, ¿qué?, ¿no basta con eso? -dijo sin quitar su sonrisa.
-Tu cara es muy linda, salvo por tu boca, así que ese es el punto donde tenés que trabajar.
-Ok, ok, pero conste que lo hago para ganarte. Yo pensaba que tener una transa era más sencillo -ahora se lo veía divertido.
-Yo también.
-En realidad ya no me acuerdo qué te tenía que contar.
-Yo sí... -lo interrumpí- ¿por qué no te querés poner de novio?
-Ah! Cierto. Estuve de novio cinco años, y me peleé el año pasado, y la verdad que cuando volví a disfrutar de la libertad y de poder estar con mis amigos, me dí cuenta de todo lo que me había perdido -contó con suma tranquilidad. No lograba imaginarme a Francisco teniendo una relación tan seria.
-¡Cinco años! ¡La chica que te soportó cinco años se debe haber ganado el cielo! -comenté riendo; pero me devolvió una cara de asco.
-La pasé peor de lo que pensás. La verdad es que resultó ser bastante mala mina. Bueno, ya pasó.
-De todas maneras creo que si encontraras a la mujer de tu vida, no te importaría nada y te pondrías de novio.
-No sé... tal vez ya la encontré -me miró y sonrió-. Lo que sí sé es que no quiero volver a pasar por lo mismo. Bueno, ya cumplí y no pienso decir una sola palabra más. Ahora contame tu historia.
-Bueno -me arrepentí. No me sonaba bien la verdad; pero o inventaba una muy buena historia o tendría que ser sincera. Tomé valor y confesé.
-Tengo onda con un chico y no se qué siento.
-¿El chico de la carta?
-Sí, yo pensé que sentía algo muy fuerte... -y todavía lo pensaba-, pero apareciste vos y ahora no sé que siento.
-Entonces me parece muy bien que no te quieras poner de novia -me lo dijo en un tono muy gracioso, como si me estuviera aconsejando.
-Gracias... -intenté imitar su tono.
-Bueno, ahora que ya está todo aclarado te puedo volver a pelear, ¿no? -estaba distendido.
-¡No! Dame un día de descanso... ¿Vamos a pasear un rato por el centro?
Así lo hicimos. Notaba que Francisco me miraba y caminaba girando a mi alrededor, parecía no decidirse. En realidad era una situación tensa para ambos. Ya habíamos aclarado nuestros sentimientos e intenciones, y era hora de dar el siguiente paso, pero no era tan sencillo.
-¡Te podés quedar quieto! -le rogué.
-Es que tengo ganas de abrazarte, pero siento que vos no querés -se detuvo frente a mí.
-La verdad es que me cuesta, vivo con una coraza cuando estoy con vos y me cuesta imaginarme a nosotros dos abrazados.
-Eso debe ser porque no tenés mucha experiencia con hombres, y te cuesta la intimidad. Supuse que su intención era intimidarme, pero ya conocía sus manejos y no pensaba caer en la trampa.
-Sorry, ¡vos sos re experimentado! Sin embargo, te quedó una fobia al noviazgo. Para tu información, yo también estuve de novia, y no le tengo miedo a la intimidad... siempre y cuando el hombre que esté a mi lado me seduzca.
-¡Ay! ¡Hoy estás hecha toda una come hombres! -dijo imitando mi voz- Sin embargo el otro día cuando te di el beso te quedaste dura, sin saber que hacer.
-¡No voy a caer! ¿Qué esperás que te diga? ¿Que te voy demostrar lo bien que se besar? ¡Ni loca!... Así no lo vas a lograr... -seguía admirada de mi claridad mental.
-¡Hoy me estás ganando! La verdad que te merecés un beso -no esperó respuesta, me abrazó con fuerza y me besó dulcemente. Tardamos en separarnos-. Ya está, ya era hora de que nos dejáramos de decir pavadas -me tomó por los hombros y me invitó a seguir caminando.
Francisco me gustaba, físicamente me era imposible no sentirme atraída, y su personalidad, tan seguro y tan tajante, me parecía tan atractiva como su físico, pero no estaba segura de que todos sus atributos fueran el merito de su conquista.
Al recostarme en la cama sólo me repetía que tenía razón en no querer arriesgarme con Mariano, ese era el único pensamiento que cruzaba por mi mente. Acababa de besar a Francisco y sólo podía pensar en Mariano. No estaba segura de estar haciendo lo correcto. Pero... en fin, sólo era un transa, no había compromiso, no había legalidad. Lo mejor sería dejar de pensar y dormir.
Capítulo 11
CAPÍTULO 11
-¡Estoy re feliz, re feliz! Les juro que es el hombre de mi vida, estoy enamorada, no lo puedo creer -Lola no lograba quedarse quieta, estaba exaltada. Nosotras la observábamos divertidas.
-Pero apenas lo conociste ayer, ¿cómo podés estar tan segura que estás enamorada? -le preguntó sinceramente Naty.
-No sé, es espectacular. Pudimos hablar de todo, somos muy parecidos. No sé, me encanta. Le dije que nos juntábamos hoy en la playa y me dijo que todos fuéramos a su carpa. Así que, Lucre, decile a Martín y a los chicos que vayan para allá.
Lucrecia acató la orden y se alejó de nuestra sombrilla a gran velocidad.
Cuando regresaron nos sorprendimos al ver un rostro nuevo, y para colmo femenino. Los muchachos nos contaron que era Ángeles, la prima de Lucas, que se uniría al grupo ya que sus amigas habían regresado a Buenos Aires. Ya todos reunidos nos dispusimos a invadir la carpa de Federico.
Francisco y Fede tomaban mate al sol. En cuanto vieron al tumulto de personajes que se acercaba a ellos, se pusieron de pie y se acercaron a recibirnos.
-Bueno, les aclaro que desde hoy y hasta mi último día de vacaciones quiero que sientan a esta carpa como suya -todos festejamos su ofrecimiento. En verdad Federico era muy buena persona.
Noté que Lola estaba tensa, indecisa. No sabía si debía acercarse a él o esperar que él hiciera el primer movimiento. Y gracias a sus deliberaciones, Federico tuvo tiempo de llegar hasta ella para abrazarla y darle un apasionado beso. Me alegré al verla tan feliz y satisfecha por su elección.
Los hombres pronto se agruparon y comenzaron a organizar un partido de fútbol y nosotras aprovechamos para exponer nuestros cuerpos al sol. Ángeles fue la primera en cortar el silencio.
-Los chicos me contaron que ustedes son re simpáticas. Espero que no les moleste que me agregue al grupo.
-¡No, para nada! -nos apresuramos en contestarle.
-Francisco y Federico también parecen macanudos.
-Sí -apenas le dijo Naty.
-Ya me di cuenta de que Lola sale con Fede... ¿Francisco está libre?
Nadie contestaba, supuse que esperaban que yo diera la respuesta, entonces así lo hice.
-Sí, creo que sí -le comuniqué.
No dijo nada más. Se incorporó y nosotras la seguimos con la mirada. Con rapidez tomó el termo y el mate y se instaló entre los hombres para cebárcelo.
-Me parece que está algo desesperada -comentó Lucrecia casi susurrando.
-Mientras que no se acerque a Fede, que haga lo que quiera -concluyó Lola.
-Poty, me parece que tendríamos que aprender de ella -Naty la miraba con admiración. A mi me daba vergüenza ajena.
-Naty, vos no necesitás tirarte encima de los tipos para que te den bolilla. Si vos estás sola es porque vos querés -contesté con indignación.
-Tal cual -me apoyó Lucrecia.
Federico y Francisco congeniaron casi de inmediato con el grupo de Martín. Por eso propusieron salir todos juntos a cenar y luego a bailar, y así lo hicimos.
Bailábamos con Naty, Matías y Lucas cuando Francisco se acercó a nosotros. Comenzó a bailar a mi lado, y agachando su cabeza hasta mi oído me dijo:
-Che, me parece que ayer estuve medio asqueroso con vos, perdoname.
-Francisco, está todo bien con vos -intenté con mi rostro acompañar mis palabras. Debía demostrar que no me interesaba. Debía demostrármelo a mi misma.
-¡Me alegro!, porque me caés bien y tam...
-¡Te robo a Frank! -Ángeles lo tomó del brazo y lo arrastró hacia la barra.
-Me parece que le gusta Francisco -comentó Lucas riendo-. Aunque sea mi prima tengo que reconocer que está un poco desesperada.
-¡Sí! -lo interrumpió Matías-. Hoy estuvo todo el día pegada a Francisco y a él parece que no le molesta.
Nosotras preferimos no emitir opinión, por respeto a Lucas, sólo asentimos con la cabeza.
A la mañana siguiente, volvimos a reunirnos en el balneario de Fede. El grupo de Martín todavía no había llegado.
-¿Conocieron a alguien interesante ayer? -nos preguntó Fede.
-Sí, la verdad es que bailamos con unos chicos divinos, ¿no, Poty? -Naty me miró con una sonrisa.
-Sí, con mucha onda...-le seguí el juego, no sabía a dónde quería llegar.
-¿Y pasó algo? -preguntó Francisco sin quitar sus ojos del diario.
-Eso no te lo vamos a decir si vos no nos contás cómo te fue con Ángeles -se apuró Naty a contestarle.
-¿Cómo me tenía que ir? La verdad es que parece una garrapata. No sé cómo sacármela de encima -seguía parapetado tras su diario.
-Si vos no te mostraras tan contento cuando ella está con vos a lo mejor no te perseguiría tanto -le retrucó. Parecía divertida.
-¿Qué querés? ¿Que le ponga mala cara? No me sale ser así.
-¡Eso no es verdad! -me escuché diciéndole, y entonces tuve que continuar. Francisco apartó su diario para mirarme-. Los hombres son más histéricos que las mujeres...¡Te encanta que Ángeles te esté atrás! Y después te quejás. Si no te gustara no creo que tendrías problema en demostrárselo. Creo que sabes como hacerlo.
Puso su típica sonrisa.
-¿Y a vos te molesta eso?
-¡No! No, obvio que no -debía aprender a quedarme callada-. Lo que me molesta es que digan que nosotras somos histéricas y no reconozcan que ustedes también lo son.
Francisco mantuvo su sonrisa y volvió a tapar su rostro con el diario.
-Florencia, tengo que agradecerte. Gracias a vos estoy descubriendo mi verdadera personalidad. Fede, anotá: arisco e histérico... ¿Mañana qué seré?
Federico largó una carcajada y yo no logré disimular mi enojo.
-¡Tengo mucho calor! Me voy al mar -sin esperar que alguien contestara corrí hasta la orilla.
Bañarme en esa agua tan fría me ayudó a aplacar mi ánimo. Cuando sorteaba las últimas olas me topé con Francisco.
-Ahora me dio calor a mí... ¿me acompañás? -parecía tranquilo, pero con poner cara de bueno no me iba a convencer.
-Estoy cansada. Mejor me voy para la carpa.
-¡Dale! -me tomó de la mano y me llevó mar adentro.
Jugamos un rato barrenando y tirándonos bajo las olas y luego, cansados, salimos del mar.
-¡Increíble! -me dijo- ¿Te diste cuenta que estuvimos como media hora juntos y no nos peleamos?
-Sí... es que cuando no hablás está todo bien. El problema es que de tu boca salen dardos y no palabras.
-¿Te parece? Yo creo que vos sos muy susceptible -comenzaba a asomar su sonrisa.
-¿Querés que empecemos a pelear?
-No -miró como sus pies se hundían en la arena mojada y movió sus dedos-. Aunque en realidad es divertido pelear con vos... ¿no te parece?
-La verdad que no... -no pude culminar mi frase, ya que me distraje observando cómo corría Ángeles hacia nosotros, haciendo que su rubia cabellera se desparramara entre la gente que iba esquivando. Francisco giró para ver en qué me entretenía.
-¡Tenemos compañía! -expresó con alegría y estampó una desagradable sonrisa en su rostro.
Ángeles pegó un salto para poder colgarse de sus hombros y lo saludó exaltada.
-¿Ves, Florencia? Esta es la manera en que a uno le gusta que lo traten, que demuestren que están contentas por estar con uno -odié su actitud sobradora.
-¿Quién no estaría contenta estando con vos, Frank? -Ángeles parecía extasiada.
-Florencia no opina lo mismo que vos.
Esa escena me estaba dando asco. Y las palabras de Ángeles terminaron de arruinarla.
-Es que ella ya tiene su amor esperándola en Buenos Aires, o no se dónde... ¿no Poty? -Francisco borró su sonrisa y me miró intrigado.
-¡No!-contesté enojada. ¿Quién era ella para revelar mis intimidades? ¡¿Y cómo se había enterado?! Francisco no tenía por qué enterarse de la existencia de Mariano, y menos aún por boca de Ángeles.
-No, la verdad es que nadie me está esperando, pero aunque así fuera, no tiene nada que ver. ¿Saben qué? Me voy a la carpa, porque el sol me está calcinando –me sentía furiosa. Definitivamente odiaba a aquella chica. ¿Cómo se habría enterado de Mariano?
Corrí hasta la carpa en busca de Lucrecia y en cuanto la divisé, la aparté del grupo.
