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Capítulo 23

CAPÍTULO 23




Desde aquel mail, los encuentros virtuales con Mariano comenzaron a ser casi diarios.

Lejos de sentir culpa, sentí alegría en recuperar un amigo que había perdido por algún tiempo.

Yo había sido clara en mi relación con Francisco y él no había tardado en contarme de sus amoríos con una uruguaya con la que trabajaba. Esto nos daba la libertad de escribirnos, sin sentir que buscábamos algo del otro.



Aquel verano, Francisco no podía tomarse vacaciones debido a su nuevo trabajo. Entonces decidimos que se instalara en casa para poder pasar el mayor tiempo posible juntos. Era nuestra primer experiencia conviviendo y a pesar de estar muy acostumbrada a vivir sola y al fuerte y definido carácter de Francisco, congeniamos de inmediato y disfrutamos de las largas horas que compartimos juntos.

Poco a poco Francisco volvió a introducir el tema de un futuro juntos en nuestras conversaciones. Tal vez, sintió la confianza de hacerlo al comprobar que nos era placentero convivir, o tal vez, porque él planeaba comprarse un departamento y seguramente lo proyectaba para ambos. Y aunque su actitud me encantaba, note cuánto me asustaba.

Por momentos no lograba entender por qué se preocupaba tanto por mí, por qué demostraba un amor incondicional a pesar de mis miedos y mis indefinidos proyectos personales. Francisco me escuchaba, me orientaba... y comencé a pensar que nuestra relación parecía demasiado perfecta para ser real.



Y enfrascada en estos razonamientos, cometí un gran error. Los puse por escrito en un mail a Mariano. No comprendí entonces la interpretación que él había hecho del mismo, pero día a día noté que sus mensajes cambiaban de tono, trocando al Mariano amistoso, por uno cargado de dobles sentidos y de seducción. Sus mails al principio me divertían, pero un día no pude hacerme la distraída y sin mayor importancia le pregunté qué pretendía. Su contestación me descolocó:

“Poty, mientras escribo este mail, no estoy muy seguro de si lo voy a enviar o no, pero no puedo seguir pelotudeando más. Yo sé que fui el que quiso que cortemos la relación y ahora estoy super arrepentido. Cuando me empezaste a contar de tu relación con Francisco, pensé que era una estrategia tuya para darme celos. Pero cada vez parecías más enganchada. Además pregunté, y me dijeron que estaban super enamorados. Y me volví loco. No soporto pensarte con otro tipo, no lo soporto. Tal vez me animo a confesarte lo que siento porque te noto dudosa. No sé que pensar, pero te lo tenía que decir. No te estoy pidiendo que me contestes algo. En realidad me encantaría que vos me dijeras que todavía tengo alguna oportunidad de reconquistarte.

Te quiero. Mariano”.

Releí aquel mail muchas veces. Había esperado esas palabras por mucho tiempo, pero no en ese momento de mi vida. No tenía derecho a vomitar sus sentimientos de esa manera, sabiendo que estaba con Francisco.

Con mucho enojo sólo le contesté: “Tu mail llegó muy tarde”. Luego volví a bloquear su dirección en mi correo.

Pero no era cierto, no había llegado tarde, había llegado para instalarse en mis pensamientos y volverse un intruso en mi vida.

Estaba furiosa, furiosa con Mariano y furiosa conmigo misma. ¿Por qué nunca podía disfrutar de una relación plenamente? ¿Por qué cuando estaba con Mariano, Francisco irrumpía en mis pensamientos y por qué ahora que estaba con Francisco había permitido que se infiltrara Mariano? ¿Acaso no me permitía ser feliz? ¿Estaba destinada a lidiar entre estos dos amores? Es que entonces no iba a poder ser feliz con ninguno.

Luego de torturarme un par de días, decidí erradicar estos pensamientos y volver a conectarme con mi relación con Francisco. Francisco merecía todo mi amor, merecía que mis pensamientos fueran sólo suyos.



Aquel sábado por la mañana, el timbre me despertó. Algo confusa, busqué mi reloj y comprobé que apenas eran las 9 de la mañana. Francisco aún dormía, así que, haciendo el menor ruido posible, baje a ver quien llamaba.

Con mis rulos enmarañados y en pijama, abrí la puerta para ver quien me reclamaba del otro lado de la reja.

Debí fijar la vista un par de veces para comprobar que no era una visión la figura que estaba frente a mí, apenas a unos metros.

-¿Mariano? -pregunté sin moverme.

-Sí... ¿Me vas a dejar pasar? -preguntó muy alegre.

No, no quería que pasara, no quería que entrara en mi vida.

Al ver que no me movía, repitió su pregunta.

-No, Negro. Estoy con Francisco. Estamos durmiendo. Tendrías que haber llamado antes -no me gustó ser tan fría con él, pero me era imposible verme en aquella situación.

No esperaba mi respuesta, mi actitud, y por unos segundos enmudeció.

-Estoy parando en lo de mis viejos. Después llamame -dijo sin siquiera mirarme y se marchó.



¿¡Por qué!? ¿¡Por qué!? Grite en mi mente. ¿Cómo haría para decirle a Francisco que Mariano estaba a metros de nuestra relación?

Subí despacio las escaleras y rogué que Francisco siguiera durmiendo. Me acosté a su lado, pero casi inmediatamente él giró para abrazarme.

-Tocaron el timbre, ¿no? ¿Quién era a esta hora? -dijo refregando su cabeza en mi cuello.

Mentirle no era la solución, pensé, y tomando valor conteste.

-Mariano.

Aquel nombre funcionó como un resorte en el cuerpo de Francisco, ya que de inmediato saltó de la cama y quedó parado.

-¿Qué hace acá? ¿Por qué no me dijiste que venía? -de más está decir lo enojado que parecía.

-No sabía que venía. Yo hace mucho que bloqueo su correo electrónico. No tenía ni idea. Sino te lo hubiera dicho -intentaba mostrarme tranquila para contrarrestar su estado.

-¿Qué quiere? -nunca lo había visto tan alterado. Mientras me preguntaba, revolvía las sábanas buscando su ropa. Sin animarme a acercarme, le señalé la silla donde estaban sus pantalones.

-Quería que desayunáramos, obviamente le dije que no, que estaba durmiendo con vos. Calculo que después querrá verme.

-¿Y vos qué querés? -apretaba con furia los cordones de sus zapatillas.

-Quiero que te calmes, Frank. Yo no tengo la culpa de que haya aparecido sin avisar.

-Pero tenés la culpa de que su presencia me haga sentir tan mal -ni tuvo tiempo de pensar en su respuesta. Había salido de su corazón. Y me dolió muchísimo. No supe qué retrucarle y entonces continuo descargándose. -¿Sabés lo que pasa? ¿Sabés por qué no puedo estar tranquilo? Porque aunque ya pasó un año desde que estamos juntos, no te siento convencida con nuestra relación. Porque cada vez que hablo de casamiento o de vivir juntos se te paran los pelos. Aunque a veces creo que estamos bien, muchas veces siento que dudas. Vos lo lloraste a Mariano un montón de tiempo y él ahora vuelve y quiere verte. ¿Qué sé yo que vas a sentir cuando lo veas? -sus sentimientos eran muy duros, muy duros para ambos.

-Si querés lo llamó y le digo que no lo quiero ver -fue lo único que atiné a contestarle.

-No, y después voy a tener que cargar con el fantasma de ese encuentro. No. Yo me voy Flor. Necesito pensar. A la noche nos vemos -y con rapidez huyó de casa.



No podía negar que me sentía confundida. Aquellas palabras de Francisco sobre nuestra relación resonaban en mi cabeza y terminé reconociendo que eran ciertas. Yo no estaba comprometida con nuestra relación. Por una extraña razón, no podía proyectar un futuro juntos. Tal vez porque en ningún ámbito de mi vida lograba pensarme en futuro, me daba miedo salir del ahora.

Pero algo era real. Era real que estaba enamorada de Francisco. Y también era real que Mariano me turbaba. Tenía que verlo, tenía que descubrir cuáles eran mis verdaderos deseos.



Me dí un largo baño antes de tomar el teléfono y, algo más tranquila, lo cité en un bar cerca de casa.

-¡Hola! -me dijo feliz e intentó abrazarme, pero yo no quería abrazarlo, así que esquivé su cuerpo y besé su mejilla-. ¿Estoy equivocado o no soy muy bienvenido? -me molestaba que se mostrara tan animoso cuando yo estaba tan incómoda.

-¿Por qué viniste? -fue lo único que se me ocurrió decir.

-Porque quería hablarte y parece que tu mail no funciona -parecía divertirse con mi malestar.

-Dejó de funcionar el día que te fuiste al carajo. En serio, ¿qué hacés acá?

-Me dieron vacaciones... y necesitaba verte, pedirte disculpas. No tendría que haberte mandado ese mail. Pero, Po, yo te quiero y me moría de ganas de verte. ¿No podemos hacer de cuenta que nunca te escribí ese mail y aprovechemos estos días como viejos amigos que somos? -seguía sonriente y yo cada vez más irritada.

-No Mariano. No puedo hacer de cuenta que nada pasó. Te conozco y sé que por algo estás acá, que por algo me mandaste ese mail. Tu intención no es ser dos buenos amigos. No entiendo por qué sentís tal libertad para manipular mis sentimientos. Cuando a vos se te dio la gana, me obligaste a dejar de quererte, pero cuando viste que estaba feliz con Francisco, volviste a arremeter con toda tu artillería -estaba muy enojada, muy enojada... ¿Cómo podía ser que Mariano me dominara de esa manera? ¿Cómo podía ser que tan fácilmente invadiera nuevamente mi vida?

Por unos minutos nos mantuvimos callados. Tal vez, él esperaba que se aplacara mi ánimo antes de confesar sus intenciones.

-Poty, entiendo perfectamente que estés enojada. Yo sé que no estoy actuando bien; pero me di cuenta que por vos no me importa si tengo que perjudicar a alguien. A la única que no quiero perjudicar es a vos.

-Va más allá de perjudicar a Frank o a mí. Vos estás jugando con mis sentimientos. ¿O te olvidas cuando yo estaba muerta de amor por vos y vos te hacías el duro? ¿Qué pasó? ¿Por arte de magia te volviste a enamorar justo cuando yo estoy enamorada de otra persona? Negro... no tenés derecho... no tenés derecho.

-Sí tengo derecho. Tengo derecho porque te amo. Porque nunca dejé de sentir esto por vos. Pero pensé que si tapaba esos sentimientos iba a sufrir menos. Fui un tarado, porque mientras sabía que seguías conmigo estaba tranquilo, pero cuando me di cuenta de que te estabas enamorando de otro me trastorné. No podía dormir, no podía pensar. No soporté imaginarte con otro tipo -se detuvo para clavar sus ojos en los míos-. No lo soporto Poty. No puedo entender por qué no me querés más. No puedo entender cómo no sentís el mismo amor que siento yo. ¿Cómo no te morís de ganas de abrazarme, de besarme, de que hagamos el amor? -estiró su mano para alcanzar la mía y su roce causó una extraña sensación en mí. Mis sentidos quedaron aturdidos y aunque quise, no pude quitar mi mano de allí.

-Vos me obligaste a dejar de sentir todo eso -intenté mostrarme firme, pero no estaba convencida de mis palabras-. De todas maneras, ¿qué sentido tiene esto si vos en un par de días te vas? -esta idea era la única que lograba enfriarme.

-Porque no creo que me vaya -sus palabras hicieron estallar mi razón-. Mañana tengo una reunión y si todo sale como espero, vuelvo con un mejor puesto de trabajo y sólo algunos viajes cortos -me miró expectante.

¡No! Eso lo cambiaba todo. Una realidad era Mariano a miles de kilómetros, pero otra muy distinta era Mariano cerca. Yo era muy distinta con Mariano cerca.

Tenía que pensar. Necesitaba poner en orden mis ideas. Odié a Mariano por trastornarme con tanta facilidad. ¿Cómo podía hacerme esto con el sólo hecho de aparecer? No podía estar más allí.

Caminar fue mi mejor opción. ¿Qué haría con todo esto? ¿En qué lugar quedaba Francisco?

Yo estaba enamorada de Francisco. Pero Mariano invadía mis pensamientos, mi corazón. Y aunque el enojo me había servido de coraza, debí reconocer que su presencia me apabullaba, su cuerpo me instaba a desearlo. Y perdida en tanta duda comprobé que había anochecido y tendría que enfrentarme con Francisco.

Entró a casa muy serio, tenso y sin decir palabra, se ubicó en uno de los sillones. Yo lo hice frente a él.

-¿Qué tenés para decirme? -preguntó de pronto.

¿Qué tenía para decirle que no lo lastimara? Me pregunté. Nada. Sólo tenía la verdad.

-Mariano me contó que vuelve a Argentina...-dudé antes de continuar- y también quiere volver conmigo.

-¿Y eso cómo nos deja a nosotros? -clavó sus ojos azules en los míos.

