CAPÍTULO 24 (Primera parte)
En aquella noche de insomnio me puse nuevamente a revisar mi vida. Y todas las conclusiones a las que llegué no hicieron más que reafirmar las palabras de Francisco.
Me vi dejando partir a Mariano cuando lo deseaba con toda mi alma. Me vi estudiando algo que no sabía si me gustaba, pero que tampoco me animaba a probar. Me vi muerta de miedo ante la propuesta de Francisco de un futuro juntos y también sin hacer nada por explotar lo único que sabía que me gustaba.
En verdad, mi vida era un completo desastre, llena de proyectos inconclusos y de falta de definiciones; pero lo terrible fue que no logré comprender por qué actuaba siempre de esa manera.
Tenía que empezar a definirme, tenía que empezar a tomar partido por algo. No podía dejar que el destino se ocupara de mis decisiones. Yo tenía que tomarlas. Yo tenía que hacerme cargo de mis sentimientos, de mis deseos, de mis aspiraciones.
Y para lograr reordenar mi vida, debía comenzar por lo que en esos momentos estaba más caótico. Mis sentimientos... mis sentimientos por Mariano. Si por él había dejado partir a lo único bueno y coherente que tenía en mi vida, alguna razón poderosa debía existir.
Dejé pasar un día para lograr rearmarme y luego le pedí a Mariano que viniera a visitarme. Al abrir la puerta, nuevamente lo encontré sonriente y con sus brazos extendidos esperando que respondiera su abrazo. Y esta vez, no me animé a negárselo. Al estrecharme entre sus brazos sentí que regresaba una parte de mi cuerpo y aunque esta sensación me asustó, preferí dejarla a un lado.
-Ya arreglé el contrato. Vuelvo a trabajar acá -me dijo mientras caminábamos hacia el patio.
-¿Estás contento? ¿Convencido? -le pregunté sin mirarlo y me senté junto a la mesa de la galería.
-Sí, no es un sacrificio, al contrario. Me costó mucho vivir allá. No me fue fácil acostumbrarme, creo que nunca me acostumbré.
-Me alegro por vos.
Ambos permanecimos en silencio, mirando hacia el jardín.
-Po, quiero pedirte perdón, porque vos estabas bien y tranquila y yo me metí en el medio para presionarte. Mi intención no es joderte.
-Corté con Francisco... -me escuché contestándole.
Noté una sonrisa controlada en sus labios, pero con seriedad me preguntó si estaba bien.
-Mal, ¿cómo querés que esté? En realidad Francisco me cortó porque me dijo que no se iba a bancar mi duda. Siento que nunca puedo terminar nada en mi vida, que no puedo definir nada y jugarme por eso. Y eso me tiene mal. Yo estaba absolutamente enamorada de vos y no me arriesgué a seguirte a Estados Unidos. También estaba enamorada de Frank y apareciste vos y no pude jugarme por él.
-Tal vez, este es el momento para que te juegues por lo que realmente querés. Fijate qué sentís, intentá darte cuenta qué sentís por mí.
El mutismo volvió a instalarse y mi vista se clavó en el sauce.
-¿Te puedo pedir un favor? -irrumpió en mis pensamientos- ¿Podés mirarme? Ya no aguanto que esquives mi mirada.
Tenía razón, no me animaba a sostener su mirada, tenía miedo de lo que pudiera provocar en mí.
Giré mi cuerpo hacia él y con esfuerzo subí mis ojos hasta encontrarme con los suyos. Su sonrisa se desplegó y también sus ojos me sonrieron. Su rostro era tan lindo, tan luminoso, que me instó a seguir perdida en él. Había olvidado la satisfacción que me causaba el solo hecho de mirarlo.
De a poco un montón de sensaciones comenzaron a despertarse dentro de mí.
-Negro, vos me obligaste a dejar de quererte, ¿cómo sé que no lo vas a hacer de nuevo?
-Porque te amo, Poty, porque me equivoqué y no tengo intenciones de volver a alejarme de vos. Eso es todo lo que te puedo decir, todo lo que te puedo prometer -se acercó para intentar besarme, pero alejé mi cabeza.
-No quiero volver a sufrir lo que sufrí cuando te fuiste -pude decir.
-Yo tampoco. Pero tenerte tan cerca y no poder sentirte mía me hace sufrir mucho más. Te pido una oportunidad, nada más.
Muy bien. Ya había comprendido lo que Mariano despertaba en todo mi ser, una pasión, un deseo casi imposible de refrenar... Casi imposible, porque entonces supe que él podía hacer conmigo lo que quisiera, como lo había hecho anteriormente, y aunque me prometiera que esta vez estaba seguro, que no cambiaría de parecer, me atemorizó pensar en volver a perderlo... Perderlo como acababa de perder a Francisco, a quien también amaba, y hasta podría decir que amaba con mayor libertad, porque cuando estaba con él no se nublaba tanto mi razón.
-Ahora no puedo, Mariano... Andate, tengo que pensar.
Intenté pensar, intenté definirme, pero no podía, no sin volver a tener una charla más tranquila con Francisco. Yo necesitaba decirle lo que sentía. Entonces comencé a llamarlo, pero jamás me contestó. Sin embargo, debía hablar con él, por eso fui hasta su casa, y lo esperé en la puerta hasta que llegara.
-¿Qué hacés acá? -dijo con cara de disgusto cuando se topó con mi figura.
-¿Podemos hablar un ratito? -intenté tomar su mano, pero la alejó.
-¿Venís a decirme algo nuevo? ¿Algo que yo no sepa? ¿Algo así como que Mariano no te mueve un pelo, que no te interesa estar con él y que yo soy el único hombre de tu vida?
No, no podía decirle eso, no podía.
-Quería decirte que te amo, que eso lo sé; pero Mariano mueve demasiadas cosas en mí.
-¡No me digas que me amas! ¡Es mentira! ¡No podés amarme y decirme eso! -me gritó cargado de angustia. Yo quería abrazarlo, consolarlo, pero no me animaba a acercarme.
-Andate, me hacés mal -agregó con la voz entrecortada-. Andate con Mariano... seguramente él te quiere más que yo, porque se banca tus indefiniciones.
-Perdoname - sólo pude agregar antes de que abriera la puerta de su casa y entrara.
Me senté abatida en el cordón de la vereda y las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos con fuerza. Yo me había buscado esto, yo había provocado esta situación. Yo había hecho sufrir a un hombre al que amaba y lo había perdido. Sentía que en mi vida estaba dedicada a hacerlo todo mal ¿Sería cierto lo que me decía Francisco? ¿Acaso no lo amaba como creía? ¿Y sería Mariano quien más me amaba porque me aceptaba con esa valija llena de defectos con la que cargaba?
Aunque mi primer impulso al regresar a casa fue llamar a Mariano, me contuve. Si iba a tomar una decisión debía hacerlo fríamente, no frente a él, que con rapidez confundía mis sentidos. No fue una tarea fácil mantenerme alejada de él, ya que varias veces al día me llamaba para encontrarnos. Por más de una semana logré evitarlo, pero su insistencia crecía a medida que yo me negaba a recibirlo en casa. Reconozco que disfrutaba esperando sus llamados y escuchando sus ruegos. Y pronto comprobé que mis pensamientos giraban en torno a él casi las 24hs.
Cuando logré definirme, lo cité en casa. Mariano entró algo turbado, seguramente confundido ante mi actitud tan tajante de los últimos días. El no estaba acostumbrado a que yo le dijera que no.
Caminamos hasta el jardín y nos sentamos bajo el sauce.
-¿Se acabó mi penitencia? -me preguntó con cara seria.
-Mariano, yo no te estoy castigando, simplemente necesitaba tiempo para mí, para pensar. Vos pensabas que te iba a ver y me iba a arrojar a tus brazos sin dudarlo, ¿no?
-Tenía la ilusión... Yo estoy convencido que vos y yo estamos destinados a estar juntos; pero me mande una gran cagada y espero que puedas perdonarme y darme otra oportunidad. ¿No te parece que nos la merecemos? No es todo negro o blanco Poty, vos los sabés. A veces uno se puede equivocar, uno puede dudar; pero ¿qué sentís realmente acá? -posó su mano sobre mi pecho y luego con delicadeza subió su mano hasta mi mejilla para acariciarme.
¡Ah! Todo lo que tenía pensado decirle se esfumó en un segundo. Mariano tenía razón, estábamos destinados a estar juntos...
Al notarme obnubilada, se acercó con suma cautela y muy despacio tomó mi cabeza para que no pudiera escaparme, aunque yo no pensaba escaparme y con aún más suavidad posó sus labios sobre los míos. Aquel pequeño contacto despertó una pasión en mi ser que jamás creí que volviera a sentir.
De pronto recordé todo lo que Mariano significaba para mí, recordé el placer que experimentaba a su lado, en cada centímetro de mi cuerpo. Aquel tiempo de separación, en un instante, se esfumó.
Con determinación atrajo mi cuerpo al suyo y una sensación de completud me invadió. Nos ví desenfrenados, apasionados, besándonos, tocándonos, redescubriendo nuestros cuerpos, ansiosos por hacer el amor. Esa pasión que se había despertado varios años antes, allí, en el jardín de mi casa, había vuelto a florecer pero con mayor intensidad.
-Te amo, Poty -declaró y recostó su cabeza en mi pecho. Yo lo envolví con mis brazos y cerré mis ojos totalmente extasiada.
Mientras Mariano dormía comencé a pensar ¿qué sería de nosotros ahora? ¿Debíamos tomarnos un tiempo y decidir para dónde ir con nuestra relación? Pero mientras me perdía en deliberaciones, comprobé que esta era mi eterna actitud. Pensar, dudar, probar. Nunca definía nada, nunca apostaba a mis sentimientos sin pensar en las consecuencias. Y entonces decidí, que esta vez no sería así.
Había optado por Mariano. Mariano que me obnubilaba, me cegaba de pasión. ¿Para qué probar?, si sabía perfectamente que con él sería feliz. Entonces, ¿para qué seguir esperando?
-Po, no quiero vivir ni un minuto más sin vos -dijo aún acurrucado en mi pecho, y agregó-Quiero que nos casemos.
Su deseo me hizo sonreír. Tome su cara y la atraje hacia la mía, y antes de contestarle lo besé largamente.
-Te amo Negro. Y yo también me quiero casar con vos.
Volvimos a abrazarnos y quedamos allí, en silencio, disfrutando, fantaseando sobre ese futuro que ambos nos estábamos animando a crear.
Capítulo 24 (primera parte)
Capítulo 23
CAPÍTULO 23
Desde aquel mail, los encuentros virtuales con Mariano comenzaron a ser casi diarios.
Lejos de sentir culpa, sentí alegría en recuperar un amigo que había perdido por algún tiempo.
Yo había sido clara en mi relación con Francisco y él no había tardado en contarme de sus amoríos con una uruguaya con la que trabajaba. Esto nos daba la libertad de escribirnos, sin sentir que buscábamos algo del otro.
Aquel verano, Francisco no podía tomarse vacaciones debido a su nuevo trabajo. Entonces decidimos que se instalara en casa para poder pasar el mayor tiempo posible juntos. Era nuestra primer experiencia conviviendo y a pesar de estar muy acostumbrada a vivir sola y al fuerte y definido carácter de Francisco, congeniamos de inmediato y disfrutamos de las largas horas que compartimos juntos.
Poco a poco Francisco volvió a introducir el tema de un futuro juntos en nuestras conversaciones. Tal vez, sintió la confianza de hacerlo al comprobar que nos era placentero convivir, o tal vez, porque él planeaba comprarse un departamento y seguramente lo proyectaba para ambos. Y aunque su actitud me encantaba, note cuánto me asustaba.
Por momentos no lograba entender por qué se preocupaba tanto por mí, por qué demostraba un amor incondicional a pesar de mis miedos y mis indefinidos proyectos personales. Francisco me escuchaba, me orientaba... y comencé a pensar que nuestra relación parecía demasiado perfecta para ser real.
Y enfrascada en estos razonamientos, cometí un gran error. Los puse por escrito en un mail a Mariano. No comprendí entonces la interpretación que él había hecho del mismo, pero día a día noté que sus mensajes cambiaban de tono, trocando al Mariano amistoso, por uno cargado de dobles sentidos y de seducción. Sus mails al principio me divertían, pero un día no pude hacerme la distraída y sin mayor importancia le pregunté qué pretendía. Su contestación me descolocó:
“Poty, mientras escribo este mail, no estoy muy seguro de si lo voy a enviar o no, pero no puedo seguir pelotudeando más. Yo sé que fui el que quiso que cortemos la relación y ahora estoy super arrepentido. Cuando me empezaste a contar de tu relación con Francisco, pensé que era una estrategia tuya para darme celos. Pero cada vez parecías más enganchada. Además pregunté, y me dijeron que estaban super enamorados. Y me volví loco. No soporto pensarte con otro tipo, no lo soporto. Tal vez me animo a confesarte lo que siento porque te noto dudosa. No sé que pensar, pero te lo tenía que decir. No te estoy pidiendo que me contestes algo. En realidad me encantaría que vos me dijeras que todavía tengo alguna oportunidad de reconquistarte.
