CAPÍTULO 24 (Primera parte)
En aquella noche de insomnio me puse nuevamente a revisar mi vida. Y todas las conclusiones a las que llegué no hicieron más que reafirmar las palabras de Francisco.
Me vi dejando partir a Mariano cuando lo deseaba con toda mi alma. Me vi estudiando algo que no sabía si me gustaba, pero que tampoco me animaba a probar. Me vi muerta de miedo ante la propuesta de Francisco de un futuro juntos y también sin hacer nada por explotar lo único que sabía que me gustaba.
En verdad, mi vida era un completo desastre, llena de proyectos inconclusos y de falta de definiciones; pero lo terrible fue que no logré comprender por qué actuaba siempre de esa manera.
Tenía que empezar a definirme, tenía que empezar a tomar partido por algo. No podía dejar que el destino se ocupara de mis decisiones. Yo tenía que tomarlas. Yo tenía que hacerme cargo de mis sentimientos, de mis deseos, de mis aspiraciones.
Y para lograr reordenar mi vida, debía comenzar por lo que en esos momentos estaba más caótico. Mis sentimientos... mis sentimientos por Mariano. Si por él había dejado partir a lo único bueno y coherente que tenía en mi vida, alguna razón poderosa debía existir.
Dejé pasar un día para lograr rearmarme y luego le pedí a Mariano que viniera a visitarme. Al abrir la puerta, nuevamente lo encontré sonriente y con sus brazos extendidos esperando que respondiera su abrazo. Y esta vez, no me animé a negárselo. Al estrecharme entre sus brazos sentí que regresaba una parte de mi cuerpo y aunque esta sensación me asustó, preferí dejarla a un lado.
-Ya arreglé el contrato. Vuelvo a trabajar acá -me dijo mientras caminábamos hacia el patio.
-¿Estás contento? ¿Convencido? -le pregunté sin mirarlo y me senté junto a la mesa de la galería.
-Sí, no es un sacrificio, al contrario. Me costó mucho vivir allá. No me fue fácil acostumbrarme, creo que nunca me acostumbré.
-Me alegro por vos.
Ambos permanecimos en silencio, mirando hacia el jardín.
-Po, quiero pedirte perdón, porque vos estabas bien y tranquila y yo me metí en el medio para presionarte. Mi intención no es joderte.
-Corté con Francisco... -me escuché contestándole.
Noté una sonrisa controlada en sus labios, pero con seriedad me preguntó si estaba bien.
-Mal, ¿cómo querés que esté? En realidad Francisco me cortó porque me dijo que no se iba a bancar mi duda. Siento que nunca puedo terminar nada en mi vida, que no puedo definir nada y jugarme por eso. Y eso me tiene mal. Yo estaba absolutamente enamorada de vos y no me arriesgué a seguirte a Estados Unidos. También estaba enamorada de Frank y apareciste vos y no pude jugarme por él.
-Tal vez, este es el momento para que te juegues por lo que realmente querés. Fijate qué sentís, intentá darte cuenta qué sentís por mí.
El mutismo volvió a instalarse y mi vista se clavó en el sauce.
-¿Te puedo pedir un favor? -irrumpió en mis pensamientos- ¿Podés mirarme? Ya no aguanto que esquives mi mirada.
Tenía razón, no me animaba a sostener su mirada, tenía miedo de lo que pudiera provocar en mí.
Giré mi cuerpo hacia él y con esfuerzo subí mis ojos hasta encontrarme con los suyos. Su sonrisa se desplegó y también sus ojos me sonrieron. Su rostro era tan lindo, tan luminoso, que me instó a seguir perdida en él. Había olvidado la satisfacción que me causaba el solo hecho de mirarlo.
De a poco un montón de sensaciones comenzaron a despertarse dentro de mí.
-Negro, vos me obligaste a dejar de quererte, ¿cómo sé que no lo vas a hacer de nuevo?
-Porque te amo, Poty, porque me equivoqué y no tengo intenciones de volver a alejarme de vos. Eso es todo lo que te puedo decir, todo lo que te puedo prometer -se acercó para intentar besarme, pero alejé mi cabeza.
-No quiero volver a sufrir lo que sufrí cuando te fuiste -pude decir.
-Yo tampoco. Pero tenerte tan cerca y no poder sentirte mía me hace sufrir mucho más. Te pido una oportunidad, nada más.
Muy bien. Ya había comprendido lo que Mariano despertaba en todo mi ser, una pasión, un deseo casi imposible de refrenar... Casi imposible, porque entonces supe que él podía hacer conmigo lo que quisiera, como lo había hecho anteriormente, y aunque me prometiera que esta vez estaba seguro, que no cambiaría de parecer, me atemorizó pensar en volver a perderlo... Perderlo como acababa de perder a Francisco, a quien también amaba, y hasta podría decir que amaba con mayor libertad, porque cuando estaba con él no se nublaba tanto mi razón.
-Ahora no puedo, Mariano... Andate, tengo que pensar.
Intenté pensar, intenté definirme, pero no podía, no sin volver a tener una charla más tranquila con Francisco. Yo necesitaba decirle lo que sentía. Entonces comencé a llamarlo, pero jamás me contestó. Sin embargo, debía hablar con él, por eso fui hasta su casa, y lo esperé en la puerta hasta que llegara.
-¿Qué hacés acá? -dijo con cara de disgusto cuando se topó con mi figura.
-¿Podemos hablar un ratito? -intenté tomar su mano, pero la alejó.
-¿Venís a decirme algo nuevo? ¿Algo que yo no sepa? ¿Algo así como que Mariano no te mueve un pelo, que no te interesa estar con él y que yo soy el único hombre de tu vida?
No, no podía decirle eso, no podía.
-Quería decirte que te amo, que eso lo sé; pero Mariano mueve demasiadas cosas en mí.
-¡No me digas que me amas! ¡Es mentira! ¡No podés amarme y decirme eso! -me gritó cargado de angustia. Yo quería abrazarlo, consolarlo, pero no me animaba a acercarme.
-Andate, me hacés mal -agregó con la voz entrecortada-. Andate con Mariano... seguramente él te quiere más que yo, porque se banca tus indefiniciones.
-Perdoname - sólo pude agregar antes de que abriera la puerta de su casa y entrara.
Me senté abatida en el cordón de la vereda y las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos con fuerza. Yo me había buscado esto, yo había provocado esta situación. Yo había hecho sufrir a un hombre al que amaba y lo había perdido. Sentía que en mi vida estaba dedicada a hacerlo todo mal ¿Sería cierto lo que me decía Francisco? ¿Acaso no lo amaba como creía? ¿Y sería Mariano quien más me amaba porque me aceptaba con esa valija llena de defectos con la que cargaba?
Aunque mi primer impulso al regresar a casa fue llamar a Mariano, me contuve. Si iba a tomar una decisión debía hacerlo fríamente, no frente a él, que con rapidez confundía mis sentidos. No fue una tarea fácil mantenerme alejada de él, ya que varias veces al día me llamaba para encontrarnos. Por más de una semana logré evitarlo, pero su insistencia crecía a medida que yo me negaba a recibirlo en casa. Reconozco que disfrutaba esperando sus llamados y escuchando sus ruegos. Y pronto comprobé que mis pensamientos giraban en torno a él casi las 24hs.
Cuando logré definirme, lo cité en casa. Mariano entró algo turbado, seguramente confundido ante mi actitud tan tajante de los últimos días. El no estaba acostumbrado a que yo le dijera que no.
Caminamos hasta el jardín y nos sentamos bajo el sauce.
-¿Se acabó mi penitencia? -me preguntó con cara seria.
-Mariano, yo no te estoy castigando, simplemente necesitaba tiempo para mí, para pensar. Vos pensabas que te iba a ver y me iba a arrojar a tus brazos sin dudarlo, ¿no?
-Tenía la ilusión... Yo estoy convencido que vos y yo estamos destinados a estar juntos; pero me mande una gran cagada y espero que puedas perdonarme y darme otra oportunidad. ¿No te parece que nos la merecemos? No es todo negro o blanco Poty, vos los sabés. A veces uno se puede equivocar, uno puede dudar; pero ¿qué sentís realmente acá? -posó su mano sobre mi pecho y luego con delicadeza subió su mano hasta mi mejilla para acariciarme.
¡Ah! Todo lo que tenía pensado decirle se esfumó en un segundo. Mariano tenía razón, estábamos destinados a estar juntos...
Al notarme obnubilada, se acercó con suma cautela y muy despacio tomó mi cabeza para que no pudiera escaparme, aunque yo no pensaba escaparme y con aún más suavidad posó sus labios sobre los míos. Aquel pequeño contacto despertó una pasión en mi ser que jamás creí que volviera a sentir.
De pronto recordé todo lo que Mariano significaba para mí, recordé el placer que experimentaba a su lado, en cada centímetro de mi cuerpo. Aquel tiempo de separación, en un instante, se esfumó.
Con determinación atrajo mi cuerpo al suyo y una sensación de completud me invadió. Nos ví desenfrenados, apasionados, besándonos, tocándonos, redescubriendo nuestros cuerpos, ansiosos por hacer el amor. Esa pasión que se había despertado varios años antes, allí, en el jardín de mi casa, había vuelto a florecer pero con mayor intensidad.
-Te amo, Poty -declaró y recostó su cabeza en mi pecho. Yo lo envolví con mis brazos y cerré mis ojos totalmente extasiada.
Mientras Mariano dormía comencé a pensar ¿qué sería de nosotros ahora? ¿Debíamos tomarnos un tiempo y decidir para dónde ir con nuestra relación? Pero mientras me perdía en deliberaciones, comprobé que esta era mi eterna actitud. Pensar, dudar, probar. Nunca definía nada, nunca apostaba a mis sentimientos sin pensar en las consecuencias. Y entonces decidí, que esta vez no sería así.
Había optado por Mariano. Mariano que me obnubilaba, me cegaba de pasión. ¿Para qué probar?, si sabía perfectamente que con él sería feliz. Entonces, ¿para qué seguir esperando?