-Estoy muy confundida. No puedo pensar con claridad -le confesé y escondí la cara tras mis manos. No podía mirarlo, no soportaba hacerle lo que le estaba haciendo.

-Tal vez soy un tonto. Tal vez en este momento tendría que sacar mi escudo y mi espada y ponerme a luchar por vos. Pero me parece que no tiene demasiado sentido. Vos y yo estamos bien. Vos sabes cómo es estar conmigo. Y si estás en duda es que lo nuestro no te alcanza. Si por verlo a Mariano dudás de nuestra relación, es que no tiene mucho sentido que sigamos. Yo te lo hago fácil, doy un paso al costado. O juego de titular o no juego -fue tajante. No me daba opción a nada. Pensándolo bien, no esperaba otra actitud de Francisco.

Pero yo no había pensado en una separación. O por lo menos en una decisión tan abrupta.

-Francisco, entiendo lo que sentís. Pero quiero que sepas que yo te amo y que vos me hacés feliz. Pero la presencia de Mariano me hace dudar y yo sé que vos no te merecés mi duda.

Me interrumpió.

-No, no me la merezco y no me la voy a bancar. -se puso de pie y sin mirarme se dirigió hacia la puerta.

No quería que se fuera, no quería que se terminara lo nuestro.

-Frank, ¡no te vayas! -corrí hasta él para tomarlo por sus brazos y obligarlo a que me mirara.

-¿Qué sentido tiene, Flor? ¿Qué sentido tiene que hoy me quede y mañana vengas a decirme que te quedás con Mariano?... Porque esto ya lo vivimos... Porque vos no te animás a despegarte de él, porque para vos él es lo seguro... ¿O estás convencida de que no querés estar con él y querés estar sólo conmigo? Porque esa es la única manera de que me quede.

No. No estaba convencida. No estaba convencida de nada. Lo abracé fuertemente y besé con avidez su boca, pero nada pude contestarle.

Cuando cerraba la puerta de la reja, giró para mirarme.

-¿Sabés de qué me acordé? -me dijo con furia-. De tu cuadro, ese al que le pusiste “Tal vez”. Estabas con Mariano y pensaste que tal vez era conmigo con quien querías estar. Yo no me banco la duda, y por eso me voy; pero me parece que vos siempre vas a vivir dudando, porque en definitiva nunca te definís, nunca te jugás por nada. Tu vida es un eterno tal vez.- dio media vuelta y se perdió en la oscuridad.

Quedé petrificada con sus palabras. Me dolieron, me dolieron más de lo que podía imaginar. Me ahogaron hasta apretar a tal punto mi pecho que estallé en lágrimas. Quedé allí, derrotada, en el umbral de mi casa, viendo como la poca cordura que tenía en mi vida se alejaba, dejándome una gran verdad... una gran verdad difícil de manejar.

Tercera Parte: "Las sombras"


TERCERA PARTE: "LAS SOMBRAS"


Revisando mi vida, hoy puedo entender el por qué de muchos de mis actos. Hoy, pero no pude entenderlo entonces.
Creo que siempre viví con la sensación del abandono, con el miedo al abandono.
Me fue muy difícil llegar a entender que no me abandonaban. Que los actos que cometía el resto de la gente no estaban destinados a mí o que algunas veces, las consecuencias que sufría no eran por las acciones de otros, sino por mis decisiones.
Por lo tanto, descubrí que vivía esperando el abandono. Es cierto que varios hechos se habían sucedido para que aquella fuera mi manera de pensar...
Mi madre había muerto siendo yo bastante pequeña y un gran agujero, un gran dolor había dejado en mi vida. Luego mi padre, que poco a poco se iba alejando de mí... y por último Mariano. Yo había idealizado nuestra relación, y de pronto, todo se había desmoronado, dejándome nuevamente sola y llena de dolor.
Y entonces había podido formar una pareja con Francisco, que me hacía feliz, me llenaba, me apasionaba.
Por eso, hoy, luego de echarle un largo vistazo a mi vida, concluyo que me anticipé, a lo que supuse, sería inevitable.

Capítulo 22

CAPÍTULO 22

La relación con mi padre se había estabilizado. Como yo me sentía muy feliz con Francisco, ya se había apaciguado mi furia y logramos tener un par de conversaciones telefónicas bastante amigables. Y ya, semi reconciliada, las palabras de mi padre, respecto a que “nunca me faltaría nada” en cuanto a lo económico se refiriese, me tranquilizaron, porque ya habían pasado algunos meses y mi único trabajo seguía siendo en el taller de pintura que apenas me alcanzaba para solventar parte de mis gastos.
De todas maneras no había hecho grandes esfuerzos por conseguir otro trabajo. Francisco parecía más interesado que yo en ese tema. Me buscaba avisos en los clasificados, preguntaba a sus colegas, pero aún no estaba muy convencida con la idea de trabajar como psicopedagoga. De todas maneras, seguía muy dedicada a mis estudios, ya que aunque no era algo que anhelaba, quería conseguir lo antes posible mi título.
Cenábamos con Francisco en casa. Él estaba muy entusiasmado con el trabajo que acababa de conseguir como director en una institución para chicos de bajos recursos, luego de varios meses de espera. Para él era un gran cambio, ya que por fin podía dedicarse al trabajo social y abandonar el estudio del padre de Fede. Estaba muy ansioso y no podía dejar de contarme sus nuevas experiencias y a la vez fantasear sobre su futuro.
-Estoy super contento. Además si todo sigue bien, este laburo es estable y con un buen ingreso, y además tengo otro laburo mejor en puerta -se detuvo unos segundos a observarme y continuó-. Eso nos da la posibilidad de poder proyectar algo juntos.
Era la primera vez que pensaba en voz alta sobre el futuro de nuestra pareja, o por lo menos de un futuro más concreto y sus palabras me sorprendieron. Al ver que no contestaba nada, agregó:
-¿Te asusté? ¿No es normal que piense en un futuro para los dos? Para mí es muy importante haber encontrado un laburo de lo mío que sea redituable. Sino, sentía que no iba a poder tener nada demasiado bueno para ofrecerte.
-Yo no necesito que me ofrezcas nada, yo soy feliz estando con vos, y eso ya es mucho y muy bueno -declaré convencida.
-Bueno, pero algún día, vamos a querer ser más que novios. Y tu papá no va a mantenernos -estaba hablando muy en serio y yo comenzaba a asustarme, ya que nunca mis pensamientos habían ido más allá del momento en que vivía con Francisco.
-Me encanta que estés feliz con tu laburo, pero por ahora disfrutalo para vos. Todavía falta tiempo para que tengamos que preocuparnos por mantenernos -fui muy sincera y deduje, por el gesto en su rostro, que mi falta de interés por un futuro casados no le había agradado.
-Frank, no pongas caras. A mí me encanta estar con vos; pero estoy tan preocupada por mi futuro, por lo que quiero hacer con mi vida, que todavía no pensé en casamiento o esas cosas. Vos sos más grande, estás re plantado en la vida, sabés lo que querés, pero yo no y eso me lleva mucho tiempo.
-¿Es eso o que en el fondo de tu corazón todavía estás esperando que vuelva Mariano?
Sus palabras me sorprendieron. Francisco jamás había traído a colación mi vieja relación y yo tampoco. Ambos estábamos bien, sin que se generara entre ambos algún conflicto demasiado importante. Por ello, no comprendí cómo con tal soltura había arrojado aquel comentario tan infundado. Y eso me ofendió.
-Disculpame pero te fuiste al carajo. ¿En qué momento desde que estamos juntos te hice pensar que esperaba a Mariano? Me parece que sos muy injusto -no quise esperar su respuesta y levantándome me encerré en la cocina.
Tardó unos minutos en aparecer.
-Me molesta que ni siquiera te plantees la idea de que vivamos juntos, o que nos casemos. No quise agredirte -fue su disculpa.
-Frank, tengo 21 años. Todavía no se sé por qué estoy estudiando psicopedagogía, todavía no se sé cómo voy a hacer para mantenerme, porque no quiero que toda mi vida mi viejo me pase plata, pero tampoco quiero que me mantenga mi pareja. No es que no me haya imaginado viviendo con vos. Obvio que me lo imagino, y me gusta lo que me imagino. Pero para pensar en una vida juntos, quiero poder tener mi vida algo más encaminada. Como vos me podés ofrecer muchas cosas, a mí me encantaría poder ofrecerte también algo. Vos tenés 26 años, una carrera, un trabajo que te gusta y sobre todo, tus ideas bien puestas. Todo eso, todavía, a mí me falta.
Aunque dijo aceptar mi explicación, seguía irritado y yo también lo estaba. Y sabiamente, antes de que alguien dijera algo de lo que luego se arrepintiera, Francisco se marchó.
Me sentía molesta, no me parecía mal que Francisco quisiera que yo proyectara algo con él. Eso era lógico, pero su facilidad para arrojarle la culpa a mi relación con Mariano me parecía más que injusta. Más injusta aún, cuando él no sabía que yo ponía especial atención en no hacer ningún comentario sobre Mariano, que hasta había bloqueado su dirección de mail, para evitar situaciones injustificadas de conflicto. Yo había erradicado a Mariano de mi vida, pero Francisco había logrado traerlo con tal facilidad, que su comentario me hizo replantear mi actitud. Mariano era parte importante de mi pasado y, aunque lo ocultara, seguiría estando. Seguiría estando en sus pensamientos, tal vez como un fantasma, y en los míos. Porque aquella noche, comprobé que me había obligado a no pensar en él, pero debí reconocer que ansiaba saber de su vida, tanto como contarle de la mía.
Entonces decidí que si mis esfuerzos por demostrarle a Francisco que Mariano ya no ejercía influencia sobre mí, no servían para mucho, no haría más esos esfuerzos.
Fui hasta mi computadora y le escribí un mail, contándole de estos últimos meses de mi vida. Y algo más tranquila, decidí dormir.

Temprano en la mañana, el teléfono me despertó. Como supuse, era Francisco que con voz reconciliadora me invitaba a desayunar.
-Flor, noté que anoche te quedaste mal. Yo también me quedé mal y no podía esperar hasta la tarde. Cuando me quedé solo en casa pensando, me di cuenta de que estoy más inseguro de lo que pensaba con nuestra relación. Aunque nunca hablamos del tema, yo sé que me pesa mucho tu pasado, pero no tenía derecho a echártelo en cara gratuitamente -era una de las pocas veces que Francisco esquivaba mi mirada.
-Los dos tenemos un pasado, no se puede borrar, pero a mí me importás vos, me importa mi presente. Hago todo lo posible por no incomodarte con Mariano, pero se ve que no alcanza.
-Flor, yo te amo y no te voy a apurar, cuando sea el momento, proyectaremos algo juntos. Y mis temas con tu pasado los voy a resolver solo. Es un tema mío -su mirada seguía sumergida en su taza de café. Entonces acaricié su mentón y lo invité a mirarme.
-Frank, yo también te amo. Y estoy muy feliz con vos y estoy muy feliz de poder compartir tus nuevos proyectos. Y quiero que cuando yo tenga los míos, seas vos quien esté a mi lado. Para mí, eso ya es vernos en un futuro. ¿Estamos bien? -asintió con la cabeza y estiró su cuerpo para poder besarme.

Volvió a reinar la paz en nuestra pareja y sin hablar de fantasmas y de futuro, pudimos disfrutar de la mutua compañía por lo que restaba del año.