-¿Sabés cómo se pudo haber enterado Ángeles de mi historia con Mariano? -noté que Lucrecia me observaba extrañada.
-No, Poty, yo no dije nada. ¿Por qué estás tan nerviosa?
-Entonces fue Naty... o Lola... ¡Sí! A Lola se le puede haber escapado -seguía acelerada y Lucrecia intrigada.
-¿Y por qué es tan grave?
-¡Se lo contó a Francisco! ¡Me re quemó! -me sorprendieron mis palabras, y a ella también.
-Pensé que no te bancabas a Frank -me dijo entre sonrisas.
-Yo también, pero te reconozco que no soporto verlo con Ángeles -me avergonzaba de mis pensamientos, pero no lograba evitarlos.
-Y se ve que para ella sos competencia, porque sino no habría dicho lo de Mariano. Se lo dijo para descartarte.
-¡Qué perra! ¡Ya va a ver quien gana!
No lograba descifrar cuáles eran mis sentimientos, mis intenciones. No entendía si Francisco realmente me gustaba, o sólo quería vencer a Ángeles, o... o Francisco era la excusa perfecta para poner en evidencia todos los miedos que me causaba pensar en alguna relación con Mariano.
Esa noche fuimos a bailar y en cuanto vi que Ángeles se alejaba de la pista, me acerqué a Francisco.
-¿Y tu novia? -le pregunté al oído.
-Gracias a Dios, no tengo novia -no me miró.
-¡Uy! Me confundí, es que con Angie están tanto tiempo juntos que ya parecen un matrimonio.
-Vuelvo a preguntarte, ¿eso te molesta? -ya había aparecido su usual sonrisa.
-No, solamente que no tengo con quien pelear -reconozco que mi postura y mi voz era la que solía utilizar para la conquista.
-¡Entonces escapémonos antes de que vuelva Angie! -tomó mi mano y me obligó a seguirlo.
Esquivando a la masa de gente que ondulaba al ritmo de la música, salimos de “La Luna”.
-¿Vamos a la playa? -me preguntó, pero sin esperar mi respuesta, ni soltar mi mano, comenzó a caminar rumbo al mar. En cuanto llegamos nos sentamos enfrentados en la arena.
-¡Por fin solos! -me sonrió.
-Despreocupate, porque en cualquier momento aparece Angie.
Francisco rió con ganas.
-Sí, ¿no? lo cierto es que no me deja ni un minuto en paz.
-Y a vos te encanta -reproché.
-Y a vos no -me retrucó y clavó sus ojos en los míos.
Me sonrojé, pero logré no ser tan evidente.
-Me molesta que te quejes de ella cuando en realidad te encanta que te persiga.
Me interrumpió.
-Soy un histérico. Ya me lo dijiste, pero vos no te quedás atrás.
Me sorprendí.
-¿Qué?... ¿Y ahora de qué me acusas?
-Vos hacés conmigo lo mismo que yo hago con Angie.
-¡Nada que ver! -me mostré indignada, pero tenía toda la razón.
-Yo estaba bailando lo más tranquilo y vos viniste a buscarme, haciéndote la seductora; pero seguro que si te quiero dar un beso me sacarías corriendo.
-Una cosa no tiene nada que ver con la otra... -¿lo sacaría corriendo?
Se quedó en silencio mirándome.
-Bueno, ¿qué decís del beso?
Volví a sonrojarme, pero logré salir victoriosa.
-¿Sabés qué creo? Que además de arisco e histérico, te falta espontaneidad. Es la primera vez que me piden permiso para darme un beso -intenté mostrarme superada, pero como tantas otras veces, no era fácil amedrentar a Francisco.
-No te pedí permiso para darte un beso, ni siquiera pensaba dártelo, simplemente me quería sacar una duda. Aunque en realidad ya se cómo habrías reaccionado. Hubieras pegado un salto y salido corriendo. Así sos vos.
¡¿Por qué siempre me ganaba?! Siempre se quedaba con la última palabra, y le encantaba hacerme ver como una tonta. Debía vencerlo o unirme a él.
-Me cansás, Francisco. Con vos, cada cosa que digo, la pienso mil veces, y no dejás de pelearme. La verdad es que no sé por qué me buscás, y no sé por qué yo me prendo -me puse de pie y lo miré agotada-. ¿Me acompañás a casa?
-¿Me ayudás a levantarme? -extendió su mano y yo tiré de ella.
Quedó erguido casi instantáneamente, y con movimientos sumamente ágiles, tomó mi cabeza, la acercó a la suya y me besó.
Fue tan rápido que la sorpresa no me permitió experimentar más que la sensación de lo inesperado.
-Te busco porque me gustás. Pensé que te habías dado cuenta -me sonrió y soltó mi cabeza. Tardé unos segundos en reubicarme y contestarle.
-Retiro lo dicho sobre la falta de espontaneidad. ¿Vamos? -sin mirarlo comencé a caminar rumbo a la avenida.
¿Y ahora qué hago? No puedo tener nada con Francisco, no puedo, ¿qué voy a hacer con Mariano?, no dejaba de repetirme. Aunque apenas nos habíamos besado, ya era un serio problema para mí. Había descubierto que me gustaba mucho Francisco, pero eso me hacía cuestionar aún más mis sentimientos hacia Mariano. Yo no debía tener ninguna clase de relación con Francisco. No, definitivamente no debía.
Al llegar a la puerta del departamento comprobé que Francisco me observaba y reía.
-¿Qué te pasa, Flor? ¿Por qué tenés la frente tan fruncida? -nunca había escuchado ese tono de voz saliendo de sus labios, era suave, hasta diría afectuoso.
-Nada. Estaba pensando -no quise mirarlo.
-¿En qué? -como no le contesté, se agachó hasta encontrar mis ojos y continuó- ¿En el chico que te está esperando no sé dónde?
-¿Por qué creés lo que dice Angie? -no sabía si debía ser sincera.
-Porque estoy seguro que tiene razón. La primera vez que te pregunté si tenías novio te pusiste nerviosa, y ahora estás muy pensativa. Está todo bien, que tengas novio no es mi problema.
-No tengo novio. De todas manera, no veo la razón para que estemos discutiendo esto -no entendía qué pretendía, pero me molestaba que se mostrara tan cómodo con mi estado.
-¿No? ¡Qué lástima! Yo pensé que nos estábamos entendiendo, y la verdad, te juro que no te lo digo de engreído, pensé que te gustaba...-su voz cada vez se acercaba más a la usual.
-¿Y que me gustes sí es tu problema?
-Podría decirse... mirá Florencia, esta conversación no nos está llevando a ningún lado. No era mi intención ponerte tensa, al contrario. Darse un beso no implica nada más que eso, por lo menos para mí.
Sus palabras eran la solución a mi problema, si él no planteaba nada serio, yo no tenía por qué sentirme culpable ni por ocultar la existencia de Mariano ni por estar con Francisco; pero me molestaron, me ofendieron, no sé por qué. Tal vez porque salían de la boca de Francisco.
-Ya sé que me vas a agredir cuando termine de hablar, pero siento la necesidad de decirte lo que siento. Yo sé lo que significa un beso, por lo menos para mí. Y todas las veces que di un beso fue por algo, con algún propósito, y siempre hubo una consecuencia. Como de cada cosa que uno hace. Y si yo le doy un beso a alguien es porque quiero algo con esa persona, no porque me la crucé, me pareció linda y listo. Aunque sea porque me gusta y quiero transar.
Francisco intentaba ocultar su tentación, pero no lo logró y dejó ver su sonrisa.
-Disculpame si herí tu sensibilidad. Creo que es evidente que si te di un beso es porque me gustás, pero no era mi intención presionarte a nada. Me gustás, me gustaría pasar más tiempo con vos, sin pelearnos. Qué se yo, salir a bailar, a comer, transar. No te estoy proponiendo nada serio. Estamos de vacaciones, te invito a divertirnos. Diversión sin compromiso, ¿ahora entendés mejor? -su voz volvió a suavizarse.
-Sí, ahora te entiendo. Bueno, ¿nos vemos mañana? -estaba muy confundida, muy incómoda. Aunque no podía negar que Francisco me atraía, hasta me sentía agredida cuando intentaba decirme que le gustaba, y para colmo Mariano... todo esto modificaba mi situación con Mariano. Y yo había provocado esta situación, y no entendía por qué.
-Dale, nos vemos mañana -intentó besarme, pero automáticamente corrí mi cara.
-Bueno, mejor me voy antes de que diga algo de lo que me pueda arrepentir. Chau -no me dio tiempo a contestarle y a gran velocidad se marchó. Pensé correrlo y detenerlo, pero concluí que no era buena idea.
Al entrar al departamento me encontré sola, necesitaba hablar, quería desahogarme. Caminé por las habitaciones, me di un baño y cuando me preparaba para dormir, llegaron las chicas.
-¿Qué te pasó, Poty? Francisco nos dijo que te sentías mal -Natalia parecía muy preocupada.
-Nada, no me siento mal. Salimos a caminar con Francisco y después me acompañó hasta casa. -¿Por qué les había mentido? ¿De qué le servía?
-¿Por qué nos mintió?- Lucrecia se veía enojada.
-¡Sí! Vinimos las tres corriendo a ver qué te pasaba, es un idiota -agregó Lola.
-Y para colmo él se quedó divertido en La Luna -Naty meditó unos segundos y continuó.
-Seguro que se peleo con vos ¿no? -Yo asentí con la cabeza-. Lo que no entiendo es por qué se vengó con nosotras.
-Ahora que pienso bien, me parece que no nos mintió. Me parece que no dijo Florencia está re mal, sino que con Florencia está todo mal -dijo Lola, y no pudimos dejarnos de reir.
-Si quieren les cuento lo que pasó -las cuatro nos sentamos alrededor de la mesa y yo relaté lo sucedido entre ambos.
-Creo que yo también me habría enojado, pero lo importante es qué pensás hacer -dijo Lucrecia.
-Ya sé, ya sé que no estuve bien, pero es que no sé que hacer. Si me engancho con Francisco, ¿qué va a pasar con Mariano?
-Tu preocupación era si no te bastaba con Mariano, y aparece otro chico que te gusta, ¿eso no responde a tu problema? -Lucrecia parecía apasionada con el tema.
-Pero yo lo quiero a Mariano.
-¿Te querés poner de novia con él? -me interrumpió Naty.
-No sé, no sé... -en esos momentos, realmente no sabía nada, no entendía nada.
-Yo opino que hagas lo que sientas ahora, lo que te dijo Francisco es muy cierto, estamos de vacaciones, vinimos a divertirnos. Si tenés ganas de transar con Frank hacelo. Después verás qué hacer -Lola era práctica y concreta-. Ahora, ¿qué les parece si vamos a dormir? -todas coincidimos con ella.
Capítulo 10
CAPÍTULO 10
Era una tarde muy calurosa. Naty y Lucrecia habían ido a caminar con los chicos, pero Lola y yo habíamos decidido quedarnos tomando sol cerca de la orilla del mar.
Yo estaba recostada, mirando desinteresadamente a la gente que caminaba de un lado a otro por la orilla, cuando de pronto lo ví saliendo del mar. Sus cabellos mojados y algo despeinados le daban un aspecto tan sexy que no pude evitar que mi corazón comenzara a golpear con fuerza contra la arena. Sin pensarlo me incorporé y caminé hacia él. Supuse que no me reconocería, pero al enfrentarlo me sonrió.
-Hola -me dijo mientras tiraba sus cabellos hacia atrás-. ¿Vas a meterte? Hoy el mar está espectacular -noté que mientras me hablaba, me examinaba con la mirada, situación que me avergonzó.
-No -le contesté y me animé a agregar-. Te vi y vine a saludarte.
-¡Ah! ¿Estás por acá? –él me hablaba con total naturalidad, como si no le importara.
-Sí, a veces... ¿Vos? -no sabía qué decirle, me sentía muy torpe.
-Vine a visitar a un amigo ¿Caminamos? -volvió a mostrarme su sonrisa.
No estaba segura de que esa fuera una buena idea.
-¿Y tu amigo? -era la perfecta excusa para no negarme pero no ir.
-Él sabe cuáles son mis prioridades -tomándome por los hombros, torció mi cuerpo hacia el sur, para que camináramos.
Me sentía inhibida, no sabía si por timidez o por culpa. Me volvía loca la idea de no saber qué decir.
-¿Cómo te llamás? -preguntó por fin.
-Florencia, pero todos me dicen Poty -me sentí una idiota pronunciando aquellas palabras.
-¿Por qué te dicen Poty teniendo un nombre tan lindo? -se detuvo y me miró, pero yo seguí caminando, entonces él me siguió.
-No sé. Me lo puso un amigo cuando éramos muy chicos, porque no le salía mi nombre. Es algo que no me suelo cuestionar -ya había olvidado que Mariano había sido el primero en decirme Poty.
-¿Te molesta si te digo Florencia?
-No... ¿Vos tenés algún nombre? -las palabras comenzaban a fluir con mayor soltura.
-Sí, Francisco.
Repetí su nombre en voz alta y le pregunté:
-Sos un tipo distante ¿no? -se detuvo y me miró con seriedad-
-¿Por qué? -preguntó intrigado.
-Porque Francisco rima con arisco.