-Po, no quiero vivir ni un minuto más sin vos -dijo aún acurrucado en mi pecho, y agregó-Quiero que nos casemos.
Su deseo me hizo sonreír. Tome su cara y la atraje hacia la mía, y antes de contestarle lo besé largamente.
-Te amo Negro. Y yo también me quiero casar con vos.
Volvimos a abrazarnos y quedamos allí, en silencio, disfrutando, fantaseando sobre ese futuro que ambos nos estábamos animando a crear.
Capítulo 24 (primera parte)
Capítulo 23
CAPÍTULO 23
Desde aquel mail, los encuentros virtuales con Mariano comenzaron a ser casi diarios.
Lejos de sentir culpa, sentí alegría en recuperar un amigo que había perdido por algún tiempo.
Yo había sido clara en mi relación con Francisco y él no había tardado en contarme de sus amoríos con una uruguaya con la que trabajaba. Esto nos daba la libertad de escribirnos, sin sentir que buscábamos algo del otro.
Aquel verano, Francisco no podía tomarse vacaciones debido a su nuevo trabajo. Entonces decidimos que se instalara en casa para poder pasar el mayor tiempo posible juntos. Era nuestra primer experiencia conviviendo y a pesar de estar muy acostumbrada a vivir sola y al fuerte y definido carácter de Francisco, congeniamos de inmediato y disfrutamos de las largas horas que compartimos juntos.
Poco a poco Francisco volvió a introducir el tema de un futuro juntos en nuestras conversaciones. Tal vez, sintió la confianza de hacerlo al comprobar que nos era placentero convivir, o tal vez, porque él planeaba comprarse un departamento y seguramente lo proyectaba para ambos. Y aunque su actitud me encantaba, note cuánto me asustaba.
Por momentos no lograba entender por qué se preocupaba tanto por mí, por qué demostraba un amor incondicional a pesar de mis miedos y mis indefinidos proyectos personales. Francisco me escuchaba, me orientaba... y comencé a pensar que nuestra relación parecía demasiado perfecta para ser real.
Y enfrascada en estos razonamientos, cometí un gran error. Los puse por escrito en un mail a Mariano. No comprendí entonces la interpretación que él había hecho del mismo, pero día a día noté que sus mensajes cambiaban de tono, trocando al Mariano amistoso, por uno cargado de dobles sentidos y de seducción. Sus mails al principio me divertían, pero un día no pude hacerme la distraída y sin mayor importancia le pregunté qué pretendía. Su contestación me descolocó:
“Poty, mientras escribo este mail, no estoy muy seguro de si lo voy a enviar o no, pero no puedo seguir pelotudeando más. Yo sé que fui el que quiso que cortemos la relación y ahora estoy super arrepentido. Cuando me empezaste a contar de tu relación con Francisco, pensé que era una estrategia tuya para darme celos. Pero cada vez parecías más enganchada. Además pregunté, y me dijeron que estaban super enamorados. Y me volví loco. No soporto pensarte con otro tipo, no lo soporto. Tal vez me animo a confesarte lo que siento porque te noto dudosa. No sé que pensar, pero te lo tenía que decir. No te estoy pidiendo que me contestes algo. En realidad me encantaría que vos me dijeras que todavía tengo alguna oportunidad de reconquistarte.
Te quiero. Mariano”.
Releí aquel mail muchas veces. Había esperado esas palabras por mucho tiempo, pero no en ese momento de mi vida. No tenía derecho a vomitar sus sentimientos de esa manera, sabiendo que estaba con Francisco.
Con mucho enojo sólo le contesté: “Tu mail llegó muy tarde”. Luego volví a bloquear su dirección en mi correo.
Pero no era cierto, no había llegado tarde, había llegado para instalarse en mis pensamientos y volverse un intruso en mi vida.
Estaba furiosa, furiosa con Mariano y furiosa conmigo misma. ¿Por qué nunca podía disfrutar de una relación plenamente? ¿Por qué cuando estaba con Mariano, Francisco irrumpía en mis pensamientos y por qué ahora que estaba con Francisco había permitido que se infiltrara Mariano? ¿Acaso no me permitía ser feliz? ¿Estaba destinada a lidiar entre estos dos amores? Es que entonces no iba a poder ser feliz con ninguno.
Luego de torturarme un par de días, decidí erradicar estos pensamientos y volver a conectarme con mi relación con Francisco. Francisco merecía todo mi amor, merecía que mis pensamientos fueran sólo suyos.
Aquel sábado por la mañana, el timbre me despertó. Algo confusa, busqué mi reloj y comprobé que apenas eran las 9 de la mañana. Francisco aún dormía, así que, haciendo el menor ruido posible, baje a ver quien llamaba.
Con mis rulos enmarañados y en pijama, abrí la puerta para ver quien me reclamaba del otro lado de la reja.
Debí fijar la vista un par de veces para comprobar que no era una visión la figura que estaba frente a mí, apenas a unos metros.
-¿Mariano? -pregunté sin moverme.
-Sí... ¿Me vas a dejar pasar? -preguntó muy alegre.
No, no quería que pasara, no quería que entrara en mi vida.
Al ver que no me movía, repitió su pregunta.
-No, Negro. Estoy con Francisco. Estamos durmiendo. Tendrías que haber llamado antes -no me gustó ser tan fría con él, pero me era imposible verme en aquella situación.
No esperaba mi respuesta, mi actitud, y por unos segundos enmudeció.
-Estoy parando en lo de mis viejos. Después llamame -dijo sin siquiera mirarme y se marchó.
¿¡Por qué!? ¿¡Por qué!? Grite en mi mente. ¿Cómo haría para decirle a Francisco que Mariano estaba a metros de nuestra relación?
Subí despacio las escaleras y rogué que Francisco siguiera durmiendo. Me acosté a su lado, pero casi inmediatamente él giró para abrazarme.
-Tocaron el timbre, ¿no? ¿Quién era a esta hora? -dijo refregando su cabeza en mi cuello.
Mentirle no era la solución, pensé, y tomando valor conteste.
-Mariano.
Aquel nombre funcionó como un resorte en el cuerpo de Francisco, ya que de inmediato saltó de la cama y quedó parado.
-¿Qué hace acá? ¿Por qué no me dijiste que venía? -de más está decir lo enojado que parecía.
-No sabía que venía. Yo hace mucho que bloqueo su correo electrónico. No tenía ni idea. Sino te lo hubiera dicho -intentaba mostrarme tranquila para contrarrestar su estado.
-¿Qué quiere? -nunca lo había visto tan alterado. Mientras me preguntaba, revolvía las sábanas buscando su ropa. Sin animarme a acercarme, le señalé la silla donde estaban sus pantalones.
-Quería que desayunáramos, obviamente le dije que no, que estaba durmiendo con vos. Calculo que después querrá verme.
-¿Y vos qué querés? -apretaba con furia los cordones de sus zapatillas.
-Quiero que te calmes, Frank. Yo no tengo la culpa de que haya aparecido sin avisar.
-Pero tenés la culpa de que su presencia me haga sentir tan mal -ni tuvo tiempo de pensar en su respuesta. Había salido de su corazón. Y me dolió muchísimo. No supe qué retrucarle y entonces continuo descargándose. -¿Sabés lo que pasa? ¿Sabés por qué no puedo estar tranquilo? Porque aunque ya pasó un año desde que estamos juntos, no te siento convencida con nuestra relación. Porque cada vez que hablo de casamiento o de vivir juntos se te paran los pelos. Aunque a veces creo que estamos bien, muchas veces siento que dudas. Vos lo lloraste a Mariano un montón de tiempo y él ahora vuelve y quiere verte. ¿Qué sé yo que vas a sentir cuando lo veas? -sus sentimientos eran muy duros, muy duros para ambos.
-Si querés lo llamó y le digo que no lo quiero ver -fue lo único que atiné a contestarle.
-No, y después voy a tener que cargar con el fantasma de ese encuentro. No. Yo me voy Flor. Necesito pensar. A la noche nos vemos -y con rapidez huyó de casa.
No podía negar que me sentía confundida. Aquellas palabras de Francisco sobre nuestra relación resonaban en mi cabeza y terminé reconociendo que eran ciertas. Yo no estaba comprometida con nuestra relación. Por una extraña razón, no podía proyectar un futuro juntos. Tal vez porque en ningún ámbito de mi vida lograba pensarme en futuro, me daba miedo salir del ahora.
Pero algo era real. Era real que estaba enamorada de Francisco. Y también era real que Mariano me turbaba. Tenía que verlo, tenía que descubrir cuáles eran mis verdaderos deseos.
Me dí un largo baño antes de tomar el teléfono y, algo más tranquila, lo cité en un bar cerca de casa.
-¡Hola! -me dijo feliz e intentó abrazarme, pero yo no quería abrazarlo, así que esquivé su cuerpo y besé su mejilla-. ¿Estoy equivocado o no soy muy bienvenido? -me molestaba que se mostrara tan animoso cuando yo estaba tan incómoda.
-¿Por qué viniste? -fue lo único que se me ocurrió decir.
-Porque quería hablarte y parece que tu mail no funciona -parecía divertirse con mi malestar.
-Dejó de funcionar el día que te fuiste al carajo. En serio, ¿qué hacés acá?
-Me dieron vacaciones... y necesitaba verte, pedirte disculpas. No tendría que haberte mandado ese mail. Pero, Po, yo te quiero y me moría de ganas de verte. ¿No podemos hacer de cuenta que nunca te escribí ese mail y aprovechemos estos días como viejos amigos que somos? -seguía sonriente y yo cada vez más irritada.