Capítulo 21

CAPÍTULO 21

Luego del eterno día que había pasado, pude dormir tranquila, relajada. Apenas en un día, mis sentimientos se habían aplacado, y ya me encontraba con nuevas expectativas.
Luego de levantar muchísimos mensajes de mi padre en el contestador, comprendí que si mi intención era reordenar mi vida, lo primero que debía hacer era cerrar el conflicto que entre nosotros se había instalado.
Tomando fuerza, lo llamé por teléfono y serena pude explicarle las razones de mi enojo. No sé si mi padre comprendió cómo me sentía, pero no tuvo más remedio que aceptar mi decisión.
Entonces pude pensar en todo lo que quería compartir con Francisco y mi primer deseo fue que conociera mi mayor interés. Subí al playroom y revolví entre mis pinturas, para poder mostrarle las que más me agradaban. Me entretuve gran parte del día y aquella actividad aplacó la ansiedad que generaba esperarlo.
Como me explicó luego, Francisco trabajaba hasta la tarde, por ello ya había atardecido cuando apareció en casa.
Con sólo ver su actitud al cruzar la puerta de entrada, comprendí que ambos estábamos expectantes con aquel encuentro. Tal vez ninguno de los dos sabíamos bien que pasaría, ya que nuestros códigos de relación eran bastante particulares, y en nuestra última charla ambos habíamos actuado de un modo muy diferente al que estábamos acostumbrados.
Y fue Francisco quien por fin se decidió a romper con aquel incómodo silencio que se había instalado en el living de casa.
-Te confieso que vine pensando todo el camino con qué podía pelearte, pero no se me ocurrió nada. Esto de no tener por qué luchar me está poniendo nervioso -dijo y mostró su sonrisa.
Su comentario me relajó.
-No te preocupes, ya se nos va a ocurrir algo -le contesté mientras estiraba mi mano para que la tomara.
-¿Ya me querés llevar a tu cuarto? -preguntó divertido mientras tomaba mi mano y se dejaba guiar escaleras arriba-, pensé que me iba a costar un poco más -agregó.
-Te encantaría, ¿no?... pero no te hagas ilusiones -continué guiándolo hasta el playroom-. Quiero que me conozcas, y me parece que esto es una parte muy importante de mi vida -le dije una vez dentro de mi “taller”.
Francisco me contestó con una sonrisa y se sentó en un puf que por allí había. Le expliqué la satisfacción que me daba pasar largas horas del día en ese lugar y la pasión que brotaba de mí en forma inexplicable cuando me paraba frente a un lienzo o un papel.
-Ojala algún día yo te despierte esa misma pasión -comentó muy bajo.
Sus palabras hicieron que me detuviera y sentí la necesidad de acercarme a él. Dudé antes de expresar mis pensamientos.
-Frank, vos sos apasionante -le confesé. Y aunque en ese momento no quería más nada que besarlo, no se por qué, atiné a alejarme, pero por suerte, el no me lo permitió. Tirando de mi mano, me atrajo hasta su cuerpo y abrazándome, me besó. Me encantaría poder explicar la sensación de aquel beso, pero es muy difícil ponerlo en palabras. Es una de esas sensaciones que se tienen pocas veces en la vida, sensaciones de certeza. Aunque quiera, no puedo. Pero de algo estaba segura, era el beso que ambos anhelábamos y necesitábamos.
-Gracias por compartir conmigo esta parte de tu mundo -se levantó y comenzó a observar detenidamente los cuadros que estaban esparcidos por el playroom-. No sé si te parecerá loco, pero te reconozco en muchos de esos cuadros. No sé, algo de los trazos -agregó mientras recorría con sus dedos una pintura hecha en óleos- me hacen acordar a vos.
Nunca nadie observó los cuadros de esa manera y jamás alguien volvería a hacerlo. En verdad sus ojos me desnudaban.
-Flor, vos sabes qué es lo que siento por vos, y yo sé que tal vez vos no sientas lo mismo -quise interrumpirlo pero no me lo permitió-. Yo sé que querés estar conmigo, y también te conozco y se que rápidamente te enmarañás en tus pensamientos. Sólo te pido que te des una oportunidad, que dejes de lado tus historias del pasado y te des una oportunidad de ser feliz conmigo. ¿No es genial ir descubriéndonos de a poco?
Claro que era genial, y estaba ansiosa por compartir mis momentos con él. Con este Francisco que iba mucho más allá de un irónico seductor, especialista en marcar mis defectos para hacerme irritar. Si aquella parte suya me resultaba atrayente, este Francisco con un par de frases ya me había conquistado.
-Frank, no tenés que intentar convencerme de nada, quiero estar con vos. No lo dudo, quiero conocerte, quiero escucharte y quiero besarte.
Y fue así, que nos lanzamos a esa aventura de descubrirnos y de día a día compartir más y más de nuestro tiempo.

Mi verdadera experiencia en cuanto a noviazgos era mi relación con Mariano y era a lo que yo estaba acostumbrada. Por eso con Francisco me sentía una novata, todo era tan distinto, todo en él era nuevo para mí. Y día a día descubrí que me fascinaba, me fascinaba el hecho de no poder predecir sus actos, de ingeniarme para adivinar sus gustos, sus deseos.
Su actitud tan firme, tan definida en muchos temas me causaba envidia y amaba el esfuerzo y empeño que ponía en intentar lograr sus metas.
Ese momento fascinante del comienzo de una relación, que antes no había experimentado, me colmaba de entusiasmo y me enredaba en un grato estado de obnubilación.

Me encontraba almorzando con Lola. Muy entusiasmada le comentaba este estado de enamoramiento en el que me encontraba, cuando una pregunta suya, de pronto me hizo reflexionar.
-¿Y en el sexo también se llevan tan bien? -preguntó dando por supuesto un factor que yo aún no había tenido en cuenta. Seguramente mi expresión de desconcierto la sorprendió, pero sólo agregó- No te hagas la discreta, no te hagas la que no querés contar.
-No, es que me acabo de dar cuenta que todavía no lo hicimos... ¿es raro no? -en realidad esta pregunta iba dirigida a mí misma. ¿Por qué no habíamos hecho el amor? ¿Por qué no habíamos buscado tener ese momento de intimidad para conocernos?

Y acabado el almuerzo, ese interrogante me ocupó toda la tarde. Comencé a revisar en mis sentimientos y en mis acciones de los últimos días y descubrí que habían sido casi nulos los momentos de intimidad que había generado para estar con Francisco. En el afán por mostrarnos nuestras vidas, habíamos corrido de aquí para allá, recorriendo lugares llenos de recuerdos propios o nos habíamos perdido en largas charlas, intercambiando deseos y opiniones.
Entonces busqué en mi interior la razón que me alejaba de disfrutar un momento de intimidad entre nosotros. ¿Por qué ni siquiera me había planteado disfrutar del placer de perderme en el cuerpo de Francisco cuando el sólo hecho de estar con él era algo tan placentero? Y, enojándome conmigo misma, descubrí que aún no había descolgado de mi razón el cuadro de Mariano durmiendo en mi cama, que temía la reacción de mi cuerpo al encontrarse con otro que no fuera el de Mariano, que hasta entonces había sido el único a quien había pertenecido.
Estaba claro: tenía miedo, tenía miedo de descubrir que Mariano no era el único y de que tal vez alguien lograra borrarlo de mi cuerpo y definitivamente de mi corazón.
¡Que loco es el corazón! Pensé, y qué cierta la apreciación de Francisco sobre mi rapidez en quedar enmarañada en mis pensamientos. Pero esta vez no caería en mi propia trampa. Estaba feliz con Francisco. Él me apasionaba y yo estaba enamorada de él. De pronto, una imagen sorprendió mis razonamientos y me tranquilizó.

Aquella noche Francisco vendría a casa. Por lo general, solo me pasaba a buscar para salir a cenar; pero decidí sorprenderlo y lo recibí con la cena lista.
-¿Cómo? ¿Hoy no organizaste ninguna de tus salidas reveladoras? -dijo con su sonrisa irónica.
-No, hoy quiero que conozcas uno de mis mayores defectos. Vas a tener la desgracia de probar mi comida -le contesté divertida; pero lo cierto era que no era muy buena en la cocina.
-No es un defecto muy importante mientras cerca haya una rotisería.

Comimos entre chistes los fideos con tuco que había preparado, para luego aventurarnos en la cocina a poner un poco de orden.
-¿Querés que vayamos por ahí a tomar un café? -me preguntó mientras secaba los platos.
-No te preocupes -le contesté-, el café me sale rico.
-Me sorprende que no quieras salir de tu casa -fue su respuesta y en ella comprobé que Francisco había notado mi facilidad para evitar los momentos de intimidad.
-Será que quiero que estemos solos y tranquilos -le contesté.
Francisco tomó mi mano y me invitó a seguirlo hasta los sillones del living.
-¿Te confieso algo? -dijo mientras nos sentábamos-. Ya hace un par de días tenía ganas de que nos diéramos un tiempo para estar solos; pero tenía miedo de tu reacción. Tenía miedo de que entraras en pánico. ¿Estoy medio paranoico? -volvió a sorprenderme la facilidad que tenía para descubrir mis pensamientos.
-No, tenés razón. Hoy me di cuenta de que estaba evitando tener intimidad, pero no te preocupes, porque no es mi intención entrar en pánico -le confesé.
-Qué bueno, porque... no puedo andar con rodeos. Me muero de ganas de que hagamos el amor -me sonrió y agregó-. La sutileza me caracteriza.
Su comentario provocó en mí una carcajada.
-Yo también quiero que hagamos el amor. Pero primero necesito mostrarte algo.
Me levanté y él me siguió. Llegamos al playroom. Francisco me miraba expectante mientras yo revolvía el baúl.
De pronto lo encontré. Primero apareció ante mis ojos su reverso con el título “Tal vez” y al voltearlo encontré a Francisco, saliendo del mar, con sus cabellos mojados y destellos de sol iluminando sus hombros. Encontré aquel cuadro que una tarde me había sorprendido pintando y que casi con desesperación, había escondido. Sacudí el polvo que lo opacaba y giré para mostrárselo.
-Quería que vieras este cuadro -le dije.
Francisco se acercó para observarlo.
-Ese soy yo. ¡Qué lindo! Gracias... ¿por qué me pintaste?
Claro, él no comprendía lo que ese cuadro significaba en este momento para mí.

-Mirá la fecha -le pedí.
Al hacerlo, se mostró sorprendido.
-¡Es del anteaño!... pero vos estabas... -se detuvo.
-Sí -estaba con Mariano, pensé-. Me había olvidado de él, lo había escondido. Tal vez también tenía escondido por allí algún sentimiento que no sabía que existía. Ese día que te ví saliendo del mar, mi corazón comenzó a palpitar tan rápido que pensé que se salía. Y se ve que me quedó grabado.
-Me acuerdo perfectamente de aquel día. Estaba deseando realmente encontrarte y apareciste. Estabas torpe, nerviosa, y aunque no te lo demostré, me encantaste.
-Y así comenzó todo. El cuadro se llama “Tal vez”. En el momento en que lo pinté, pensé que tal vez eras vos el indicado. Pero bueno, vos ya sabés la historia. Quería que lo supieras, quería que entiendas que estoy muy feliz por estar con vos. Vos siempre me decís que estas seguro de lo que sentís, que desde el día en que nos conocimos querés estar conmigo. Y yo quiero que sepas que nunca dejaste de resultarme atractivo, que siempre me torturaste en mis pensamientos y que ahora que estoy con vos, estoy re feliz y es lo único que quiero. Estar con vos es lo único que quiero.
-Entonces los dos estamos donde queremos estar. Te quiero Flor –fuertemente me abrazó.

Comenzamos a besarnos y acariciarnos con una naturalidad que nunca habíamos logrado y nuestros cuerpos pudieron disfrutar del placer de conocerse, que hasta entonces les había sido vedado.
De a poco nuestros gustos y costumbres se fueron acoplando y me sentí flotando por aquella habitación, enredada entre su cuerpo, descubriendo su textura, sus olores, su pasión.
Y me encantó, me encantó aquel hombre que me exploraba y a la vez me llenaba de placer con total naturalidad y dominio.
Por tanto tiempo me había sentido totalmente completa y extasiada con Mariano, que solía pensar que sólo él despertaría esa pasión en mi cuerpo, en mi ser. Pero aquella noche descubrí que esa pasión estaba en mí, en mis sentimientos. Y esa pasión, en ese momento, la sentía con Francisco.

Capítulo 18

CAPÍTULO 18

Estaba perdida, no lograba comprender lo que me estaba sucediendo. ¿Me había equivocado? ¿Había actuado mal con Mariano? ¿Tan mal estaba querer tomarme tiempo para decidir sobre mi futuro? ¿Merecía que Mariano me castigara quitándome su amor? Realmente no sabía que pensar.
Regresé a casa, cansada de intentar entender, y me encontré con mi padre que desayunaba.
-Pensé que habías dormido en casa, Po -me dijo sorprendido.
-Sí, dormí en casa, pero me junté a desayunar con Mariano. Me acaba de cortar -papá se atragantó con el café y me exigió que le contara lo que había sucedido y así lo hice. Conversar con mi padre me hizo bien, me dejó ver las cosas en perspectiva.
-Seguro que Mariano está muy nervioso y tal vez, cortarla con vos, es la manera de defenderse. Él sabe que te va a extrañar muchísimo estando tan lejos. Si a vos te importa, no dejes de intentar que te entienda. Yo creo que tomaste la decisión correcta, Poty... y no puedo negar que me alegra muchísimo que decidieras quedarte.
Lo abracé con fuerza para agradecerle y me encerré en el baño para darme una larga ducha.
Y pensar que mañana cumpliríamos dos años, me sorprendí pensando... ¡Claro! Mañana sería la noche previa al cumpleaños de Mariano. Sería mi oportunidad para recuperarlo. Él ya estaría más tranquilo y con mi sorpresa seguro que reflexionaría y aceptaría mi decisión. ¡Sí! Sería mi esperanza para arreglar las cosas.
Esperé que llegara el día con ansiedad y pasada la tarde, sabiendo que Mariano no se encontraría, entré a su departamento.
Decoré el living con globos y carteles, me esforcé en preparar lasagna, su plato preferido, y cuando me pareció que ya estaba todo listo, me vestí y me peiné con mayor esmero que el habitual.
Esperé varias horas y comencé a pensar que Mariano nunca llegaría, cuando de pronto se abrió la puerta.
Mariano entró desganado, pero de pronto quedó sorprendido al ver la decoración de su hogar.
-¿Qué hacés acá, Poty? -pensé que vería una sonrisa en su rostro, pero no la encontré.
-Vine a festejar tu cumpleaños, a demostrarte que te amo y que no tiene sentido que cortemos -pensé en acercarme y besarlo, pero no me pareció buena idea.
-Po, no quiero que te sientas mal, pero lo pensé bien y sostengo lo mismo que ayer -por lo menos en su voz no se notaba el enojo y la frialdad del día anterior. Con lentitud se acercó hasta mí, y acarició mi cabeza-. Gracias por esta sorpresa -esta vez, no quise refrenar mis impulsos, lo abracé con fuerza y besé sus labios.
-Aunque no logre hacerte cambiar de opinión, creo me merezco una oportunidad y si después de esta noche no logro convencerte, ésta será nuestra despedida.
-¿Va a servir de algo que me niegue? -preguntó con cara de resignación, y al negar con mi cabeza, sonrió y me besó.