Se echó a reir de tal manera que sentí vergüenza. No había sido una broma, era algo que yo solía hacer con los nombres, para divertirme y ver si alguna vez acertaba. Y su risa me molestó. Yo no me reí, me quedé mirándolo seriamente.
-Así que Francisco rima con arisco -por fin cesó esa carcajada irritante.
-Sí, tampoco era para que te rieras tanto de mi comentario -le dije algo compungida.
-Disculpame. Disculpame ¿si? -me dijo levantando ambos brazos a modo de defensa.
-¿Volvemos? -me sentía incómoda y no logré disimularlo.
-Yo seré arisco pero vos sos susceptible -dio media vuelta y comenzó a caminar rumbo a nuestro balneario.
En silencio llegamos hasta nuestra sombrilla.
-Bueno, yo tengo un amigo en este balneario. Está en la carpa 30. Ahora voy para allá. Si tenés ganas, alguna vez fijate si estoy -me dijo como despedida.
-Yo casi siempre ando por acá -nos despedimos con un beso y él se dirigió a las carpas.
Me sentía derrotada, había sido un muy mal encuentro. No entendía por qué había actuado de una manera tan torpe, supuse que la culpa me dominaba. Me tiré en la lona, a esperar que alguna de mis amigas volviera.
-¿Y? -gritó Lola mientras corría toda mojada hasta la sombrilla.
-Mal, muy mal. Me porté como una idiota -me ponía nerviosa pensar que esa situación me entristecía.
-Pero, ¿te gusta? -Lola se sentó a mi lado y comenzó a secar sus cabellos.
-No sé, es muy lindo, ¿no?
Ella asintió con la cabeza.
-¡Te gusta! - Exclamó riendo.
-No sé, no sé. Pienso en Mariano y no puedo actuar con libertad.
-¡Pero Mariano no está! ¡Tenés 18 años! Nadie te dice que te cases con este pibe. ¡Aprovechá y divertite! No estás haciendo nada malo, nena. Acordate de que no estás de novia con nadie -Lola se había apasionado con el tema-. ¿Te dijo dónde estaba?
-Está en este balneario con un amigo -le conté.
-Bueno -dijo con determinación mientras se ponía de pie-. Vamos a buscarlos. Si no pasa nada con él, a lo mejor yo me engancho con el amigo -me estiró la mano para ayudarme a levantar, y yo le obedecí.
Desde lejos buscamos su carpa y los vimos. Estaban al sol, jugando a las cartas. Su amigo también era atractivo, un tipo alto, musculoso, de cabellos negros y crespos. Tímidamente nos acercamos y al vernos llegar, se levantó.
-Ella es Florencia -le dijo a su amigo, y luego se volvió hacia mí-. Él es Federico.
Federico se levantó y nos saludó a ambas, y Lola se presentó. Federico corrió hacia la carpa para regresar con un par de sillas para nosotras.
-Nos quedamos solas -comentó Lola luego de sentarse- y como Poty me comentó que estaban acá la convencí para que viniéramos, allá no sabíamos qué hacer.
-Me parece bárbaro que hayan venido. Nosotros también estábamos aburridos. Francisco siempre gana al truco, así que ustedes son la excusa perfecta para acabar con esta tortura.
Ambas reímos, Federico parecía muy simpático.
-¿Y a qué se dedican ustedes? -nos preguntó Francisco interrumpiendo los comentarios graciosos que estaba haciendo su amigo.
-Yo estudio derecho, y trabajo en un negocio de ropa que tiene mi mamá -contó Lola.
-¿Así que derecho? Yo también estudio derecho en la UBA -Federico se mostró contento con la coincidencia- ¿Y vos qué estudias? -me miró.
-Psicopedagogía, pero no trabajo -veía que los tres se divertían con la charla. Yo, sin embargo, me sentía bastante incómoda y Francisco parecía colaborar con esta situación.
-¡Qué feo ser mantenida a tu edad! -dijo sin darle importancia a sus palabras. Yo lo miré con seriedad y él me devolvió una sonrisa-. No seas tan susceptible, fue una broma.
-¿Vos qué hacés? -le pregunté sin demostrar que sus palabras me habían molestado.
-Laburo en el estudio jurídico del padre de Fede, pero no estudio derecho, soy asistente social.
-¡Qué coincidencia! Fede y yo estudiamos lo mismo, y ustedes dos también están en el mismo ramo. ¡¿No es bárbaro?! -Lola se veía feliz, y muy a gusto. Comenzó a contarle a los chicos sobre nuestras vacaciones y nuestras vidas en Buenos Aires, y así la charla derivó en distintos temas. Noté que Lola y Federico se agradaban, en cambio, con Francisco no hacíamos más que pelear.
Nos dimos cuenta de que se había ocultado el sol cuando comenzamos a sentir frío. Lola tiritaba, pero parecía no querer moverse.
-Bueno, chicas, me parece que se están muriendo de frío ¿Vamos? -fue Francisco quien tomó la iniciativa, y se levantó.
-Sí, me estoy congelando... ¿vamos, Lo?
-Sí -me contestó no muy decidida.
Torcí mi cuerpo hacia el mar y descubrí que nuestra sombrilla aún seguía clavada en la arena, pero ni Naty ni Lucrecia estaban allí.
-¡Uy, Lola! Las chicas no se llevaron la sombrilla, ¿vamos a desarmarla? -le comuniqué con desgano.
-¡No se preocupen! Yo voy... ¿Me acompañás? -le pidió Federico a mi amiga y ambos se alejaron juntos.
Nosotros los observamos en silencio.
-Es simpática tu amiga -opinó sin mirarme.
Yo tampoco lo miré.
-Sí, y Federico parece divino.
-Es un tipazo -se notaba que lo apreciaba.
-¿Están parando juntos?
-En realidad yo tengo casa en Mar de Ajó, mi familia está allá; pero como Fede está solo, me invitó a que me quedara con él. Pero ahora no se si va a necesitar mi compañía.
Sonreí, comprobé que no era la única que había notado que ambos se habían agradado.
-¿De qué te reís? -me preguntó en el mismo momento en que los chicos regresaban con la sombrilla.
-¿Qué les parece si esta noche vamos a cenar? -propuso Fede.
-Yo estoy de acuerdo, ¿y vos? -Lola me miró y en sus ojos noté súplica.
Antes de contestar quise ver la expresión de Francisco y al verme asintió con la cabeza, entonces acepté.
Dijeron que entre las diez y diez y media de la noche nos pasarían a buscar por nuestro departamento. Cargaron nuestra sombrilla y sus mochilas y nos acompañaron hasta nuestro edificio.
Lola se arregló como no lo había hecho en todas las vacaciones, yo sólo me puse el jean más limpio que tenía y una remera encima, anudé mi cabello en la nuca y dejé que un bucle cayera sobre mi frente.
Faltaban quince minutos para las once cuando tocaron el timbre. Lola me tomó del brazo y me hizo correr hasta el ascensor.
-Me gusta mucho Federico. Deseame suerte -me comunicó con suma seriedad. Así lo hice, y previo revisarse en el espejo del ascensor, salimos a su encuentro.
Noté que Federico también se había esmerado en su aspecto, no así Francisco, el también llevaba puesto un jean, algo gastado y una camisa blanca fuera de sus pantalones. Su cabello aún estaba mojado.
Rápidamente, Lola y Federico se adelantaron para iniciar una conversación, en donde no nos estaba permitido participar. Esta situación se repitió toda la noche.
Era pasada medianoche cuando les propusimos ir a “La Luna”, ya que habíamos arreglado encontrarnos allí con Lucrecia y Naty. Tan pronto como entramos, nos separamos.
-Parece que nuestros amigos tienen mucho de que hablar, ¿no? -me dijo Francisco con una media sonrisa, mientras tomándome del brazo me llevaba hasta unas banquetas ubicadas cerca de la barra.
-Deben estar discutiendo sobre alguna cátedra. Se los ve muy apasionados con el derecho -ya habíamos entrado en confianza, nuestros amigos no nos habían dejado opción.
-Nosotros también podríamos hablar de algo. No sé nada de vos, salvo que te llamás Florencia, que rima con resistencia -lo dijo al pasar, pero me causó mucha gracia y no pude dejar de reírme-. ¿Ves que yo no me enojo porque vos te reís de mis rimas? Dale contame algo de tu vida.
-No sé que decirte. En realidad no hay mucho para contar. Soy hija única, vivo con mi papá en una casa en Palermo, me gusta pintar y tengo 18 años.
No me dejó continuar.
-¡Debés ser muy malcriada! -me mostró una sonrisa. Yo le devolví una cara seria.
-Te aseguro que no soy malcriada, pero vos sos bastante amargo ¿no?
-¡No te enojes! No te bancás ningún chiste -odiaba esa sonrisa que ponía cada vez que decía algo hiriente.
- Ok. Además de ser tan gracioso, ¿cuántos años tenés?
-23 -pensó unos segundos antes de seguir hablando. Deduje que me contaría algo sobre su vida, en cambio preguntó algo que me sorprendió.
-¿Así que tenés novio?
Lo miré extrañada.
-No, te dije que no tengo novio.
-¿Sabés que no te creo? Cuando te lo pregunté, te descolocaste, y te pusiste nerviosa cuando me contestaste... No hace falta que me mientas.
Ya me había agotado su postura de sabelotodo, entonces decidí no dejarme ganar. Si él quería pelear, íbamos a pelear.
-¿Sabés que no me interesa que no me creas? -le contesté en un tono muy sobrador-. Si estuviera de novia, estaría con mi novio en vez de estar perdiendo el tiempo con vos -¡Por fin había logrado dejarlo con esa boca cerrada!
No esperaba mi respuesta, entonces tardó un tiempo en contestarme.
-¿Sabés qué creo? -apoyó sus manos en mi banqueta, inclinando su cuerpo sobre el mío, y agregó- que estás perdidamente enamorada de un chico que ni siquiera sabe que existís, y que todas las noches mirás su foto y llorás por él. -era evidente que creía haber triunfado, pero no me iba a ganar tan fácilmente.
-El problema es que tu teoría está basada en un concepto poco probable. Es imposible que un chico no se fije en mí -le mostré mi mejor sonrisa y continué- ¿o me equivoco? -le dije desafiante.
Él también sonrió.
-Tendría que hacer una estadística -se quedó en silencio, e inclinó aún más su cuerpo. Su mutismo me inquietó, pero no supe cómo revertir la situación.
-Te rompería la boca de un beso -acercó su rostro al mío, pero instantáneamente salté del banco.
-¡Mirá! Ahí están mis amigas. Vení que te las presento -no lo miré, tomé su mano y lo arrastré entre la gente hasta encontrarme con Naty, Lucrecia y Martín.
No pareció agradarle mi desplante, sin embargo se mostró simpático con mis amigos, pero en cuanto le surgió una oportunidad, me alejó del grupo.
-Si no te molesta, voy a ver si por ahí hay alguien que sí tenga ganas de divertirse.
Me sorprendió su comentario, lo nuestro no era una cita, ni yo estaba obligada a complacerlo.
-No me molesta para nada. Tenés todo el derecho a hacer lo que quieras. Si hoy salimos fue para hacerle pata a Lola y Fede -iba a agregar que él había sido quien quería romper mi boca, pero me pareció demasiado.
-Bueno, que tengas suerte. Nos vemos -besé su mejilla y caminé hacia Naty. ¡Qué histérico!, pensé.
Capítulo 6 (segunda parte)
CAPÍTULO 6 (Segunda parte)
Por fin llegó el día de la exposición. Estaba ansiosa y excitada. Recién entonces comprendí aquella frase de Mariano. Esta era mi primera vez en algo que realmente me importaba, y eran indescriptibles mis sentimientos.
La primera en llegar a la sala fue Lola, en cuanto la vi, corrí a abrazarla y sin perder más tiempo la llevé a mi rincón.
-¡Guau! -expresó mientras miraba mis cuadros- Están muy buenos, te lo digo en serio. Esos ojos negros están impresionantes ¡Te felicito! -volvimos a abrazarnos.
-Un día de estos te voy a contar lo que fue pintar ese retrato... -le comenté. No había hablado con nadie sobre lo que me pasaba. Lola era mi mejor amiga y sabía que me podría entender, pero me costaba exponer estos nuevos sentimientos. Ante mi comentario, sus ojos brillaron.
-¿De qué me estás hablando? -se le había dibujado una sonrisa en el rostro.
Tuve que dejarla con la intriga, ya que comenzaron a llegar más amigos. Natalia y Lucrecia también me felicitaron, en cambio Soledad, a quien había invitado solamente para mostrarle que yo tenía pasión por algo, estudiaba los cuadros de una manera muy crítica, como si supiera algo del tema.
Me extrañaba la falta de Gastón. Había logrado que nos reconciliáramos, por eso no entendía su ausencia. Para congraciarme con él, había puesto en la muestra un cuadro donde había pintado dos manos tomadas con un atardecer de fondo. Lo había pintado para un aniversario y me pareció un buen gesto que estuviera presente. Reconozco que también esperaba ansiosa la llegada de Mariano y me sorprendí al verlo entrar con su novia. Pensé que no la traería.
Como conversaba con mi profesor cuando entraron, antes de saludarme dieron un vistazo a los dibujos.