Te quiero. Mariano”.
Releí aquel mail muchas veces. Había esperado esas palabras por mucho tiempo, pero no en ese momento de mi vida. No tenía derecho a vomitar sus sentimientos de esa manera, sabiendo que estaba con Francisco.
Con mucho enojo sólo le contesté: “Tu mail llegó muy tarde”. Luego volví a bloquear su dirección en mi correo.
Pero no era cierto, no había llegado tarde, había llegado para instalarse en mis pensamientos y volverse un intruso en mi vida.
Estaba furiosa, furiosa con Mariano y furiosa conmigo misma. ¿Por qué nunca podía disfrutar de una relación plenamente? ¿Por qué cuando estaba con Mariano, Francisco irrumpía en mis pensamientos y por qué ahora que estaba con Francisco había permitido que se infiltrara Mariano? ¿Acaso no me permitía ser feliz? ¿Estaba destinada a lidiar entre estos dos amores? Es que entonces no iba a poder ser feliz con ninguno.
Luego de torturarme un par de días, decidí erradicar estos pensamientos y volver a conectarme con mi relación con Francisco. Francisco merecía todo mi amor, merecía que mis pensamientos fueran sólo suyos.
Aquel sábado por la mañana, el timbre me despertó. Algo confusa, busqué mi reloj y comprobé que apenas eran las 9 de la mañana. Francisco aún dormía, así que, haciendo el menor ruido posible, baje a ver quien llamaba.
Con mis rulos enmarañados y en pijama, abrí la puerta para ver quien me reclamaba del otro lado de la reja.
Debí fijar la vista un par de veces para comprobar que no era una visión la figura que estaba frente a mí, apenas a unos metros.
-¿Mariano? -pregunté sin moverme.
-Sí... ¿Me vas a dejar pasar? -preguntó muy alegre.
No, no quería que pasara, no quería que entrara en mi vida.
Al ver que no me movía, repitió su pregunta.
-No, Negro. Estoy con Francisco. Estamos durmiendo. Tendrías que haber llamado antes -no me gustó ser tan fría con él, pero me era imposible verme en aquella situación.
No esperaba mi respuesta, mi actitud, y por unos segundos enmudeció.
-Estoy parando en lo de mis viejos. Después llamame -dijo sin siquiera mirarme y se marchó.
¿¡Por qué!? ¿¡Por qué!? Grite en mi mente. ¿Cómo haría para decirle a Francisco que Mariano estaba a metros de nuestra relación?
Subí despacio las escaleras y rogué que Francisco siguiera durmiendo. Me acosté a su lado, pero casi inmediatamente él giró para abrazarme.
-Tocaron el timbre, ¿no? ¿Quién era a esta hora? -dijo refregando su cabeza en mi cuello.
Mentirle no era la solución, pensé, y tomando valor conteste.
-Mariano.
Aquel nombre funcionó como un resorte en el cuerpo de Francisco, ya que de inmediato saltó de la cama y quedó parado.
-¿Qué hace acá? ¿Por qué no me dijiste que venía? -de más está decir lo enojado que parecía.
-No sabía que venía. Yo hace mucho que bloqueo su correo electrónico. No tenía ni idea. Sino te lo hubiera dicho -intentaba mostrarme tranquila para contrarrestar su estado.
-¿Qué quiere? -nunca lo había visto tan alterado. Mientras me preguntaba, revolvía las sábanas buscando su ropa. Sin animarme a acercarme, le señalé la silla donde estaban sus pantalones.
-Quería que desayunáramos, obviamente le dije que no, que estaba durmiendo con vos. Calculo que después querrá verme.
-¿Y vos qué querés? -apretaba con furia los cordones de sus zapatillas.
-Quiero que te calmes, Frank. Yo no tengo la culpa de que haya aparecido sin avisar.
-Pero tenés la culpa de que su presencia me haga sentir tan mal -ni tuvo tiempo de pensar en su respuesta. Había salido de su corazón. Y me dolió muchísimo. No supe qué retrucarle y entonces continuo descargándose. -¿Sabés lo que pasa? ¿Sabés por qué no puedo estar tranquilo? Porque aunque ya pasó un año desde que estamos juntos, no te siento convencida con nuestra relación. Porque cada vez que hablo de casamiento o de vivir juntos se te paran los pelos. Aunque a veces creo que estamos bien, muchas veces siento que dudas. Vos lo lloraste a Mariano un montón de tiempo y él ahora vuelve y quiere verte. ¿Qué sé yo que vas a sentir cuando lo veas? -sus sentimientos eran muy duros, muy duros para ambos.
-Si querés lo llamó y le digo que no lo quiero ver -fue lo único que atiné a contestarle.
-No, y después voy a tener que cargar con el fantasma de ese encuentro. No. Yo me voy Flor. Necesito pensar. A la noche nos vemos -y con rapidez huyó de casa.
No podía negar que me sentía confundida. Aquellas palabras de Francisco sobre nuestra relación resonaban en mi cabeza y terminé reconociendo que eran ciertas. Yo no estaba comprometida con nuestra relación. Por una extraña razón, no podía proyectar un futuro juntos. Tal vez porque en ningún ámbito de mi vida lograba pensarme en futuro, me daba miedo salir del ahora.
Pero algo era real. Era real que estaba enamorada de Francisco. Y también era real que Mariano me turbaba. Tenía que verlo, tenía que descubrir cuáles eran mis verdaderos deseos.
Me dí un largo baño antes de tomar el teléfono y, algo más tranquila, lo cité en un bar cerca de casa.
-¡Hola! -me dijo feliz e intentó abrazarme, pero yo no quería abrazarlo, así que esquivé su cuerpo y besé su mejilla-. ¿Estoy equivocado o no soy muy bienvenido? -me molestaba que se mostrara tan animoso cuando yo estaba tan incómoda.
-¿Por qué viniste? -fue lo único que se me ocurrió decir.
-Porque quería hablarte y parece que tu mail no funciona -parecía divertirse con mi malestar.
-Dejó de funcionar el día que te fuiste al carajo. En serio, ¿qué hacés acá?
-Me dieron vacaciones... y necesitaba verte, pedirte disculpas. No tendría que haberte mandado ese mail. Pero, Po, yo te quiero y me moría de ganas de verte. ¿No podemos hacer de cuenta que nunca te escribí ese mail y aprovechemos estos días como viejos amigos que somos? -seguía sonriente y yo cada vez más irritada.
-No Mariano. No puedo hacer de cuenta que nada pasó. Te conozco y sé que por algo estás acá, que por algo me mandaste ese mail. Tu intención no es ser dos buenos amigos. No entiendo por qué sentís tal libertad para manipular mis sentimientos. Cuando a vos se te dio la gana, me obligaste a dejar de quererte, pero cuando viste que estaba feliz con Francisco, volviste a arremeter con toda tu artillería -estaba muy enojada, muy enojada... ¿Cómo podía ser que Mariano me dominara de esa manera? ¿Cómo podía ser que tan fácilmente invadiera nuevamente mi vida?
Por unos minutos nos mantuvimos callados. Tal vez, él esperaba que se aplacara mi ánimo antes de confesar sus intenciones.
-Poty, entiendo perfectamente que estés enojada. Yo sé que no estoy actuando bien; pero me di cuenta que por vos no me importa si tengo que perjudicar a alguien. A la única que no quiero perjudicar es a vos.
-Va más allá de perjudicar a Frank o a mí. Vos estás jugando con mis sentimientos. ¿O te olvidas cuando yo estaba muerta de amor por vos y vos te hacías el duro? ¿Qué pasó? ¿Por arte de magia te volviste a enamorar justo cuando yo estoy enamorada de otra persona? Negro... no tenés derecho... no tenés derecho.
-Sí tengo derecho. Tengo derecho porque te amo. Porque nunca dejé de sentir esto por vos. Pero pensé que si tapaba esos sentimientos iba a sufrir menos. Fui un tarado, porque mientras sabía que seguías conmigo estaba tranquilo, pero cuando me di cuenta de que te estabas enamorando de otro me trastorné. No podía dormir, no podía pensar. No soporté imaginarte con otro tipo -se detuvo para clavar sus ojos en los míos-. No lo soporto Poty. No puedo entender por qué no me querés más. No puedo entender cómo no sentís el mismo amor que siento yo. ¿Cómo no te morís de ganas de abrazarme, de besarme, de que hagamos el amor? -estiró su mano para alcanzar la mía y su roce causó una extraña sensación en mí. Mis sentidos quedaron aturdidos y aunque quise, no pude quitar mi mano de allí.
-Vos me obligaste a dejar de sentir todo eso -intenté mostrarme firme, pero no estaba convencida de mis palabras-. De todas maneras, ¿qué sentido tiene esto si vos en un par de días te vas? -esta idea era la única que lograba enfriarme.
-Porque no creo que me vaya -sus palabras hicieron estallar mi razón-. Mañana tengo una reunión y si todo sale como espero, vuelvo con un mejor puesto de trabajo y sólo algunos viajes cortos -me miró expectante.
¡No! Eso lo cambiaba todo. Una realidad era Mariano a miles de kilómetros, pero otra muy distinta era Mariano cerca. Yo era muy distinta con Mariano cerca.
Tenía que pensar. Necesitaba poner en orden mis ideas. Odié a Mariano por trastornarme con tanta facilidad. ¿Cómo podía hacerme esto con el sólo hecho de aparecer? No podía estar más allí.
Caminar fue mi mejor opción. ¿Qué haría con todo esto? ¿En qué lugar quedaba Francisco?
Yo estaba enamorada de Francisco. Pero Mariano invadía mis pensamientos, mi corazón. Y aunque el enojo me había servido de coraza, debí reconocer que su presencia me apabullaba, su cuerpo me instaba a desearlo. Y perdida en tanta duda comprobé que había anochecido y tendría que enfrentarme con Francisco.
Entró a casa muy serio, tenso y sin decir palabra, se ubicó en uno de los sillones. Yo lo hice frente a él.
-¿Qué tenés para decirme? -preguntó de pronto.
¿Qué tenía para decirle que no lo lastimara? Me pregunté. Nada. Sólo tenía la verdad.
-Mariano me contó que vuelve a Argentina...-dudé antes de continuar- y también quiere volver conmigo.
-¿Y eso cómo nos deja a nosotros? -clavó sus ojos azules en los míos.
-Estoy muy confundida. No puedo pensar con claridad -le confesé y escondí la cara tras mis manos. No podía mirarlo, no soportaba hacerle lo que le estaba haciendo.
-Tal vez soy un tonto. Tal vez en este momento tendría que sacar mi escudo y mi espada y ponerme a luchar por vos. Pero me parece que no tiene demasiado sentido. Vos y yo estamos bien. Vos sabes cómo es estar conmigo. Y si estás en duda es que lo nuestro no te alcanza. Si por verlo a Mariano dudás de nuestra relación, es que no tiene mucho sentido que sigamos. Yo te lo hago fácil, doy un paso al costado. O juego de titular o no juego -fue tajante. No me daba opción a nada. Pensándolo bien, no esperaba otra actitud de Francisco.
Pero yo no había pensado en una separación. O por lo menos en una decisión tan abrupta.
-Francisco, entiendo lo que sentís. Pero quiero que sepas que yo te amo y que vos me hacés feliz. Pero la presencia de Mariano me hace dudar y yo sé que vos no te merecés mi duda.
Me interrumpió.
-No, no me la merezco y no me la voy a bancar. -se puso de pie y sin mirarme se dirigió hacia la puerta.
No quería que se fuera, no quería que se terminara lo nuestro.
-Frank, ¡no te vayas! -corrí hasta él para tomarlo por sus brazos y obligarlo a que me mirara.
-¿Qué sentido tiene, Flor? ¿Qué sentido tiene que hoy me quede y mañana vengas a decirme que te quedás con Mariano?... Porque esto ya lo vivimos... Porque vos no te animás a despegarte de él, porque para vos él es lo seguro... ¿O estás convencida de que no querés estar con él y querés estar sólo conmigo? Porque esa es la única manera de que me quede.
No. No estaba convencida. No estaba convencida de nada. Lo abracé fuertemente y besé con avidez su boca, pero nada pude contestarle.
Cuando cerraba la puerta de la reja, giró para mirarme.
-¿Sabés de qué me acordé? -me dijo con furia-. De tu cuadro, ese al que le pusiste “Tal vez”. Estabas con Mariano y pensaste que tal vez era conmigo con quien querías estar. Yo no me banco la duda, y por eso me voy; pero me parece que vos siempre vas a vivir dudando, porque en definitiva nunca te definís, nunca te jugás por nada. Tu vida es un eterno tal vez.- dio media vuelta y se perdió en la oscuridad.
Quedé petrificada con sus palabras. Me dolieron, me dolieron más de lo que podía imaginar. Me ahogaron hasta apretar a tal punto mi pecho que estallé en lágrimas. Quedé allí, derrotada, en el umbral de mi casa, viendo como la poca cordura que tenía en mi vida se alejaba, dejándome una gran verdad... una gran verdad difícil de manejar.