Casi no pronunciamos palabra durante la cena, aunque era evidente que ambos teníamos muchas cosas por decirnos, pero tal vez ninguno se animaba a acabar con la ficticia calma en la que nos encontrábamos.
-Es raro pensar que justo hoy, que cumpliríamos dos años de elegirnos, sea el día que nos separemos -al fin se animó a decir mientras caminaba hacia el living.
-No entiendo, Mariano, te juro que no entiendo por qué estás tan cerrado. Usando tus palabras, ¿por qué te negás a seguir eligiéndonos?
Mariano se sentó en el sillón y yo me senté a sus pies para poder mirarlo.
-No sé, Po, tal vez porque me duele mucho darme cuenta de que los dos preferimos otras cosas a estar juntos. El otro día, cuando me dijiste que no querías irte conmigo, me enfurecí... pero después me di cuenta de que yo tampoco estoy dispuesto a quedarme. Por eso cuestiono nuestros sentimientos. Los dos priorizamos nuestro futuro por separado a nuestro futuro juntos.
-Yo no veo las cosas como vos. Mi decisión no tiene nada que ver con lo que siento por vos, porque yo no dudo de lo que siento, pero entiendo que te joda, Negro, te vas a otro país, a comenzar una nueva vida. Entiendo que te joda irte solo y que yo no quiera acompañarte. Lo que no entendés es que tal vez en un tiempo sí te acompañe, o tal vez vos vuelvas.
-No sé, Po, creo que me va a doler menos y me va a ilusionar menos si me voy sabiendo que lo nuestro se terminó.
-Aunque digamos que se cortó todo, las palabras no van a hacer que los sentimientos cambien. -Pero va a ayudar. Ya firmé el contrato, me voy en quince días. Traté de acelerar lo más que pude mi partida, para terminar con esta transición.
Sus palabras me cayeron como un balde de agua helada. Hacían todo mucho más real. En quince días no volvería a verlo, por lo menos por un largo tiempo, y Mariano ya no sería mi novio.
-¿Quince días? ¿Y qué vamos a hacer con estos 15 días? Te aclaro que te prohíbo decir que no querés que nos veamos -le dije acongojada.
-¿Por qué no aceptás mi decisión de separarnos?
-Porque no me puedo resignar a no volver a hacerte el amor, a abrazarte, a pasar un rato con vos. Si me querés cortar, podés hacerlo en 15 días, pero no me prives de estos últimos momentos.... o... ¿realmente no me amas más? -ya no podía retener más las lágrimas-. Me cuesta entender cómo podés ser tan frío y duro conmigo. Yo jamás te traté tan mal como vos lo estás haciendo conmigo. Siento que me castigás por algo que no tengo la culpa.
-Claro que te amo, Poty -se arrodilló a mi lado-. Por eso prefiero estar distante, así me va a doler menos. Pero tenés razón. No hace falta empezar hoy cuando en 15 días va a ser inevitable. Perdoname, te juro que no quise hacerte sufrir, en serio, perdoname -me abrazó con fuerza y besó con mucha dulzura mis labios.

Y aunque intentamos que esos días que nos quedaban fueran tan naturales como todos los días que habíamos vivido hasta entonces, no lo logramos, no logramos librarnos del fantasma de la separación. Y pese a insistir en continuar con nuestro noviazgo, no logré que Mariano cediera en ese tema. “Creo que tenemos que replantearnos por qué los dos elegimos pensar en nuestro futuro separados y no juntos”, era la frase que arrojaba Mariano ante mi insistencia.
Decidimos que no sería una buena idea que yo fuera a despedirlo al aeropuerto. Preferimos pasar solos y juntos el último día antes de su partida. Fue un día inolvidable y a la vez muy doloroso.

Capítulo 17

CAPÍTULO 17

Aunque mi mente debía estar entretenida incorporando conceptos para rendir los finales, ese día estaba entretenida en pensamientos románticos. Era increíble que ya hubiera pasado un año.
Recordaba aquella noche a la perfección, mis sentimientos encontrados, el miedo y la incertidumbre que me dominaban y, finalmente, el enorme placer que sentía al encontrarme con los labios de Mariano. Sí, ya había pasado un año y realmente me sentía muy feliz con el vuelco que había dado mi vida. Mariano seguía siendo mi mejor amigo y a la vez el gran amor de mi vida, y eso no causaba ningún problema, muy por el contrario, llenaba mis días de color.

Me instalé en su departamento para prepararle la cena, ya que él llegaría tarde del trabajo. Cuando terminaba de colocar las velitas sobre la torta, sentí que abría la puerta.
-¡Hola mi amor! -gritó feliz desde la entrada, mientras arrojaba su mochila al piso.
-¡Qué contento que estás! ¿Alguna novedad? -por lo general llegaba agotado del trabajo y no con tanta vitalidad.
-¿No puedo estar contento sólo por tener la novia más linda del mundo que para colmo está preparando la cena más rica de mi pre-cumpleaños? -me abrazó y nos arrojamos al sillón.
-Lo de la cena más rica está por verse, dale Negro, contame por qué estás contento... porque si yo estuviera por cumplir 23 años, estaría deprimida... ya estás viejito.
-Estoy en la plenitud de mi vida, pero bueno... tenía ganas de guardar un ratito más la sorpresa, pero la verdad es que no aguanto más. Hoy recibí el mejor regalo de cumpleaños... bueno, el segundo. El mejor fue haberte transado el años pasado -largó una carcajada, se lo veía realmente muy feliz-. Bueno, hoy me asignaron para ir a cubrir el fin del torneo de fútbol de España -me miró expectante.
-¡Qué bueno, Negro! -lo abracé y besé, pero me alejó.
-Pará, pará que no te conté lo mejor. Tendría que ir para mitad de diciembre, porque el corresponsal de allá no se qué problema tiene... y bueno, acá viene lo mejor... me dejaron que después me tome un mes de vacaciones por Europa y... qué te parece si... ¡te venís conmigo! -¡¡Guau!!¡¡ Esa sí que era una buena noticia!!
-¡Negro, es espectacular! ¡Claro que quiero ir con vos! -volvió a interrumpirme.
-¡Buenísimo!, además no es mucho lo que vamos a tener que pagar, porque la estadía mientras dure el campeonato, es gratis. Sólo tendríamos que pagar tu pasaje y la estadía para el mes y ya voy a averiguar en el canal en qué hoteles podemos conseguir descuentos -besé sus labios para lograr silenciarlo.
-Negro, desacelerate y no te preocupes mucho por la plata, porque vos sabés que yo tengo bastante ahorrada de la pensión de mamá, así que ese no es un problema. Me encantó la idea. ¡Gracias por pensar en mí! -lo besé largamente en la boca.
-Poty, yo siempre pienso en vos y cuando me dijeron que tenía que ir a Madrid lo primero en que pensé fueron los museos que vas a poder visitar para deleitarte con tantas pinturas. Te hace feliz, ¿no? -sus ojos brillaban denotando la emoción que sentía.
-Mi amor, vos me hacés feliz, pero este viaje me encanta. Ahora mi regalo de cumpleaños va a ser insignificante al lado de tremendo notición.
-Si tu regalo es lo que vengo fantaseando desde hace un tiempo no tiene punto de comparación con el viaje -noté su sonrisa pícara.
-Entonces tendré que esforzarme. Hoy hiciste muchos méritos –le contesté sonriendo mientras lo abrazaba.

El mes previo al viaje, no podíamos hablar de otra cosa que no se refiriese al mismo. Estábamos realmente muy ansiosos e intentando planificarlo a la perfección para no desaprovechar ni un solo día. Yo llevaba un gran listado de museos y pinturas que no podía dejar de ver, según mi profesor de dibujo.

Y por fin llegó el día. Recuerdo cada momento de aquellas vacaciones con suma claridad. Todo era nuevo y maravilloso para nosotros. Conocer otra cultura, distinta pero a la vez tan parecida a la nuestra. Caminar por calles y recorrer lugares donde habían sucedido los hechos que tantas veces había leído en los libros de historia era algo extremadamente gratificante y hasta increíble.
Tuve la posibilidad de realizar cosas que jamás había soñado. Durante la estadía en Madrid, mientras Mariano trabajaba, yo pasaba mis días encerrada en el Museo del Prado o el Reina Sofía, estudiando y copiando obras de arte. Al verme en aquella situación, sentada frente a un cuadro, con mi paleta y un pequeño lienzo, me parecía estar viendo una película.
Fuero muchos momentos gratificantes, románticos, divertidos los que pasamos en aquellas vacaciones recorriendo Europa y no me cansé de agradecérselo a Mariano.
Pero como no podía ser de otra manera, esos días debieron terminar y aunque los añoraba, no me quejaba. Para que algo resulte tan excitante y deseado, no debe ser eterno, sino se vuelve rutinario y se deja de desear. Por eso me encantaba pasar horas añorando aquel increíble viaje y esperando el milagro de poder volverlo a realizar.
Casi sin darme cuenta, había cumplido un año más y me encontraba nuevamente enfrascada en mis múltiples actividades.
Y este año, se había agregado una nueva. Al ver mis adelantos y mi entusiasmo, mi profesor de pintura me había ofrecido ser ayudante en sus clases de pintura con niños y no dudé ni un segundo en aceptar. El dinero que recibía no era lo más importante, sino las horas que pasaba allí dentro ayudando a descubrir a otro el placer por la pintura.
Mariano también estaba más ocupado que nunca, pero nuestra falta de tiempo no nos impedía vernos diariamente y darnos aunque fuera unos minutos para compartir las anécdotas del día.
Pero a medida que el año transcurría, la posibilidad de compartir mis días con Mariano se hacía cada vez más difícil, no pasaba un mes sin que él debiera viajar, y aunque concientemente sabía que no debía quejarme, ya que era su trabajo, esta situación comenzaba a irritarme, pero nunca me imaginé lo que el futuro nos iba a deparar.

Salía una tarde de la facultad, bastante cansada y con la idea de tirarme en la cama para descansar. Mi vista se perdía en un punto sin sentido, por ello me sorprendí al sentir la voz de Mariano en mi oído reclamando mi falta de atención. Pero más me sorprendió que tan temprano estuviera desocupado y viniera a buscarme.
Noté en él cierto estado de excitación, pero con calma sólo me pidió que fuéramos a charlar a su departamento.
Al llegar me arrojé en la cama, sin embargo él no me acompañó. Se sentó al pie de la misma y con solemnidad me comunicó que tenía algo importante que decirme, entonces me incorporé para no restarle importancia a su postura.
-Hoy me hicieron un ofrecimiento muy groso de trabajo -a pesar de sus palabras no se notaba muy feliz.
-¡Qué bueno, Negro!, pero algo te preocupa, ¿no? -ante mi pregunta abrió sus ojos y asintió con la cabeza. Su preocupación comenzaba a preocuparme.
-Voy a ser directo, Po, me ofrecieron ser corresponsal en Estados Unidos -bajó su vista, no pudo mantener mi mirada-. Corresponsal permanente -se produjo un gran silencio, él no me miraba y yo tampoco podía mirarlo. No sabía que decirle, no podía mostrarme feliz, no me sentía para nada feliz, muy por el contrario, me surgió una gran necesidad de llorar, pero me contuve. No debía ser egoísta, era su futuro y una oportunidad única.
-Mi amor, es algo muy bueno para tu carrera, te felicito... -dije intentando mostrarme animada, pero sabiendo que no lo estaba logrando.
-Todavía no acepté, Po, creo que es algo que tenemos que discutir y pensar muy bien, y te pido que seas sincera. Esto es algo que influye en nuestras vidas, no sólo en la mía.
Volvió a mirarme y tomó mi mano. Su mano me dio confianza.
-Negro, te amo, y quiero lo mejor para vos; pero nunca pensé que te ibas a alejar de mí. No sé qué pensar -no pude continuar, preferí ahogar mi llanto para no hacer la situación más dramática.
-Po, yo pensé en una opción... una manera que nos mantendría juntos. Vos te podés venir conmigo -por un instante me pareció una solución, pero luego algo descabellado.
-Mariano, tranquilicémonos, dejame digerir la noticia, porque así no puedo pensar. Vení -le ofrecí mis brazos y abrazados nos recostamos.