-¡Poty, están espectaculares! Vas a ser una artista reconocida... acordate de mis palabras. Me abrazó y besó mi frente.
-¡Gracias, Negro! Me alegro que hayan venido. Estoy re contenta -sonreí a ambos.
-¡Me encantó el retrato de Mariano! Me da vergüenza, pero quería pedirte que me lo regales o vendas -me dijo Jimena con una irritante voz de inocentona.
-Perdoname, Jime, pero ese no se vende ni se regala... es mío, pero no tengo problema en hacer uno para vos... siempre y cuando Mariano no tenga problemas en hacer de modelo -le sonreí y luego clavé mi mirada en la del Negro, pero él esquivó mis ojos.
-¡Gracias Poty! Sos divina -no quería desilusionarla, pero jamás le daría un dibujo mío.
Me aparté de ellos para ir a recibir a mi padre que llegaba con la filmadora y la máquina de fotos colgando de su cuello. Me alegró verlo, me alegró poder compartir ese momento tan importante con él, y más aún al notar que para él también era importante. Justo detrás suyo, apareció Gastón con un gran ramo de rosas. Me beso largamente y al oído me dijo que se sentía muy orgulloso de mí. Y en esos momentos, donde me sentía tan feliz y completa, se alejaron todas las sensaciones y sentimientos que me turbaban. Podría haber permanecido en aquella sala por el resto de mi vida. Fue una de esas situaciones perfectas que quedan retratadas en la memoria como una bella postal.
Pero estos momentos son tan lindos porque son pocos y extraordinarios. Uno los disfruta justamente porque te sacan de la rutina y de la realidad. Y como debía suceder, al irse aplacando la euforia de mi éxito, volvió a reaparecer mi vida de todos los días, con sus obligaciones, conflictos y alegrías.
Desde el día de la muestra Lola no dejaba de perseguirme para tener la charla que había quedado pendiente. Yo sabía que la necesitaba, pero también sabía que si ponía en palabras mis pensamientos, estos se harían más reales. Así que la dilaté cuanto pude. Pero un día, esa conversación, se volvió necesaria.
Nos juntamos a tomar el té en su casa, y aunque intenté evitar el tema de conversación cuanto pude, Lola no me lo permitió.
-¿Me podés decir qué está pasando con Mariano? -dijo seria.
Devoré una Melba antes de contestarle.
-¡Ay, Lola, no sé! Últimamente no sé que me está pasando con él. Estoy muy confundida.
-¿Te gusta? -me miraba con seriedad.
-No es eso. Cuando volvió de Estados Unidos tuvimos una especie de pelea y yo me di cuenta de que espero más de él de lo que tendría que esperar. Entonces decidí poner las cosas en su lugar.
-¿Entonces lo que te pasa es que es que estás enojada? -Lola intentaba entenderme, pero no lo lograba.
-No, tampoco es eso. Desde que descubrí que él era lo más importante para mí, empezaron a surgir sentimientos y sensaciones que nunca antes había tenido cuando estaba con él -al escucharme sentí vergüenza de mí misma.
-Entonces te gusta -concluyó y sonrió.
-No es tan simple. Yo no quiero que me guste Mariano, no quiero mirarlo de otra manera.
-Pero ya es tarde -me interrumpió- el tema es qué vas a hacer con lo que te está pasando... o... ¡¿ya hiciste algo?! -su pregunta fue acompañada por una mirada pícara.
-No, pero el otro día, cuando vino a casa para que lo retratara por poco lo transo. Y cuando tomé conciencia me quise morir, por poco no me puedo dominar. Me siento muy mal, Lola. Lo último que quiero es arruinar mi relación con Mariano, y si sigo así, va a terminar todo mal.
Mientras hablaba comprobé la angustia que este tema me causaba.
-No tiene por qué ser así, a lo mejor a él le pasa lo mismo y los dos necesitan hacer algo con lo que les pasa -me ofreció un mate que acepté gustosa.
-No sé si a él le pasa lo mismo. Se la pasa todo el tiempo recalcando que estamos de novios. Me parece que se dio cuenta e intenta poner distancia -acababa de llegar a esa conclusión.
-O a lo mejor lo hace porque no se anima a decirte lo que siente. Debe tener tanto miedo como vos. Cuando se los ve juntos se los ve re felices. No creas que los que los conocemos no pensamos por qué nunca se pusieron de novios. Yo sé que tienen una amistad de muchos años y que eso da miedo, pero si cambiaron tus sentimientos no los tenés que guardar -me parecía razonable su razonamiento, pero no quería arriesgar nuestra relación.
-El tema es que sé que es un gran amigo, y quiero que lo siga siendo. No sé cómo sería de otra manera.
-Entonces espera a hablar con él. Cuando tengas algo decidido lo enfrentás.
-Eso sería lo ideal, el tema es que seguramente hoy nos juntaremos a cenar en su casa los dos solos, y no sé que puede pasar.
-¡Claro! Mañana es su cumple, me había olvidado que siempre cenan los dos juntos la noche anterior.
-Sí, bah, eso creo, aunque todavía no me llamó para confirmar, pero seguramente cenaremos hoy.
La ausencia de su llamado me venía perturbando desde hace unos días.
-Poty, te juego lo que quieras a que él le pasa lo mismo que a vos; seguramente por eso no te llamó todavía, pero te va a llamar.
-Y yo no sé que voy a hacer -le dije con cara de preocupada.
-Hacé lo que te salga. Ustedes dos se quieren mucho. No te preocupes, no se va a arruinar su amistad -me abrazó y agregó- ahora andate a tu casa, que tenés que prepararte para la noche. Lo único que te pido es que mañana me cuentes o te mato.
La abracé con fuerza y luego de agradecerle, seguí su consejo y me marché.
Al llegar a casa, encontré a mi padre viendo la tele, lo acompañé por un rato y luego decidí darme un baño de inmersión para aplacar mis ánimos. Pasé más de media hora allí. Fue una buena terapia. Al regresar al living mi padre me miró sorprendido.
-¿Qué hacés todavía sin vestirte? ¿Sabés qué hora es? -no comprendía por qué me miraba tan exaltado.
-No, viejo, ¿qué pasa?
-Mariano llamó hace media hora diciendo que te esperaba, y ya son las 9,30hs. Sería bueno que llegaras antes de las 12, ¿no?
-Bueno, papá, tampoco es para tanto. Ahora voy a cambiarme -besé su mejilla y subí contenta a mi cuarto. A pesar de mis miedos, confirmar que me encontraría con Mariano me había puesto feliz.
Decidí que debía vestirme como me sentía, entonces fui a mi cuarto a elegir con mucho cuidado mi ropa. Vacié medio placard, buscando algo que me satisfaciera. No encontraba algo que reflejara lo que quería mostrar. Necesitaba verme como una mujer y no como la amiga a la que no le importaba lo que llevaba puesto.
Luego de probar varias combinaciones, encontré un pantalón de lino color natural, que me hacía muy buena silueta y un sweater de hilo negro con un gran escote en V, ceñido al cuerpo. Sí, mostraba lo que quería mostrar. Me quité las zapatillas, que formaban parte de mi esquema corporal y las cambié por unas botas negras.
Antes de salir, tomé el paquete que había preparado para Mariano y corrí hasta su casa.
Pasadas las diez de la noche llegué al edificio de Mariano. El encargado me dejó entrar, así que subí hasta su departamento sin avisar. Antes de tocar el timbre me quité el abrigo para poder exhibir mi nueva apariencia.
Al abrir la puerta, Mariano se quedó observándome.
-Disculpame, esperaba a Poty -dijo y amagó a cerrarla. Luego me hizo pasar- ¿A qué se debe tanto arreglo? -preguntó mientras me estudiaba con su mirada.
-Ya estoy harta del jean y las zapatillas -me escapé de su mirada y con rapidez me senté a la mesa.
-Pensé que no venías -comentó mientras cortaba la pizza.
-Yo pensé lo mismo. Como no llamaste, pensé que este año ibas a cenar con tu novia.
Tardó unos segundos en contestar.
-Me costó tomar la decisión... pero este es nuestro festejo, sin esta cena mi cumple no sería lo mismo.
-¿Por qué? -pregunté intrigada.
-Porque es una tradición -yo no me refería a que su cumpleaños no sería lo mismo.
-No, ¿por qué te costó tomar la decisión?
Se tomó el tiempo para devorar una porción de pizza y dubitativo contestó:
-No sé. No sé si esto es lo correcto. Ya hace varios meses que estoy de novio, sin embargo estoy pasando este momento con vos. No sé si no le correspondería a Jimena estar acá.
Sin lugar a dudas, estaba teniendo cuestionamientos similares a los míos. Y no pude menos que contestarle el primer pensamiento que surgió en mi cabeza.
-No sé si es lo que corresponde o no, pero se ve que es lo que querías, porque por algo estoy yo acá.
Fui sincera y seguramente mi sinceridad lo perturbó. Mariano no estaba a gusto, no podía actuar naturalmente, no reía como lo solía hacer. Por un momento temí que él sintiera todo lo contrario a lo que yo estaba sintiendo y se encontrara tan incómodo por no saber cómo decírmelo.
-¿Querés más pizza? -sólo obtuve por respuesta. Y aunque había comido únicamente una porción, sentía que ni una gota de agua más podría resistir.
-Ya estoy llena... ¿por qué no cambiamos la onda?... vine a festejar que cumplís años y parece que estuviéramos en un velatorio -me levanté y fui hasta el equipo de música y puse un CD divertido. Al ver que retiraba los platos de la mesa, lo esperé sentada en el sillón.
Al regresar se sentó a mi lado. Me miró unos segundos con seriedad y luego sonrió.
-Me estaba acordando el día que decidimos comenzar esta tradición -dijo.
-Sí, estábamos en la casa de tus viejos... mientras nuestros viejos cenaban, nosotros jugábamos en tu cuarto -aquellas imágenes cruzaron por mi memoria con total claridad.
-Yo te estaba enseñando a jugar al truco, y nos dimos cuenta de que eran las 12 y estaba empezando mi cumpleaños... -agregó.
-Y yo revoleé todos los porotos para festejar... ¿Cuántos cumplías? -me encantó recordar aquella escena, sirvió para distenderme.
-Catorce. Vos eras re chiquita.
-Tenía diez. Pensá que ya pasaron 8 años y ni una vez dejamos de juntarnos -en ese momento comprendí que no era justo que arruinara nuestra relación por el simple hecho de que mis hormonas estuvieran revolucionadas.
-Siempre fuiste mi gran amiga, por eso estás acá -me miró con tal ternura que mi pensamiento anterior se desvaneció en una centésima de segundo, pensé como escaparme y recordé que no le había entregado su regalo. Salté rápido del sillón.
-Tomá tu regalo, me olvidé de dártelo cuando llegué.
Era su retrato.
-¡Gracias, Poty! ¡Está buenísimo!, pero pensé que te lo ibas a quedar vos -buscó dónde colocarlo.
-No me lo pude quedar. Tus ojos me perseguían -me arrepentí de la última oración, pero ya estaba dicha.
-¿Te espiaban cuando te cambiabas? -dijo con picardía, mientras lo colgaba en el lugar de una lámina que había sido destronada.
No quise mentirle ni seguir ocultando lo que me salía decir.
-No, espiaban más adentro y veían cosas que ni yo misma quiero ver -me ruboricé, pero lo había dicho. Había abierto la puerta, tal vez él la cerraría o tal vez por fin podríamos hablar.
-Entonces hiciste bien en deshacerte de él... ¿sabés? -volvió a sentarse a mi lado- el otro día le contaba a un amigo sobre nuestra relación. Le contaba que somos amigos desde hace 18 años y que a pesar de haber cambiado, de haber crecido, de haber elegido cosas muy distintas seguíamos entendiéndonos y acompañándonos. Y él me dijo que le parecía increíble, que es muy difícil mantener una relación tan buena por tanto tiempo - me miró expectante.
No sabía qué contestarle. Me sentía triste, nuevamente había comprobado que estaba equivocada, que aunque no sabía bien qué quería o esperaba de él, estaba segura de que no era lo que él me estaba diciendo. Me estaba diciendo que dejara de fantasear, y en ese momento era muy difícil de soportar.
-Tu amigo tiene razón. Es muy difícil... es muy difícil... porque... -no pude decir más, sentí que se anudaba mi garganta. Me sentía muy triste, muy triste. Había pensado en esa noche mil veces, pero nunca lo que estaba sucediendo. Me sentía avergonzada, no podía mirarlo, bajé mi cabeza y me concentré en mis piernas.
-¿Qué pasa, Poty? -debió sentir pena por mí, ya que con delicadeza rodeó mi cuerpo con su brazo e hizo que me apoyara en su pecho. Pasamos un largo rato así. Luego tomó mi mentón para que lo mirara.
-Poty, te dije mil veces que tu sinceridad me mata y aunque sin palabras no podes dejar de decir lo que pensás... perdoname, pero esto está muy mal...
Capítulo 3
CAPÍTULO 3
A principios de abril comencé la facultad, aunque no estaba muy entusiasmada, la carrera me parecía interesante. De todas maneras, más interesante que la carrera en sí, era ser universitaria. Era una dinámica muy distinta a la secundaria y eso me agradaba.