Tercera Parte: "Las sombras"
Creo que siempre viví con la sensación del abandono, con el miedo al abandono.
Me fue muy difícil llegar a entender que no me abandonaban. Que los actos que cometía el resto de la gente no estaban destinados a mí o que algunas veces, las consecuencias que sufría no eran por las acciones de otros, sino por mis decisiones.
Por lo tanto, descubrí que vivía esperando el abandono. Es cierto que varios hechos se habían sucedido para que aquella fuera mi manera de pensar...
Mi madre había muerto siendo yo bastante pequeña y un gran agujero, un gran dolor había dejado en mi vida. Luego mi padre, que poco a poco se iba alejando de mí... y por último Mariano. Yo había idealizado nuestra relación, y de pronto, todo se había desmoronado, dejándome nuevamente sola y llena de dolor.
Y entonces había podido formar una pareja con Francisco, que me hacía feliz, me llenaba, me apasionaba.
Por eso, hoy, luego de echarle un largo vistazo a mi vida, concluyo que me anticipé, a lo que supuse, sería inevitable.
Capítulo 21
CAPÍTULO 21
Luego del eterno día que había pasado, pude dormir tranquila, relajada. Apenas en un día, mis sentimientos se habían aplacado, y ya me encontraba con nuevas expectativas.
Luego de levantar muchísimos mensajes de mi padre en el contestador, comprendí que si mi intención era reordenar mi vida, lo primero que debía hacer era cerrar el conflicto que entre nosotros se había instalado.
Tomando fuerza, lo llamé por teléfono y serena pude explicarle las razones de mi enojo. No sé si mi padre comprendió cómo me sentía, pero no tuvo más remedio que aceptar mi decisión.
Entonces pude pensar en todo lo que quería compartir con Francisco y mi primer deseo fue que conociera mi mayor interés. Subí al playroom y revolví entre mis pinturas, para poder mostrarle las que más me agradaban. Me entretuve gran parte del día y aquella actividad aplacó la ansiedad que generaba esperarlo.
Como me explicó luego, Francisco trabajaba hasta la tarde, por ello ya había atardecido cuando apareció en casa.
Con sólo ver su actitud al cruzar la puerta de entrada, comprendí que ambos estábamos expectantes con aquel encuentro. Tal vez ninguno de los dos sabíamos bien que pasaría, ya que nuestros códigos de relación eran bastante particulares, y en nuestra última charla ambos habíamos actuado de un modo muy diferente al que estábamos acostumbrados.
Y fue Francisco quien por fin se decidió a romper con aquel incómodo silencio que se había instalado en el living de casa.
-Te confieso que vine pensando todo el camino con qué podía pelearte, pero no se me ocurrió nada. Esto de no tener por qué luchar me está poniendo nervioso -dijo y mostró su sonrisa.
Su comentario me relajó.
-No te preocupes, ya se nos va a ocurrir algo -le contesté mientras estiraba mi mano para que la tomara.
-¿Ya me querés llevar a tu cuarto? -preguntó divertido mientras tomaba mi mano y se dejaba guiar escaleras arriba-, pensé que me iba a costar un poco más -agregó.
-Te encantaría, ¿no?... pero no te hagas ilusiones -continué guiándolo hasta el playroom-. Quiero que me conozcas, y me parece que esto es una parte muy importante de mi vida -le dije una vez dentro de mi “taller”.
Francisco me contestó con una sonrisa y se sentó en un puf que por allí había. Le expliqué la satisfacción que me daba pasar largas horas del día en ese lugar y la pasión que brotaba de mí en forma inexplicable cuando me paraba frente a un lienzo o un papel.
-Ojala algún día yo te despierte esa misma pasión -comentó muy bajo.
Sus palabras hicieron que me detuviera y sentí la necesidad de acercarme a él. Dudé antes de expresar mis pensamientos.
-Frank, vos sos apasionante -le confesé. Y aunque en ese momento no quería más nada que besarlo, no se por qué, atiné a alejarme, pero por suerte, el no me lo permitió. Tirando de mi mano, me atrajo hasta su cuerpo y abrazándome, me besó. Me encantaría poder explicar la sensación de aquel beso, pero es muy difícil ponerlo en palabras. Es una de esas sensaciones que se tienen pocas veces en la vida, sensaciones de certeza. Aunque quiera, no puedo. Pero de algo estaba segura, era el beso que ambos anhelábamos y necesitábamos.
-Gracias por compartir conmigo esta parte de tu mundo -se levantó y comenzó a observar detenidamente los cuadros que estaban esparcidos por el playroom-. No sé si te parecerá loco, pero te reconozco en muchos de esos cuadros. No sé, algo de los trazos -agregó mientras recorría con sus dedos una pintura hecha en óleos- me hacen acordar a vos.
Nunca nadie observó los cuadros de esa manera y jamás alguien volvería a hacerlo. En verdad sus ojos me desnudaban.
-Flor, vos sabes qué es lo que siento por vos, y yo sé que tal vez vos no sientas lo mismo -quise interrumpirlo pero no me lo permitió-. Yo sé que querés estar conmigo, y también te conozco y se que rápidamente te enmarañás en tus pensamientos. Sólo te pido que te des una oportunidad, que dejes de lado tus historias del pasado y te des una oportunidad de ser feliz conmigo. ¿No es genial ir descubriéndonos de a poco?
Claro que era genial, y estaba ansiosa por compartir mis momentos con él. Con este Francisco que iba mucho más allá de un irónico seductor, especialista en marcar mis defectos para hacerme irritar. Si aquella parte suya me resultaba atrayente, este Francisco con un par de frases ya me había conquistado.
-Frank, no tenés que intentar convencerme de nada, quiero estar con vos. No lo dudo, quiero conocerte, quiero escucharte y quiero besarte.
Y fue así, que nos lanzamos a esa aventura de descubrirnos y de día a día compartir más y más de nuestro tiempo.
Mi verdadera experiencia en cuanto a noviazgos era mi relación con Mariano y era a lo que yo estaba acostumbrada. Por eso con Francisco me sentía una novata, todo era tan distinto, todo en él era nuevo para mí. Y día a día descubrí que me fascinaba, me fascinaba el hecho de no poder predecir sus actos, de ingeniarme para adivinar sus gustos, sus deseos.
Su actitud tan firme, tan definida en muchos temas me causaba envidia y amaba el esfuerzo y empeño que ponía en intentar lograr sus metas.
Ese momento fascinante del comienzo de una relación, que antes no había experimentado, me colmaba de entusiasmo y me enredaba en un grato estado de obnubilación.
Me encontraba almorzando con Lola. Muy entusiasmada le comentaba este estado de enamoramiento en el que me encontraba, cuando una pregunta suya, de pronto me hizo reflexionar.
-¿Y en el sexo también se llevan tan bien? -preguntó dando por supuesto un factor que yo aún no había tenido en cuenta. Seguramente mi expresión de desconcierto la sorprendió, pero sólo agregó- No te hagas la discreta, no te hagas la que no querés contar.
-No, es que me acabo de dar cuenta que todavía no lo hicimos... ¿es raro no? -en realidad esta pregunta iba dirigida a mí misma. ¿Por qué no habíamos hecho el amor? ¿Por qué no habíamos buscado tener ese momento de intimidad para conocernos?
Y acabado el almuerzo, ese interrogante me ocupó toda la tarde. Comencé a revisar en mis sentimientos y en mis acciones de los últimos días y descubrí que habían sido casi nulos los momentos de intimidad que había generado para estar con Francisco. En el afán por mostrarnos nuestras vidas, habíamos corrido de aquí para allá, recorriendo lugares llenos de recuerdos propios o nos habíamos perdido en largas charlas, intercambiando deseos y opiniones.
Entonces busqué en mi interior la razón que me alejaba de disfrutar un momento de intimidad entre nosotros. ¿Por qué ni siquiera me había planteado disfrutar del placer de perderme en el cuerpo de Francisco cuando el sólo hecho de estar con él era algo tan placentero? Y, enojándome conmigo misma, descubrí que aún no había descolgado de mi razón el cuadro de Mariano durmiendo en mi cama, que temía la reacción de mi cuerpo al encontrarse con otro que no fuera el de Mariano, que hasta entonces había sido el único a quien había pertenecido.
Estaba claro: tenía miedo, tenía miedo de descubrir que Mariano no era el único y de que tal vez alguien lograra borrarlo de mi cuerpo y definitivamente de mi corazón.
¡Que loco es el corazón! Pensé, y qué cierta la apreciación de Francisco sobre mi rapidez en quedar enmarañada en mis pensamientos. Pero esta vez no caería en mi propia trampa. Estaba feliz con Francisco. Él me apasionaba y yo estaba enamorada de él. De pronto, una imagen sorprendió mis razonamientos y me tranquilizó.
Aquella noche Francisco vendría a casa. Por lo general, solo me pasaba a buscar para salir a cenar; pero decidí sorprenderlo y lo recibí con la cena lista.
-¿Cómo? ¿Hoy no organizaste ninguna de tus salidas reveladoras? -dijo con su sonrisa irónica.
-No, hoy quiero que conozcas uno de mis mayores defectos. Vas a tener la desgracia de probar mi comida -le contesté divertida; pero lo cierto era que no era muy buena en la cocina.
-No es un defecto muy importante mientras cerca haya una rotisería.
Comimos entre chistes los fideos con tuco que había preparado, para luego aventurarnos en la cocina a poner un poco de orden.
-¿Querés que vayamos por ahí a tomar un café? -me preguntó mientras secaba los platos.
-No te preocupes -le contesté-, el café me sale rico.
-Me sorprende que no quieras salir de tu casa -fue su respuesta y en ella comprobé que Francisco había notado mi facilidad para evitar los momentos de intimidad.
-Será que quiero que estemos solos y tranquilos -le contesté.
Francisco tomó mi mano y me invitó a seguirlo hasta los sillones del living.
-¿Te confieso algo? -dijo mientras nos sentábamos-. Ya hace un par de días tenía ganas de que nos diéramos un tiempo para estar solos; pero tenía miedo de tu reacción. Tenía miedo de que entraras en pánico. ¿Estoy medio paranoico? -volvió a sorprenderme la facilidad que tenía para descubrir mis pensamientos.
-No, tenés razón. Hoy me di cuenta de que estaba evitando tener intimidad, pero no te preocupes, porque no es mi intención entrar en pánico -le confesé.
-Qué bueno, porque... no puedo andar con rodeos. Me muero de ganas de que hagamos el amor -me sonrió y agregó-. La sutileza me caracteriza.
Su comentario provocó en mí una carcajada.
-Yo también quiero que hagamos el amor. Pero primero necesito mostrarte algo.
Me levanté y él me siguió. Llegamos al playroom. Francisco me miraba expectante mientras yo revolvía el baúl.
De pronto lo encontré. Primero apareció ante mis ojos su reverso con el título “Tal vez” y al voltearlo encontré a Francisco, saliendo del mar, con sus cabellos mojados y destellos de sol iluminando sus hombros. Encontré aquel cuadro que una tarde me había sorprendido pintando y que casi con desesperación, había escondido. Sacudí el polvo que lo opacaba y giré para mostrárselo.
-Quería que vieras este cuadro -le dije.
Francisco se acercó para observarlo.
-Ese soy yo. ¡Qué lindo! Gracias... ¿por qué me pintaste?
Claro, él no comprendía lo que ese cuadro significaba en este momento para mí. 
-Mirá la fecha -le pedí.
Al hacerlo, se mostró sorprendido.
-¡Es del anteaño!... pero vos estabas... -se detuvo.
-Sí -estaba con Mariano, pensé-. Me había olvidado de él, lo había escondido. Tal vez también tenía escondido por allí algún sentimiento que no sabía que existía. Ese día que te ví saliendo del mar, mi corazón comenzó a palpitar tan rápido que pensé que se salía. Y se ve que me quedó grabado.
-Me acuerdo perfectamente de aquel día. Estaba deseando realmente encontrarte y apareciste. Estabas torpe, nerviosa, y aunque no te lo demostré, me encantaste.
-Y así comenzó todo. El cuadro se llama “Tal vez”. En el momento en que lo pinté, pensé que tal vez eras vos el indicado. Pero bueno, vos ya sabés la historia. Quería que lo supieras, quería que entiendas que estoy muy feliz por estar con vos. Vos siempre me decís que estas seguro de lo que sentís, que desde el día en que nos conocimos querés estar conmigo. Y yo quiero que sepas que nunca dejaste de resultarme atractivo, que siempre me torturaste en mis pensamientos y que ahora que estoy con vos, estoy re feliz y es lo único que quiero. Estar con vos es lo único que quiero.
-Entonces los dos estamos donde queremos estar. Te quiero Flor –fuertemente me abrazó.
Comenzamos a besarnos y acariciarnos con una naturalidad que nunca habíamos logrado y nuestros cuerpos pudieron disfrutar del placer de conocerse, que hasta entonces les había sido vedado.