-No Mariano. No puedo hacer de cuenta que nada pasó. Te conozco y sé que por algo estás acá, que por algo me mandaste ese mail. Tu intención no es ser dos buenos amigos. No entiendo por qué sentís tal libertad para manipular mis sentimientos. Cuando a vos se te dio la gana, me obligaste a dejar de quererte, pero cuando viste que estaba feliz con Francisco, volviste a arremeter con toda tu artillería -estaba muy enojada, muy enojada... ¿Cómo podía ser que Mariano me dominara de esa manera? ¿Cómo podía ser que tan fácilmente invadiera nuevamente mi vida?
Por unos minutos nos mantuvimos callados. Tal vez, él esperaba que se aplacara mi ánimo antes de confesar sus intenciones.
-Poty, entiendo perfectamente que estés enojada. Yo sé que no estoy actuando bien; pero me di cuenta que por vos no me importa si tengo que perjudicar a alguien. A la única que no quiero perjudicar es a vos.
-Va más allá de perjudicar a Frank o a mí. Vos estás jugando con mis sentimientos. ¿O te olvidas cuando yo estaba muerta de amor por vos y vos te hacías el duro? ¿Qué pasó? ¿Por arte de magia te volviste a enamorar justo cuando yo estoy enamorada de otra persona? Negro... no tenés derecho... no tenés derecho.
-Sí tengo derecho. Tengo derecho porque te amo. Porque nunca dejé de sentir esto por vos. Pero pensé que si tapaba esos sentimientos iba a sufrir menos. Fui un tarado, porque mientras sabía que seguías conmigo estaba tranquilo, pero cuando me di cuenta de que te estabas enamorando de otro me trastorné. No podía dormir, no podía pensar. No soporté imaginarte con otro tipo -se detuvo para clavar sus ojos en los míos-. No lo soporto Poty. No puedo entender por qué no me querés más. No puedo entender cómo no sentís el mismo amor que siento yo. ¿Cómo no te morís de ganas de abrazarme, de besarme, de que hagamos el amor? -estiró su mano para alcanzar la mía y su roce causó una extraña sensación en mí. Mis sentidos quedaron aturdidos y aunque quise, no pude quitar mi mano de allí.
-Vos me obligaste a dejar de sentir todo eso -intenté mostrarme firme, pero no estaba convencida de mis palabras-. De todas maneras, ¿qué sentido tiene esto si vos en un par de días te vas? -esta idea era la única que lograba enfriarme.
-Porque no creo que me vaya -sus palabras hicieron estallar mi razón-. Mañana tengo una reunión y si todo sale como espero, vuelvo con un mejor puesto de trabajo y sólo algunos viajes cortos -me miró expectante.
¡No! Eso lo cambiaba todo. Una realidad era Mariano a miles de kilómetros, pero otra muy distinta era Mariano cerca. Yo era muy distinta con Mariano cerca.
Tenía que pensar. Necesitaba poner en orden mis ideas. Odié a Mariano por trastornarme con tanta facilidad. ¿Cómo podía hacerme esto con el sólo hecho de aparecer? No podía estar más allí.
Caminar fue mi mejor opción. ¿Qué haría con todo esto? ¿En qué lugar quedaba Francisco?
Yo estaba enamorada de Francisco. Pero Mariano invadía mis pensamientos, mi corazón. Y aunque el enojo me había servido de coraza, debí reconocer que su presencia me apabullaba, su cuerpo me instaba a desearlo. Y perdida en tanta duda comprobé que había anochecido y tendría que enfrentarme con Francisco.
Entró a casa muy serio, tenso y sin decir palabra, se ubicó en uno de los sillones. Yo lo hice frente a él.
-¿Qué tenés para decirme? -preguntó de pronto.
¿Qué tenía para decirle que no lo lastimara? Me pregunté. Nada. Sólo tenía la verdad.
-Mariano me contó que vuelve a Argentina...-dudé antes de continuar- y también quiere volver conmigo.
-¿Y eso cómo nos deja a nosotros? -clavó sus ojos azules en los míos.
-Estoy muy confundida. No puedo pensar con claridad -le confesé y escondí la cara tras mis manos. No podía mirarlo, no soportaba hacerle lo que le estaba haciendo.
-Tal vez soy un tonto. Tal vez en este momento tendría que sacar mi escudo y mi espada y ponerme a luchar por vos. Pero me parece que no tiene demasiado sentido. Vos y yo estamos bien. Vos sabes cómo es estar conmigo. Y si estás en duda es que lo nuestro no te alcanza. Si por verlo a Mariano dudás de nuestra relación, es que no tiene mucho sentido que sigamos. Yo te lo hago fácil, doy un paso al costado. O juego de titular o no juego -fue tajante. No me daba opción a nada. Pensándolo bien, no esperaba otra actitud de Francisco.
Pero yo no había pensado en una separación. O por lo menos en una decisión tan abrupta.
-Francisco, entiendo lo que sentís. Pero quiero que sepas que yo te amo y que vos me hacés feliz. Pero la presencia de Mariano me hace dudar y yo sé que vos no te merecés mi duda.
Me interrumpió.
-No, no me la merezco y no me la voy a bancar. -se puso de pie y sin mirarme se dirigió hacia la puerta.
No quería que se fuera, no quería que se terminara lo nuestro.
-Frank, ¡no te vayas! -corrí hasta él para tomarlo por sus brazos y obligarlo a que me mirara.
-¿Qué sentido tiene, Flor? ¿Qué sentido tiene que hoy me quede y mañana vengas a decirme que te quedás con Mariano?... Porque esto ya lo vivimos... Porque vos no te animás a despegarte de él, porque para vos él es lo seguro... ¿O estás convencida de que no querés estar con él y querés estar sólo conmigo? Porque esa es la única manera de que me quede.
No. No estaba convencida. No estaba convencida de nada. Lo abracé fuertemente y besé con avidez su boca, pero nada pude contestarle.
Cuando cerraba la puerta de la reja, giró para mirarme.
-¿Sabés de qué me acordé? -me dijo con furia-. De tu cuadro, ese al que le pusiste “Tal vez”. Estabas con Mariano y pensaste que tal vez era conmigo con quien querías estar. Yo no me banco la duda, y por eso me voy; pero me parece que vos siempre vas a vivir dudando, porque en definitiva nunca te definís, nunca te jugás por nada. Tu vida es un eterno tal vez.- dio media vuelta y se perdió en la oscuridad.
Quedé petrificada con sus palabras. Me dolieron, me dolieron más de lo que podía imaginar. Me ahogaron hasta apretar a tal punto mi pecho que estallé en lágrimas. Quedé allí, derrotada, en el umbral de mi casa, viendo como la poca cordura que tenía en mi vida se alejaba, dejándome una gran verdad... una gran verdad difícil de manejar.
Segunda parte: "Manchones"
A los 18 años uno no comprende los vaivenes que puede ofrecerte la vida. Y aunque con 18 años ya había experimentado situaciones que jamás pensé experimentar, no habían dejado una enseñanza en mi actuar.
Cuando salí de aquel departamento, comprendí que mi miedo a sentirme sola me había hecho aferrarme a Mariano, a su cariño, a su continua compañía y comprensión. Pero mis sentimientos se habían sobrepasado. Ya no era sólo una compañía, era vital y exigía de él total compromiso. Era una situación insostenible, era irrisorio esperar eso de Mariano. Pero seguramente él había aceptado ese papel y por ello le costaba reconocer que no podía cumplir con todas mis expectativas.
Lo que no lograba comprender, era por qué en ese momento de mi vida había descubierto este conflicto, por qué justo los dos habíamos explotado en el mismo momento.
Yo debía aprender a vivir como me había tocado, sin depender de otro que me prestara el hombro o el brazo para apoyarme y caminar. Ese día me propuse dejar de depender de los demás. No sería fácil. Pero era lo mejor.
No lograba controlar ni definir esa sensación nueva que se había instalado en mi cuerpo y que se avivaba al estar cerca de Mariano. Él era mi amigo, y no quería arruinar esa situación por nada en el mundo, pero mi cuerpo y mi psiquis me jugaban en contra cuando él se presentaba. Si ante alguien podía ser absolutamente natural era con él, pero luego de aquel encuentro todo había cambiado.
Al verlo mi cuerpo se crispaba, mi voz temblaba y de mis labios salían frases que me sorprendían. Por eso evitaba tener encuentros a solas con él y la única manera de controlarme era poniendo de escudo a Gastón... Gastón, otro tema que turbaba mis pensamientos.
Capítulo 5 (segunda parte)
CAPÍTULO 5 (SEGUNDA PARTE)
El viernes me levanté de mal humor. Soporté las cuatro horas de clase con la mayor dignidad posible y luego fui a almorzar con Lucrecia. Al notar mi estado rápidamente me preguntó qué me sucedía y le relaté los episodios del día anterior.
-Gastón es re tranqui, otro chico en su posición o te corta o te hace una escena de celos de aquellas -concluyó al terminar de oír mi historia.
-Sí, ayer me di cuenta de que estoy fallando en algo. Lo que pasa es que toda mi vida me pareció re normal mi actitud hacia Mariano, pero últimamente percibo que me causa problemas. Además yo me doy cuenta de que lo quiero mucho y que no sé ponerme límites cuando me refiero a él... en cambio él sí lo hace, ayer se apareció con su novia.
-Eso te re molestó... -terminó mi oración.
-Sí, mucho, yo seguramente lo hubiera llamado primero a él y después a Gastón, y seguramente hubiera ido a verlo antes... Lu, yo sé que me estoy confundiendo.
Estaba preocupada, si algo en mi vida no quería era tener conflictos con Mariano, y si continuaba actuando como lo estaba haciendo, seguramente los tendría.
-Es fácil, Poty, tenés que pensar qué es lo que buscas de tu relación con Mariano y qué de la relación con tu novio, y ahí te vas a dar cuenta cómo tenés que actuar.
Para ella era muy fácil decirlo, pero era algo muy complicado para mí. Yo no quería nada nuevo de Mariano, por eso no comprendía por qué en el último tiempo habían surgido tantos cuestionamientos sobre nuestra relación, y por qué Mariano también actuaba distinto. Porque su actitud hacia mí durante su viaje y a su regreso era algo que jamás hubiera esperado de él.