Ya más tranquilos nos sentamos junto a la mesa a tomar mate. Mariano comenzó a explicarme cómo sería su nuevo trabajo.
-Me dijeron que me asentaría en Los Ángeles, y de ahí me mandarían a cubrir distintos eventos. De todos los deportes, es mucho trabajo, pero mucha experiencia -me daba cuenta de que estaba muy emocionado con el proyecto, pero intentaba contenerse.
-¿Y por cuánto tiempo? -yo también trataba de contener mis emociones.
-Es un contrato por tres años y, si todo va bien, sería renovado -él me observó y yo debí morder mis labios-. Poty, aunque tres años, en la distancia, no es mucho tiempo, para mí, tres años sin vos son una eternidad... y pueden ser más...
-Pero vos querés aceptar la propuesta y me parece bien que lo hagas, es tu futuro, es lo que te gusta, y me sentiría la peor persona si te truncara esta oportunidad -necesitaba llorar a los gritos y que Mariano me consolara, pero no podía permitirme tal acto de egoísmo.
-Por eso pensé que la mejor opción es que nos casemos, así tenés visa y podríamos seguir juntos.
Muchas veces escuché a lo largo de mi vida que por la persona que uno ama es capaz de dejar todo, pero irme a vivir a Los Ángeles no me parecía la mejor opción y casarme por una visa, no era mi idea de casamiento. Estos pensamientos me angustiaban más aún.
-¿Cuánto tiempo tenés para contestar? -sólo le pregunté ante su propuesta.
-Hasta el lunes. No es mucho tiempo. El tema es que como máximo en dos meses me tengo que ir para allá.
-Yo sé que querés aceptar y yo también quiero que aceptes. Después resolvemos qué hacer con nosotros.
-¿Por qué no querés que nos casemos? -tomó mi mano con firmeza, cuando me disponía a levantarme.
-Negro, yo te amo y sos la única persona con la que me quiero casar, pero necesito pensar. No es sólo casarme, son muchas cosas las que están en juego. Necesito irme a casa a pensar. Mañana hablamos, ¿si? -me sentía muy molesta y él también con mi respuesta, lo mejor era tener nuestro espacio para poder ver las cosas con claridad.
-Te amo, Po, espero que podamos resolver esto -me dijo al despedirnos.

Caminé con gran lentitud las largas cuadras que separaban su departamento de casa, algo confundida y con la vista nublada por las lágrimas que se escapaban de mis ojos. Me era difícil razonar con claridad, contener mis sentimientos. No lograba visualizarme sin Mariano, pero tampoco podía verme feliz en Los Ángeles.
La propuesta de Mariano, en algún punto era coherente. Pero mi idea del matrimonio estaba muy lejos de ser un rápido trámite para conseguir una visa. Y tal vez, esa fantasía podía obviarla y casarme, pero dejar todo... Aunque, tal vez, no era mucho lo que tenía, era mi vida. Mi padre, mis amigos, mi carrera, el taller de pintura, mi casa, mi barrio, mi ciudad... la lista que pasaba por mi mente continuaba y continuaba y cada vez se iban agregando cosas insignificantes y sin sentido, y del otro lado estaba Mariano... sin duda lo más importante en mi vida; pero algo, no se qué, me decía que no podía tirar todo a la basura y seguirlo. Tenía 20 años y comenzaba a formar mi futuro, a descubrir mis gustos e inquietudes, a apasionarme por ciertas cosas. Sentía que tenía derecho a forjar mi futuro y no simplemente dejar todo y seguirlo, quedando relegada a ser la esposa de Mariano, sin poder llevarme nada más.
Si me iba y dejaba todo lo que estaba construyendo, dejaba de lado hacer lo que me gustaba donde me gustaba, para acompañarlo a construir su futuro, en donde yo estaba incluida, pero no dejaba de ser su futuro.
Me torturaba este torrente de razonamientos, me torturaba la idea de no querer acompañarlo, me torturaba pensar en su reacción. Lo amaba, lo necesitaba, pero no me sentía dispuesta a abandonar mi vida para seguir la suya.
No pude dormir, no quise, quería pensar con claridad, intentar resolver este gran problema de la mejor manera posible. Necesitaba elegir adecuadamente las palabras que usaría para contarle mi decisión a Mariano. Y necesitaba conversar con él lo antes posible.
Me levanté muy temprano y luego de darme una larga ducha, lo llamé por teléfono y le pedí que nos viéramos en el desayuno. En menos de media hora, nos encontramos en su departamento. Lo besé largamente y comencé con mi discurso.
-Negro, estuve pensando mucho y tomé una decisión -bajé mi vista e intenté continuar.
Aunque sabía de memoria las palabras que debía pronunciar, en ese momento no podía emitir palabra, simplemente no salían. Estar frente a él me había paralizado.
-No querés venirte conmigo -dijo entonces él en un tono que ciertamente no me tranquilizó.
-Negro, yo te amo y sé que ésta es la oportunidad de tu vida; y quiero que tomes esta oportunidad, porque sé que te va a hacer feliz y a mi también; pero no estoy preparada para dejar todo e irme... -me interrumpió.
-Pero te irías conmigo, estaríamos juntos para armar nuestra vida... -entonces fui yo quien lo interrumpió.
-Tu vida, Negro. Vos te vas por laburo, pero yo me iría a hacer nada, yo estoy haciendo acá lo que me interesa... -volvió a interrumpirme.
-Allá podrías pintar. No entiendo por qué no te querés venir conmigo. Yo pensé que me ibas a acompañar, que te ibas a jugar por mí. Poty, estás rechazando mi propuesta de matrimonio. Me duele mucho que prefieras quedarte -me miró con sus ojos llenos de lágrimas y con una expresión que jamás antes había visto en su rostro, una mirada de decepción, de desagrado.
-Mariano, no me hagas sentir mal. Entendeme. Vos sabés lo que querés, vos sabés a lo que vas. ¿Qué papel juego yo? Yo no te pido que renuncies a esta oportunidad y te quedes conmigo, no me parece justo; pero vos me pedís que deje todo, te siga, pero a mí no me espera nada en Los Ángeles.
-Estoy yo, estarías conmigo, ¿eso no te alcanza? -odiaba verlo mal, pero tampoco me agradaba su necedad.
-¿Por qué tenemos que dejar de estar juntos? Podríamos vernos en las vacaciones y con tiempo decidir qué hacer. Yo podría averiguar de becas tranquila, terminar mi carrera y después ver si ir para allá. Por ahora tenés un contrato por tres años, a lo mejor volvés, a lo mejor no... ¿Es necesario decidir todo nuestro futuro en dos días? ¿Es tan necesario obligarme a renunciar a mis proyectos para seguir los tuyos de una manera tan apresurada?
Mariano estaba cegado, ya no escuchaba, ya no comprendía. Supongo que se sentía decepcionado, despechado. Tal vez pensó que yo lo seguiría a donde fuera sin cuestionamientos. Tal vez él también tenía internalizado aquel dicho de que uno deja todo por la persona que ama, y mi reacción lo alteró. Pero lo cierto es que él jamás se planteó rechazar la propuesta por mí. En todo caso, ninguno había renunciado a sus intereses por amor. Pero él no lo creía así.
-Entonces ya lo tenés decidido. No vas a venir. Tal vez no me amas como decís que me amas. Siempre compartí con vos los momentos importantes de mi vida y creí que querías compartir este momento conmigo; pero veo que no. Disculpame, Poty, pero no sé si pueda seguir estando con vos -tardé unos segundos en comprender sus últimas palabras. No podía ser cierto lo que acababa de escuchar, no, no podía ser cierto.
-¡Negro! ¿Qué decís? No me podés hacer esto. ¿Qué querés hacer? ¿Me estás diciendo que la única manera de que sigamos juntos es que yo renuncie a mi vida acá y te siga?
Estuve a punto de decirle que si esa era la única opción, entonces iría, pero inmediatamente me llené de ira. No era justo, no era nada justo, es más, su postura era demasiado egoísta.
-Te lo vuelvo a repetir. Te amo, y separarnos va a ser más doloroso de lo que pueda imaginar. Pero yo tengo que tomarme mi tiempo para planificar mi futuro, y no es justo que me presiones de esta manera. Si vos no querés que sigamos siendo novios, es tu decisión. Yo sí quiero ser tu novia, aunque miles de kilómetros nos separen. Te pido que te tranquilices y me entiendas -intenté abrazarlo, pero me rechazó.
-Entiendo que no querés venir conmigo, entonces me parece mejor terminar acá. No tiene ningún sentido prolongar algo que no tiene futuro. Tengo que irme al canal.
Estaba serio, distante, frío. No era Mariano, era un necio metido en su cuerpo. En esos momentos ya nada tenía que hacer allí, nada que hiciera o dijera serviría para algo.
Aunque lo intenté, no pude contener las lágrimas, muy a mi pesar el llanto fue creciendo en intensidad. Mariano apenas me miraba.
-Poty, no quiero que sufras, pero es lo que siento en este momento. Vamos. Te dejo con un taxi en tu casa -no lograba comprender por qué actuaba con tal frialdad, no era necesario hacerme sentir tan mal. Mariano nunca había demostrado tener un lado tan cruel.
No acepté su taxi, preferí alejarme de él, antes de comenzar a verlo como un monstruo.

Capítulo 16

CAPÍTULO 16

El diálogo con mi padre nunca había sido demasiado fluido, pero desde que gozaba de su nuevo estado, no dejaba pasar oportunidad para invitarme a charlar y contarme sobre su novia, lo que hacían, lo bien que se sentía. Con sinceridad me alegraba por él, pero ciertas anécdotas sobrepasaban mi buena voluntad y tolerancia. Sentía un gran alivio cuando anunciaba alguna escapada a Mar del Plata; pero sabía que a su regreso las anécdotas no cesarían de llover.
Por eso pasaba largas horas en el playroom, dedicada a la pintura. Ese era mi mundo, mi lugar. Un lugar donde nadie interfería, y donde todo era como yo quería que fuese.
Mi profesor de pintura estaba encantado con mis trabajos, y cerca de mediados de año, nos convocó para una nueva exposición. Yo estaba muy entusiasmada y pasaba la mayor parte de mi tiempo pensando en cuales serían las obras que expondría. Y al fin lo decidí. Sólo me faltaba una.
Aquel sábado me desperté temprano. Mariano aún dormía. Estábamos en casa, ya que mi padre había viajado a Mar del Plata y me pareció el mejor momento para realizar la obra que venía pintando en mi mente desde hace tiempo.
Intenté hacer el menor ruido posible, para no despertar a Mariano, y en unos pocos minutos, armé el caballete en mi cuarto.
Mariano estaba perfecto, dormía boca abajo, y su torso desnudo se escapaba entre las sábanas. Lo que asomaba de su rostro tenía una expresión plácida y feliz. Era perfecto.
Tomé mis carbonillas y comencé a plasmar aquella imagen. Cuando estaba terminando, noté que se movía, hasta que abrió sus ojos.
-¡Hola! ¿Qué haces? -preguntó confuso.
-Te estaba pintando. Estás hermoso, y ya hace tiempo que quería pintarte desnudo -se incorporó rápido para espiar el papel.
-Está lindo. Cada día dibujás mejor; pero me hiciste trampa.
-Es que estabas perfecto, no pude resistirme. ¿Te molesta si lo pongo en la muestra?
Volvió a observarlo con detenimiento.
-No sé, me da un poco de vergüenza. Me parece que vas a tener que convencerme -tomó mi mano para llevarme a la cama-. Vamos a ver cuántas ganas tenés de exponer este dibujo -dijo mientras besaba mi rostro y acariciaba mi espalda.

Esa noche nos reunimos en casa de Lola a cenar. Estábamos todos allí. Así que aproveché la oportunidad para invitarlos a la exposición que sería el sábado siguiente.
Mariano conversaba apasionado con Martín y Lucas sobre un torneo de tenis, cuando Francisco se acercó a mí.
-No sabía que pintabas -me dijo mientras se servía un vaso de cerveza.
-Nunca habrá salido el tema -solía ser cuidadosa en mis charlas con Francisco, ya que él no había perdido la costumbre de mostrarse ácido en su comentarios hacia mí
-¿Y yo también estoy invitado a la exposición? -no sabía a dónde quería llegar.
-Claro, invité a todo el grupo y vos sos parte de él.
-No, pensé que a lo mejor a tu novio le molestaba -aún no comprendía a dónde quería llegar.
-No, para nada... si entre nosotros está todo bien, ¿no?
-Si, claro -apoyó la botella en la mesa y se alejó.
Cada loco con su tema, pensé, y fui a unirme con mis amigas.