De a poco nuestros gustos y costumbres se fueron acoplando y me sentí flotando por aquella habitación, enredada entre su cuerpo, descubriendo su textura, sus olores, su pasión.
Y me encantó, me encantó aquel hombre que me exploraba y a la vez me llenaba de placer con total naturalidad y dominio.
Por tanto tiempo me había sentido totalmente completa y extasiada con Mariano, que solía pensar que sólo él despertaría esa pasión en mi cuerpo, en mi ser. Pero aquella noche descubrí que esa pasión estaba en mí, en mis sentimientos. Y esa pasión, en ese momento, la sentía con Francisco.
Capítulo 19
CAPÍTULO 19 (Primera parte)
Me sentía sola, desamparada. Sentía que me faltaba una parte. Era tortuoso vivir sin Mariano. Todo por lo que había decidido quedarme me parecía insignificante, carente de valor. Sólo lograba despejarme de tanto dolor en los momentos en que me dedicaba a la pintura.
Apenas había pasado una semana de su partida y ya me parecía una eternidad. Cada día dudaba más de mi decisión.
En cambio, Mariano parecía muy firme con la suya, ya que ante el torrente de mails que le enviaba a diario contándole cuanto lo amaba y extrañaba, apenas me contestaba agradeciéndome los mails y contándome de sus nuevas actividades. Jamás expresaba un sentimiento y su actitud me torturaba aún más.
Mis amigas parecían preocupadas y agotadas a la vez con mi depresivo estado, por eso, al terminar mi catastrófica semana, decidieron que lo mejor sería reunirnos para hacer una pequeña terapia grupal.
Para la hora de la cena nos reunimos en el jardín de casa.
-Bueno, Poty, ya sabemos que la estás pasando mal y que es muy difícil separarse de la persona de la que uno está enamorada; pero esto no es la muerte de nadie... así que hay que seguir adelante y dejar de quejarse -declaró con solemnidad Lucrecia mientras cortaba la pizza que habíamos ordenado.
-Sí, Po, ya está, ya no hay vuelta atrás. Ahora hay que mirar para adelante. Nos tenés a nosotras para salir, para charlar, para lo que quieras -agregó Naty acariciando mi hombro.
-Para ustedes es muy fácil, pero yo estoy acostumbrada a compartir casi todos mis días con Mariano desde que recuerdo, no sólo desde que somos novios. Y ahora no está. No está en ningún sentido, porque por lo menos, si a la distancia me diera alguna... no sé, me siguiera diciendo que me ama... pero sus mails son generales y ni parece importarle lo que le digo. No solamente me falta él, sino también su amor.
-Bueno, dejá la cursilería para otro momento -me interrumpió Lola-, lo importante es que ahora estás sola y evidentemente estás desacostumbrada, para eso estamos nosotras, para que no te sientas tan sola. Y con respecto a Mariano, hacete cargo de su decisión. Mariano, y esto lo digo aunque no estoy de acuerdo con él, te cortó... y te dejó bien claro cuál sería su actitud en Estados Unidos. Creo que cuanto antes lo aceptes va a ser mejor para los dos. Para mí es una boludez de su parte, porque es hacerte sufrir al pedo, pero ya que él tomó la decisión, ahora vos tenés rienda suelta para hacer lo que quieras. Aprovechá tu soltería para divertirte y buscar a alguien. -Lola fue muy práctica, como siempre.
-La verdad es que no tengo ganas de buscar a nadie. Pero es cierto lo que dicen. Sí me va a hacer bien salir y distraerme -mis amigas siempre lograban levantarme el ánimo.
-Y dejar de pensar en Mariano -acotó Natalia.
-Sí, dejar de pensar en Mariano... -concluí. Aunque seguramente, eso no sería tan fácil.
-Entonces, ¿qué les parece si el sábado hacemos una reunión en casa con todos los chicos? Así entre todos armamos estrategias para ayudar a esta pesada a salir de su depresión. Y no lo digo sólo por ella, sino por nuestra salud mental, porque ya no me aguanto más sus lamentos -propuso Lola y todas estuvimos de acuerdo.
La reunión del sábado no sería algo espectacular ni fuera de lo común, ya que con bastante frecuencia solíamos encontrarnos con aquel gran grupo que se había formado en San Bernardo. Me encantaba estar con ellos, pero sería la primera vez que me encontraría sola... sola y en presencia de Francisco, que en estos últimos meses se había puesto de novio. Yo estaba convencida de que aprovecharía la oportunidad para reírse un rato de mí, ya que en todo el tiempo que había transcurrido jamás había cesado de arrojarme comentarios irónicos. Sin proponérmelo, me distraje pensando en su reacción y sus comentarios hasta que llegó la reunión.
Al entrar a la casa de Lola me sentí desvalida, derrotada. No me era agradable enfrentar a mi grupo de amigos con la noticia de que mi novio me había dejado... dejado en todos los sentidos.
Sin embargo fui recibida con gran naturalidad y alegría por parte de los hombres.
-Bueno, Poty, ahora que estás sola, espero que se te dé por la vida libertina... y no dejes de tenerme en cuenta para cuando tengas ganas de tener una aventura -me dijo Lucas en cuanto me vio y me abrazó con dulzura-. Hablando en serio -agregó-, sabés que podés contar conmigo para salir, divertirte o charlar, para lo que quieras. Y nada de deprimirte, porque no creo que dures mucho sola. Mariano le hizo un gran bien al público masculino.
No pude menos que reírme ante su comentario y en seguida se nos unió Federico.
-Dejá de tirarle los galgos que yo ya la tengo prometida a un montón de amigos de la facu.
-¡Gracias! -interrumpió Naty- Yo estoy sola hace un montón y a mi nadie viene a decirme nada -dijo con tono de celos.
-Es que yo les tengo prohibido que te presenten a alguien... y vos ya sabés por qué -acotó Matías. Matías estaba perdidamente enamorado de Naty, todos lo sabíamos. Lo que no sabíamos era por qué ella jamás había accedido, siquiera, a salir una sola vez con él. Y con este comentario todos quedamos mudos, entonces hizo su aparición Lola para invitarnos a acercarnos a la mesa, y así todos nos dispersamos.
Cuando me disponía a morder una empanada, sentí la respiración de Francisco en mi espalda.
-¿De qué son? -me preguntó y giré para responderle.
-De carne, creo, no me diste tiempo a probarlas.
-¿Y tu novio? -preguntó mientras dejaba asomar su irónica sonrisa.
Me irritó tanto su pregunta, que devolví una frase tan irónica como la suya.
-Me dejó cuando le confesé que estaba enamorada de vos... ¿vino tu novia? -rió con ganas ante mi respuesta y su sonrisa se instaló con fuerza en su rostro. Antes de contestarme giró su cabeza hacia ambos lados, como fijándose que nadie nos viera y contestó.
-¿Te confieso? Le mentí, le dije que era una reunión de hombres solos. Estando ella acá no iba a sentirme con la libertad de poder torturarte toda la noche. Así me siento mucho más libre. Y antes de dejarte meter bocadillo, te quiero aclarar que yo por vos me hubiera ido hasta la luna... o en este caso, quedarme y elegirte antes que a un trabajo.
Aunque quise enojarme, sus palabras me causaron gracia, supuse que habría pensado en esa frase un buen rato, tanto como yo había pensado en su reacción.
-¡Guau! Eso sí que es amor. Me alegro mucho por tu novia, es difícil encontrar a alguien incondicional.
-Yo dije que por vos haría cualquier cosa, no por ella, pero de todas maneras, es difícil encontrar a alguien como yo. Mirá lo que te perdiste, y en definitiva por nada -aunque me divertía, odiaba su cara de satisfacción.
-¡Estás feliz! Y se ve que te tomaste tu tiempo para armar un repertorio.
-Desde que me enteré que no paro de reírme, y te juro que esperé con ansias el día de hoy para poder ver tu cara de viuda compungida.
-¿Y te satisfizo la cara que encontraste?
-No, la verdad que esperaba encontrarte peor... lo cual es una lástima, porque un alma desvalida es muy fácil de conquistar. En cambio te noto bastante armada -su último comentario fue demasiado sincero y me incomodó más que sus bromas irónicas.
-No está nada bien que sigas en plan de conquista, no creo que a tu novia le guste.
-¡Ay! Me olvidé que eras tan puritana, pero no me vas a negar que te encantaría que estuviera en plan de conquista; pero no te hagas ilusiones, no quiero tropezar dos veces con la misma piedra.
-Mejor, porque yo tampoco estoy interesada en que tropieces con ninguna piedra. Ahora, si no te molesta, prefiero ir a divertirme un rato con mis amigos -no esperé contestación y me alejé para unirme con Lola y Lucrecia.
Ya había olvidado los códigos que manejaba con Francisco, y luego de nuestra pequeña charla, recordé cómo me irritaban pero a la vez divertían, y muy a mi pesar, se instaló una muesca de alegría en mis labios.
-¿Qué estuvo pasando por ahí? -me preguntó entusiasmada Lola.
-Nada fuera de lo normal... Francisco tenía preparado un repertorio de ironías. Se ve que se estuvo aguantando dos años, y hoy se desquitó. Debo reconocerles que me divirtió -les conté.
-¿Se estará volviendo a encender la llama del amor? -Lola estaba encantada con el tema.
-Sincerémonos -agregó con seriedad Lucrecia- a Francisco nunca se le apagó la llama, ni siquiera estando de novio.
-Es que yo no me refería a Francisco -le contestó Lola.
-Bueno, chicas, no voy a negarles que es lindo histeriquear, y es lindo saber que alguien anda atrás mío, pero saben perfectamente que mi cabeza está en otro lado. Tampoco es cuestión de que a la semana de que se vaya Mariano ya me tengan que enganchar con el primer chico con el que cruzo palabra.
-Poty, no le tenés que dar explicaciones a nadie, ya sabemos que estás con Mariano, pero sería bárbaro para vos que te distraigas con alguien.
-Francisco no es alguien para distraerme, Lola, no quiero que ocupe ese lugar en mi vida, no se lo merece -me sorprendí con mi pensamiento y ellas también.
-Me parece que Lola tiene razón. A lo mejor se está volviendo a encender una llamita -dijo Lucrecia y sin esperar respuesta se dirigió a donde se encontraba su novio.
Cuando regresé a casa me costó largo rato conciliar el sueño. No podía dejar de pensar en aquella noche. ¿Cómo era posible que Francisco hubiera reaparecido tan rápidamente en mi vida? Habíamos compartido una pequeña historia hacía casi dos años y muy pocas veces había vuelto a pensar en él, y, de pronto, ante la mera ausencia de Mariano, reaparecía y con mucha fuerza en mis pensamientos. Tal vez estaba ocupando el lugar de la persona de transición para desviar mis sentimientos por Mariano. Sí, seguramente ese era el papel que estaba desempeñando. Y aunque ciertas fantasías con Francisco comenzaron a rondar en mi cabeza desde aquel día, era más fuerte el pensamiento que me unía a Mariano. Comprendí que aunque nuestro amor no era perfecto, ya que nos habíamos descubierto egoístas, era casi vital, porque no había diversión, salida, coqueteo o fantasía que apartara mis pensamientos de él, y me parecía una estupidez cortar porque no habíamos actuado como los perfectos amantes. Así se lo hice saber en un mail.
Esperé con ansias su respuesta, que rogué no fuera como sus respuestas habituales, y luego de un par de días, su respuesta llegó:
“Poty: No dudo de tus sentimientos, y ciertamente no dudo de los míos. Pero estoy convencido de que nuestras decisiones se dieron por algo, date cuenta de que por algo vos estás allá y yo acá. Creo en el destino y creo que nuestra separación se dio por algo. Tratá de no aferrarte a algo que ya no existe y seguí adelante. Eso es lo que yo estoy haciendo. El día que te des cuenta, estoy seguro que vamos a poder volver a disfrutar de la espectacular amistad que siempre tuvimos. Te quiero mucho.... Mariano.”
Quedé atónita frente a la pantalla, no podía entender lo que estaba leyendo, algo tan duro, tan cortante, tan definitivo y a la vez tan sutilmente cruel. Luego de derramar unas cuantas lágrimas, quité el mensaje de mi vista y tomé la firme decisión de quitar a Mariano de mis pensamientos. Evidentemente su mensaje había logrado el resultado propuesto.
Faltaban pocas semanas para las vacaciones y me pasaba largas horas intentando decidir qué haría este año. Por un lado estaba la propuesta de ir a San Bernardo con las chicas, y por el otro, papá estaba muy entusiasmado con que compartiera unas vacaciones con él y su novia en Mar del Plata, situación que no sabía si me iba a ser fácil de soportar, pero me parecía que valía la pena intentarlo.
Así que me encontré festejando la navidad en la casa de los padres de la novia de papá, o algo así como mis abuelastros, ya que todos se desvivían por hacerme sentir cómoda y parte de la familia. Recibí más regalos que acumulando varios años y terminé cantando villancicos con unos chicos a los que me presentaron como primos. Fue una experiencia bastante surrealista, pero divertida.