Al llegar a casa encontré un mensaje en el contestador. Mariano me invitaba a tomar un café en su casa. Al escuchar su voz comprobé cuán enojada estaba. Me sentía herida por su actitud, y pensaba hacérselo notar.
Decidí hacer tiempo para que no pensara que estaba ansiosa por verlo. Me di un largo baño, me vestí con más cuidado de lo habitual, y marché hacia su hogar. Antes de llegar me detuve a pensar qué sería lo que más podría molestarle y recordé que odiaba a los fumadores, entonces compre un paquete de cigarrillos y me fumé uno. Reconozco que me mareé y tuve algo de náuseas, pero no me importó.
Mariano me esperaba en la puerta del ascensor, en cuanto me besó puso cara de asco, pero sin decir palabra me empujó hacia su departamento.
-Tenés olor a cigarrillo, ¿estuviste fumando? -fueron las primeras palabras que brotaron de su boca al cerrar la puerta tras de sí.
-Sí, es mi nuevo vicio -me arrojé en el sillón que tenía en su pequeño living.
-No seas tonta, no te hace bien -me dijo en tono de reprimenda mientras se sentaba en el suelo, frente a mí.
-Hay tantas cosas que no me hacen bien... de algo hay que morir -mi actitud era de lucha, y me gustaba que así fuera.
-Ok, es tu vida -me mostró su expresión de enojo.
-Claro que es mi vida, y ya soy bastante grandecita como para decidir qué hacer.... ¿Para qué me llamaste? -usé mi tono más despectivo.
-Para que hablemos, hace mucho que no hablamos -lo noté confundido.
-En eso tenés razón... ¿Cómo te fue en tu viaje? -intenté que notara que mi pregunta había sido formulada sin ningún interés, y en cuanto comenzó con su relato, me removí en el sillón e hice como si buscara algo en mi cartera.
De pronto, saltó y quedó erguido. Sus movimientos fueron tan rápidos que pensé que algo lo había tomado por los hombros y había jalado de él.
-¡¿Qué te pasa?! -me dijo elevando su tono de voz y continuó- ¿Me querés decir qué carajo te pasa?
Al verlo tan enojado me sentí feliz, entonces decidí irritarlo aún más. Use mi tono de voz más suave y le contesté:
-Calmate, Negrito... ¿estuviste usando drogas?
-¿Vos me estás jodiendo? -seguía exaltado y se había ruborizado.
-¿Qué pretendés, Mariano? No te puedo tomar en serio. ¿Por qué no te mirás al espejo?
-¡No lo puedo creer! -gritó y con furia pateó la puerta del baño y se introdujo allí.
Sin quererlo largué una carcajada y un sentimiento de victoria me invadió. Al rato regresó, aparentemente calmado. Volvió a sentarse frente a mí y reanudó la conversación.
-¿Qué te pasa, Poty? -su voz se quebraba.
-Creo que es obvio, si lo pensaras un poquito te darías cuenta -le contesté sin perder la calma.
-No, no me doy cuenta... o más bien, sí. Estás enojada, pero... ¿por qué? -parecía suplicarme una respuesta... que yo no pensaba darle.
-¿Por qué? Dale, Mariano, no te hagas el tonto -sabía qué quería que le dijera, y no pensaba darle el gusto.
-¿Seguís enojada por lo de Matías?
En efecto, se estaba haciendo el tonto. No pensaba confesarle que lo había extrañado y que me había herido que no me llamara en tantos meses. Yo quería que él reconociera su falta.
-Sí, es lo de Matías -le contesté secamente e incorporándome agregué- me parece que vos y yo ya no tenemos nada de que hablar -me dirigí hacia la puerta.
Mariano me detuvo por el brazo.
-Está bien -dijo y me obligó a sentarme nuevamente en el sillón, esta vez, él lo hizo a mi lado- Ya hiciste que me enojara, que me pusiera mal, que gritara como un tarado. Espero que te haya alcanzado. Ahora vamos a hablar en serio.
No le contesté, simplemente me quedé quieta prestándole atención.
-Sé perfectamente qué te molestó, puede que tengas razón; pero yo también estaba enojado, creo que con razón, y entonces preferí no llamarte para que no nos peleáramos por teléfono. Pero obvio que me acordé de vos todo el tiempo... más que de nadie.
-¿Y por qué no viniste a verme ni bien llegaste? -le pregunté con seriedad.
-Tuve que ir directo al canal. No pude, sino lo hubiera hecho.
-No creo, porque para cenar con tu novia tuviste tiempo, si hubieras querido habrías tenido tiempo para mí. No me vas a conformar con esas excusas.
-Eso es distinto, entendé... ella es mi novia.
Sabía que sus palabras eran acertadas, él tenía el derecho y hasta la obligación de preferir a su novia, pero aquella frase me mató, con esas palabras sentí que mi corazón era perforado por un puñal. Efectivamente yo estaba confundida. Yo había sobrevalorado nuestra amistad y esto hacía que exigiera más de lo que él podía darme. Mi soledad me había hecho depender de él, hasta volverlo fundamental en mi vida; pero esa era mi manera de ver la vida. Evidentemente no la suya. Él tenía bien en claro cuáles eran sus prioridades.
Había actuado como una tonta, había protagonizado una escena de celos donde no me cabía ningún personaje. Me sentí infantil y ridícula. Y también muy decepcionada, porque aunque acababa de comprender que estaba en un error, hubiera deseado más que nada en el mundo que Mariano estuviera cometiendo mi mismo error. Aunque intenté contenerme, algunas lágrimas asomaron por mis ojos.
Mariano se detuvo ante esa situación y no supo qué hacer. Se quedó quieto, observándome. No quise darle importancia a mi llanto, por eso fui hasta el baño a lavar mi rostro. Cuando abrí la puerta para regresar al living, me encontré con la figura de Mariano frente a mí.
-¿Qué te pasa? -se mostraba preocupado.
-Nada Negro... nunca me gustó pelearme con vos, eso es todo -aunque intentaba dibujar una sonrisa, no lo lograba.
-Me parece que eso no es todo... ¿Dije algo que te molestó? -seguramente sabía cuál era la frase que me había molestado y no me pareció muy cortés de su parte hacerme esa pregunta. Por eso no le contesté.
-Negro, con tu actitud en estos meses comprobé que nuestra amistad no significa lo mismo para vos que para mí -sentí la necesidad de decirle lo que pensaba, pero con rapidez me interrumpió.
-No seas injusta, no podés decir eso porque no te llamé -no lo dejé seguir hablando y continué:
-Me di cuenta de que te volviste esencial en mi vida, que sos la primer persona en mi lista de prioridades y que yo espero lo mismo de vos. Pero no tiene que ser así, porque solamente somos amigos. Yo me aferré mucho a vos. Tal vez porque me siento sola y vos siempre andas por ahí intentando verme bien. Pero no tiene que ser así y te juro que de ahora en más no va a ser así, porque darte tanta importancia a vos me hace sacarle espacio a otras personas que tendrían que ser tanto o más importantes que vos. Además yo no puedo exigir que me pongas en el mismo lugar que yo te pongo, porque no corresponde, porque es injusto. Quiero que sepas que en mis sentimientos y pensamientos te acabo de liberar de ese peso.
Terminé con mi discurso y caí rendida en el sillón. Noté un gesto de confusión en la cara de Mariano. Tal vez había dicho muchas palabras muy de golpe e intentaba asimilarlas. Me miraba extrañado, hasta que de pronto habló:
-Poty... creo que varias veces te dije que tu sinceridad me mata. No me podés decir esto, hacer esto. Vos no sabés lo que significás para mí. Y no podés llegar a esas conclusiones porque no te haya llamado o no haya ido a cenar con vos ayer –se tomó la frente con ambas manos y luego de masajear su ceño continuó:
-Poty, te quiero muchísimo y para mí sos muy importante. Sos la persona que más me conoce y entiende. Sos mi gran amiga. Y me parece bien que haya otra gente que sea muy importante en nuestras vidas, los dos estamos de novios y tenemos muy buenos amigos, pero eso no implica que yo deje de estar en cada uno de los momentos que me necesites y lo mismo al revés. Pero tenés que entender que a veces no puedo. Yo te... – noté que luchaba con sus pensamientos, su cuerpo se había tensado y sus puños estaban apretados- Yo siempre te voy a acompañar y no porque te sientas sola, sino porque me encanta acompañarte. Me encanta que me acompañes.
Creo que ambos estábamos muy confundidos con nuestros sentimientos, y tal vez, mi revelación también lo había hecho reflexionar sobre nuestra amistad. No me sentía cómoda, ninguno de los dos actuábamos con el otro como lo hacíamos habitualmente. Seguramente ambos teníamos mucho para pensar y modificar en aquella relación. Pensé que todo lo que se necesitaba hablar ya se había dicho.
-Mariano, yo sé que me querés mucho, eso no está en duda, yo también te quiero mucho y eso no va a cambiar... -me levanté y besé su mejilla- no te preocupes, estamos bien -le dije y caminé hacia la puerta. Él no me detuvo pero se apuró a contestar antes de que saliera de su casa:
-No sé si estamos bien, pero lo vamos a estar -escuché mientras cerraba la puerta.
Capítulo 4
CAPÍTULO 4
Pensé que Mariano me llamaría desde Estados Unidos, pero no lo hizo. Este hecho me molestó sobre manera, pero nada podía hacer al respecto.
Lola estaba muy deprimida. Su autoestima había descendido notablemente. Decidimos distraerla con Natalia. Los sábados íbamos las tres a bailar. A veces se nos unían otras amigas. Esto no le agradaba a Gastón, era lógico, pero a mí no me importaba, mi obligación era acompañar a una amiga en problemas.
El único efecto que causaron estas salidas fueron las reiteradas discusiones que compartía con Gastón, ya que Lola seguía pensando en Matías, y Natalia no había encontrado ningún hombre que le agradara.