Ya me había hecho de algunos amigos, pero con quien siempre me encontraba era con una compañera llamada Lucrecia. Aunque éramos muy distintas, congeniábamos y de a poco fue gestándose una linda amistad.
También concurría a un taller de pintura, este tema sí me fascinaba y me hacía sentir más tranquila conmigo misma, ya que por fin había descubierto algo que realmente me interesaba.
En mi casa, todo había vuelto a la normalidad, ya no me invadían los fines de semana para utilizar la pileta, Mariano había regresado a su departamento y mi padre se había instalado en casa, aunque fuera por un par de meses.
Tal vez, el mayor cambio que había surgido en esos meses era la falta de contacto diario con mis amigas. No encontrarme con Lola y Naty con esa asiduidad era algo que extrañaba. Pero para no “perdernos” nos habíamos propuesto reunirnos a cenar todos los viernes, y lo cumplíamos como si fuera un mandamiento.
Ellas también estaban enfrascadas construyendo sus nuevas vidas. Lola, estudiando derecho y Naty con su carrera de chef. Por lo general, los viernes, era ella quien nos deleitaba con el último plato que había aprendido.
Era un oscuro día de invierno, bajaba las escaleras de la facu, discutiendo sobre los mecanismos de defensa con Lucrecia, cuando escuché que alguien gritaba mi nombre. Ví a Lola agitando su mano con mucha ansiedad. Sus facciones estaban tensas y parecía descontrolada. Casi sin saludar a Lucrecia me rogó que nos apuráramos que ya había citado a Naty en casa. Yo estaba sorprendida, no entendía de qué podría tratarse, jamás había visto a Lola en ese estado.
Cuando llegamos a casa, Natalia nos esperaba en la puerta. Entramos corriendo y nos encerramos en mi cuarto. Allí Lola comenzó con su relato:
-Ayer llamé a Matías a la tarde y todavía no había llegado de la facultad. Yo sé que los lunes sale de la facu al mediodía.
-Como Gastón -comenté.
-Claro, -continuó Lola- bueno, ayer llamé a su casa después de almorzar y su mamá me dijo que no había vuelto de la facultad. Matías me llamó como a las seis y me dijo que había tenido un examen y que había llegado tarde.
En ese momento recordé que Gastón había pasado a buscarme por la facultad pasado el mediodía; pero preferí no echarle más leña al fuego.
-Yo le creí, pero a la noche Gastón me llamó para preguntarme una cosa sobre vos -me miró- y yo le pregunté cómo le había ido en el examen. Él se sorprendió y me dijo que no le habían tomado examen. Eso me hace pensar que Matías me está ocultando algo. Yo creo que anda con otra chica -cerró sus labios y nos miró expectante.
-No prejuzgues, a lo mejor te está ocultando una sorpresa -le aconsejó Naty mientras se sentaba a su lado y la abrazaba.
-No creo, yo lo noto raro desde hace un par de semanas, no es algo especial, pero hay detalles que últimamente me molestan -noté que los ojos le brillaban y me llené de rabia. Creía que tenía razón y me hubiese encantando comenzar a gritar e insultar en contra de Matías, pero Lola estaba mal y no necesitaba que yo la hiciese enroscarse más. Sólo le pregunté qué pensaba hacer.
-No quiero mezclar a Gastón, pero quiero que confiese.
Las tres pensamos por unos minutos. Natalia fue la primera en hablar.
-Decile que alguien lo vio y te contó.
-¡Sí! Decile que los vio Soledad, así no quemamos a nadie del grupo -terminé la idea y Lola pareció complacida.
-Ya debe estar en su casa, lo voy a llamar.
Tomó el teléfono. Nosotras le preguntamos si prefería quedarse sola, pero negó con la cabeza y marcó los números. Escuchamos que sin saludarlo le dijo:
-Estuve con Soledad. Ella te vio, pero quiero que me lo cuentes vos.
Luego hizo un largo silencio y volvió a repetir la última frase:
-Si algo me respetás, quiero que me lo cuentes vos.
Supusimos que él le contó una historia que no duró más de quince segundos, y que logró que un llanto cargado de angustia brotara de los ojos de Lola.
-Sos un desgraciado -le dijo de manera entrecortada, y colgó el teléfono.
Nosotras la miramos en silencio. Era la primera vez que veíamos llorar a Lola. No sabíamos qué hacer para consolarla. Lentamente nos acercamos y la abrazamos. Por fin logró tranquilizarse y escapándose de nuestros brazos comenzó a caminar a lo largo de mi habitación.
-Me dijo que salió a tomar algo por Recoleta con una compañera de la facu, pero que no había pasado nada, que Soledad era mal pensada, y que seguramente envidiaba que yo estuviera de novia y ella no.
Con Natalia nos miramos descubriendo que ambas pensábamos lo mismo, pero fuimos cómplices en el silencio.
-Yo sé que me metió los cuernos y que no fue la primera vez. No pienso hablar nunca más con él ¡Lo odio!
-Está bien, Lolita, no te pongas mal, él no se lo merece -le dijo Naty y la besó en la mejilla.
-Natalia tiene razón, si te engañó no se merece ni una sola lágrima tuya. Es una porquería, ya vas a ver que conocés a alguien mucho mejor -preferí no seguir opinando, porque estaba indignada. La infidelidad era un tema que me asqueaba, era muy tajante respecto a eso, y no quería enfurecer aún más a Lola.
-Claro que vas a conocer a alguien mucho mejor, en el verano nos vamos las tres de vacaciones y vas a ver cómo nos vamos a divertir -Natalia se mostraba animosa.
-Ahora no puedo pensar en divertirme. Chicas, me voy a casa. Necesito estar sola, quiero dormir un rato. Hablamos después.
Natalia se ofreció a acompañarla hasta la casa y ambas se marcharon.
Por la tarde Mariano pasó a visitarme. Estaba muy contento, yo, en cambio, seguía enojadísima. Me invitó a tomar el té y pensé que era una buena idea para distraerme. Fuimos a un bar que quedaba frente a la plaza Güemes. Yo bebía un licuado de banana y Mariano disfrutaba de su submarino. Aunque se mostraba jocoso no había logrado sacarme una sonrisa. Dándose por vencido me preguntó que sucedía.
-Hoy Lola y Matías cortaron.
Pareció sorprenderse.
-¿En serio?... ¿Por qué?
-Lola se enteró que Matías le metió los cuernos -le conté indignada.
-¡Ah! -me contestó sin demasiado interés.
-¿Ah? -me molestaba su indiferencia. Para mí la infidelidad era un asunto muy grave para un simple “ah”.
-Sí, Poty, tarde o temprano, ella se iba a enterar -dijo con soltura mientras mojaba la medialuna en la leche.
-¿De qué hablás, Negro? -no comprendía por qué hablaba del tema con tanta naturalidad.
-De la chica con la que sale Matías... ¿no hablamos de eso? -parecía reírse de mi nerviosismo.
-¿Vos me estás diciendo que sabías que Matías la engañaba? -sentí fuego en mi rostro.
-Sí -dijo y bajó su mirada. Comprendió que estaba en problemas.
-¿¡Por qué no me dijiste nada!? -sin querer, elevé mi tono de voz y llamé la atención de la gente que se encontraba en las mesas vecinas.
-¿Creés que estoy loco? Tranquilizate -dijo echando un vistazo a las personas de alrededor-. Tranquilizate, nos están mirando.
-Sos tan poca cosa como Matías. Todos sabían y nadie fue capaz de decirle a Lola. Seguro que se reían de ella -quería golpearlo.
-Nadie se ríe de Lola. Yo la quiero a Lola, me molestaba lo que hacía Matías y se lo dije varias veces a él. Pero él es mi amigo y no podía traicionarlo -Seguramente mi actitud le molestó ya que su contestación fue agresiva-. Vos no sos quien para hablar, seguramente si hubiese sido al revés vos no me hubieses dicho nada. Además no es asunto tuyo, es algo que tienen que resolver entre los dos. Estás mal de la cabeza -bebió un sorbo de su chocolate y me miró con furia.
-Lo que más bronca me da es que seguro que Gastón también lo sabía y no me dijo nada. Los dos hombres que más quiero me mintieron.
Me sentía traicionada. Que Gastón me hubiera mentido, no era tan grave; pero Mariano era distinto. Me era imposible ocultarle un secreto, pero acababa de comprobar que a él no le sucedía lo mismo.
-Mirá Mariano, estoy furiosa, gracias por el licuado, me voy a casa.
-¡Pará! Tengo que decirte algo -dijo mientras me incorporaba, para luego tomar mi mano y tirar de ella para que volviera a sentarme-. Me voy a Estados Unidos el jueves, me mandan a cubrir un par de torneos de básket ¿No es bueno? -Mariano me sonreía, supongo que esperando una respuesta agradable. Seguramente no comprendía que yo aún seguía enfadada.
-Es muy bueno, Mariano, pero yo me voy.
Me levanté y sin saludarlo salí del lugar.
Regresé a mi casa enfurecida. No me percaté, entonces, que Mariano me había invitado para despedirnos. Aquella fue la última vez que lo vi hasta que regresó de su viaje.
En cuanto abrí la puerta, encontré a mi padre conversando con Gastón. ¡Lo único que me faltaba! pensé mientras arrojaba las llaves sobre el mueble del hall. No pude, ni quise, cambiar el gesto desagradable que se había instalado en mi rostro, y me acerqué a ellos.
-Hola, pa -le dije dándole un beso y agregué agitando mi mano- ¿Qué hacés, Gastón?
-Te estaba esperando -me contestó extrañado con mi reacción.
Papá dijo que tenía que marcharse a la inmobiliaria y entonces nos dejó solos. Noté que Gastón me observaba. Intentaba descubrir en mi rostro cuáles eran los sentimientos que experimentaba. Deduzco que no lo logró. Se incorporó y caminó hacia mí. La mesa ratona lo detuvo.
-¿Sabés qué día es hoy? -me seguía mirando extrañado.
-Claro, 29 de julio -le contesté con desdén... y al escuchar mi respuesta recordé que era nuestro aniversario. Cumplíamos seis meses de novios.
-Vine a que festejemos; pero creo que no estás de ánimo... la verdad es que no entiendo qué te pasa -mostró una actitud apacible-. Si querés me voy.
Le pedí disculpas y le ofrecí ir por un rato a mi cuarto.
Subimos las escaleras en silencio. Al entrar a mi habitación encontré un ramo de fresias sobre mi escritorio, y un paquete envuelto para regalo sobre la cama. Giré y clavé mi mirada en la suya. Sus ojos celestes lograron apaciguar mi ánimo y retomé mi postura habitual.
-Perdoname, Gastón, hoy no tuve un buen día -puse mi tono más dulce de voz, y él me sonrió.
-Ya sé que estás medio loca. No te preocupes -me abrazó y me besó en la boca.
Las fresias eran mis flores preferidas, por eso no tardé es inspirar su aroma, luego abrí el regalo. Era una polera de lana, color chocolate.
-¡Gracias! Yo quería una justo así -lo besé con efusividad.
-¿Viste como me preocupo por averiguar lo que querés? -se recostó en la cama y acarició mi espalda.
-La llamaste a Lola, ¿no?
-Sí -noté que no suponía lo que había sucedido, ya que no dio demasiada importancia a la pregunta, en cambio siguió acariciándome.
-Me alegra que se te haya pasado el enojo -besó mi oreja y me empujo para que quedara recostada junto a él.
-Te pido perdón, no quise tratarte mal, y menos olvidarme del aniversario.
-Tendrás que hacer algo para que te perdone -sus ojos brillaban y en sus labios había una sonrisa picara. Se pegó a mi cuerpo y luego de rodearme con sus brazos comenzó a besarme. Sentí algo distinto al resto de las veces en que llegábamos a ese grado de intimidad. Era como un sentimiento de venganza, o revancha. ¿Pero venganza a quién? Hubiera permanecido horas besándome con Gastón, pero el ruido de las llaves en la cerradura nos sorprendió.
De inmediato, Gastón, pegó un salto que lo condujo al escritorio. Se sentó allí y comenzó a garabatear en una hoja.
Escuché a mi padre gritando desde el living nuestros nombres. Inspiré hondo para normalizar mi respiración, y le comuniqué donde estábamos. Entonces nos contó que iba a preparar unas pizzas.
Gastón sonrió despreocupado y volvió a sentarse a mi lado.
-¿De qué hablábamos? -intentó hacerme una broma, pero yo recordé el tema que me había irritado todo el día y se lo comenté.
-¿Cómo descubrió Lola que Matías la engañaba? -su mirada no se despegaba del piso.
-Fue cuando vos le dijiste que no habían tenido ningún examen.
Puso cara de preocupación.
-¿No me habrá mandado al frente? ¿O sí? -por fin levantó la vista.
-No, le inventó una trampa y él cayó.
-Qué bien -ambos callamos unos segundos.
-Hoy me peleé con Mariano porque él lo sabía y no me dijo nada, y cuando te ví, sentí la misma bronca que por Mariano.
Pensó un instante antes de contestarme.
-Debe ser la primera vez que tengo el honor de causarte el mismo sentimiento que Mariano.