Pasé unos días bastante intensos y muy familieros que me gustaron, pero me agobiaron, ya que no estaba para nada acostumbrada a estar tan acompañada, por eso, para mediados de mes, decidí ir a visitar a mis amigas a San Bernardo.
Me instalé en casa de Lucrecia, donde también paraba Natalia. Lola lo hacía en la casa de Fede y Martín, Lucas y Matías habían alquilado un departamento cercano.
-Bueno, cuéntenme sus novedades -pedí a mis amigas al terminar de contar mis vacaciones en familia.
-Yo estoy bastante tensa. Matías está demasiado insistente y ya tuvimos un par de situaciones de fricción -contó Naty con cara de preocupada.
-Te juro que no entiendo por qué no accedés a salir con él, con probar no perdés nada –le expresé.
-Yo le dije varias noches lo mismo, hasta que la hice confesar -acotó Lucrecia-. Contale a Poty –le ordenó.
-Me gusta Lucas... por eso le corto el rostro a Matías, pero Lucas jamás me va a dar bola porque Matías es su mejor amigo. Yo pensé que con el tiempo se iba a calmar, en tanto tiempo ya podría haber conocido a otra chica, pero sigue atrás mío como un perrito faldero y Lucas ni sabe que existo.
¡Justo estas vacaciones había elegido para pasarlas con papá! Pensé. Quince días de ausencia habían bastado para perderme el acontecimiento más importante del año, Natalia dando a conocer sus sentimientos.
-¡Nunca dijiste nada! la verdad que es una cagada. ¿Querés que me haga la enamorada de Matías para distraerlo? -le pregunté en broma, aunque era capaz de hacerle el favor.
-No, gracias, ya estoy acostumbrada. Si sigue insistiendo le voy a decir la verdad. Ya dije demasiado -fue la frase que usó para cerrar el tema.
-Bueno, y el resto del grupo ¿está bien?
-Sí, tranqui, de hecho nos deben estar esperando en la playa... ¡Ah! Francisco está en Mar de Ajó, pero viene casi todos los días... con su novia -contó Lucrecia clavándome la mirada.
-Bueno, si nos están esperando, mejor es que vayamos -sólo contesté.
Capítulo 18
CAPÍTULO 18
Estaba perdida, no lograba comprender lo que me estaba sucediendo. ¿Me había equivocado? ¿Había actuado mal con Mariano? ¿Tan mal estaba querer tomarme tiempo para decidir sobre mi futuro? ¿Merecía que Mariano me castigara quitándome su amor? Realmente no sabía que pensar.
Regresé a casa, cansada de intentar entender, y me encontré con mi padre que desayunaba.
-Pensé que habías dormido en casa, Po -me dijo sorprendido.
-Sí, dormí en casa, pero me junté a desayunar con Mariano. Me acaba de cortar -papá se atragantó con el café y me exigió que le contara lo que había sucedido y así lo hice. Conversar con mi padre me hizo bien, me dejó ver las cosas en perspectiva.
-Seguro que Mariano está muy nervioso y tal vez, cortarla con vos, es la manera de defenderse. Él sabe que te va a extrañar muchísimo estando tan lejos. Si a vos te importa, no dejes de intentar que te entienda. Yo creo que tomaste la decisión correcta, Poty... y no puedo negar que me alegra muchísimo que decidieras quedarte.
Lo abracé con fuerza para agradecerle y me encerré en el baño para darme una larga ducha.
Y pensar que mañana cumpliríamos dos años, me sorprendí pensando... ¡Claro! Mañana sería la noche previa al cumpleaños de Mariano. Sería mi oportunidad para recuperarlo. Él ya estaría más tranquilo y con mi sorpresa seguro que reflexionaría y aceptaría mi decisión. ¡Sí! Sería mi esperanza para arreglar las cosas.
Esperé que llegara el día con ansiedad y pasada la tarde, sabiendo que Mariano no se encontraría, entré a su departamento.
Decoré el living con globos y carteles, me esforcé en preparar lasagna, su plato preferido, y cuando me pareció que ya estaba todo listo, me vestí y me peiné con mayor esmero que el habitual.
Esperé varias horas y comencé a pensar que Mariano nunca llegaría, cuando de pronto se abrió la puerta.
Mariano entró desganado, pero de pronto quedó sorprendido al ver la decoración de su hogar.
-¿Qué hacés acá, Poty? -pensé que vería una sonrisa en su rostro, pero no la encontré.
-Vine a festejar tu cumpleaños, a demostrarte que te amo y que no tiene sentido que cortemos -pensé en acercarme y besarlo, pero no me pareció buena idea.
-Po, no quiero que te sientas mal, pero lo pensé bien y sostengo lo mismo que ayer -por lo menos en su voz no se notaba el enojo y la frialdad del día anterior. Con lentitud se acercó hasta mí, y acarició mi cabeza-. Gracias por esta sorpresa -esta vez, no quise refrenar mis impulsos, lo abracé con fuerza y besé sus labios.
-Aunque no logre hacerte cambiar de opinión, creo me merezco una oportunidad y si después de esta noche no logro convencerte, ésta será nuestra despedida.
-¿Va a servir de algo que me niegue? -preguntó con cara de resignación, y al negar con mi cabeza, sonrió y me besó.
Casi no pronunciamos palabra durante la cena, aunque era evidente que ambos teníamos muchas cosas por decirnos, pero tal vez ninguno se animaba a acabar con la ficticia calma en la que nos encontrábamos.
-Es raro pensar que justo hoy, que cumpliríamos dos años de elegirnos, sea el día que nos separemos -al fin se animó a decir mientras caminaba hacia el living.
-No entiendo, Mariano, te juro que no entiendo por qué estás tan cerrado. Usando tus palabras, ¿por qué te negás a seguir eligiéndonos?
Mariano se sentó en el sillón y yo me senté a sus pies para poder mirarlo.
-No sé, Po, tal vez porque me duele mucho darme cuenta de que los dos preferimos otras cosas a estar juntos. El otro día, cuando me dijiste que no querías irte conmigo, me enfurecí... pero después me di cuenta de que yo tampoco estoy dispuesto a quedarme. Por eso cuestiono nuestros sentimientos. Los dos priorizamos nuestro futuro por separado a nuestro futuro juntos.
-Yo no veo las cosas como vos. Mi decisión no tiene nada que ver con lo que siento por vos, porque yo no dudo de lo que siento, pero entiendo que te joda, Negro, te vas a otro país, a comenzar una nueva vida. Entiendo que te joda irte solo y que yo no quiera acompañarte. Lo que no entendés es que tal vez en un tiempo sí te acompañe, o tal vez vos vuelvas.
-No sé, Po, creo que me va a doler menos y me va a ilusionar menos si me voy sabiendo que lo nuestro se terminó.
-Aunque digamos que se cortó todo, las palabras no van a hacer que los sentimientos cambien. -Pero va a ayudar. Ya firmé el contrato, me voy en quince días. Traté de acelerar lo más que pude mi partida, para terminar con esta transición.
Sus palabras me cayeron como un balde de agua helada. Hacían todo mucho más real. En quince días no volvería a verlo, por lo menos por un largo tiempo, y Mariano ya no sería mi novio.
-¿Quince días? ¿Y qué vamos a hacer con estos 15 días? Te aclaro que te prohíbo decir que no querés que nos veamos -le dije acongojada.
-¿Por qué no aceptás mi decisión de separarnos?
-Porque no me puedo resignar a no volver a hacerte el amor, a abrazarte, a pasar un rato con vos. Si me querés cortar, podés hacerlo en 15 días, pero no me prives de estos últimos momentos.... o... ¿realmente no me amas más? -ya no podía retener más las lágrimas-. Me cuesta entender cómo podés ser tan frío y duro conmigo. Yo jamás te traté tan mal como vos lo estás haciendo conmigo. Siento que me castigás por algo que no tengo la culpa.
-Claro que te amo, Poty -se arrodilló a mi lado-. Por eso prefiero estar distante, así me va a doler menos. Pero tenés razón. No hace falta empezar hoy cuando en 15 días va a ser inevitable. Perdoname, te juro que no quise hacerte sufrir, en serio, perdoname -me abrazó con fuerza y besó con mucha dulzura mis labios.
Y aunque intentamos que esos días que nos quedaban fueran tan naturales como todos los días que habíamos vivido hasta entonces, no lo logramos, no logramos librarnos del fantasma de la separación. Y pese a insistir en continuar con nuestro noviazgo, no logré que Mariano cediera en ese tema. “Creo que tenemos que replantearnos por qué los dos elegimos pensar en nuestro futuro separados y no juntos”, era la frase que arrojaba Mariano ante mi insistencia.
Decidimos que no sería una buena idea que yo fuera a despedirlo al aeropuerto. Preferimos pasar solos y juntos el último día antes de su partida. Fue un día inolvidable y a la vez muy doloroso.
Capítulo 16
CAPÍTULO 16
El diálogo con mi padre nunca había sido demasiado fluido, pero desde que gozaba de su nuevo estado, no dejaba pasar oportunidad para invitarme a charlar y contarme sobre su novia, lo que hacían, lo bien que se sentía. Con sinceridad me alegraba por él, pero ciertas anécdotas sobrepasaban mi buena voluntad y tolerancia. Sentía un gran alivio cuando anunciaba alguna escapada a Mar del Plata; pero sabía que a su regreso las anécdotas no cesarían de llover.
Por eso pasaba largas horas en el playroom, dedicada a la pintura. Ese era mi mundo, mi lugar. Un lugar donde nadie interfería, y donde todo era como yo quería que fuese.
Mi profesor de pintura estaba encantado con mis trabajos, y cerca de mediados de año, nos convocó para una nueva exposición. Yo estaba muy entusiasmada y pasaba la mayor parte de mi tiempo pensando en cuales serían las obras que expondría. Y al fin lo decidí. Sólo me faltaba una.
Aquel sábado me desperté temprano. Mariano aún dormía. Estábamos en casa, ya que mi padre había viajado a Mar del Plata y me pareció el mejor momento para realizar la obra que venía pintando en mi mente desde hace tiempo.
Intenté hacer el menor ruido posible, para no despertar a Mariano, y en unos pocos minutos, armé el caballete en mi cuarto.
Mariano estaba perfecto, dormía boca abajo, y su torso desnudo se escapaba entre las sábanas. Lo que asomaba de su rostro tenía una expresión plácida y feliz. Era perfecto.
Tomé mis carbonillas y comencé a plasmar aquella imagen. Cuando estaba terminando, noté que se movía, hasta que abrió sus ojos.
-¡Hola! ¿Qué haces? -preguntó confuso.
-Te estaba pintando. Estás hermoso, y ya hace tiempo que quería pintarte desnudo -se incorporó rápido para espiar el papel.
-Está lindo. Cada día dibujás mejor; pero me hiciste trampa.
-Es que estabas perfecto, no pude resistirme. ¿Te molesta si lo pongo en la muestra?
Volvió a observarlo con detenimiento.
-No sé, me da un poco de vergüenza. Me parece que vas a tener que convencerme -tomó mi mano para llevarme a la cama-. Vamos a ver cuántas ganas tenés de exponer este dibujo -dijo mientras besaba mi rostro y acariciaba mi espalda.
Esa noche nos reunimos en casa de Lola a cenar. Estábamos todos allí. Así que aproveché la oportunidad para invitarlos a la exposición que sería el sábado siguiente.
Mariano conversaba apasionado con Martín y Lucas sobre un torneo de tenis, cuando Francisco se acercó a mí.
-No sabía que pintabas -me dijo mientras se servía un vaso de cerveza.
-Nunca habrá salido el tema -solía ser cuidadosa en mis charlas con Francisco, ya que él no había perdido la costumbre de mostrarse ácido en su comentarios hacia mí
-¿Y yo también estoy invitado a la exposición? -no sabía a dónde quería llegar.
-Claro, invité a todo el grupo y vos sos parte de él.
-No, pensé que a lo mejor a tu novio le molestaba -aún no comprendía a dónde quería llegar.
-No, para nada... si entre nosotros está todo bien, ¿no?
-Si, claro -apoyó la botella en la mesa y se alejó.
Cada loco con su tema, pensé, y fui a unirme con mis amigas.
Faltaban unos minutos para que comenzara la exposición y me encontraba muy ansiosa. Mostrar mis producciones siempre generaba en mí un cierto grado de ansiedad y esta vez no era sólo esa la razón de mi estado de ánimo. Mi padre me había anunciado que vendría su novia a ver mis obras y ese sería nuestro primer encuentro. Era una situación que me asustaba y excitaba a la vez, y para colmo, la tendría que atravesar sola, ya que Mariano, había viajado por trabajo y no estaría para contenerme. Sólo lograba tranquilizarme verlo en su retrato, tan plácido, colgado en la pared.
Al abrirse la puerta, como siempre, una de las primeras en aparecer fue Lola, seguida por Natalia.