Comenzaba septiembre, era una noche estrellada. Por ello habíamos decidido con mi padre cenar en el jardín. Como era habitual, comíamos sin decir palabra; pero había algo en su expresión que me llamaba la atención, parecía mirarme con reproche. No pude soportar la intriga y le pregunté qué le sucedía.
-Sos vos, Poty, me tenés preocupado.
-¿Preocupado por qué?
Soltó sus cubiertos y buscó mis ojos.
-Sabés que no me meto en tu vida, a vos no te gusta y yo perdí la costumbre de hacerlo; pero creo que tu relación con Gastón no va ni para atrás ni para adelante.
¡¿Qué sabía él de mi relación con Gastón?!... Como si alguna vez me hubiese preguntado algo, pero mi curiosidad me hizo escucharlo.
-¿Te parece, pa?
-¿A vos te parece normal salir todos los fines de semana con tus amigas? Yo creo que eso no es normal, vos lo estás descuidando. Además una chica que sale a bailar todos los fines de semana sin su novio parece una atorranta.
-¡No digas pavadas, papá! ¿Atorranta para quién? Las parejas modernas salen con grupos de amigos por separado. Es lo más normal del mundo. Él también sale con sus amigos, yo no me quejo.
-Si estuvieras enamorada preferirías estar con él y no con tus amigas, y no me digas que no es así porque creo que tengo más experiencia que vos en eso.
No pensaba darle la razón, yo estaba cómoda con Gastón y mientras él aceptara mis reglas, no era mi intención ponerme a revisar nuestra relación.
-Ya te dije que es una mentalidad distinta a la de tu época, además lo importante es la calidad del tiempo que estamos juntos -papá largó una carcajada.
-¡Una calidad bárbara! Si se la pasan todo el tiempo peleando -no podía dejar de reir- Poty, sos tan graciosa, sos tan buena con las palabras, siempre encontrás la respuesta para todo. Yo no necesito que me reconozcas que tengo razón. Pero si te interesa, yo creo saber por qué estás con Gastón.
Antes que comenzara a desarrollar su hipótesis, lo interrumpí:
-¿Si te digo que no me interesa te vas a callar?, además, ¿desde cuándo te interesa tanto mi vida amorosa?
Odié esa sonrisa que tenía instalada en su rostro.
-¡No te pongas nerviosa, Poty! No te voy a poner en penitencia. Yo creo que estás con Gastón para darle celos a Mariano.
-¡Nada más lejos de la realidad! -me apresuré a contestarle- además creo que ya tuve suficiente cuota de consejos paternos para este día y lo que queda del mes. Si no te molesta, me voy a dormir, estoy reventada.
¡¿Qué derecho tenía mi padre a decir esas cosas?! ¿Qué derecho tenía de perturbar de esa manera mis pensamientos? Mariano era mi mejor amigo, ¿por qué tenía que cambiar esa situación? Que algunas veces fantaseara con él, suponía, era lo más lógico del mundo, que lo extrañara y sintiera un gran vacío por su ausencia, también era lógico, tan lógico como la indignación que sentía porque no me había llamado desde Estados Unidos. Era mi mejor amigo, y esos sentimientos que tenía eran perfectamente aceptables. Mi papá estaba equivocado, muy equivocado. Gastón era mi novio y yo estaba feliz de que así fuera.
Capítulo 2
CAPÍTULO 2
Pensé que ponerme de novia me llenaría de ansiedades y me daría algo en que pensar y distraerme, pero eso no había sucedido.
Con Gastón estaba bien, me gustaba; pero no me apasionaba. Pensé que tal vez era así porque no me había costado conquistarlo, no había sufrido, no había llorado, no lo había deseado. Todo había surgido naturalmente sin mayores exabruptos. Tal vez el tiempo haría que me entusiasmara.
Pero no me servía para dejar de pensar en aquellas palabras: “mi primera vez... algo que me interesara”.
Gastón estudiaba geología y parecía entusiasmado. Cuando se juntaban con Matías, con quien estudiaba, se pasaban largos ratos charlando sobre eras, rocas y otras tantas cosas que me parecían sumamente aburridas pero que para ellos parecían ser en extremo divertidas e interesantes. Entonces, como él era mi novio me pareció buena idea hablar sobre mis inquietudes.
Por lo general, casi todos lo días mis amigos se reunían en casa para disfrutar de la pileta, y ya por la tarde cuando el sol se ocultaba, no había más motivos para quedarse y esos eran los momentos donde aprovechábamos para estar solos... salvo que Mariano se instalara cerca nuestro, cosa que rara vez sucedía.
Aunque Gastón esperaba esos momentos para lograr algo de mayor intimidad conmigo, aquella tarde preferí que charláramos. A pesar de que no se mostró muy convencido, accedió.
-¿Qué es lo que te anda preocupando, Poty? -dijo sin siquiera mirarme, mientras se arrojaba en el sillón del living y encendía la tele.
-Estoy preocupada por mi futuro. No se si elegí bien la carrera -corrí sus piernas y me senté a su lado.
-Psicopedagogía es algo bastante normal, no creo que te cueste lo que tengas que estudiar, además es humanística y vos sos bastante sociable -se lo notaba bastante interesado en el partido de fútbol que miraba como para hacer apreciaciones muy profundas. De todas maneras continué:
-Lo que pasa es que veo que a vos te encanta lo que estudias y hasta te parece fascinante una roca... -me interrumpió.
-¡Es que es fascinante!
-Sí, para vos. A eso voy, vos estás haciendo algo que realmente te gusta, yo en cambio no estoy muy emocionada por empezar la facultad.
-¡Poty, tenés 17 años! Tenés toda una vida para elegir lo que te gusta, si cuando empezás la facu ves que te aburrís, cambiás y listo. Realmente no entiendo por qué estás tan preocupada. Tendríamos que estar transando y cagándonos de risa en vez de filosofar. Seguro que eso te ayuda a no preocuparte más por tu futuro. ¿Vamos a tu cuarto?
En esos momentos no tenía ganas de ir a mi cuarto, en realidad no tenía ganas de estar con él y menos aún soportar sus besos, no los merecía.
-¿Sabés qué? Hoy no estoy de humor. Si querés quedate mirando el partido, yo me voy al jardín.
Sólo gritó “¡Gol!”, así que luego de servirme un vaso de jugo fui al jardín, para recostarme bajo mi sauce preferido.
Ya había oscurecido cuando Mariano apareció en el jardín.
-Gastón te mandó un beso. ¿Qué pasó? Me dijo que estabas enojada y que prefería no salir para que no lo putearas. ¿Te hizo algo? -se sentó a mi lado.
-A parte de preferir un partido a charlar conmigo, no... -Mariano no pudo ocultar su risa.
-Para vos será divertido -agregué- pero para mí es bastante frustrante que mi novio prefiera transar conmigo o ver un partido a escuchar mis problemas.
-No lo culpo, vos andás correteando en bikini todo el día, el chico no es de hierro -noté que quería levantarme el ánimo, pero no lo estaba consiguiendo-. Contame qué te pasa, yo no voy a intentar transarte y el partido ya terminó -me guiñó el ojo y me quitó una sonrisa.
-En realidad si estoy preocupada, es por tu culpa... ¿Te acordás el día que debutaste en la tele? -asintió con la cabeza- ¿cuando te enojaste y me dijiste sobre la primera vez que algo me interesara?
-Si, pero te pedí disculpas. Tenías razón.
-Vos también, porque no hay nada que realmente me interese y eso es lo que me molesta. Golpeando sus piernas me invitó a recostar mi cabeza en ellas y yo obedecí.
-¿Y psicopedagogía? En un mes empiezan las clases. Habías decidido que era lo que más te gustaba -mientras me hablaba rascaba mi cabeza, él sabía que eso me tranquilizaba.
-No encontré nada más interesante para estudiar, y la psicopedagoga que nos dio la charla de orientación me pareció divina, por eso lo elegí; pero no sé si es lo que me gusta.
-Mirale el lado bueno, hasta que no sepas de qué se trata no vas a saber si te gusta o no y si te llega a gustar vas a tener la oportunidad, con tu carrera, de ayudar a elegir a otros chicos que se sientan desorientados.
Me encantaron sus palabras.
-¡¡Ves que con vos se puede hablar!!! Gastón sólo puede hablar de rocas.
Mariano se echó a reír con ganas.
-Gastón es mi amigo, pero hay que reconocer que es medio boludo. ¿Sabes de qué me acordé? Cuando eras chiquita te encantaba pintar, ¿te acordás? Yo lo tengo muy presente porque siempre me obligabas a posar.
-¡Cierto! Es más, debo tener esos dibujos guardados en alguna parte. Es verdad que me gustaba pintar. En realidad no se por qué dejé de hacerlo. ¡Gracias Negro! -pegué un salto para poder abrazarlo y besarlo.
-Te lo debía, ya que fui yo quien te hizo pensar que nada te interesaba, pero te juro que esa no fue mi intención -me respondió el beso y se levantó–. Bueno, me tengo que ir, hoy seguro que vuelvo de madrugada.
En las últimas semanas Mariano solía desaparecer con más frecuencia de la habitual, y eso le comenté.
-Es que estoy saliendo con una chica del canal. Pero me pareció medio extraño decirle que vivía aquí, no es algo que se explica fácilmente. Así que ella cree que estoy en mi depto, por eso llego tarde. Por suerte por ahora nunca me dijo que se quería quedar a dormir conmigo, sino se me hubiera complicado -me explicó.
¡Por eso desaparecía tanto! Pensé.
-Negro, sabés que la podés traer cuando quieras -reconozco que lo dije por compromiso, por lo general no me agradaban sus novias... demasiado perfectitas para mi gusto.
-Gracias, pero traerla lo haría formal y todavía no quiero que sea formal -puso cara de pícaro y agregó- además, no quiero estar siempre entre Gastón y vos.