Sus palabras brotaron con tal fluidez que me atropellaron. Gastón era astuto. Estaba a punto de arrojar mi discurso incriminatorio y él, con total facilidad, había logrado invertir los roles. Ahora yo debía defenderme.
-No cambies de tema, no podés comparar. Vos sos mi novio, él es mi amigo.
-Sí, pero mi título no me da ningún beneficio.
Estaba en lo cierto, pero no podía reconocerlo.
-¿No? Ya te dije que con él me peleé en cambio con vos estuve transando mucho tiempo. No pienso discutir esto, ¿por qué no me dijiste lo de Matías?
Supongo que la escena de celos lo había ayudado a ganar tiempo y buscar una historia que me convenciera. Con serenidad contestó mi pregunta.
-Matías es mi mejor amigo, y Lola la tuya. Si te lo contaba ibas a ir corriendo a contárselo a ella. Hubiera sido infiel a un amigo.
-Pero me mentiste a mí.
-No, simplemente te oculté la verdad. Además yo le decía a Matías que no lo hiciera, y no lo cubrí con lo del examen. Ahí yo la ayudé a Lola.
-Está bien, supongo que si Mariano me pidiera que le guardara un secreto, lo haría aunque me torturaran. Te entiendo.
Mi última frase fue mi desquite, sabía a la perfección que le molestaría. Especialmente el día de nuestro aniversario.
-¿Vamos a comer? -preguntó con seriedad y sin esperar mi respuesta se dirigió al comedor.
Capítulo 2
CAPÍTULO 2
Pensé que ponerme de novia me llenaría de ansiedades y me daría algo en que pensar y distraerme, pero eso no había sucedido.
Con Gastón estaba bien, me gustaba; pero no me apasionaba. Pensé que tal vez era así porque no me había costado conquistarlo, no había sufrido, no había llorado, no lo había deseado. Todo había surgido naturalmente sin mayores exabruptos. Tal vez el tiempo haría que me entusiasmara.
Pero no me servía para dejar de pensar en aquellas palabras: “mi primera vez... algo que me interesara”.
Gastón estudiaba geología y parecía entusiasmado. Cuando se juntaban con Matías, con quien estudiaba, se pasaban largos ratos charlando sobre eras, rocas y otras tantas cosas que me parecían sumamente aburridas pero que para ellos parecían ser en extremo divertidas e interesantes. Entonces, como él era mi novio me pareció buena idea hablar sobre mis inquietudes.
Por lo general, casi todos lo días mis amigos se reunían en casa para disfrutar de la pileta, y ya por la tarde cuando el sol se ocultaba, no había más motivos para quedarse y esos eran los momentos donde aprovechábamos para estar solos... salvo que Mariano se instalara cerca nuestro, cosa que rara vez sucedía.
Aunque Gastón esperaba esos momentos para lograr algo de mayor intimidad conmigo, aquella tarde preferí que charláramos. A pesar de que no se mostró muy convencido, accedió.
-¿Qué es lo que te anda preocupando, Poty? -dijo sin siquiera mirarme, mientras se arrojaba en el sillón del living y encendía la tele.
-Estoy preocupada por mi futuro. No se si elegí bien la carrera -corrí sus piernas y me senté a su lado.
-Psicopedagogía es algo bastante normal, no creo que te cueste lo que tengas que estudiar, además es humanística y vos sos bastante sociable -se lo notaba bastante interesado en el partido de fútbol que miraba como para hacer apreciaciones muy profundas. De todas maneras continué:
-Lo que pasa es que veo que a vos te encanta lo que estudias y hasta te parece fascinante una roca... -me interrumpió.
-¡Es que es fascinante!
-Sí, para vos. A eso voy, vos estás haciendo algo que realmente te gusta, yo en cambio no estoy muy emocionada por empezar la facultad.
-¡Poty, tenés 17 años! Tenés toda una vida para elegir lo que te gusta, si cuando empezás la facu ves que te aburrís, cambiás y listo. Realmente no entiendo por qué estás tan preocupada. Tendríamos que estar transando y cagándonos de risa en vez de filosofar. Seguro que eso te ayuda a no preocuparte más por tu futuro. ¿Vamos a tu cuarto?
En esos momentos no tenía ganas de ir a mi cuarto, en realidad no tenía ganas de estar con él y menos aún soportar sus besos, no los merecía.
-¿Sabés qué? Hoy no estoy de humor. Si querés quedate mirando el partido, yo me voy al jardín.
Sólo gritó “¡Gol!”, así que luego de servirme un vaso de jugo fui al jardín, para recostarme bajo mi sauce preferido.
Ya había oscurecido cuando Mariano apareció en el jardín.
-Gastón te mandó un beso. ¿Qué pasó? Me dijo que estabas enojada y que prefería no salir para que no lo putearas. ¿Te hizo algo? -se sentó a mi lado.
-A parte de preferir un partido a charlar conmigo, no... -Mariano no pudo ocultar su risa.
-Para vos será divertido -agregué- pero para mí es bastante frustrante que mi novio prefiera transar conmigo o ver un partido a escuchar mis problemas.
-No lo culpo, vos andás correteando en bikini todo el día, el chico no es de hierro -noté que quería levantarme el ánimo, pero no lo estaba consiguiendo-. Contame qué te pasa, yo no voy a intentar transarte y el partido ya terminó -me guiñó el ojo y me quitó una sonrisa.
-En realidad si estoy preocupada, es por tu culpa... ¿Te acordás el día que debutaste en la tele? -asintió con la cabeza- ¿cuando te enojaste y me dijiste sobre la primera vez que algo me interesara?
-Si, pero te pedí disculpas. Tenías razón.
-Vos también, porque no hay nada que realmente me interese y eso es lo que me molesta. Golpeando sus piernas me invitó a recostar mi cabeza en ellas y yo obedecí.
-¿Y psicopedagogía? En un mes empiezan las clases. Habías decidido que era lo que más te gustaba -mientras me hablaba rascaba mi cabeza, él sabía que eso me tranquilizaba.
-No encontré nada más interesante para estudiar, y la psicopedagoga que nos dio la charla de orientación me pareció divina, por eso lo elegí; pero no sé si es lo que me gusta.
-Mirale el lado bueno, hasta que no sepas de qué se trata no vas a saber si te gusta o no y si te llega a gustar vas a tener la oportunidad, con tu carrera, de ayudar a elegir a otros chicos que se sientan desorientados.
Me encantaron sus palabras.
-¡¡Ves que con vos se puede hablar!!! Gastón sólo puede hablar de rocas.
Mariano se echó a reír con ganas.
-Gastón es mi amigo, pero hay que reconocer que es medio boludo. ¿Sabes de qué me acordé? Cuando eras chiquita te encantaba pintar, ¿te acordás? Yo lo tengo muy presente porque siempre me obligabas a posar.
-¡Cierto! Es más, debo tener esos dibujos guardados en alguna parte. Es verdad que me gustaba pintar. En realidad no se por qué dejé de hacerlo. ¡Gracias Negro! -pegué un salto para poder abrazarlo y besarlo.
-Te lo debía, ya que fui yo quien te hizo pensar que nada te interesaba, pero te juro que esa no fue mi intención -me respondió el beso y se levantó–. Bueno, me tengo que ir, hoy seguro que vuelvo de madrugada.
En las últimas semanas Mariano solía desaparecer con más frecuencia de la habitual, y eso le comenté.
-Es que estoy saliendo con una chica del canal. Pero me pareció medio extraño decirle que vivía aquí, no es algo que se explica fácilmente. Así que ella cree que estoy en mi depto, por eso llego tarde. Por suerte por ahora nunca me dijo que se quería quedar a dormir conmigo, sino se me hubiera complicado -me explicó.
¡Por eso desaparecía tanto! Pensé.
-Negro, sabés que la podés traer cuando quieras -reconozco que lo dije por compromiso, por lo general no me agradaban sus novias... demasiado perfectitas para mi gusto.
-Gracias, pero traerla lo haría formal y todavía no quiero que sea formal -puso cara de pícaro y agregó- además, no quiero estar siempre entre Gastón y vos.
Sin esperar respuesta, besó mi frente y salió con apuro.
Aproveché que estaría sola en casa y decidí ir hasta el playroom a buscar aquellos dibujos que habían vuelto a mi memoria. Sabía que en alguna caja los encontraría. Luego de llenarme de polvo y telarañas logré encontrarlos en el fondo de un baúl. Arrastré el cofre hasta unos almohadones que por allí había y comencé a revisarlos. En aquellos papeles se notaba el paso de los años, ya estaban amarillos y resquebrajados. Comencé a mirar uno por uno.
-¡Manchita! -grité al encontrar un bosquejo anaranjado de algo que quería ser un perro.
Ya había olvidado a mi mascota, recordé cuánto la quería y lo loco que volvía a aquel animal.
Seguí revisando y comenzaron a aparecer una serie de retratos con crayón o carbonilla negros. Dos ojos saltones y un flequillo oscuro, no podía ser otro que Mariano y su particular mirada. Esa mirada profunda y tan expresiva que hacía parecer que Mariano siempre sonreía. Esa mirada que no se había perdido con los años.
Luego encontré un sinnúmero de paisajes con soles que sonreían, árboles colmados de manzanas y casas alpinas. Y bien en el fondo... estaba aquel rostro. Saqué de la caja aquel dibujo con sumo cuidado, parecía que esos ojos me miraban. Sin duda, era el retrato mejor logrado, pintado con acrílicos. Tuve que quitarlo de mi vista para que no se arruinara con mis lágrimas. Era mamá. Sus ojos castaños me transmitían paz y sus labios una sutil sonrisa. Recordé el día que le pedí pintarla. Yo jugaba en el patio con Manchita cuando ella entró con una paquete envuelto para regalo.
-¡Po! Mirá lo que te traje -dijo entusiasmada y me entregó el regalo. Al abrirlo encontré un nuevo juego de acrílicos y un pincel muy lindo. No era como los que solía usar. Era uno “en serio”, me explicó. Y allí nomás decidí estrenarlo. Aunque sabía que ella estaba cansada, después de un largo día de trabajo, la convencí para que se quedara quieta bajo mi sauce preferido y estuve largo rato retratándola.
-¡Cómo nos divertíamos! -pensé. Mamá era una mujer alegre, graciosa, que no tenía miedo al ridículo. Recordé cuánto disfrutaba de su compañía. Recordé, entre sollozos, nuestras siestas compartidas, nuestros paseos por la avenida Santa Fe, los cuentos que me inventaba a la hora de dormir... ¡Eran tantos recuerdos, tantas imágenes! Me sentía abrumada, mi pecho se había comprimido y mi garganta estaba seca. Eran sensaciones que habían sido escondidas por años y que de pronto afloraban sin contención. Me era difícil soportar tanto dolor, tanta emoción.
Lloré tanto que mis ojos estaban nublados y mi rostro parecía explotar. Necesitaba que me abrazaran, que me dijeran que iba a cesar aquel momento. Necesitaba a papá. Allí, tirada en el playroom reconocí cuánto los extrañaba, reviví la tristeza y la soledad que se habían aplacado con el tiempo. Yo no quería que esos momentos tan oscuros de mi vida regresaran, había sido un gran esfuerzo superarlos y no podía darme el lujo de volverlos a vivir.
Bajé corriendo las escaleras, prendí todas las luces del living y luego de colocar en la video una película que me encantaba, me tiré en el sillón a mirarla. Debí quedarme dormida.
-¡Poty! -escuché mientras me zamarreaba- son las cuatro de la mañana...
Refregué mis ojos y pude ver a Mariano.
-Vamos, te acompaño a la cama -me tomó del brazo para ayudar a incorporarme.
No quería irme a la cama, no quería encontrarme sola con mis pensamientos.
-No, me voy a quedar viendo una película –le dije y volví a sentarme.
Me miró sorprendido.
-¿Estás segura? ¿Pasó algo mientras no estuve?
Sin mirarlo le pedí que me alcanzara la manta que cubría el otro sofá y luego se marchó.
Comencé a hacer zapping por los canales de música pero no pasaron cinco minutos cuando Mariano nuevamente se encontraba frente a mí.
-Fui a apagar la luz del playroom y encontré los dibujos ¿Te pusiste mal? -tomó mi mentón para que lo mirara y se sentó a mi lado.
-Me vinieron muchos recuerdos y me puse triste... -en verdad no tenía muchas ganas de hablar, porque sólo removería la tristeza que sentía, y para nada serviría. Mariano pasó su brazo tras mi hombro ofreciéndome su pecho, donde recosté con gusto mi cabeza.
-¿Extrañás a tu vieja? -preguntó.
-Casi nunca pienso en ella, pero hoy me volvieron un montón de recuerdos. La verdad es que la extraño mucho... y a papá también.... ¿Vos te das cuenta de lo sola que estoy? -algunas lágrimas rodaron por mi rostro.
-No estás tan sola, me tenés a mí -secó mis lágrimas.
-Si, pero no tengo a mis viejos... -me aferré a su cintura y escondí mi rostro para que no viera la intensidad de mi llanto.
-Poty... vos sabés que tu papá te quiere mucho, pero tiene mucho laburo y a él le cuesta la falta de tu mamá.