-¡Muy bueno el retrato del Negro! -exclamó la primera-. Un poco más íntimo que el anterior -agregó entre sonrisas. No pude menos que reírme.
Pasaron sólo unos minutos cuando vi ingresar a mi padre, nuevamente cargando la filmadora y la cámara de fotos, y detrás suyo, con un andar algo inseguro, caminaba una mujer delicada, de cabellos cortos y rubios, que calculé, sería Teresa. Papá se acercó entusiasmado a abrazarme, excitado y nervioso.
-Po, te presento a Teresa -me dijo y tomándola de la mano la acercó a mí.
-¡Te felicito! Tu papá está muy orgulloso de su hija artista, y la verdad es que tus cuadros son muy lindos -fue su presentación y luego besó mi mejilla.
-¡Gracias! Me alegro que al fin nos conozcamos -le contesté y devolví una sonrisa. Me pareció agradable y con ganas de agradarme, y esa sensación me tranquilizó. De todas maneras no sabía sobre qué conversarle, y por suerte el ingreso de Martín y Matías a la exposición me salvaron de aquel momento.
Conversaba con un compañero del taller de pintura, cuando una mano tocó mi hombro. Al girar me encontré con Francisco.
-¡Hola! No pensé que vendrías... -le dije sorprendida.
-Quería descubrir esta parte tuya que no conocía... y la verdad es que pintás muy bien.
-Gracias... -no supe qué más decirle. En cierto punto me sentía incomoda... o intimidada cuando me encontraba con Francisco. Nunca sabía a qué quería llegar cuando conversábamos y por lo general, intentaba que nuestros encuentros fueran cortos, para no molestar a Mariano. Y aunque él no estuviera presente, esa sensación de intentar acotar nuestros encuentros ya la tenía incorporada.
-¿Y tu novio? No lo veo por ninguna parte -comenzaba a asomar su sonrisa ácida. Dude un momento. Tal vez no era buena idea decirle que no estaba, pero luego me pareció una tontería mentirle.
-No está, tuvo que viajar por trabajo.
-En los segundos que tardaste en contestar pensé que me ibas a contar que habían cortado.
Me miró expectante y yo sentí enojo, era un día importante para mí y no tenía intenciones de que se arruinara.
-No se a dónde querés llegar, Francisco. ¿Necesitás decirme algo, o simplemente tenés ganas de torturarme? Hoy es un día importante para mí, no quiero que se arruine -lo miré con severidad, pero él me devolvió una sonrisa.
-Flor, solamente te dije lo que se me había ocurrido, no pensé que te iba a alterar tanto. No te asustes, aunque no esté Mariano para que te defienda, no tengo ninguna intención de avanzarte. Vos ya sabes lo que todavía siento por vos y por ahora no pienso hacer nada con eso. Se nota que están muy bien con Mariano y yo no soy mal tipo, no es mi manera aprovechar que estés sola para buscar algo, pero me parece que a vos te perturba la idea.
Su manera tan segura y algo soberbia me alteraba, eso era lo que realmente me alteraba.
-Bueno, entonces me alegra haberte mal interpretado, porque como te dije antes, quiero que entre nosotros esté todo bien. Y no me perturba estar sin Mariano y que vos te acerques, me perturba la idea de pasar un mal momento, pero como esa no es tu intención, está todo bien.
No quería seguir en aquella situación, entonces me dediqué a observar las obras de mis compañeros. Pero en el fondo sabía que algo de verdad había en las palabras de Francisco. Él, a pesar de su ácida personalidad, me parecía encantador. Me pareció encantador desde el primer momento en que lo ví. Sin embargo ni por un segundo cambiaría mi relación con Mariano por nada ni nadie, pero sentir que Francisco era atractivo me causaba culpa. Tal vez porque había una pequeña historia previa entre nosotros, porque, en realidad, ver a un hombre atractivo, aunque se esté en pareja, es algo sumamente natural.
Terminé la recorrida y posé mis ojos en el retrato de Mariano, e inmediatamente me llene de paz y serenidad, pudiendo dar fin a esos pensamientos molestos que nublaban mi día.
Capítulo 15
CAPÍTULO 15
Aún estaba dormida cuando sonó el timbre. Me levanté de un salto y bajé corriendo las escaleras. No podía ser otro que Mariano, y no quería hacerlo esperar.
-¡Buen día! -me sonrió- ¿Cómo está hoy mi novia? -parecía contento, divertido.
-Con sueño, pero muy bien -lo besé y me arrojé en el sillón del living. El se sentó a mi lado y me invitó a recostar mi cabeza en sus piernas, posición que adopté de inmediato.
-¿Todo bien? -preguntó dubitativo mientras enredaba sus dedos en mis rulos.
-Sí, Negro, me encanta que hayas venido... -aunque estaba feliz de verlo, no podía controlar el sueño.
-Te noto en otra... repito, ¿todo bien ayer con el pibe? -recién entonces comprendí el por qué de su pregunta anterior. Me incorporé para poder besarlo y abrazarlo.
-Si lo que estás preguntando es si algo cambió desde anoche, te contesto que no, pude aclarar todo con Francisco, no hubo problema. No quiero que pienses que pasa algo, sólo tengo sueñito, estaba durmiendo cuando llegaste y solamente pasé por el baño a lavarme los dientes para poder besarte, pero todavía no me desperté. Te amo, Negro. Te lo dije ayer y no me voy a cansar de repetirlo.
Su rostro se iluminó. Me acarició con suavidad y besó mis labios.
-Yo también te amo. No entiendo cómo no me di cuenta antes. Si tenés sueño, vamos a la cama. Total no tenemos nada más importante que hacer.
A decir verdad, a mi se me habían ocurrido un par de cosas.
-Ayer le conté a mis viejos -dijo de repente mientras flotábamos en las colchonetas.
Me sentí avergonzada, sus padres eran como mis tíos, y ahora empezarían a verme con otros ojos.
-¿Y qué dijeron? -me moría de curiosidad.
-Primero me retaron, y luego de explicarles que iba en serio y que era algo que veníamos charlando desde hace rato, se pusieron contentos. Pero me amenazaron. Mi viejo me dijo que si te hacía sufrir iba a ser el primero en romperme la cara -largó una carcajada- ¿Te das cuenta de que ahora mis viejos son tus suegros? -volvió a reír aún mas fuerte.
-Vos reíte, pero a mi me da un poco de vergüenza. Además a veces nos juntábamos con tu vieja a tomar mate y criticar a tus novias, ahora no lo vamos a poder hacer más -allí largué yo una carcajada.
-Mirá que bien... mirá las cosas que hacían a mis espaldas -movió mi colchoneta hasta tirarme al agua.
Una vez que logré volver a recostarme, me preguntó:
-¿Vos le vas a contar a tu viejo?
-Anoche estuve pensando. Me parece que le voy a contar cuando vuelva, me parece algo importante para contarle por teléfono.
-Mejor, porque él se va tranquilo, pensando que yo me quedo acá para cuidarte, y si se entera, no sé si va a estar tan tranquilo pensando en las noches que pienso pasar con su nena -volvió a reír y acarició mi vientre.
-Sos medio sexópata... ¿alguna vez dejaremos de pensar sólo en sexo?
-¿Vos pensás sólo en sexo? -preguntó con picardía; pero no esperó mi respuesta-. Es lógico que nos tengamos ganas todo el tiempo. No nos vimos por casi tres meses y al fin dejamos de reprimirnos luego de un año lleno de histeria. Las cosas se van a ir acomodando. A mi me encanta mirarte y tener ganas de hacerte el amor. Además no estamos todo el día teniendo sexo, ya hace como dos horas que no hacemos nada, ¿ves? somos una pareja normal.
-Me encanta que me hables, siempre lográs tranquilizarme. Ya me estoy asqueando de sentir tanto amor -me arrojé al agua para reaccionar y volver un poco al mundo real.
Mariano me imitó y al rato salió de la pileta, para regresar luego con mate. Nos sentamos bajo el sauce.
-Estuve pensando -me dijo-. Yo di por hecho que me iba a quedar a vivir acá hasta que vuelva tu viejo, pero a lo mejor vos te sentís muy invadida -me ofreció un mate.
-No, yo también pensé que te ibas a quedar. Lo que ahora estoy pensando es que vamos a convivir como novios. Que vamos a compartir la cama a la noche. Que va a ser como vivir juntos. Es medio loco eso, ¿no? Apenas tenemos un día de novios y ya vamos a convivir.
-Tendremos un día de novios pero nos queremos desde hace más de 18 años. Lo que se me ocurre ahora es proponerte, si querés, que yo duerma en mi habitación, en la que duermo siempre, para que no te sientas intimidada -Mariano, realmente era muy dulce.
-¿Vos me estás jodiendo? Me encanta que convivamos y me va a encantar aún más que durmamos juntos. Me encanta que estemos juntos, que te quedes acá conmigo, no se me ocurre nada mejor que eso; pero no deja de ser un flash. Lo único feo va a ser cuando vuelva papá.
-Para eso falta como un mes, y a lo mejor te rapto y te llevo a mi depto -se tiro sobre mí para besarme, y así se dio por terminada la charla.
Pasada la tarde, me di cuenta de que ninguno de mis amigos había venido a casa, cosa bastante extraña, ya que era un hecho que si el día estaba lindo venían sin invitación, entonces supuse que de alguna manera sabían o sospechaban que algo había pasado con Mariano y Francisco. Y un llamado telefónico de Lola terminó por darme la razón.
-¡A vos te parece que tenga que enterarme por Federico que mi mejor amiga se puso de novia! -fue su saludo.
-¡Lola! ¡Qué suerte que llamaste! -le contesté- ¿No me vas a felicitar?
-No hasta que no me cuentes todo, hasta el último detalle -mi amiga era incorregible y me encantaba que así fuera.
-Venite a cenar y si querés decile a Naty y Lucre así le cuento a las tres, esto es algo muy importante para ir contándolo por teléfono -estaba feliz y quería compartirlo con mis amigas.
-Corto, así llamo y en un rato estamos allá -Lola no podía soportar la espera.
Al colgar el teléfono, Mariano me miraba sonriente.
-¿Así que esta noche hay cena entre amigas para chusmear sobre el gran evento?
-¿Te molesta? -me había ruborizado.
-No, pero si vas a contar intimidades, haceme quedar bien -largó una carcajada.
-Te puedo asegurar que van a sentir envidia -me colgué de sus hombros para besarlo.
-Bueno, entonces aprovecho para ir a casa y buscar ropa, así las dejo solas... y vuelvo a dormir, ¿dale?
Me sentía muy feliz a su lado. Nos era fácil actuar con naturalidad. Nos entendíamos, comprendíamos qué pensábamos en cada momento. Sin lugar a dudas, habíamos elegido el camino correcto.
Los días se sucedieron y fuimos acomodándonos a nuestra nueva relación, en donde, en verdad, la única nueva variante era el sexo, hasta esos momentos, en demasía.
De a poco, mis nuevos amigos fueron acostumbrándose a este nuevo integrante del grupo, y Mariano a ellos. Al principio Federico se mostraba un poco distante, seguramente por fidelidad a Francisco, pero era difícil no congeniar con Mariano. Fede era un tipo muy agradable y con el paso de los días, lograron tener un trato amigable.
Cuando nos reuníamos en casa, como el día de mi cumpleaños, Francisco no participaba, pero si la reunión se realizaba en otro lado, se hacía presente. Su trato con Mariano era socialmente aceptable, al igual que conmigo. También con el tiempo esa situación se fue volviendo más natural.
Al acercarse mayo, comencé a ponerme tensa. Mi padre regresaría a casa, lo que implicaba que además de tener que contarle sobre nuestra relación, Mariano volvería a su departamento.
Habíamos convivido casi dos meses, y pensar en la separación, me parecía desgarrador. A él tampoco le agradaba demasiado la idea, hasta pensó en la posibilidad de mudarnos ambos a su departamento; pero yo me acobardé. Apenas tenía 19 años y una cosa era convivir en vacaciones con mi novio, pero algo muy diferente era actuar como un matrimonio. Mariano meditó mi argumento y reconoció que en realidad era una idea un tanto apresurada.
El día que regresó papá, tomé valor y lo invité a cenar. Cuando el mozo sirvió nuestros platos me animé a hablar.
-Pá, tengo una noticia para darte... -me miró expectante, entonces continué- estoy de novia.
-¡Te felicito! ¿Lo conozco? -se apresuró a contestar.
-Bastante... estoy de novia con Mariano.
Penetró su mirada en la mía.
-Bueno, en realidad era algo que se venía venir... ¿Va en serio?
-Sí, estoy muy enamorada... -estaba esperando la pregunta que no quería contestar.
-¿Y desde cuando? Porque el se quedó el verano con vos en casa, ¿no? –y él también estaba preparándose para esa pregunta.
-En realidad él volvió en marzo, y ahí nos pusimos de novios. Estás contento, ¿no? -intenté desviar su razonamiento, pero no lo logré.