Sin esperar respuesta, besó mi frente y salió con apuro.
Aproveché que estaría sola en casa y decidí ir hasta el playroom a buscar aquellos dibujos que habían vuelto a mi memoria. Sabía que en alguna caja los encontraría. Luego de llenarme de polvo y telarañas logré encontrarlos en el fondo de un baúl. Arrastré el cofre hasta unos almohadones que por allí había y comencé a revisarlos. En aquellos papeles se notaba el paso de los años, ya estaban amarillos y resquebrajados. Comencé a mirar uno por uno.
-¡Manchita! -grité al encontrar un bosquejo anaranjado de algo que quería ser un perro.
Ya había olvidado a mi mascota, recordé cuánto la quería y lo loco que volvía a aquel animal.
Seguí revisando y comenzaron a aparecer una serie de retratos con crayón o carbonilla negros. Dos ojos saltones y un flequillo oscuro, no podía ser otro que Mariano y su particular mirada. Esa mirada profunda y tan expresiva que hacía parecer que Mariano siempre sonreía. Esa mirada que no se había perdido con los años.
Luego encontré un sinnúmero de paisajes con soles que sonreían, árboles colmados de manzanas y casas alpinas. Y bien en el fondo... estaba aquel rostro. Saqué de la caja aquel dibujo con sumo cuidado, parecía que esos ojos me miraban. Sin duda, era el retrato mejor logrado, pintado con acrílicos. Tuve que quitarlo de mi vista para que no se arruinara con mis lágrimas. Era mamá. Sus ojos castaños me transmitían paz y sus labios una sutil sonrisa. Recordé el día que le pedí pintarla. Yo jugaba en el patio con Manchita cuando ella entró con una paquete envuelto para regalo.
-¡Po! Mirá lo que te traje -dijo entusiasmada y me entregó el regalo. Al abrirlo encontré un nuevo juego de acrílicos y un pincel muy lindo. No era como los que solía usar. Era uno “en serio”, me explicó. Y allí nomás decidí estrenarlo. Aunque sabía que ella estaba cansada, después de un largo día de trabajo, la convencí para que se quedara quieta bajo mi sauce preferido y estuve largo rato retratándola.
-¡Cómo nos divertíamos! -pensé. Mamá era una mujer alegre, graciosa, que no tenía miedo al ridículo. Recordé cuánto disfrutaba de su compañía. Recordé, entre sollozos, nuestras siestas compartidas, nuestros paseos por la avenida Santa Fe, los cuentos que me inventaba a la hora de dormir... ¡Eran tantos recuerdos, tantas imágenes! Me sentía abrumada, mi pecho se había comprimido y mi garganta estaba seca. Eran sensaciones que habían sido escondidas por años y que de pronto afloraban sin contención. Me era difícil soportar tanto dolor, tanta emoción.
Lloré tanto que mis ojos estaban nublados y mi rostro parecía explotar. Necesitaba que me abrazaran, que me dijeran que iba a cesar aquel momento. Necesitaba a papá. Allí, tirada en el playroom reconocí cuánto los extrañaba, reviví la tristeza y la soledad que se habían aplacado con el tiempo. Yo no quería que esos momentos tan oscuros de mi vida regresaran, había sido un gran esfuerzo superarlos y no podía darme el lujo de volverlos a vivir.
Bajé corriendo las escaleras, prendí todas las luces del living y luego de colocar en la video una película que me encantaba, me tiré en el sillón a mirarla. Debí quedarme dormida.
-¡Poty! -escuché mientras me zamarreaba- son las cuatro de la mañana...
Refregué mis ojos y pude ver a Mariano.
-Vamos, te acompaño a la cama -me tomó del brazo para ayudar a incorporarme.
No quería irme a la cama, no quería encontrarme sola con mis pensamientos.
-No, me voy a quedar viendo una película –le dije y volví a sentarme.
Me miró sorprendido.
-¿Estás segura? ¿Pasó algo mientras no estuve?
Sin mirarlo le pedí que me alcanzara la manta que cubría el otro sofá y luego se marchó.
Comencé a hacer zapping por los canales de música pero no pasaron cinco minutos cuando Mariano nuevamente se encontraba frente a mí.
-Fui a apagar la luz del playroom y encontré los dibujos ¿Te pusiste mal? -tomó mi mentón para que lo mirara y se sentó a mi lado.
-Me vinieron muchos recuerdos y me puse triste... -en verdad no tenía muchas ganas de hablar, porque sólo removería la tristeza que sentía, y para nada serviría. Mariano pasó su brazo tras mi hombro ofreciéndome su pecho, donde recosté con gusto mi cabeza.
-¿Extrañás a tu vieja? -preguntó.
-Casi nunca pienso en ella, pero hoy me volvieron un montón de recuerdos. La verdad es que la extraño mucho... y a papá también.... ¿Vos te das cuenta de lo sola que estoy? -algunas lágrimas rodaron por mi rostro.
-No estás tan sola, me tenés a mí -secó mis lágrimas.
-Si, pero no tengo a mis viejos... -me aferré a su cintura y escondí mi rostro para que no viera la intensidad de mi llanto.
-Poty... vos sabés que tu papá te quiere mucho, pero tiene mucho laburo y a él le cuesta la falta de tu mamá.
-Por eso me deja a mí sola en esta casa con la falta de mamá y la suya. Estoy por cumplir 18 y no es nada fácil vivir sola. Vos elegiste irte a vivir solo, pero que te dejen sola en tu casa casi todo el año desde los 15 años no es nada fácil.
Mariano sabía que tenía razón, por eso sólo me escuchó y acarició mi cabeza. Al rato tomándome nuevamente del mentón me obligó a mirarlo.
-Yo sé que es una mierda lo que te toca vivir, pero lo hacés bastante bien. Lo que quiero que sepas es que te quiero muchísimo y me da mucha bronca verte mal y te juro que siempre voy a estar a tu lado. Voy a hacer lo posible para que no estés sola. Dale, no llores más, que sos mucho mas linda cuando te reís -me guiñó un ojo y sonrió, yo intenté devolverle una sonrisa.
-¿A veces me pregunto que sería de mí sin vos? -besé su mejilla y volví a recostarme en su pecho.
Desperté con un fuerte dolor de espalda. Todavía estaba en el sillón, cubierta por la manta y por el brazo de Mariano. El aún dormía. Era extraño que así lo hiciera ya que su posición no era para nada cómoda. Me quedé observándolo. Había algo peculiar en su rostro. Siempre se mostraba apacible y aunque no lo estuviera, sonriente. Mirar su cara daba paz, en cambio su cuerpo no era tan apacible, era imponente y muy seductor. Cuando me rodeaba con sus brazos o me hundía en su pecho me sentía protegida.
Pero aquel día, mientras lo observaba, un cosquilleo recorrió todo mi cuerpo. No tuve tiempo de averiguar de que se trataba, ya que de pronto, los ojos de Mariano me sorprendieron.
-¡Nos quedamos dormidos! -se desperezó y yo de un salto me incorporé- Ya es de día... ¿hoy es domingo o lunes?
Supuse que era domingo y así se lo dije.
-Entonces me voy a la cama. Te recomiendo que hagas lo mismo.
Aún algo torpe, subió las escaleras y se encerró en su cuarto, yo lo imité. No pude dormir demasiado, no porque no quisiera, sino porque pasado el mediodía comenzó a sonar el timbre de la entrada con gran insistencia. Al comprobar que nadie contestaba -Mariano estaba más dormido que yo- decidí ir a ver quién era.
Al abrir la puerta encontré las sonrisas de Lola, Naty y Soledad.
-¿Qué te pasó? Parece que te atropelló un camión -dijo Soledad mientras me miraba con cara de espanto.
-Estaba plácidamente dormida. Anoche me acosté muy tarde -apenas contesté y caminé hacia la cocina para prepararme un café.
-¿Hubo acción con Gastón? -preguntó entre risas Lola.
-No me hables de Gastón, ayer lo tendría que haber matado. No es que las quiera joder, pero ¿se puede saber qué están haciendo en mi casa? -caminé hasta el jardín y me tiré en una reposera, ellas me imitaron.
-Necesito un consejo de mis amigas y me pareció buena idea reunirnos acá, así de paso tomamos sol, no hay drama, ¿no? -contestó Lola con fingida cara de preocupación.
Por supuesto que no había drama, me encantaba cuando Lola tenía algún tema de preocupación. Por lo general era muy divertido.
-Yo me pregunto, ¿no podemos nadar un rato y después discutir ese problema tan importante y ultra secreto que tenés? -Natalia no concebía la idea de estar sentadas junto a la pileta un día soleado y no poder utilizarla.
-La idea es que resolvamos esto pronto para después nadar y relajarnos, sino, ni vos ni Soledad ni Poty van a poner interés en ayudarme -le explicó.
-Bueno, basta de preámbulos ¿o es que acaso no estás preparada para contar lo que te pasa? -Soledad parecía harta, antes de comenzar.
-Bueno... -Lola nos miró y con inseguridad continuó- el tema es que Matías quiere que hagamos el amor pero yo no sé si estoy preparada. Es decir, en el momento me caliento, pero cuando pienso en la situación me da cosa, cuando se está por dar la situación, me bloqueo -me tenté al ver que su cara se había vuelto bordó.
-¿Y vos qué querés hacer? -Naty se mostraba interesada.
-No sé, toda la vida escuché en mi casa que antes del matrimonio era pecado, que no lo hiciera con cualquiera, que cuidara mi cuerpo, etc., etc., etc. Y en el fondo creo que eso me influye, sé que no quiero llegar virgen al matrimonio, pero ¿qué sé yo si Matías va a ser el amor de mi vida?
-Yo creo que tenés que dejar todos los prejuicios de lado, vos tenés que hacer lo que sientas, si para vos está bien, nadie tiene por qué juzgarte -Soledad opinó pero yo no estaba de acuerdo; por lo general nunca estaba de acuerdo con ella y me gustaba hacérselo notar.