Faltaban unos minutos para que comenzara la exposición y me encontraba muy ansiosa. Mostrar mis producciones siempre generaba en mí un cierto grado de ansiedad y esta vez no era sólo esa la razón de mi estado de ánimo. Mi padre me había anunciado que vendría su novia a ver mis obras y ese sería nuestro primer encuentro. Era una situación que me asustaba y excitaba a la vez, y para colmo, la tendría que atravesar sola, ya que Mariano, había viajado por trabajo y no estaría para contenerme. Sólo lograba tranquilizarme verlo en su retrato, tan plácido, colgado en la pared.
Al abrirse la puerta, como siempre, una de las primeras en aparecer fue Lola, seguida por Natalia.
-¡Muy bueno el retrato del Negro! -exclamó la primera-. Un poco más íntimo que el anterior -agregó entre sonrisas. No pude menos que reírme.
Pasaron sólo unos minutos cuando vi ingresar a mi padre, nuevamente cargando la filmadora y la cámara de fotos, y detrás suyo, con un andar algo inseguro, caminaba una mujer delicada, de cabellos cortos y rubios, que calculé, sería Teresa. Papá se acercó entusiasmado a abrazarme, excitado y nervioso.
-Po, te presento a Teresa -me dijo y tomándola de la mano la acercó a mí.
-¡Te felicito! Tu papá está muy orgulloso de su hija artista, y la verdad es que tus cuadros son muy lindos -fue su presentación y luego besó mi mejilla.
-¡Gracias! Me alegro que al fin nos conozcamos -le contesté y devolví una sonrisa. Me pareció agradable y con ganas de agradarme, y esa sensación me tranquilizó. De todas maneras no sabía sobre qué conversarle, y por suerte el ingreso de Martín y Matías a la exposición me salvaron de aquel momento.
Conversaba con un compañero del taller de pintura, cuando una mano tocó mi hombro. Al girar me encontré con Francisco.
-¡Hola! No pensé que vendrías... -le dije sorprendida.
-Quería descubrir esta parte tuya que no conocía... y la verdad es que pintás muy bien.
-Gracias... -no supe qué más decirle. En cierto punto me sentía incomoda... o intimidada cuando me encontraba con Francisco. Nunca sabía a qué quería llegar cuando conversábamos y por lo general, intentaba que nuestros encuentros fueran cortos, para no molestar a Mariano. Y aunque él no estuviera presente, esa sensación de intentar acotar nuestros encuentros ya la tenía incorporada.
-¿Y tu novio? No lo veo por ninguna parte -comenzaba a asomar su sonrisa ácida. Dude un momento. Tal vez no era buena idea decirle que no estaba, pero luego me pareció una tontería mentirle.
-No está, tuvo que viajar por trabajo.
-En los segundos que tardaste en contestar pensé que me ibas a contar que habían cortado.
Me miró expectante y yo sentí enojo, era un día importante para mí y no tenía intenciones de que se arruinara.
-No se a dónde querés llegar, Francisco. ¿Necesitás decirme algo, o simplemente tenés ganas de torturarme? Hoy es un día importante para mí, no quiero que se arruine -lo miré con severidad, pero él me devolvió una sonrisa.
-Flor, solamente te dije lo que se me había ocurrido, no pensé que te iba a alterar tanto. No te asustes, aunque no esté Mariano para que te defienda, no tengo ninguna intención de avanzarte. Vos ya sabes lo que todavía siento por vos y por ahora no pienso hacer nada con eso. Se nota que están muy bien con Mariano y yo no soy mal tipo, no es mi manera aprovechar que estés sola para buscar algo, pero me parece que a vos te perturba la idea.
Su manera tan segura y algo soberbia me alteraba, eso era lo que realmente me alteraba.
-Bueno, entonces me alegra haberte mal interpretado, porque como te dije antes, quiero que entre nosotros esté todo bien. Y no me perturba estar sin Mariano y que vos te acerques, me perturba la idea de pasar un mal momento, pero como esa no es tu intención, está todo bien.
No quería seguir en aquella situación, entonces me dediqué a observar las obras de mis compañeros. Pero en el fondo sabía que algo de verdad había en las palabras de Francisco. Él, a pesar de su ácida personalidad, me parecía encantador. Me pareció encantador desde el primer momento en que lo ví. Sin embargo ni por un segundo cambiaría mi relación con Mariano por nada ni nadie, pero sentir que Francisco era atractivo me causaba culpa. Tal vez porque había una pequeña historia previa entre nosotros, porque, en realidad, ver a un hombre atractivo, aunque se esté en pareja, es algo sumamente natural.
Terminé la recorrida y posé mis ojos en el retrato de Mariano, e inmediatamente me llene de paz y serenidad, pudiendo dar fin a esos pensamientos molestos que nublaban mi día.

Capítulo 15

CAPÍTULO 15

Aún estaba dormida cuando sonó el timbre. Me levanté de un salto y bajé corriendo las escaleras. No podía ser otro que Mariano, y no quería hacerlo esperar.
-¡Buen día! -me sonrió- ¿Cómo está hoy mi novia? -parecía contento, divertido.
-Con sueño, pero muy bien -lo besé y me arrojé en el sillón del living. El se sentó a mi lado y me invitó a recostar mi cabeza en sus piernas, posición que adopté de inmediato.
-¿Todo bien? -preguntó dubitativo mientras enredaba sus dedos en mis rulos.
-Sí, Negro, me encanta que hayas venido... -aunque estaba feliz de verlo, no podía controlar el sueño.
-Te noto en otra... repito, ¿todo bien ayer con el pibe? -recién entonces comprendí el por qué de su pregunta anterior. Me incorporé para poder besarlo y abrazarlo.
-Si lo que estás preguntando es si algo cambió desde anoche, te contesto que no, pude aclarar todo con Francisco, no hubo problema. No quiero que pienses que pasa algo, sólo tengo sueñito, estaba durmiendo cuando llegaste y solamente pasé por el baño a lavarme los dientes para poder besarte, pero todavía no me desperté. Te amo, Negro. Te lo dije ayer y no me voy a cansar de repetirlo.
Su rostro se iluminó. Me acarició con suavidad y besó mis labios.
-Yo también te amo. No entiendo cómo no me di cuenta antes. Si tenés sueño, vamos a la cama. Total no tenemos nada más importante que hacer.
A decir verdad, a mi se me habían ocurrido un par de cosas.
-Ayer le conté a mis viejos -dijo de repente mientras flotábamos en las colchonetas.
Me sentí avergonzada, sus padres eran como mis tíos, y ahora empezarían a verme con otros ojos.
-¿Y qué dijeron? -me moría de curiosidad.
-Primero me retaron, y luego de explicarles que iba en serio y que era algo que veníamos charlando desde hace rato, se pusieron contentos. Pero me amenazaron. Mi viejo me dijo que si te hacía sufrir iba a ser el primero en romperme la cara -largó una carcajada- ¿Te das cuenta de que ahora mis viejos son tus suegros? -volvió a reír aún mas fuerte.
-Vos reíte, pero a mi me da un poco de vergüenza. Además a veces nos juntábamos con tu vieja a tomar mate y criticar a tus novias, ahora no lo vamos a poder hacer más -allí largué yo una carcajada.
-Mirá que bien... mirá las cosas que hacían a mis espaldas -movió mi colchoneta hasta tirarme al agua.
Una vez que logré volver a recostarme, me preguntó:
-¿Vos le vas a contar a tu viejo?
-Anoche estuve pensando. Me parece que le voy a contar cuando vuelva, me parece algo importante para contarle por teléfono.
-Mejor, porque él se va tranquilo, pensando que yo me quedo acá para cuidarte, y si se entera, no sé si va a estar tan tranquilo pensando en las noches que pienso pasar con su nena -volvió a reír y acarició mi vientre.
-Sos medio sexópata... ¿alguna vez dejaremos de pensar sólo en sexo?
-¿Vos pensás sólo en sexo? -preguntó con picardía; pero no esperó mi respuesta-. Es lógico que nos tengamos ganas todo el tiempo. No nos vimos por casi tres meses y al fin dejamos de reprimirnos luego de un año lleno de histeria. Las cosas se van a ir acomodando. A mi me encanta mirarte y tener ganas de hacerte el amor. Además no estamos todo el día teniendo sexo, ya hace como dos horas que no hacemos nada, ¿ves? somos una pareja normal.
-Me encanta que me hables, siempre lográs tranquilizarme. Ya me estoy asqueando de sentir tanto amor -me arrojé al agua para reaccionar y volver un poco al mundo real.
Mariano me imitó y al rato salió de la pileta, para regresar luego con mate. Nos sentamos bajo el sauce.
-Estuve pensando -me dijo-. Yo di por hecho que me iba a quedar a vivir acá hasta que vuelva tu viejo, pero a lo mejor vos te sentís muy invadida -me ofreció un mate.
-No, yo también pensé que te ibas a quedar. Lo que ahora estoy pensando es que vamos a convivir como novios. Que vamos a compartir la cama a la noche. Que va a ser como vivir juntos. Es medio loco eso, ¿no? Apenas tenemos un día de novios y ya vamos a convivir.
-Tendremos un día de novios pero nos queremos desde hace más de 18 años. Lo que se me ocurre ahora es proponerte, si querés, que yo duerma en mi habitación, en la que duermo siempre, para que no te sientas intimidada -Mariano, realmente era muy dulce.
-¿Vos me estás jodiendo? Me encanta que convivamos y me va a encantar aún más que durmamos juntos. Me encanta que estemos juntos, que te quedes acá conmigo, no se me ocurre nada mejor que eso; pero no deja de ser un flash. Lo único feo va a ser cuando vuelva papá.
-Para eso falta como un mes, y a lo mejor te rapto y te llevo a mi depto -se tiro sobre mí para besarme, y así se dio por terminada la charla.


Pasada la tarde, me di cuenta de que ninguno de mis amigos había venido a casa, cosa bastante extraña, ya que era un hecho que si el día estaba lindo venían sin invitación, entonces supuse que de alguna manera sabían o sospechaban que algo había pasado con Mariano y Francisco. Y un llamado telefónico de Lola terminó por darme la razón.
-¡A vos te parece que tenga que enterarme por Federico que mi mejor amiga se puso de novia! -fue su saludo.
-¡Lola! ¡Qué suerte que llamaste! -le contesté- ¿No me vas a felicitar?
-No hasta que no me cuentes todo, hasta el último detalle -mi amiga era incorregible y me encantaba que así fuera.
-Venite a cenar y si querés decile a Naty y Lucre así le cuento a las tres, esto es algo muy importante para ir contándolo por teléfono -estaba feliz y quería compartirlo con mis amigas.
-Corto, así llamo y en un rato estamos allá -Lola no podía soportar la espera.

Al colgar el teléfono, Mariano me miraba sonriente.
-¿Así que esta noche hay cena entre amigas para chusmear sobre el gran evento?
-¿Te molesta? -me había ruborizado.
-No, pero si vas a contar intimidades, haceme quedar bien -largó una carcajada.
-Te puedo asegurar que van a sentir envidia -me colgué de sus hombros para besarlo.
-Bueno, entonces aprovecho para ir a casa y buscar ropa, así las dejo solas... y vuelvo a dormir, ¿dale?
Me sentía muy feliz a su lado. Nos era fácil actuar con naturalidad. Nos entendíamos, comprendíamos qué pensábamos en cada momento. Sin lugar a dudas, habíamos elegido el camino correcto.

Los días se sucedieron y fuimos acomodándonos a nuestra nueva relación, en donde, en verdad, la única nueva variante era el sexo, hasta esos momentos, en demasía.
De a poco, mis nuevos amigos fueron acostumbrándose a este nuevo integrante del grupo, y Mariano a ellos. Al principio Federico se mostraba un poco distante, seguramente por fidelidad a Francisco, pero era difícil no congeniar con Mariano. Fede era un tipo muy agradable y con el paso de los días, lograron tener un trato amigable.
Cuando nos reuníamos en casa, como el día de mi cumpleaños, Francisco no participaba, pero si la reunión se realizaba en otro lado, se hacía presente. Su trato con Mariano era socialmente aceptable, al igual que conmigo. También con el tiempo esa situación se fue volviendo más natural.


Al acercarse mayo, comencé a ponerme tensa. Mi padre regresaría a casa, lo que implicaba que además de tener que contarle sobre nuestra relación, Mariano volvería a su departamento.
Habíamos convivido casi dos meses, y pensar en la separación, me parecía desgarrador. A él tampoco le agradaba demasiado la idea, hasta pensó en la posibilidad de mudarnos ambos a su departamento; pero yo me acobardé. Apenas tenía 19 años y una cosa era convivir en vacaciones con mi novio, pero algo muy diferente era actuar como un matrimonio. Mariano meditó mi argumento y reconoció que en realidad era una idea un tanto apresurada.