-Sí, claro... ¿Y él se quedó en casa como siempre? -seguía mirándome fijo a los ojos.
-Si, pá, siempre se queda cuando vos te vas. Vos se lo pediste, ya sabes que se queda. Dale, no des más vueltas... -ya me había tensionado.
-Entonces... ya tuvieron... vos sabés... -¡Qué conversación! Pensé, ¿para qué los padres preguntan cosas que en realidad no quieren escuchar?
-Y... sí, pa... ¿Pero no es preferible que sea con Mariano? Vos y yo sabemos que él me quiere y se preocupa por mí. No está conmigo para joder.
-Y... es verdad, vos ya sos grande. Bueno, lo único que te pido es que se cuiden. Todavía son muy jóvenes para ser padres -pobre papá, pensé, seguramente jamás imaginó que iba a tener esa conversación conmigo.
-No te preocupes. Nos cuidamos -yo tampoco había pensado en tener esa conversación.
-Bueno... -dijo algo más distendido- ¡Los felicito! Para mí Mariano es como un hijo, así que en serio estoy muy contento... y Poty, realmente espero que seas muy feliz -se estiró a través de la mesa y besó mi frente-. Vos sabes que mamá también lo quería mucho, ella desde el cielo debe estar contenta -sus palabras me emocionaron y un par de lágrimas rodaron por mis mejillas-. Y bueno, yo en realidad también tengo que darte una noticia...-¡El también está de novio!, pensé.
-Yo también estoy de novio... -calló para observar mi expresión, entonces le sonreí.
-¿La conozco?
-No, trabaja en una de las sucursales de Mar del Plata, así que seguramente voy a viajar bastante. Se llama Teresa y tiene muchas ganas de conocerte.
-¡Que bueno, pá! Espero que les vaya muy bien, y cuando quieras la conozco -aunque ya habían pasado varios años de la muerte de mi madre, me costaba asimilar la noticia. No podía esperar para contarle a Mariano.
En cuanto terminamos la cena, fui al departamento de Mariano.
-¿Y? ¿Qué dijo? -se mostraba divertido.
-Que nos cuidáramos, que éramos jóvenes para ser padres –Mariano largó una carcajada y me interrumpió.
-¡Tu viejo es un maestro!
-Me dijo que nos felicitaba y que fuéramos muy felices. También me dijo que está de novio -así terminé mi relato. Mariano se puso serio
-¿Cómo te cayó la noticia?
-No sé, me parece bien, en realidad me parece muy bien; pero no deja de ser raro -me senté en el sillón a tomar el café que me había preparado.
-Ya te vas a acostumbrar. Pensá que no puede ser muy malo, de última si ella se va a vivir a tu casa y te molesta, sabés que tenés lugar para escaparte -se sentó a mi lado y besó mi frente.
-Bueno, tampoco nos apresuremos. Además vive en Mar del Plata, es más factible que papá se vaya para allá. Pero, la verdad, es que prefiero no seguir hablando del tema.
-Entonces vayamos a la cama que ya es tarde -me levantó entre sus brazos para encerrarnos en su cuarto.
Capítulo 14 (última parte)
CAPÍTULO 14 (ÚLTIMA PARTE)
En menos de media hora ya todos se habían marchado. Por supuesto Mariano seguía nadando en la pileta. No lo molesté por un rato, pero luego, mi impaciencia me venció y comencé a revolear una toalla al borde de la pileta para llamar su atención.
Mariano comprendió mi mensaje y luego de hacer otro largo, saltó fuera del agua para tomar aquella toalla.
-¿Vamos adentro a charlar?
Asintió con la cabeza y me siguió. Nos sentamos junto a la mesa de la cocina.
-¿Y? ¿Cómo estás? -preguntó mientras tomaba mis manos.
-En este momento me siento muy feliz, pero... medio confundida... -quise mirarlo a los ojos pero no pude.
-¿Por qué? ¿Porque transaste con el pibe de pelo largo? -lo dijo con total naturalidad, pero logró sorprenderme y avergonzarme de mis actos.
No sólo no podía mirarlo, sino que en esos momentos mi cabeza parecía haberse escondido en mi cuello. Mariano notó que me había incomodado, y como seguramente no era su intención, tomó mi mentón para que lo mirara y me sonrió.
-Poty, te conozco demasiado, era evidente que me iba a dar cuenta. Además él no hizo nada por disimularlo. No te pongas mal, no nos prometimos fidelidad. Sí prometimos que íbamos a pensar. Y yo pensé mucho -hundió sus oscuros ojos en los míos, para llenarme de confianza-. Sé que esto que nos pasa no es fácil, no es fácil para mí hacerme cargo de lo que siento por vos. Me siento muy responsable. No sos cualquier mujer... -se detuvo para volver a mirarme y tomó mis manos- ¿Estás bien o te estoy asustando?
-¡¡No!! No me estás asustando. Me encanta lo que me decís; pensé que te ibas a enojar. Ahora siento que te traicioné... -volví a hundir mi cabeza y él nuevamente levantó mi mentón.
-Vení, Poty, vení acá -me señaló sus rodillas y obedecí a su pedido-. Poty, vos no me traicionaste porque nosotros no hicimos ninguna promesa más que pensar en nosotros. No te voy a mentir, no me gusta que hayas estado con ese pibe, pero no me enoja. Yo lo único que quiero es estar con vos. No pude pensar en otra cosa mientras trabajaba, todo el tiempo pensé en vos... en nosotros y no me importa que hayamos sido amigos toda la vida, ahora quiero estar con vos. El tema es saber lo que vos querés -sus ojos se habían fijado en mi boca y me costaba prestar atención a la conversación, ya que mi deseo de besarlo y acariciarlo se iban acrecentando a medida que sus ojos ahondaban en mis labios. Supongo que Mariano sentiría algo similar.
-Yo quiero hacerte el amor -me sinceré-. En este momento no puedo pensar en otra cosa.
No me dejó terminar la idea. Me sonrió, demostrando alivio para luego besarme con desesperación. Yo también necesitaba con desesperación aquel beso. Sin perder tiempo me cargó, y sin despegar nuestros labios caminó hasta el sillón del living donde nos recostamos.
Aunque hasta ese momento no me lo había planteado, descubrí que deseaba sentir su cuerpo, acariciar su espalda, paladear sus besos. Hacer el amor con Mariano era algo tan natural como exquisito.
-Te extañaba -susurró en mi oído mientras reposaba su cabeza en mi hombro y cerró los ojos.
Mientras descansaba aproveché para pensar. Mariano causaba en mí, indefectiblemente, un torbellino de emociones. A su lado, mi razón se cegaba y mi cuerpo se encendía de pasión.
En realidad, no había mucho que pensar, concluí. Estar a su lado era lo que necesitaba, era lo que me transportaba a un mundo de fantasía, ideal. Tal vez, existirían otros hombres que me atrayeran, pero comparado con Mariano nada, absolutamente nada me parecía tan perfecto.
-Poty... -movió mi hombro pensando que dormía. Luego se incorporó y buscó su short.
Yo lo imité y también me vestí.
-Poty, yo ya sé lo que quiero. Hay mucha gente que pierde la oportunidad de ser feliz, pensando que va a aparecer algo mejor. Yo sé que somos chicos, pero creo que a nosotros ya nos llegó ese momento y no estoy dispuesto a desperdiciarlo -me sonrió con sus ojos y con su labios.
-Sé que tenés razón, y creo que no tenemos que perder más tiempo. Yo también quiero estar con vos, en este momento no se me puede ocurrir otra opción -le devolví su sonrisa y lo abracé.
-¡¡¡Tenemos que festejar!!! ¡¡Estamos de novios!! ¿Te das cuenta? -me levantó entre sus brazos para hacerme girar como a un chico-. ¿Vamos a cenar?
En ese momento recordé que me había citado con Francisco y que faltaba apenas una hora para que pasara por mí.
-Negro, no te enojes... pero había quedado en salir con Francisco -observé su rostro y no me agradó su expresión-. No te enojes, me parece una buena oportunidad para cerrar esa relación. Me parece que le debo una explicación -lo besé para apaciguar su ánimo.
-Está bien, tenés razón. Entonces te dejo, pero mañana temprano nos vemos... ¿si?
-Sí Negro, ¡no sabes lo feliz que me haces! ¡Te amo! -Oí que salía de mis labios. Se sorprendió para luego sonreir.
-Mejor me voy, porque si me quedo dos segundo más no voy a poder dejar de hacerte el amor.
Me besó con mucha dulzura y se marchó.
¡¡Qué momento!! pensé. Tendría que enfrentar a Frank. Era un buen tipo, la pasaba bien con él. Me dolía tener que contarle mi determinación; pero la vida es así. Tal vez... tal vez, bajo otras circunstancias hubiera sido distinto. Pero mi felicidad estaba con Mariano. Y eso no lo dudaba ni por un segundo.
Me bañé con pereza e intenté arreglarme cuanto pude, y cuando terminaba de peinarme, sonó el timbre. Al abrir la puerta lo encontré apoyado en un auto, noté que se había arreglado y hasta llevaba su cabello bien peinado, cosa poco usual.
Por suerte no intentó besarme en la boca y luego de un saludo algo tenso me invitó a subir a ese auto en el que se apoyaba, que resultó ser suyo. Viajamos en silencio, nos detuvimos en un restaurante frente al río. Una vez ya acomodados comenzó a hablar.
-No sé que pasó esta tarde en tu casa desde que me fui; pero te noto distinta. Así que antes de que me digas lo que me tengas que decir, voy a hablar yo -quise interrumpirlo, no quería que quedara expuesto, me parecía innecesario, pero no me lo permitió-. Cuando me fui de tu casa, intenté entender por qué me había puesto tan mal, por qué me sentí amenazado. Pensé que había exagerado, pero me di cuenta de que me gustás. Me parece que vos valés la pena, y si me preguntás por qué, no lo sé. No es algo que se pueda razonar. Creo que con vos me arriesgaría a probar. Lo que te estoy diciendo es que me encantaría ser tu novio -hasta ese momento sus ojos se desviaban de un trozo de pan a otro, pero al finalizar su discurso, los clavó fijamente en los míos.
¡¡Por que me haces esto!!, pensé. Era muy duro tener que decirle lo que sentía a ese par de ojos azules que me miraban expectantes.
-Frank, me parecés un tipo divino. Aunque la verdad es que mucho no nos conocemos, ni jamás hablamos de cosas demasiado profundas, me doy cuenta de que sos un tipazo. Y si me hubieras dicho esto en otro momento de nuestras vidas estaría re feliz –no me dejó continuar.
-Pero ahora estás saliendo con tu amigo, ¿no?
-Sí... hoy me di cuenta de que estoy enamorada de él y porque me encantás creo que no te merecés que te mienta. Te juro que estoy pasando un muy mal momento -necesité sincerarme-. Nunca pensé que iba a tener que rechazar a un tipo que me encante tanto como vos; pero lo que siento por Mariano es muy fuerte. Frank, yo no te quiero joder y dentro de mis posibilidades no quiero que pases un mal momento.
-No vas a poder evitar que pase un mal momento, creo que lo tendrías que haber pensado en San Bernardo, así nos hubiéramos ahorrado esto, creo que no fuiste sincera ni conmigo, ni con vos misma. Ya está, yo lo único que quiero agregar es que no me pidas que deje de juntarme con los chicos... -entonces fui yo quien lo interrumpió.
-¡Nunca pensé pedirte algo así! Pero yo tampoco voy a dejar de verlos.
-No, claro -dijo asomando una pequeña de sus sonrisas-. Yo me bancaré verte con Mariano y vos te bancarás verme y saber que siento que sos la mujer de mi vida, y que no me voy a dar por vencido tan fácilmente -sus últimas palabras me impactaron, pero no quise demostrárselo.
Aquella cena ya había perdido su sentido, entonces decidimos abandonar aquel lugar lo más rápido que pudimos. No puedo negar que aquella charla dejó una sensación de incomodidad en el recuerdo de tan bello día.
Capítulo 14 (primera parte)
CAPÍTULO 14 (Primera Parte)
Al regresar a mi hogar me sentí desorientada. Sola en mi gran casa. Sola con mis pensamientos, nuevamente sumergida en la monótona rutina de mi ciudad... sin mucho que hacer. Ya que aunque me encontraba felizmente desocupada, mis amistades no gozaban de la misma situación. Y para completar el cuadro, la ausencia de Mariano se tornaba inmensa. Me sentía insegura e indefensa en la casona sin su presencia.
Pero el panorama de los fines de semana era muy distinto. Mi casa era el punto de reunión obligado. La pileta era lo más atractivo de mi personalidad -según mis amigos- y la única manera de soportar el sofocante calor de ese febrero.
Aunque había sido advertida por Francisco, su ausencia me sorprendía. A pesar de que el resto del grupo se reunía en casa, él jamás había aparecido, ni siquiera llamado. Ya habían transcurrido dos semanas desde nuestro regreso y nada sabía acerca suyo. Y aunque Lola intentaba obtener alguna clase de información a través de Fede, éste se mostraba reticente a hablar de su amigo y creí que era muy justo respetar su postura.