-¿Qué, entonces si para mí está bien robar nadie puede decirme nada? No creo que sea así, las cosas están bien o están mal. Algo tiene que definir qué está bien y qué mal. Para mí, acostarte con cualquiera por simple calentura está mal. Uno tiene que estar convencido de lo que va a hacer. Entregar el cuerpo es algo muy importante para andar dándoselo a cualquiera -declaré orgullosa mis pensamientos.
Lola seguía pensativa, pero Soledad y Naty no tardaron en contestarme.
-No seas tan cerrada, creo que hay ciertos temas que solamente uno puede saber si están bien o mal.
-Sí, yo estoy de acuerdo con Naty, en los sentimientos es muy difícil opinar, está mal reprimirse por “el qué dirán”, sólo cada uno en su interior sabe si es correcto o incorrecto -yo seguía disintiendo con Soledad.
-¡No! En los sentimientos no todo vale. Engañar al novio no está bien, acostarte con cualquiera no está bien, usar a alguien para dar celos tampoco es correcto, qué sé yo, hay mil cosas que no me parecen correctas -algún día recordaría estas palabras.
-Creo que ser tan estricta no te va a hacer bien -Soledad me enseñó un gesto de desaprobación.
-Me encantan todos sus razonamientos filosóficos sobre la vida, ¿pero yo qué hago? -Lola ya se estaba impacientando.
-Lola, si todavía no te sentís preparada y no estás totalmente segura, esperá. Hacer el amor es algo muy importante y muy lindo para que después lo vivas con arrepentimiento y culpa.
Las cuatro giramos, sobresaltadas, nuestras cabezas hacia la cocina. El color en el rostro de Lola ya era imposible de describir. Mariano se acercó hacia nosotras.
-Disculpen, sé que era un tema de mujeres, pero no pude dejar de escuchar, y a lo mejor, la opinión de un hombre les sirve.
Ninguna contestó. Yo me incorporé y le hice un gesto para que me acompañara a la cocina. Estaba absolutamente irritada, sentía unas enormes ganas de insultarlo, pero no quería que mis amigas presenciaran una pelea.
-¡Mariano, estás totalmente loco! ¿Cómo se te ocurre meterte en una conversación tan privada? Te agradezco que me cuides, que te preocupes por mí, pero me parece que te fuiste al carajo. No te podés meter en todo, no me gusta que te metas en mis conversaciones y en la de mis amigas. ¿Por qué no te vas con tu novia? -le dije casi gritando.
Pareció enojarse con mi reto.
-¿En serio querés que me vaya? Si querés me voy, pero después, cuando estés depre como ayer, no me vengas a buscar. Porque cuando te convengo no me querés sacar del medio -sus palabras, con tono hiriente, me irritaron aún más, pero no se calló-. O a lo mejor querés que te deje sola para que vos también puedas tener relaciones con Gastón, “tu gran novio” -agregó en tono de burla.
-¿Ves que no parás de decir idioteces? -giré para regresar al jardín, pero su voz me detuvo.
-Mejor me voy, pero quiero que sepas que lo que vos opinás me parece de lo más retrógrado, es increíble que una chica de 17 años piense como vos.
No escuché más y volví con mis amigas.
Tardé unos minutos en entender la conversación, para cuando quise participar comprendí que tenían todo resuelto. Entonces era Lola la que hablaba.
-En definitiva Mariano tenía razón, me parece que todavía no estoy decidida, Matías va a tener que aguantar un tiempito más -esbozó una gran sonrisa-. Ya me siento mucho mejor.
-Bueno, entonces festejemos -dijo Naty mientras se tiraba de cabeza en la pileta.
Lola y Soledad la imitaron.
Yo aún estaba conmocionada por mi discusión con Mariano. Me molestaba mucho que se enterara de mis secretos, de los pensamientos que no quería compartir con él. Ya participaba bastante en mi vida, como para saber mi opinión sobre el sexo. En definitiva, por suerte yo no había comentado qué hacía con Gastón. Concluí y acompañé a mis amigas en la pileta.
Mariano acató mi sugerencia, ya que no aparecía por casa durante el día, pero sí volvía para dormir. Supuse que para no faltar a su promesa a mi padre.
Evidentemente ambos habíamos exagerado nuestra reacción, pero ninguno fue capaz de dar el primer paso para hacer las paces.
Ya había comenzado marzo, y con él la cuenta regresiva hacia mi vida adulta.
En poco tiempo comenzaría la facultad y lo que era aún más importante, faltaban apenas unos días para cumplir 18 años. Era un tema de suma importancia. Eran 18 años. “Hay un antes y un después de ese cumpleaños”, pensaba.
Por la semana me encontraba casi todo el día sola, ya que Gastón y Matías estaban preparando un viaje de estudios al sur y eso consumía casi todo su tiempo.
Lola había regresado a su trabajo de vendedora en la boutique de su madre y Natalia había comenzado con sus cursos de chef.
Soledad era quien tenía tanto tiempo libre como yo, pero como un encuentro de ambas sin compañía extra era algo difícil de imaginar, prefería la soledad de mi hogar a estar con Soledad.
Como el tiempo me sobraba, lo repartí en dos actividades importantes: planear mi cumpleaños y ver si todavía me acordaba cómo era eso de pintar.
Todas las mañanas me sentaba bajo mi sauce, con algunas hojas y una caja de pasteles y garabateaba a mi antojo. Resultó ser algo divertido, que a la vez me causaba cierta sensación de paz.
Mi cumple era un tema más conflictivo. No sabía a quién invitar. Quería hacer una fiesta numerosa, pero para ello debía invitar a mis ex compañeros de colegio, y sabía que eran muy descontrolados y que seguramente tendría que soportar alguna broma de mal gusto. Pero, por otro lado, si no los invitaba, estaríamos solamente Lola, Naty, Soledad y alguna que otra persona, ya que ni siquiera Gastón estaría para ese día, pues se encontraría en su viaje de estudios.
Por lo tanto, luego de pedirle permiso a mi padre para invertir dinero en la fiesta, decidí que vendrían los chicos del colegio.
¡Por fin llegó el día de mi cumpleaños! Aunque había esperado que llegara con ansias, al despertarme comprendí que hasta la noche no tendría con quien compartirlo, entonces me quedé remoloneando en la cama. Cerca de las 10 de la mañana sonó el teléfono.
Era mi padre que, luego de cantarme el feliz cumpleaños y de repetirme cuánto me quería, me pedía disculpas por no poder estar en persona. Yo ya sabía que así era, por eso no me enojé, en cambio disfruté de su llamado y de todas las cosas lindas que me dijo en esos cinco minutos.
Ya me había despabilado, entonces decidí bajar a desayunar. Al entrar a la cocina, encontré una grata sorpresa.
-¡Negro! ¡Qué suerte que te quedaste! -lo abracé y besé su mejilla.
-Es tu cumpleaños, no podía pasarlo lejos tuyo... ¿puedo quedarme en tu casa? -me sonrió pero comprendí que estaba reprochando mi actitud ante aquella discusión.
-Perdoname, nunca te tendría que haber dicho que te fueras... Y gracias por venir a dormir, aunque estuvieras enojado. ¡Qué suerte que nos reconciliamos!, no me gusta estar peleada con vos -volví a besar su mejilla.
-Reconozco que me costó muchísimo no verte en estos días, pero hoy tenía que estar con vos. Estás muy linda, cumplir años te hace muy bien -me abrazó y rascó mi cabeza-. Sentate que ya preparé el desayuno -acercó dos tazas de café y una torta que tenía escondida bajo un repasador.
Mientras saboreaba el bizcochuelo, comprendí que Mariano me hacía feliz. Siempre sabía exactamente qué hacer para que me sintiera bien. Y es muy agradable saber que hay alguien, por ahí, dando vueltas, que va a procurar verte feliz.
-Estuve pintando -le comenté luego de acabar mi segunda taza de café.
-Ya sé, vi tus dibujos en el comedor. Están muy lindos. Me alegro por vos -nos interrumpió el timbre.
Ambos corrimos hasta la puerta y recibimos un ramo inmenso de rosas.
-¿Serán de Gastón? -preguntó el Negro por sobre mi hombro intentando husmear la tarjeta.
-En todo caso sería un ramo de rocas o fósiles. No, son de papá, dice que es para que recuerde que él está acá conmigo -inspiré su aroma y las abracé.
-¿Lo extrañás? -buscó mi mirada.
-No... me hubiera gustado que esté, cumplo 18. Pero ya estoy acostumbrada. Éste fue un buen gesto.
Era lo que en verdad pensaba, pero decidí dar por terminado el tema. Volví hasta la cocina a buscar un florero y, de paso, comer otra porción de torta.
Nos pasamos todo el día preparando la casa para la fiesta y por la tarde se nos unieron Lola y Naty.
Cerca de las 10 de la noche la mayoría de los invitados estaban en casa. Aunque no solía compartir muchos momentos con mis ex compañeros, el estar con ellos me divertía. Era un grupo desenfrenado, lleno de energía, y los adolescentes en masa suelen contagiarse esa energía desbordante repleta de ganas de divertirse.
Todos bailábamos y cantábamos en el patio. Se había formado un buen clima. Mariano vivía la fiesta desde un costado, a él no le agradaban algunos de mis compañeros. Los consideraba infantiles y “zafados”, por eso, decidió dedicarse a servir las mesas y ver que todo estuviera en orden.
Pasada la medianoche, Agustín, que solía ser el cabecilla del grupo, pidió silencio y se ubicó en el centro del jardín.
-Bueno, chicos, Poty ya tiene 18, ¡es hora de su iniciación a la vida adulta! -gritó alentando a la turba.
Yo tomé mi cabeza con ambas manos. Sabía que de esa situación no podría zafar. A todos los que habían cumplido 18 se les había hecho cumplir con alguna prenda bastante comprometedora. Amigas mías, habían terminado en ropa interior en el baúl de un auto, o encerradas en las mismas condiciones en algún placard con un chico pasado de alcohol, y con los chicos era aún peor. En el mejor de los casos podría terminar cubierta de huevos y harina.