-Por eso me deja a mí sola en esta casa con la falta de mamá y la suya. Estoy por cumplir 18 y no es nada fácil vivir sola. Vos elegiste irte a vivir solo, pero que te dejen sola en tu casa casi todo el año desde los 15 años no es nada fácil.
Mariano sabía que tenía razón, por eso sólo me escuchó y acarició mi cabeza. Al rato tomándome nuevamente del mentón me obligó a mirarlo.
-Yo sé que es una mierda lo que te toca vivir, pero lo hacés bastante bien. Lo que quiero que sepas es que te quiero muchísimo y me da mucha bronca verte mal y te juro que siempre voy a estar a tu lado. Voy a hacer lo posible para que no estés sola. Dale, no llores más, que sos mucho mas linda cuando te reís -me guiñó un ojo y sonrió, yo intenté devolverle una sonrisa.
-¿A veces me pregunto que sería de mí sin vos? -besé su mejilla y volví a recostarme en su pecho.
Desperté con un fuerte dolor de espalda. Todavía estaba en el sillón, cubierta por la manta y por el brazo de Mariano. El aún dormía. Era extraño que así lo hiciera ya que su posición no era para nada cómoda. Me quedé observándolo. Había algo peculiar en su rostro. Siempre se mostraba apacible y aunque no lo estuviera, sonriente. Mirar su cara daba paz, en cambio su cuerpo no era tan apacible, era imponente y muy seductor. Cuando me rodeaba con sus brazos o me hundía en su pecho me sentía protegida.
Pero aquel día, mientras lo observaba, un cosquilleo recorrió todo mi cuerpo. No tuve tiempo de averiguar de que se trataba, ya que de pronto, los ojos de Mariano me sorprendieron.
-¡Nos quedamos dormidos! -se desperezó y yo de un salto me incorporé- Ya es de día... ¿hoy es domingo o lunes?
Supuse que era domingo y así se lo dije.
-Entonces me voy a la cama. Te recomiendo que hagas lo mismo.
Aún algo torpe, subió las escaleras y se encerró en su cuarto, yo lo imité. No pude dormir demasiado, no porque no quisiera, sino porque pasado el mediodía comenzó a sonar el timbre de la entrada con gran insistencia. Al comprobar que nadie contestaba -Mariano estaba más dormido que yo- decidí ir a ver quién era.
Al abrir la puerta encontré las sonrisas de Lola, Naty y Soledad.
-¿Qué te pasó? Parece que te atropelló un camión -dijo Soledad mientras me miraba con cara de espanto.
-Estaba plácidamente dormida. Anoche me acosté muy tarde -apenas contesté y caminé hacia la cocina para prepararme un café.
-¿Hubo acción con Gastón? -preguntó entre risas Lola.
-No me hables de Gastón, ayer lo tendría que haber matado. No es que las quiera joder, pero ¿se puede saber qué están haciendo en mi casa? -caminé hasta el jardín y me tiré en una reposera, ellas me imitaron.
-Necesito un consejo de mis amigas y me pareció buena idea reunirnos acá, así de paso tomamos sol, no hay drama, ¿no? -contestó Lola con fingida cara de preocupación.
Por supuesto que no había drama, me encantaba cuando Lola tenía algún tema de preocupación. Por lo general era muy divertido.
-Yo me pregunto, ¿no podemos nadar un rato y después discutir ese problema tan importante y ultra secreto que tenés? -Natalia no concebía la idea de estar sentadas junto a la pileta un día soleado y no poder utilizarla.
-La idea es que resolvamos esto pronto para después nadar y relajarnos, sino, ni vos ni Soledad ni Poty van a poner interés en ayudarme -le explicó.
-Bueno, basta de preámbulos ¿o es que acaso no estás preparada para contar lo que te pasa? -Soledad parecía harta, antes de comenzar.
-Bueno... -Lola nos miró y con inseguridad continuó- el tema es que Matías quiere que hagamos el amor pero yo no sé si estoy preparada. Es decir, en el momento me caliento, pero cuando pienso en la situación me da cosa, cuando se está por dar la situación, me bloqueo -me tenté al ver que su cara se había vuelto bordó.
-¿Y vos qué querés hacer? -Naty se mostraba interesada.
-No sé, toda la vida escuché en mi casa que antes del matrimonio era pecado, que no lo hiciera con cualquiera, que cuidara mi cuerpo, etc., etc., etc. Y en el fondo creo que eso me influye, sé que no quiero llegar virgen al matrimonio, pero ¿qué sé yo si Matías va a ser el amor de mi vida?
-Yo creo que tenés que dejar todos los prejuicios de lado, vos tenés que hacer lo que sientas, si para vos está bien, nadie tiene por qué juzgarte -Soledad opinó pero yo no estaba de acuerdo; por lo general nunca estaba de acuerdo con ella y me gustaba hacérselo notar.
-¿Qué, entonces si para mí está bien robar nadie puede decirme nada? No creo que sea así, las cosas están bien o están mal. Algo tiene que definir qué está bien y qué mal. Para mí, acostarte con cualquiera por simple calentura está mal. Uno tiene que estar convencido de lo que va a hacer. Entregar el cuerpo es algo muy importante para andar dándoselo a cualquiera -declaré orgullosa mis pensamientos.
Lola seguía pensativa, pero Soledad y Naty no tardaron en contestarme.
-No seas tan cerrada, creo que hay ciertos temas que solamente uno puede saber si están bien o mal.
-Sí, yo estoy de acuerdo con Naty, en los sentimientos es muy difícil opinar, está mal reprimirse por “el qué dirán”, sólo cada uno en su interior sabe si es correcto o incorrecto -yo seguía disintiendo con Soledad.
-¡No! En los sentimientos no todo vale. Engañar al novio no está bien, acostarte con cualquiera no está bien, usar a alguien para dar celos tampoco es correcto, qué sé yo, hay mil cosas que no me parecen correctas -algún día recordaría estas palabras.
-Creo que ser tan estricta no te va a hacer bien -Soledad me enseñó un gesto de desaprobación.
-Me encantan todos sus razonamientos filosóficos sobre la vida, ¿pero yo qué hago? -Lola ya se estaba impacientando.
-Lola, si todavía no te sentís preparada y no estás totalmente segura, esperá. Hacer el amor es algo muy importante y muy lindo para que después lo vivas con arrepentimiento y culpa.
Las cuatro giramos, sobresaltadas, nuestras cabezas hacia la cocina. El color en el rostro de Lola ya era imposible de describir. Mariano se acercó hacia nosotras.
-Disculpen, sé que era un tema de mujeres, pero no pude dejar de escuchar, y a lo mejor, la opinión de un hombre les sirve.
Ninguna contestó. Yo me incorporé y le hice un gesto para que me acompañara a la cocina. Estaba absolutamente irritada, sentía unas enormes ganas de insultarlo, pero no quería que mis amigas presenciaran una pelea.
-¡Mariano, estás totalmente loco! ¿Cómo se te ocurre meterte en una conversación tan privada? Te agradezco que me cuides, que te preocupes por mí, pero me parece que te fuiste al carajo. No te podés meter en todo, no me gusta que te metas en mis conversaciones y en la de mis amigas. ¿Por qué no te vas con tu novia? -le dije casi gritando.
Pareció enojarse con mi reto.
-¿En serio querés que me vaya? Si querés me voy, pero después, cuando estés depre como ayer, no me vengas a buscar. Porque cuando te convengo no me querés sacar del medio -sus palabras, con tono hiriente, me irritaron aún más, pero no se calló-. O a lo mejor querés que te deje sola para que vos también puedas tener relaciones con Gastón, “tu gran novio” -agregó en tono de burla.
-¿Ves que no parás de decir idioteces? -giré para regresar al jardín, pero su voz me detuvo.
-Mejor me voy, pero quiero que sepas que lo que vos opinás me parece de lo más retrógrado, es increíble que una chica de 17 años piense como vos.
No escuché más y volví con mis amigas.
Tardé unos minutos en entender la conversación, para cuando quise participar comprendí que tenían todo resuelto. Entonces era Lola la que hablaba.
-En definitiva Mariano tenía razón, me parece que todavía no estoy decidida, Matías va a tener que aguantar un tiempito más -esbozó una gran sonrisa-. Ya me siento mucho mejor.
-Bueno, entonces festejemos -dijo Naty mientras se tiraba de cabeza en la pileta.
Lola y Soledad la imitaron.
Yo aún estaba conmocionada por mi discusión con Mariano. Me molestaba mucho que se enterara de mis secretos, de los pensamientos que no quería compartir con él. Ya participaba bastante en mi vida, como para saber mi opinión sobre el sexo. En definitiva, por suerte yo no había comentado qué hacía con Gastón. Concluí y acompañé a mis amigas en la pileta.
Mariano acató mi sugerencia, ya que no aparecía por casa durante el día, pero sí volvía para dormir. Supuse que para no faltar a su promesa a mi padre.
Evidentemente ambos habíamos exagerado nuestra reacción, pero ninguno fue capaz de dar el primer paso para hacer las paces.
Ya había comenzado marzo, y con él la cuenta regresiva hacia mi vida adulta.
En poco tiempo comenzaría la facultad y lo que era aún más importante, faltaban apenas unos días para cumplir 18 años. Era un tema de suma importancia. Eran 18 años. “Hay un antes y un después de ese cumpleaños”, pensaba.
Por la semana me encontraba casi todo el día sola, ya que Gastón y Matías estaban preparando un viaje de estudios al sur y eso consumía casi todo su tiempo.
Lola había regresado a su trabajo de vendedora en la boutique de su madre y Natalia había comenzado con sus cursos de chef.
Soledad era quien tenía tanto tiempo libre como yo, pero como un encuentro de ambas sin compañía extra era algo difícil de imaginar, prefería la soledad de mi hogar a estar con Soledad.
Como el tiempo me sobraba, lo repartí en dos actividades importantes: planear mi cumpleaños y ver si todavía me acordaba cómo era eso de pintar.
Todas las mañanas me sentaba bajo mi sauce, con algunas hojas y una caja de pasteles y garabateaba a mi antojo. Resultó ser algo divertido, que a la vez me causaba cierta sensación de paz.
Mi cumple era un tema más conflictivo. No sabía a quién invitar. Quería hacer una fiesta numerosa, pero para ello debía invitar a mis ex compañeros de colegio, y sabía que eran muy descontrolados y que seguramente tendría que soportar alguna broma de mal gusto. Pero, por otro lado, si no los invitaba, estaríamos solamente Lola, Naty, Soledad y alguna que otra persona, ya que ni siquiera Gastón estaría para ese día, pues se encontraría en su viaje de estudios.
Por lo tanto, luego de pedirle permiso a mi padre para invertir dinero en la fiesta, decidí que vendrían los chicos del colegio.
¡Por fin llegó el día de mi cumpleaños! Aunque había esperado que llegara con ansias, al despertarme comprendí que hasta la noche no tendría con quien compartirlo, entonces me quedé remoloneando en la cama. Cerca de las 10 de la mañana sonó el teléfono.
Era mi padre que, luego de cantarme el feliz cumpleaños y de repetirme cuánto me quería, me pedía disculpas por no poder estar en persona. Yo ya sabía que así era, por eso no me enojé, en cambio disfruté de su llamado y de todas las cosas lindas que me dijo en esos cinco minutos.
Ya me había despabilado, entonces decidí bajar a desayunar. Al entrar a la cocina, encontré una grata sorpresa.
-¡Negro! ¡Qué suerte que te quedaste! -lo abracé y besé su mejilla.
-Es tu cumpleaños, no podía pasarlo lejos tuyo... ¿puedo quedarme en tu casa? -me sonrió pero comprendí que estaba reprochando mi actitud ante aquella discusión.
-Perdoname, nunca te tendría que haber dicho que te fueras... Y gracias por venir a dormir, aunque estuvieras enojado. ¡Qué suerte que nos reconciliamos!, no me gusta estar peleada con vos -volví a besar su mejilla.
-Reconozco que me costó muchísimo no verte en estos días, pero hoy tenía que estar con vos. Estás muy linda, cumplir años te hace muy bien -me abrazó y rascó mi cabeza-. Sentate que ya preparé el desayuno -acercó dos tazas de café y una torta que tenía escondida bajo un repasador.
Mientras saboreaba el bizcochuelo, comprendí que Mariano me hacía feliz. Siempre sabía exactamente qué hacer para que me sintiera bien. Y es muy agradable saber que hay alguien, por ahí, dando vueltas, que va a procurar verte feliz.
-Estuve pintando -le comenté luego de acabar mi segunda taza de café.
-Ya sé, vi tus dibujos en el comedor. Están muy lindos. Me alegro por vos -nos interrumpió el timbre.
Ambos corrimos hasta la puerta y recibimos un ramo inmenso de rosas.
-¿Serán de Gastón? -preguntó el Negro por sobre mi hombro intentando husmear la tarjeta.
-En todo caso sería un ramo de rocas o fósiles. No, son de papá, dice que es para que recuerde que él está acá conmigo -inspiré su aroma y las abracé.
-¿Lo extrañás? -buscó mi mirada.
-No... me hubiera gustado que esté, cumplo 18. Pero ya estoy acostumbrada. Éste fue un buen gesto.
Era lo que en verdad pensaba, pero decidí dar por terminado el tema. Volví hasta la cocina a buscar un florero y, de paso, comer otra porción de torta.