Aquel sábado el calor y la humedad parecían devoradores. No había manera de soportar la pesadez del ambiente, y la piel se volvía pegajosa y demasiado presente.
Todas las mujeres estábamos sumergidas en la pileta, aunque el agua ya parecía estar lista para hervirnos, mientras los muchachos, insultado y maldiciendo, se calcinaban junto a la parrilla intentando encender el fuego.
Sentí el timbre, pero no quería salir del agua y preferí hacerme la desentendida.
Luego de que sonara largas veces, comprobé que todos habían tomado la misma actitud, entonces, con pereza, sequé mi cuerpo y caminé lentamente hasta la puerta.
-¡Hola! ¿Por qué no me invitaste al asado? -me tomó por la cintura para acercarme a él y me besó. ¡Qué desvergonzado!, me escabullí de sus brazos antes de contestarle.
-¿Cómo? ¿No te avisé cuando me llamaste? -hice un silencio- ¡Ah, no!, cierto que nunca me llamaste.
Me mostró su usual sonrisa.
-¡Ya me había olvidado de tu carácter! ¡No te enojes! No nos vemos desde hace un montón, ¿no querés pasarla bien?
-La estaba pasando muy bien. Dale, pasa -agregué resignada.
Inspeccionó la casa y me siguió hasta el jardín. Todos se alegraron al verlo, y pronto se unió al grupo que acalorado preparaba el asado.
No establecimos demasiado contacto aquel día, pero cuando todos se marcharon, Francisco continuaba remoloneando en una colchoneta que flotaba en la pileta.
-¿Estás cómodo? -intenté mostrarme irónica, pero no le importó.
-Si, vení así nadamos un rato -parecía dueño y señor de la casa.
-No, ¿no ves que tengo que arreglar el desastre que quedó? -le enseñé la bandeja que cargaba colmada de vasos y platos.
-¿Estamos de mal humor? -escuché que me decía cuando entraba a la cocina, pero preferí no contestarle.
Sentí su aliento en mi cuello al tiempo que sus brazos rodeaban mi cintura.
-¿Estás de mal humor? -beso mi mejilla y ya no pude seguir lavando la vajilla.
Giré y apoyé mis manos en la mesada. No podía discutir, ni recriminar nada. Sus ojos me encandilaban y sus suaves caricias en mi espalda me distraían. Con cautela, acercó su rostro al mío y me besó, largo rato nos besamos.
-Te extrañé... extrañé tus enojos. Me dan más ganas de abrazarte y llenarte de besos -tenía ese tono de voz suave y cariñoso, y no encontré el sentido de buscar guerra. Tomó mi mano y caminamos juntos hasta el jardín. Nos sentamos bajo el árbol.
-¿No estás contenta de que haya venido? -preguntó al rato de comprobar que yo no emitía palabra.
-No es que no esté contenta, es que venís como si nada después de dos semanas de ni siquiera llamar una sola vez. No te puedo recibir con los brazos abiertos.
-Yo te dije que iba a estar muy ocupado. Además no sabía con qué me iba a encontrar, a lo mejor estabas acompañada y no quería molestar.
¡Ah, era eso! Había tanteado el terreno, seguramente Federico le había informado que “mi amigo” no había aparecido.
-No, como sabrás no estoy demasiado acompañada, de hecho estoy bastante sola.
-Entonces, ¿ya arreglaste ese problema? -me hablaba como si no le importara, pero me causaba gracia su manera de tocar el tema de Mariano.
-¿Qué cosa tenía que arreglar? -si quería preguntar iba a tener que hacerlo sin vueltas.
-Tu amigo, no te hagas la tonta, ya sabes de que hablo -lo había empujado a demostrar bastante sinceridad, y noté que lo incomodaba.
-¡Ah! ¡Me estabas hablando de Mariano! No me había dado cuenta. Mariano está en Estados Unidos, no se cuando vuelve -intenté demostrarle que no me causaba demasiado interés.
-¿Y eso qué significa? ¿Decidiste algo? -no entendía por qué se mostraba tan preocupado si él no quería nada demasiado comprometido.
-¿Qué tengo que decidir?
-¿No es obvio? -ya se estaba poniendo molesto.
-No, no entiendo a que querés llegar -realmente no llegaba a comprender sus intenciones.
-Florencia... -se incorporó- No me interesa perder el tiempo... -al ver que no encontraría una respuesta, comenzó a caminar rumbo al interior de la casa.
-¿Te vas? –le pregunté con inocencia.
-Ya te dije que no me gusta perder tiempo.
-¿Qué? ¿Tenés algo que hacer? ¿Estudiar, trabajar?
-Flor, no te hagas la tonta, quiero saber que va a pasar con nosotros.
-Yo pensé que no iba a pasar nada, como estuvimos dos semanas sin hablarnos... y no te estoy haciendo ninguna escena, no puedo decidirme, porque no sé cuáles son las opciones que tengo. Vos no me ofreces nada, y Mariano tampoco, ¿qué querés que decida?
-¡Con quien querés estar! -contestó en forma despectiva.
-Yo quiero estar con mucha gente, ¿qué me estás proponiendo?
-¡Nada! Sólo quiero que te definas.
¡Increíble! No era capaz de jugarse por nada pero yo debía definirme. Francisco estaba muy confundido.
-No veo sobre que me tengo que definir, nosotros decidimos estar juntos para pasarla bien. Ese fue nuestro acuerdo, y yo no creo haber planteado ninguna duda sobre eso. Si vos tenés algún problema la terminamos acá. Nadie te obliga ni te pide nada. No me pidas más de lo que vos me ofrecés -me mostré seria y decidida, y pareció causar el efecto adecuado.
-Ok, si me zarpé perdoname. Puede que tengas razón. ¿Cenamos juntos, o querés que me vaya?
-Quedate, te tengo que reconocer que te extrañé. Tenía ganas de estar con vos -le sonreí.
-Yo también, fui un estúpido, tendría que haber venido antes -volvió a sentarse a mi lado para poder abrazarme y luego de observar mi expresión, besarme.
Ofreció quedarse a dormir, pero no me pareció una buena idea, entonces ya casi de madrugada, abandonó mi hogar.
No me llamó en la semana, pero el sábado bien temprano se instaló en mi jardín, también el domingo, y el siguiente fin de semana. Jamás me llamaba, ni me invitaba a salir, pero todos los fines de semana se presentaba en casa, aun cuando llovía y el resto de los “habitués” no aparecían.
Ya había comenzado marzo, y aún el calor era agobiante, por eso nos encontrábamos todos dentro de la pileta, peleando por conseguir las colchonetas. Estaba demasiado entretenida defendiendo el tan deseado lugar sobre uno de esos flotadores que al sentir el timbre no le di importancia, todos estábamos allí, supuse que algún chico travieso había tocado para jugar, pero de pronto el sonido se volvió constante y punzante, y no me quedó mas remedio que ir a averiguar quien deseaba tanto ingresar a mi hogar.
Al abrir la puerta quedé paralizada. Me sentí transportada a otro mundo, o tal vez había regresado a mi verdadero mundo.
-¡Negro! -grité y me colgué de su cuello. Él me abrazó tan fuerte que sentí incrustarme en su pecho- ¡¿Qué hacés aca?! -le pregunté cuando por fin nos separamos.
-Volví un poco antes para editar algunas notas. ¿Cómo estás? -me examinó y volvió a abrazarme.
-Bien... dejame verte -nos volvimos a separar y lo observé con cuidado-. Estás más lindo que nunca.
Estaba bronceado y sus oscuros cabellos tenían un destello rojizo. Su mirada me pareció más profunda que lo habitual
-Estás muy lindo -repetí y no me resistí a un nuevo abrazo-. Bueno, supongo que trajiste un short o malla.
-Claro -me señaló la mochila que había arrojado al piso al abrazarme-. Supuse que estarías acá y vine preparado.
-Entonces vamos, que tengo algunos amigos que presentarte -lo tomé por la cintura y salimos al jardín.
Me sentía muy feliz, como completa, era una sensación extraña pero agradable. Y esta sensación no permitió darme cuenta que en cuanto cruzáramos la puerta hacia el jardín estarían Mariano y Francisco juntos.
Matías y Martín aún seguían luchando en el agua, en cambio Francisco y Fede conversaban con Natalia junto a la pileta, y Lola y Lucrecia se habían acomodado bajo el sauce.
Al vernos, las últimas detuvieron su charla y Lola se acercó a nosotros, casi instantáneamente lo hizo Naty. Luego de saludarlas, lo presenté con el resto de los chicos. En ese momento no presté atención a la reacción de Francisco, creo que no me interesó.
Mariano entró a la casa para cambiarse, y yo le pedí a Lola y Naty que me acompañaran a preparar mate a la cocina.
-¿Cómo te sentís? -preguntó Lola en cuanto nos quedamos las tres solas.
-Estoy re feliz, lo extrañaba mucho al Negro -les conté mientras revolvía la yerba con la bombilla.
-Te cuento que Francisco se puso loco cuando se enteró que el que había llegado era Mariano. Se quería ir, pero Fede le dijo que se tranquilizara -antes que pudiera emitir opinión, noté que me hacía un gesto con sus ojos.
-¿Y, chicas, cómo les fue en las vacaciones? -escuché que Mariano decía detrás de mí. Ambas le sonrieron.
-¿Consiguieron novios?
-Lola, yo no -contestó Naty.
-¡Te felicito! -la besó y revolvió sus cabellos.
-Gracias, Lucrecia también se puso de novia -le contó, como no podía ser de otra manera.
-¡Que verano productivo!... ¿Y vos? -me miró seriamente.
-¡Ya está el agua! -exclamó Naty y con Lola salieron de la cocina cargando el mate y el termo.
-¿Y, conseguiste novio nuevo? -reiteró poniéndose frente a mí.
-No, me hice amiga de estos chicos. Vamos, quiero que los conozcas -destensó sus facciones y volvió a sonreirme.
-Bueno, vamos.
Ahora todos tomaban mate bajo el sauce. Al verlo nuevamente a Mariano, Martín exclamó:
-Vos trabajás en FSports, ¿no?
Y Matías agregó:
-¡Sí!, en un programa de básket... ¡Qué bueno! ¿Me podés conseguir alguna remera?
-¡Matías! -Lucrecia lo retó, pero Mariano se mostró divertido.
-Algo puedo llegar a conseguir. Si quieren algún día los llevo al canal -los chicos se mostraron entusiasmados-. Bueno, me voy a nadar un rato a la pileta...
-Yo también -exclamó Matías y lo siguió. Al rato se les unió Martín.
Me encantó que a mis amigos les cayera bien Mariano, así todos podríamos salir juntos. Esos eran mis pensamientos cuando fui interrumpida por la aguda voz de Francisco.
-Así que tu amiguito es famoso. No me habías dicho nada.
Allí comprendí que estábamos viviendo una situación incómoda, y recordé “mi transa” con Francisco.
-Se ve que nunca salió el tema... -me abstraje tomando el mate.
-Se lo ve muy contento, ¿ya le contaste de lo nuestro? -dijo en voz alta y muy tensionado.
-¿Qué? ¿Que somos una transa? No. ¿No era que las transas son secretas? ¿Vos ya les contaste a tus viejos? -me molestaba su actitud, me sentía agredida.
-No me cambies de tema. Estás conmigo o estás con él.
-Creo que este es un tema que ya discutimos... ¿O me estás ofreciendo ser tu novia?
-Una cosa no tiene nada que ver con la otra -su rostro se volvía cada vez mas rojo y su voz más áspera.
-Chicos, me parece que es algo que tendrían que hablar los dos solos, nosotros no tenemos nada que ver -dijo Lucrecia aprovechando el silencio.
-Si, esto no tiene nada que ver. Esta noche te paso buscar. Me parece que tenemos que hablar. Estate lista a las nueve -se levantó, saludó a todos con un gesto de su mano y se marchó.
-Me parece que te tendrías que definir -me miró con severidad Federico. Lola lo golpeó para que se callara, pero yo insistí en que estaba dispuesta a escucharlo.
-Estás jugando a dos puntas -prosiguió- y eso no está bien.
-Francisco no quiere nada serio conmigo, él me lo aclaró en San Bernardo y yo le expliqué mi situación con Mariano, así que no creo estar jugando a dos puntas -me defendí.
-Yo creo que Francisco sí quiere algo serio, pero a vos no te conviene darte cuenta -retrucó.
-Yo sé que te molesta que se ponga mal, pero si él quiere algo serio sabe disimularlo.
-En todo caso tienen que resolverlo ellos dos -volvió a interrumpir Lucrecia, causándome un gran alivio.
-Sí, y nosotros nos tenemos que ir. Acordate que sacamos entradas para el cine y nos tenemos que arreglar -agregó Lola.
-Y además cada pareja es un mundo, así que no tiene sentido ponerse a juzgar cómo actúan los demás. Yo también me tengo que ir -Naty se unió a mis otras amigas para brindarme apoyo.