El día que regresó papá, tomé valor y lo invité a cenar. Cuando el mozo sirvió nuestros platos me animé a hablar.
-Pá, tengo una noticia para darte... -me miró expectante, entonces continué- estoy de novia.
-¡Te felicito! ¿Lo conozco? -se apresuró a contestar.
-Bastante... estoy de novia con Mariano.
Penetró su mirada en la mía.
-Bueno, en realidad era algo que se venía venir... ¿Va en serio?
-Sí, estoy muy enamorada... -estaba esperando la pregunta que no quería contestar.
-¿Y desde cuando? Porque el se quedó el verano con vos en casa, ¿no? –y él también estaba preparándose para esa pregunta.
-En realidad él volvió en marzo, y ahí nos pusimos de novios. Estás contento, ¿no? -intenté desviar su razonamiento, pero no lo logré.
-Sí, claro... ¿Y él se quedó en casa como siempre? -seguía mirándome fijo a los ojos.
-Si, pá, siempre se queda cuando vos te vas. Vos se lo pediste, ya sabes que se queda. Dale, no des más vueltas... -ya me había tensionado.
-Entonces... ya tuvieron... vos sabés... -¡Qué conversación! Pensé, ¿para qué los padres preguntan cosas que en realidad no quieren escuchar?
-Y... sí, pa... ¿Pero no es preferible que sea con Mariano? Vos y yo sabemos que él me quiere y se preocupa por mí. No está conmigo para joder.
-Y... es verdad, vos ya sos grande. Bueno, lo único que te pido es que se cuiden. Todavía son muy jóvenes para ser padres -pobre papá, pensé, seguramente jamás imaginó que iba a tener esa conversación conmigo.
-No te preocupes. Nos cuidamos -yo tampoco había pensado en tener esa conversación.
-Bueno... -dijo algo más distendido- ¡Los felicito! Para mí Mariano es como un hijo, así que en serio estoy muy contento... y Poty, realmente espero que seas muy feliz -se estiró a través de la mesa y besó mi frente-. Vos sabes que mamá también lo quería mucho, ella desde el cielo debe estar contenta -sus palabras me emocionaron y un par de lágrimas rodaron por mis mejillas-. Y bueno, yo en realidad también tengo que darte una noticia...-¡El también está de novio!, pensé.
-Yo también estoy de novio... -calló para observar mi expresión, entonces le sonreí.
-¿La conozco?
-No, trabaja en una de las sucursales de Mar del Plata, así que seguramente voy a viajar bastante. Se llama Teresa y tiene muchas ganas de conocerte.
-¡Que bueno, pá! Espero que les vaya muy bien, y cuando quieras la conozco -aunque ya habían pasado varios años de la muerte de mi madre, me costaba asimilar la noticia. No podía esperar para contarle a Mariano.

En cuanto terminamos la cena, fui al departamento de Mariano.
-¿Y? ¿Qué dijo? -se mostraba divertido.
-Que nos cuidáramos, que éramos jóvenes para ser padres –Mariano largó una carcajada y me interrumpió.
-¡Tu viejo es un maestro!
-Me dijo que nos felicitaba y que fuéramos muy felices. También me dijo que está de novio -así terminé mi relato. Mariano se puso serio
-¿Cómo te cayó la noticia?
-No sé, me parece bien, en realidad me parece muy bien; pero no deja de ser raro -me senté en el sillón a tomar el café que me había preparado.
-Ya te vas a acostumbrar. Pensá que no puede ser muy malo, de última si ella se va a vivir a tu casa y te molesta, sabés que tenés lugar para escaparte -se sentó a mi lado y besó mi frente.
-Bueno, tampoco nos apresuremos. Además vive en Mar del Plata, es más factible que papá se vaya para allá. Pero, la verdad, es que prefiero no seguir hablando del tema.
-Entonces vayamos a la cama que ya es tarde -me levantó entre sus brazos para encerrarnos en su cuarto.

Capítulo 14 (última parte)

CAPÍTULO 14 (ÚLTIMA PARTE)

En menos de media hora ya todos se habían marchado. Por supuesto Mariano seguía nadando en la pileta. No lo molesté por un rato, pero luego, mi impaciencia me venció y comencé a revolear una toalla al borde de la pileta para llamar su atención.
Mariano comprendió mi mensaje y luego de hacer otro largo, saltó fuera del agua para tomar aquella toalla.
-¿Vamos adentro a charlar?
Asintió con la cabeza y me siguió. Nos sentamos junto a la mesa de la cocina.
-¿Y? ¿Cómo estás? -preguntó mientras tomaba mis manos.
-En este momento me siento muy feliz, pero... medio confundida... -quise mirarlo a los ojos pero no pude.
-¿Por qué? ¿Porque transaste con el pibe de pelo largo? -lo dijo con total naturalidad, pero logró sorprenderme y avergonzarme de mis actos.
No sólo no podía mirarlo, sino que en esos momentos mi cabeza parecía haberse escondido en mi cuello. Mariano notó que me había incomodado, y como seguramente no era su intención, tomó mi mentón para que lo mirara y me sonrió.
-Poty, te conozco demasiado, era evidente que me iba a dar cuenta. Además él no hizo nada por disimularlo. No te pongas mal, no nos prometimos fidelidad. Sí prometimos que íbamos a pensar. Y yo pensé mucho -hundió sus oscuros ojos en los míos, para llenarme de confianza-. Sé que esto que nos pasa no es fácil, no es fácil para mí hacerme cargo de lo que siento por vos. Me siento muy responsable. No sos cualquier mujer... -se detuvo para volver a mirarme y tomó mis manos- ¿Estás bien o te estoy asustando?
-¡¡No!! No me estás asustando. Me encanta lo que me decís; pensé que te ibas a enojar. Ahora siento que te traicioné... -volví a hundir mi cabeza y él nuevamente levantó mi mentón.
-Vení, Poty, vení acá -me señaló sus rodillas y obedecí a su pedido-. Poty, vos no me traicionaste porque nosotros no hicimos ninguna promesa más que pensar en nosotros. No te voy a mentir, no me gusta que hayas estado con ese pibe, pero no me enoja. Yo lo único que quiero es estar con vos. No pude pensar en otra cosa mientras trabajaba, todo el tiempo pensé en vos... en nosotros y no me importa que hayamos sido amigos toda la vida, ahora quiero estar con vos. El tema es saber lo que vos querés -sus ojos se habían fijado en mi boca y me costaba prestar atención a la conversación, ya que mi deseo de besarlo y acariciarlo se iban acrecentando a medida que sus ojos ahondaban en mis labios. Supongo que Mariano sentiría algo similar.
-Yo quiero hacerte el amor -me sinceré-. En este momento no puedo pensar en otra cosa.
No me dejó terminar la idea. Me sonrió, demostrando alivio para luego besarme con desesperación. Yo también necesitaba con desesperación aquel beso. Sin perder tiempo me cargó, y sin despegar nuestros labios caminó hasta el sillón del living donde nos recostamos.
Aunque hasta ese momento no me lo había planteado, descubrí que deseaba sentir su cuerpo, acariciar su espalda, paladear sus besos. Hacer el amor con Mariano era algo tan natural como exquisito.
-Te extañaba -susurró en mi oído mientras reposaba su cabeza en mi hombro y cerró los ojos.
Mientras descansaba aproveché para pensar. Mariano causaba en mí, indefectiblemente, un torbellino de emociones. A su lado, mi razón se cegaba y mi cuerpo se encendía de pasión.
En realidad, no había mucho que pensar, concluí. Estar a su lado era lo que necesitaba, era lo que me transportaba a un mundo de fantasía, ideal. Tal vez, existirían otros hombres que me atrayeran, pero comparado con Mariano nada, absolutamente nada me parecía tan perfecto.

-Poty... -movió mi hombro pensando que dormía. Luego se incorporó y buscó su short.
Yo lo imité y también me vestí.
-Poty, yo ya sé lo que quiero. Hay mucha gente que pierde la oportunidad de ser feliz, pensando que va a aparecer algo mejor. Yo sé que somos chicos, pero creo que a nosotros ya nos llegó ese momento y no estoy dispuesto a desperdiciarlo -me sonrió con sus ojos y con su labios.
-Sé que tenés razón, y creo que no tenemos que perder más tiempo. Yo también quiero estar con vos, en este momento no se me puede ocurrir otra opción -le devolví su sonrisa y lo abracé.
-¡¡¡Tenemos que festejar!!! ¡¡Estamos de novios!! ¿Te das cuenta? -me levantó entre sus brazos para hacerme girar como a un chico-. ¿Vamos a cenar?
En ese momento recordé que me había citado con Francisco y que faltaba apenas una hora para que pasara por mí.
-Negro, no te enojes... pero había quedado en salir con Francisco -observé su rostro y no me agradó su expresión-. No te enojes, me parece una buena oportunidad para cerrar esa relación. Me parece que le debo una explicación -lo besé para apaciguar su ánimo.
-Está bien, tenés razón. Entonces te dejo, pero mañana temprano nos vemos... ¿si?
-Sí Negro, ¡no sabes lo feliz que me haces! ¡Te amo! -Oí que salía de mis labios. Se sorprendió para luego sonreir.
-Mejor me voy, porque si me quedo dos segundo más no voy a poder dejar de hacerte el amor.
Me besó con mucha dulzura y se marchó.

¡¡Qué momento!! pensé. Tendría que enfrentar a Frank. Era un buen tipo, la pasaba bien con él. Me dolía tener que contarle mi determinación; pero la vida es así. Tal vez... tal vez, bajo otras circunstancias hubiera sido distinto. Pero mi felicidad estaba con Mariano. Y eso no lo dudaba ni por un segundo.
Me bañé con pereza e intenté arreglarme cuanto pude, y cuando terminaba de peinarme, sonó el timbre. Al abrir la puerta lo encontré apoyado en un auto, noté que se había arreglado y hasta llevaba su cabello bien peinado, cosa poco usual.
Por suerte no intentó besarme en la boca y luego de un saludo algo tenso me invitó a subir a ese auto en el que se apoyaba, que resultó ser suyo. Viajamos en silencio, nos detuvimos en un restaurante frente al río. Una vez ya acomodados comenzó a hablar.
-No sé que pasó esta tarde en tu casa desde que me fui; pero te noto distinta. Así que antes de que me digas lo que me tengas que decir, voy a hablar yo -quise interrumpirlo, no quería que quedara expuesto, me parecía innecesario, pero no me lo permitió-. Cuando me fui de tu casa, intenté entender por qué me había puesto tan mal, por qué me sentí amenazado. Pensé que había exagerado, pero me di cuenta de que me gustás. Me parece que vos valés la pena, y si me preguntás por qué, no lo sé. No es algo que se pueda razonar. Creo que con vos me arriesgaría a probar. Lo que te estoy diciendo es que me encantaría ser tu novio -hasta ese momento sus ojos se desviaban de un trozo de pan a otro, pero al finalizar su discurso, los clavó fijamente en los míos.
¡¡Por que me haces esto!!, pensé. Era muy duro tener que decirle lo que sentía a ese par de ojos azules que me miraban expectantes.
-Frank, me parecés un tipo divino. Aunque la verdad es que mucho no nos conocemos, ni jamás hablamos de cosas demasiado profundas, me doy cuenta de que sos un tipazo. Y si me hubieras dicho esto en otro momento de nuestras vidas estaría re feliz –no me dejó continuar.
-Pero ahora estás saliendo con tu amigo, ¿no?
-Sí... hoy me di cuenta de que estoy enamorada de él y porque me encantás creo que no te merecés que te mienta. Te juro que estoy pasando un muy mal momento -necesité sincerarme-. Nunca pensé que iba a tener que rechazar a un tipo que me encante tanto como vos; pero lo que siento por Mariano es muy fuerte. Frank, yo no te quiero joder y dentro de mis posibilidades no quiero que pases un mal momento.
-No vas a poder evitar que pase un mal momento, creo que lo tendrías que haber pensado en San Bernardo, así nos hubiéramos ahorrado esto, creo que no fuiste sincera ni conmigo, ni con vos misma. Ya está, yo lo único que quiero agregar es que no me pidas que deje de juntarme con los chicos... -entonces fui yo quien lo interrumpió.
-¡Nunca pensé pedirte algo así! Pero yo tampoco voy a dejar de verlos.
-No, claro -dijo asomando una pequeña de sus sonrisas-. Yo me bancaré verte con Mariano y vos te bancarás verme y saber que siento que sos la mujer de mi vida, y que no me voy a dar por vencido tan fácilmente -sus últimas palabras me impactaron, pero no quise demostrárselo.

Aquella cena ya había perdido su sentido, entonces decidimos abandonar aquel lugar lo más rápido que pudimos. No puedo negar que aquella charla dejó una sensación de incomodidad en el recuerdo de tan bello día.

Capítulo 14 (primera parte)

CAPÍTULO 14 (Primera Parte)

Al regresar a mi hogar me sentí desorientada. Sola en mi gran casa. Sola con mis pensamientos, nuevamente sumergida en la monótona rutina de mi ciudad... sin mucho que hacer. Ya que aunque me encontraba felizmente desocupada, mis amistades no gozaban de la misma situación. Y para completar el cuadro, la ausencia de Mariano se tornaba inmensa. Me sentía insegura e indefensa en la casona sin su presencia.
Pero el panorama de los fines de semana era muy distinto. Mi casa era el punto de reunión obligado. La pileta era lo más atractivo de mi personalidad -según mis amigos- y la única manera de soportar el sofocante calor de ese febrero.
Aunque había sido advertida por Francisco, su ausencia me sorprendía. A pesar de que el resto del grupo se reunía en casa, él jamás había aparecido, ni siquiera llamado. Ya habían transcurrido dos semanas desde nuestro regreso y nada sabía acerca suyo. Y aunque Lola intentaba obtener alguna clase de información a través de Fede, éste se mostraba reticente a hablar de su amigo y creí que era muy justo respetar su postura.