Nos pasamos todo el día preparando la casa para la fiesta y por la tarde se nos unieron Lola y Naty.
Cerca de las 10 de la noche la mayoría de los invitados estaban en casa. Aunque no solía compartir muchos momentos con mis ex compañeros, el estar con ellos me divertía. Era un grupo desenfrenado, lleno de energía, y los adolescentes en masa suelen contagiarse esa energía desbordante repleta de ganas de divertirse.
Todos bailábamos y cantábamos en el patio. Se había formado un buen clima. Mariano vivía la fiesta desde un costado, a él no le agradaban algunos de mis compañeros. Los consideraba infantiles y “zafados”, por eso, decidió dedicarse a servir las mesas y ver que todo estuviera en orden.
Pasada la medianoche, Agustín, que solía ser el cabecilla del grupo, pidió silencio y se ubicó en el centro del jardín.
-Bueno, chicos, Poty ya tiene 18, ¡es hora de su iniciación a la vida adulta! -gritó alentando a la turba.
Yo tomé mi cabeza con ambas manos. Sabía que de esa situación no podría zafar. A todos los que habían cumplido 18 se les había hecho cumplir con alguna prenda bastante comprometedora. Amigas mías, habían terminado en ropa interior en el baúl de un auto, o encerradas en las mismas condiciones en algún placard con un chico pasado de alcohol, y con los chicos era aún peor. En el mejor de los casos podría terminar cubierta de huevos y harina.
Mientras algunos me atrapaban para llevarme al centro del jardín, otros estaban reunidos deliberando cuál sería mi castigo por tener 18.
-¡Ya está decidido! -aclamó Agustín mientras se colocaba a mi lado -queremos que te luzcas con un striptease; pero tiene que ser bien sexy, porque sino vamos a tener que sacarte la ropita que te quede... y no dudes que vamos a hacerlo -estaba exaltadísimo, tanto como el resto del grupo.
-¡Ni en pedo me desvisto!... Así que más les vale que piensen otra cosa -contesté decidida. A modo de respuesta me llovieron algunos vasos de plástico.
-Lo digo en serio, si me quieren ver con poca ropa, vengan cualquier día cuando esté en la pileta.
Agustín comenzó a reírse.
-Ya sabíamos que te ibas a negar, así que tenemos un plan B. La única manera de que zafes de quedar desnuda es que te des un chupón, un chupón, no un piquito, acá en el medio, con alguno de nosotros... ¡Y que el beso dure por lo menos un minuto!
-¡¡No!! -grité- No sean jodidos... ¡Si se entera mi novio me mata!
-Bueno, entonces... ¡Al ataque! -gritó e hizo un gesto de avance. Algunos chicos me rodearon para intentar quitarme la remera; entonces decidí que el beso era mejor.
-Ok, acepto lo del beso... ¿Con quién me lo tengo que dar? -le dije totalmente entregada a Agustín. Alcanzó una bolsa llena de papelitos y me pidió que sacara uno. Sin leerlo, se lo entregué.
-Ahora sabremos quien es el afortunado -dijo riendo y luego de leer su contenido, declaró: -¡Mariano!
Mariano estaba apoyado contra el sauce y al escuchar su nombre, con mala cara, comenzó a caminar hacia mí.
-Perdoname Negro... pero la verdad prefiero darte un beso a vos y no a esta manga de calentones -le dije al oído.
-Está todo bien... dale, terminemos con esto de una vez -contestó y me tomó del brazo.
Caminamos hasta el lugar que nos indicó Agustín, y allí anunció que podíamos comenzar.
Era injusto que nos forzaran a esto. Yo estaba de novia, y me parecía horrible haber involucrado a Mariano. No eran cosas con las que se podía jugar. No eran cosas con las que se podía jugar con él.
Inspiré hondo, atraje su cabeza hacia mí, ya que sino me era imposible alcanzarlo. Intenté acercar mis labios a los suyos, pero él instintivamente se alejó. Todos rieron, pero mi mirada los obligó a callar. Volví a atraerlo y, cerrando mis ojos, lo besé. Sentí que sus labios vibraban. Tímidamente su boca se abrió y se mezcló con la mía. Sentí como si nunca antes hubiera besado. A lo lejos podía escuchar la cuenta regresiva, pero nuestros labios no lograban desprenderse, una fuerza desconocida los mantenía unidos. Sentí la necesidad de abrazarlo al tiempo que percibí sus manos en mi espalda. Abrí los ojos y pude verlo por primera vez. Descubrí su tez blanca, que hacía resaltar su cabello negro y sus enormes ojos, aún más negros y expresivos ¡Era muy atractivo! Su cuerpo me envolvía, podía ocultarme en él. Su paladar me pareció exquisito, tan exquisito como su lengua.
Un vaso de plástico que golpeó mi cabeza me hizo reaccionar. Necesité impulsarme con ambas manos para lograr separarme. Tardé unos segundos en reubicarme y poder mirar a mis amigos.
-¿Están contentos? -dije enojada, pero se ve que no lo estaban, ya que entre varios me alzaron y lanzaron a la pileta.
Lola me acompañó a cambiar mi ropa. Estaba desorbitada.
-¿Qué paso ahí afuera?... ¡No se podían separar! ¡Por favor explicame algo!
Me daba mucha vergüenza pensar que todos se habían dado cuenta.
-Lola, ¿no se notó que estábamos disimulando? Arreglamos todo cuando secreteamos. No fue un beso de verdad.
-Ni vos crees eso, si no fuera por el vaso que les tiraron todavía estaban ahí baboseándose.
-¡No! Yo estoy de novia, sería incapaz de hacer algo así, engañamos a todos... ¿entendiste? -la miré con seriedad y me introduje en el baño para secarme.
Luego de devorar la torta, lentamente se fueron retirando los invitados, hasta encontrarme sola recogiendo los platos y vasos de plástico desparramados por todo el jardín.
Una sombra reflejada en el piso me atemorizó. Pegué un salto, pero al sentir su carcajada me tranquilice.
-¿Te ayudo? -me preguntó en forma seria mientras recogía los platos que habían volado de mis manos con el sobresalto.
-Pensé que te habías ido, Negrito -no podía mirarlo a los ojos.
-¿A dónde?, si yo vivo acá, ¿o no? -él parecía actuar con mayor naturalidad.
Me ayudó a ordenar aquel desastre y luego nos sentamos a descansar en el sillón del living. Allí descubrí que ambos mirábamos muy interesados el piso. No lograba desenvolverme como me desenvolvía por lo general a su lado, algo había cambiado en mi interior cuando lo miraba. Tal vez, había descubierto que Mariano, además de ser mi amigo, era un hombre.
-Perdoná el momento que te hice pasar -me atreví a comenzar la conversación.
-No fue tu culpa -dijo sin levantar la vista y enmudeció. Yo necesitaba hablar, me parecía importante, pero él parecía estar sumergido en el parquet.
-Negro... -toqué su mano para llamar su atención, y crispó su cuerpo- me parece que tenemos que decir algo. No quiero que nos quedemos con cosas adentro.
-Yo estoy bien, Poty, lo que realmente me molestó es que tus amigos se fueron de mambo, si no hubiéramos transado, te desnudaban. Te juro que estuve a punto de pegarles. Además, cuando estaba levantando la basura del patio encontré la bolsa con los papelitos. Todos decían Mariano. Los boludos nos querían joder. Nunca se bancaron que fuéramos tan amigos.
-Y, puede ser, siempre me gastaron con vos. Pero yo ya sabía que se iban a mandar alguna, ellos son así. No todo el mundo puede ser tan sensible y bueno como vos.
Mariano se rió.
-Gracias... -se arrimó a mí para abrazarme-. No te preocupes, lo que pasó hoy no fue nada. Es obvio que nos queremos mucho y con el beso nos lo demostramos, eso es todo.
Lo miré con mi ceño fruncido, no me convencía su explicación.
-Dudo que Gastón quede conforme con tu razonamiento.
-Poty, ¡no se te ocurra contarle a Gastón! Obviamente no lo va a entender. Lógicamente en una sociedad como esta no es aceptada esa demostración de afecto, menos tu novio. Pero si lo pensás fríamente, ese beso tuvo el mismo significado de uno que me das en el cachete o que un abrazo. Simplemente nos demostramos que nos queríamos, ¿no? -me miró expectante. Creo que intentaba convencerse a sí mismo, más que a mí.
-Sí... -no estaba muy convencida- en realidad podríamos haber sido un poco menos efusivos, pero en fin, para qué seguir cuestionándolo... ¿Qué te parece si de ahora en más cuando nos saludamos nos rompemos la boca de un beso? -lo miré con picardía y eché una carcajada, él me imitó.
-Bueno, Po, me muero de sueño. ¿Vamos a dormir? -intentó levantarse, pero yo me colgué de su brazo.
-¡¡Nooo!! No tengo sueño, acompañame un rato más -le supliqué.
-Bueno, pero solamente un ratito. Realmente tengo mucho sueño. Me quedo sólo porque es tu cumpleaños -atrajo la mesa ratona para poder estirar sus piernas sobre ella y se tapó con la manta que cubría el sillón. Yo lo imité.
Prendí la tele y luego de buscar en varios canales, encontré una película cómica para que nos acompañara de fondo.
Mariano parecía pensativo.
-Si Gastón se entera del beso y se hace la cabeza con que estamos todas las noches juntos y solos, me mata. La verdad que es bastante comprensivo, no te creas que todo el mundo ve como algo muy natural que yo me quede acá con vos.
Seguramente el beso también lo había hecho pensar, porque hasta ese día, que Mariano durmiera en casa gran parte del año, era algo natural. De hecho, era mi padre quien se lo había sugerido.
-Negro, para mí es lo más natural del mundo. Gastón sabe que somos como hermanos, él lo ve así, como casi todo el mundo.
-Hoy comprobé que no todos nos ven como hermanos, y yo te veo como mi mejor amiga, pero ni vos ni yo pensamos en el otro como hermanos... ¿o me equivoco?
En realidad no se equivocaba, yo no lo veía como un hermano. Lo veía como Mariano, mi gran amigo, mi protector, mi compañero, mi confidente. Por lo menos hasta aquella noche.
-Yo te veo como Mariano, con todo lo que eso implica par mí; y te aseguro que no me importa demasiado lo que piensen los demás. Ya me acostumbré a que me carguen con vos, a que algún chico con el que salga me haga una escena de celos; ¿pero sabés que? -hice una pequeña pausa, para girar mi cabeza y buscar su mirada- en realidad eso no me importa, porque para mí ser tu amiga es una de las cosas más lindas que tengo en la vida... y si sobreviví estos últimos años, cuando mis viejos me dejaron sola fue gracias a vos. Y por eso es que te quiero tanto y te juro que siempre voy a estar agradecida. Mis ojos se llenaron de lágrimas y los suyos también.
-¿Cómo hacés para ser siempre tan divina y tan sincera? -me tomó por el cuello y rascó mi cabeza. Rápidamente me soltó.
-No siempre te parezco tan divina, el otro día te enojaste mucho y me dijiste de todo -puse cara de enojada.
-Es que realmente me sorprendiste, no pensé que eras tan cerrada. En la vida no todo es blanco o negro. ¿O acaso los pasteles no te muestran eso en tus dibujos? -¡Qué buena frase!, pensé, pero una cosa era dibujar y otra bastante distinta la vida.
-Yo pienso así y la verdad es que me molesta bastante que sepas y para colmo opines sobre mis ideas del sexo y aledaños.
Mariano no logró ocultar su sonrisa.
-Parece que hay temas que con “tu amigo Mariano” no se pueden hablar.
-Siempre hay que reservarse algo... -agregué con una sonrisa.
-Eso quiere decir que no me vas a contar si ya hiciste el amor con Gastón -su sonrisa se iba ensanchando.
-Obvio que no te voy a contar -y menos aún porque no lo habíamos hecho.
-¡Qué lástima!, porque yo podría darte muchos consejos para que la pasaran mejor -se notaba que gozaba hablando de este tema, hasta sus ojos brillaban.
-¿Quién te dijo que necesitamos consejos? -yo también me estaba divirtiendo- ¡No sabés lo que Gastón es capaz de hacer con una roca!, así que imaginate conmigo -al terminar la frase ya ninguno pudo contenerse y comenzamos a reírnos a carcajadas.
Ya agotados de reírnos, nos quedamos en silencio mirando la tele, pero creo que sin ver nada en realidad. Noté que a Mariano se le cerraban los ojos, y de pronto comenzó a cabecear, hasta que recostó su cabeza en mi hombro. Casi de inmediato se incorporó.
-Bueno, Po, me parece que ya es hora de ir a la cama... te quiero mucho -besó mi frente y caminó rápido hasta su cuarto.
Recostada en mi cama, y aún sin mucho sueño, mi mente se puso en funcionamiento. Aunque no era algo que voluntariamente provocaba, el rostro de Mariano se me aparecía, pero no el que estaba acostumbrada a ver, sino aquel que había descubierto al besarnos, un rostro que turbaba mis pensamientos, que provocaba sensaciones que se contradecían con mis sentimientos hacia él. Su rostro había dejado de ser “el rostro de Mariano” para ser el rostro de un hombre.