Aquel sábado el calor y la humedad parecían devoradores. No había manera de soportar la pesadez del ambiente, y la piel se volvía pegajosa y demasiado presente.
Todas las mujeres estábamos sumergidas en la pileta, aunque el agua ya parecía estar lista para hervirnos, mientras los muchachos, insultado y maldiciendo, se calcinaban junto a la parrilla intentando encender el fuego.
Sentí el timbre, pero no quería salir del agua y preferí hacerme la desentendida.
Luego de que sonara largas veces, comprobé que todos habían tomado la misma actitud, entonces, con pereza, sequé mi cuerpo y caminé lentamente hasta la puerta.
-¡Hola! ¿Por qué no me invitaste al asado? -me tomó por la cintura para acercarme a él y me besó. ¡Qué desvergonzado!, me escabullí de sus brazos antes de contestarle.
-¿Cómo? ¿No te avisé cuando me llamaste? -hice un silencio- ¡Ah, no!, cierto que nunca me llamaste.
Me mostró su usual sonrisa.
-¡Ya me había olvidado de tu carácter! ¡No te enojes! No nos vemos desde hace un montón, ¿no querés pasarla bien?
-La estaba pasando muy bien. Dale, pasa -agregué resignada.
Inspeccionó la casa y me siguió hasta el jardín. Todos se alegraron al verlo, y pronto se unió al grupo que acalorado preparaba el asado.
No establecimos demasiado contacto aquel día, pero cuando todos se marcharon, Francisco continuaba remoloneando en una colchoneta que flotaba en la pileta.
-¿Estás cómodo? -intenté mostrarme irónica, pero no le importó.
-Si, vení así nadamos un rato -parecía dueño y señor de la casa.
-No, ¿no ves que tengo que arreglar el desastre que quedó? -le enseñé la bandeja que cargaba colmada de vasos y platos.
-¿Estamos de mal humor? -escuché que me decía cuando entraba a la cocina, pero preferí no contestarle.
Sentí su aliento en mi cuello al tiempo que sus brazos rodeaban mi cintura.
-¿Estás de mal humor? -beso mi mejilla y ya no pude seguir lavando la vajilla.
Giré y apoyé mis manos en la mesada. No podía discutir, ni recriminar nada. Sus ojos me encandilaban y sus suaves caricias en mi espalda me distraían. Con cautela, acercó su rostro al mío y me besó, largo rato nos besamos.
-Te extrañé... extrañé tus enojos. Me dan más ganas de abrazarte y llenarte de besos -tenía ese tono de voz suave y cariñoso, y no encontré el sentido de buscar guerra. Tomó mi mano y caminamos juntos hasta el jardín. Nos sentamos bajo el árbol.
-¿No estás contenta de que haya venido? -preguntó al rato de comprobar que yo no emitía palabra.
-No es que no esté contenta, es que venís como si nada después de dos semanas de ni siquiera llamar una sola vez. No te puedo recibir con los brazos abiertos.
-Yo te dije que iba a estar muy ocupado. Además no sabía con qué me iba a encontrar, a lo mejor estabas acompañada y no quería molestar.
¡Ah, era eso! Había tanteado el terreno, seguramente Federico le había informado que “mi amigo” no había aparecido.
-No, como sabrás no estoy demasiado acompañada, de hecho estoy bastante sola.
-Entonces, ¿ya arreglaste ese problema? -me hablaba como si no le importara, pero me causaba gracia su manera de tocar el tema de Mariano.
-¿Qué cosa tenía que arreglar? -si quería preguntar iba a tener que hacerlo sin vueltas.
-Tu amigo, no te hagas la tonta, ya sabes de que hablo -lo había empujado a demostrar bastante sinceridad, y noté que lo incomodaba.
-¡Ah! ¡Me estabas hablando de Mariano! No me había dado cuenta. Mariano está en Estados Unidos, no se cuando vuelve -intenté demostrarle que no me causaba demasiado interés.
-¿Y eso qué significa? ¿Decidiste algo? -no entendía por qué se mostraba tan preocupado si él no quería nada demasiado comprometido.
-¿Qué tengo que decidir?
-¿No es obvio? -ya se estaba poniendo molesto.
-No, no entiendo a que querés llegar -realmente no llegaba a comprender sus intenciones.
-Florencia... -se incorporó- No me interesa perder el tiempo... -al ver que no encontraría una respuesta, comenzó a caminar rumbo al interior de la casa.
-¿Te vas? –le pregunté con inocencia.
-Ya te dije que no me gusta perder tiempo.
-¿Qué? ¿Tenés algo que hacer? ¿Estudiar, trabajar?
-Flor, no te hagas la tonta, quiero saber que va a pasar con nosotros.
-Yo pensé que no iba a pasar nada, como estuvimos dos semanas sin hablarnos... y no te estoy haciendo ninguna escena, no puedo decidirme, porque no sé cuáles son las opciones que tengo. Vos no me ofreces nada, y Mariano tampoco, ¿qué querés que decida?
-¡Con quien querés estar! -contestó en forma despectiva.
-Yo quiero estar con mucha gente, ¿qué me estás proponiendo?
-¡Nada! Sólo quiero que te definas.
¡Increíble! No era capaz de jugarse por nada pero yo debía definirme. Francisco estaba muy confundido.
-No veo sobre que me tengo que definir, nosotros decidimos estar juntos para pasarla bien. Ese fue nuestro acuerdo, y yo no creo haber planteado ninguna duda sobre eso. Si vos tenés algún problema la terminamos acá. Nadie te obliga ni te pide nada. No me pidas más de lo que vos me ofrecés -me mostré seria y decidida, y pareció causar el efecto adecuado.
-Ok, si me zarpé perdoname. Puede que tengas razón. ¿Cenamos juntos, o querés que me vaya?
-Quedate, te tengo que reconocer que te extrañé. Tenía ganas de estar con vos -le sonreí.
-Yo también, fui un estúpido, tendría que haber venido antes -volvió a sentarse a mi lado para poder abrazarme y luego de observar mi expresión, besarme.

Ofreció quedarse a dormir, pero no me pareció una buena idea, entonces ya casi de madrugada, abandonó mi hogar.
No me llamó en la semana, pero el sábado bien temprano se instaló en mi jardín, también el domingo, y el siguiente fin de semana. Jamás me llamaba, ni me invitaba a salir, pero todos los fines de semana se presentaba en casa, aun cuando llovía y el resto de los “habitués” no aparecían.
Ya había comenzado marzo, y aún el calor era agobiante, por eso nos encontrábamos todos dentro de la pileta, peleando por conseguir las colchonetas. Estaba demasiado entretenida defendiendo el tan deseado lugar sobre uno de esos flotadores que al sentir el timbre no le di importancia, todos estábamos allí, supuse que algún chico travieso había tocado para jugar, pero de pronto el sonido se volvió constante y punzante, y no me quedó mas remedio que ir a averiguar quien deseaba tanto ingresar a mi hogar.
Al abrir la puerta quedé paralizada. Me sentí transportada a otro mundo, o tal vez había regresado a mi verdadero mundo.
-¡Negro! -grité y me colgué de su cuello. Él me abrazó tan fuerte que sentí incrustarme en su pecho- ¡¿Qué hacés aca?! -le pregunté cuando por fin nos separamos.
-Volví un poco antes para editar algunas notas. ¿Cómo estás? -me examinó y volvió a abrazarme.
-Bien... dejame verte -nos volvimos a separar y lo observé con cuidado-. Estás más lindo que nunca.
Estaba bronceado y sus oscuros cabellos tenían un destello rojizo. Su mirada me pareció más profunda que lo habitual
-Estás muy lindo -repetí y no me resistí a un nuevo abrazo-. Bueno, supongo que trajiste un short o malla.
-Claro -me señaló la mochila que había arrojado al piso al abrazarme-. Supuse que estarías acá y vine preparado.
-Entonces vamos, que tengo algunos amigos que presentarte -lo tomé por la cintura y salimos al jardín.
Me sentía muy feliz, como completa, era una sensación extraña pero agradable. Y esta sensación no permitió darme cuenta que en cuanto cruzáramos la puerta hacia el jardín estarían Mariano y Francisco juntos.
Matías y Martín aún seguían luchando en el agua, en cambio Francisco y Fede conversaban con Natalia junto a la pileta, y Lola y Lucrecia se habían acomodado bajo el sauce.
Al vernos, las últimas detuvieron su charla y Lola se acercó a nosotros, casi instantáneamente lo hizo Naty. Luego de saludarlas, lo presenté con el resto de los chicos. En ese momento no presté atención a la reacción de Francisco, creo que no me interesó.
Mariano entró a la casa para cambiarse, y yo le pedí a Lola y Naty que me acompañaran a preparar mate a la cocina.
-¿Cómo te sentís? -preguntó Lola en cuanto nos quedamos las tres solas.
-Estoy re feliz, lo extrañaba mucho al Negro -les conté mientras revolvía la yerba con la bombilla.
-Te cuento que Francisco se puso loco cuando se enteró que el que había llegado era Mariano. Se quería ir, pero Fede le dijo que se tranquilizara -antes que pudiera emitir opinión, noté que me hacía un gesto con sus ojos.
-¿Y, chicas, cómo les fue en las vacaciones? -escuché que Mariano decía detrás de mí. Ambas le sonrieron.
-¿Consiguieron novios?
-Lola, yo no -contestó Naty.
-¡Te felicito! -la besó y revolvió sus cabellos.
-Gracias, Lucrecia también se puso de novia -le contó, como no podía ser de otra manera.
-¡Que verano productivo!... ¿Y vos? -me miró seriamente.
-¡Ya está el agua! -exclamó Naty y con Lola salieron de la cocina cargando el mate y el termo.
-¿Y, conseguiste novio nuevo? -reiteró poniéndose frente a mí.
-No, me hice amiga de estos chicos. Vamos, quiero que los conozcas -destensó sus facciones y volvió a sonreirme.
-Bueno, vamos.
Ahora todos tomaban mate bajo el sauce. Al verlo nuevamente a Mariano, Martín exclamó:
-Vos trabajás en FSports, ¿no?
Y Matías agregó:
-¡Sí!, en un programa de básket... ¡Qué bueno! ¿Me podés conseguir alguna remera?
-¡Matías! -Lucrecia lo retó, pero Mariano se mostró divertido.
-Algo puedo llegar a conseguir. Si quieren algún día los llevo al canal -los chicos se mostraron entusiasmados-. Bueno, me voy a nadar un rato a la pileta...
-Yo también -exclamó Matías y lo siguió. Al rato se les unió Martín.
Me encantó que a mis amigos les cayera bien Mariano, así todos podríamos salir juntos. Esos eran mis pensamientos cuando fui interrumpida por la aguda voz de Francisco.
-Así que tu amiguito es famoso. No me habías dicho nada.
Allí comprendí que estábamos viviendo una situación incómoda, y recordé “mi transa” con Francisco.
-Se ve que nunca salió el tema... -me abstraje tomando el mate.
-Se lo ve muy contento, ¿ya le contaste de lo nuestro? -dijo en voz alta y muy tensionado.
-¿Qué? ¿Que somos una transa? No. ¿No era que las transas son secretas? ¿Vos ya les contaste a tus viejos? -me molestaba su actitud, me sentía agredida.
-No me cambies de tema. Estás conmigo o estás con él.
-Creo que este es un tema que ya discutimos... ¿O me estás ofreciendo ser tu novia?
-Una cosa no tiene nada que ver con la otra -su rostro se volvía cada vez mas rojo y su voz más áspera.
-Chicos, me parece que es algo que tendrían que hablar los dos solos, nosotros no tenemos nada que ver -dijo Lucrecia aprovechando el silencio.
-Si, esto no tiene nada que ver. Esta noche te paso buscar. Me parece que tenemos que hablar. Estate lista a las nueve -se levantó, saludó a todos con un gesto de su mano y se marchó.
-Me parece que te tendrías que definir -me miró con severidad Federico. Lola lo golpeó para que se callara, pero yo insistí en que estaba dispuesta a escucharlo.
-Estás jugando a dos puntas -prosiguió- y eso no está bien.
-Francisco no quiere nada serio conmigo, él me lo aclaró en San Bernardo y yo le expliqué mi situación con Mariano, así que no creo estar jugando a dos puntas -me defendí.
-Yo creo que Francisco sí quiere algo serio, pero a vos no te conviene darte cuenta -retrucó.
-Yo sé que te molesta que se ponga mal, pero si él quiere algo serio sabe disimularlo.
-En todo caso tienen que resolverlo ellos dos -volvió a interrumpir Lucrecia, causándome un gran alivio.
-Sí, y nosotros nos tenemos que ir. Acordate que sacamos entradas para el cine y nos tenemos que arreglar -agregó Lola.
-Y además cada pareja es un mundo, así que no tiene sentido ponerse a juzgar cómo actúan los demás. Yo también me tengo que ir -Naty se unió a mis otras amigas para brindarme apoyo.