Mientras algunos me atrapaban para llevarme al centro del jardín, otros estaban reunidos deliberando cuál sería mi castigo por tener 18.
-¡Ya está decidido! -aclamó Agustín mientras se colocaba a mi lado -queremos que te luzcas con un striptease; pero tiene que ser bien sexy, porque sino vamos a tener que sacarte la ropita que te quede... y no dudes que vamos a hacerlo -estaba exaltadísimo, tanto como el resto del grupo.
-¡Ni en pedo me desvisto!... Así que más les vale que piensen otra cosa -contesté decidida. A modo de respuesta me llovieron algunos vasos de plástico.
-Lo digo en serio, si me quieren ver con poca ropa, vengan cualquier día cuando esté en la pileta.
Agustín comenzó a reírse.
-Ya sabíamos que te ibas a negar, así que tenemos un plan B. La única manera de que zafes de quedar desnuda es que te des un chupón, un chupón, no un piquito, acá en el medio, con alguno de nosotros... ¡Y que el beso dure por lo menos un minuto!
-¡¡No!! -grité- No sean jodidos... ¡Si se entera mi novio me mata!
-Bueno, entonces... ¡Al ataque! -gritó e hizo un gesto de avance. Algunos chicos me rodearon para intentar quitarme la remera; entonces decidí que el beso era mejor.
-Ok, acepto lo del beso... ¿Con quién me lo tengo que dar? -le dije totalmente entregada a Agustín. Alcanzó una bolsa llena de papelitos y me pidió que sacara uno. Sin leerlo, se lo entregué.
-Ahora sabremos quien es el afortunado -dijo riendo y luego de leer su contenido, declaró: -¡Mariano!
Mariano estaba apoyado contra el sauce y al escuchar su nombre, con mala cara, comenzó a caminar hacia mí.
-Perdoname Negro... pero la verdad prefiero darte un beso a vos y no a esta manga de calentones -le dije al oído.
-Está todo bien... dale, terminemos con esto de una vez -contestó y me tomó del brazo.
Caminamos hasta el lugar que nos indicó Agustín, y allí anunció que podíamos comenzar.
Era injusto que nos forzaran a esto. Yo estaba de novia, y me parecía horrible haber involucrado a Mariano. No eran cosas con las que se podía jugar. No eran cosas con las que se podía jugar con él.
Inspiré hondo, atraje su cabeza hacia mí, ya que sino me era imposible alcanzarlo. Intenté acercar mis labios a los suyos, pero él instintivamente se alejó. Todos rieron, pero mi mirada los obligó a callar. Volví a atraerlo y, cerrando mis ojos, lo besé. Sentí que sus labios vibraban. Tímidamente su boca se abrió y se mezcló con la mía. Sentí como si nunca antes hubiera besado. A lo lejos podía escuchar la cuenta regresiva, pero nuestros labios no lograban desprenderse, una fuerza desconocida los mantenía unidos. Sentí la necesidad de abrazarlo al tiempo que percibí sus manos en mi espalda. Abrí los ojos y pude verlo por primera vez. Descubrí su tez blanca, que hacía resaltar su cabello negro y sus enormes ojos, aún más negros y expresivos ¡Era muy atractivo! Su cuerpo me envolvía, podía ocultarme en él. Su paladar me pareció exquisito, tan exquisito como su lengua.
Un vaso de plástico que golpeó mi cabeza me hizo reaccionar. Necesité impulsarme con ambas manos para lograr separarme. Tardé unos segundos en reubicarme y poder mirar a mis amigos.
-¿Están contentos? -dije enojada, pero se ve que no lo estaban, ya que entre varios me alzaron y lanzaron a la pileta.
Lola me acompañó a cambiar mi ropa. Estaba desorbitada.
-¿Qué paso ahí afuera?... ¡No se podían separar! ¡Por favor explicame algo!
Me daba mucha vergüenza pensar que todos se habían dado cuenta.
-Lola, ¿no se notó que estábamos disimulando? Arreglamos todo cuando secreteamos. No fue un beso de verdad.
-Ni vos crees eso, si no fuera por el vaso que les tiraron todavía estaban ahí baboseándose.
-¡No! Yo estoy de novia, sería incapaz de hacer algo así, engañamos a todos... ¿entendiste? -la miré con seriedad y me introduje en el baño para secarme.
Luego de devorar la torta, lentamente se fueron retirando los invitados, hasta encontrarme sola recogiendo los platos y vasos de plástico desparramados por todo el jardín.
Una sombra reflejada en el piso me atemorizó. Pegué un salto, pero al sentir su carcajada me tranquilice.
-¿Te ayudo? -me preguntó en forma seria mientras recogía los platos que habían volado de mis manos con el sobresalto.
-Pensé que te habías ido, Negrito -no podía mirarlo a los ojos.
-¿A dónde?, si yo vivo acá, ¿o no? -él parecía actuar con mayor naturalidad.
Me ayudó a ordenar aquel desastre y luego nos sentamos a descansar en el sillón del living. Allí descubrí que ambos mirábamos muy interesados el piso. No lograba desenvolverme como me desenvolvía por lo general a su lado, algo había cambiado en mi interior cuando lo miraba. Tal vez, había descubierto que Mariano, además de ser mi amigo, era un hombre.
-Perdoná el momento que te hice pasar -me atreví a comenzar la conversación.
-No fue tu culpa -dijo sin levantar la vista y enmudeció. Yo necesitaba hablar, me parecía importante, pero él parecía estar sumergido en el parquet.
-Negro... -toqué su mano para llamar su atención, y crispó su cuerpo- me parece que tenemos que decir algo. No quiero que nos quedemos con cosas adentro.
-Yo estoy bien, Poty, lo que realmente me molestó es que tus amigos se fueron de mambo, si no hubiéramos transado, te desnudaban. Te juro que estuve a punto de pegarles. Además, cuando estaba levantando la basura del patio encontré la bolsa con los papelitos. Todos decían Mariano. Los boludos nos querían joder. Nunca se bancaron que fuéramos tan amigos.
-Y, puede ser, siempre me gastaron con vos. Pero yo ya sabía que se iban a mandar alguna, ellos son así. No todo el mundo puede ser tan sensible y bueno como vos.
Mariano se rió.
-Gracias... -se arrimó a mí para abrazarme-. No te preocupes, lo que pasó hoy no fue nada. Es obvio que nos queremos mucho y con el beso nos lo demostramos, eso es todo.
Lo miré con mi ceño fruncido, no me convencía su explicación.
-Dudo que Gastón quede conforme con tu razonamiento.
-Poty, ¡no se te ocurra contarle a Gastón! Obviamente no lo va a entender. Lógicamente en una sociedad como esta no es aceptada esa demostración de afecto, menos tu novio. Pero si lo pensás fríamente, ese beso tuvo el mismo significado de uno que me das en el cachete o que un abrazo. Simplemente nos demostramos que nos queríamos, ¿no? -me miró expectante. Creo que intentaba convencerse a sí mismo, más que a mí.
-Sí... -no estaba muy convencida- en realidad podríamos haber sido un poco menos efusivos, pero en fin, para qué seguir cuestionándolo... ¿Qué te parece si de ahora en más cuando nos saludamos nos rompemos la boca de un beso? -lo miré con picardía y eché una carcajada, él me imitó.
-Bueno, Po, me muero de sueño. ¿Vamos a dormir? -intentó levantarse, pero yo me colgué de su brazo.
-¡¡Nooo!! No tengo sueño, acompañame un rato más -le supliqué.
-Bueno, pero solamente un ratito. Realmente tengo mucho sueño. Me quedo sólo porque es tu cumpleaños -atrajo la mesa ratona para poder estirar sus piernas sobre ella y se tapó con la manta que cubría el sillón. Yo lo imité.
Prendí la tele y luego de buscar en varios canales, encontré una película cómica para que nos acompañara de fondo.
Mariano parecía pensativo.
-Si Gastón se entera del beso y se hace la cabeza con que estamos todas las noches juntos y solos, me mata. La verdad que es bastante comprensivo, no te creas que todo el mundo ve como algo muy natural que yo me quede acá con vos.
Seguramente el beso también lo había hecho pensar, porque hasta ese día, que Mariano durmiera en casa gran parte del año, era algo natural. De hecho, era mi padre quien se lo había sugerido.
-Negro, para mí es lo más natural del mundo. Gastón sabe que somos como hermanos, él lo ve así, como casi todo el mundo.
-Hoy comprobé que no todos nos ven como hermanos, y yo te veo como mi mejor amiga, pero ni vos ni yo pensamos en el otro como hermanos... ¿o me equivoco?
En realidad no se equivocaba, yo no lo veía como un hermano. Lo veía como Mariano, mi gran amigo, mi protector, mi compañero, mi confidente. Por lo menos hasta aquella noche.
-Yo te veo como Mariano, con todo lo que eso implica par mí; y te aseguro que no me importa demasiado lo que piensen los demás. Ya me acostumbré a que me carguen con vos, a que algún chico con el que salga me haga una escena de celos; ¿pero sabés que? -hice una pequeña pausa, para girar mi cabeza y buscar su mirada- en realidad eso no me importa, porque para mí ser tu amiga es una de las cosas más lindas que tengo en la vida... y si sobreviví estos últimos años, cuando mis viejos me dejaron sola fue gracias a vos. Y por eso es que te quiero tanto y te juro que siempre voy a estar agradecida. Mis ojos se llenaron de lágrimas y los suyos también.
-¿Cómo hacés para ser siempre tan divina y tan sincera? -me tomó por el cuello y rascó mi cabeza. Rápidamente me soltó.
-No siempre te parezco tan divina, el otro día te enojaste mucho y me dijiste de todo -puse cara de enojada.
-Es que realmente me sorprendiste, no pensé que eras tan cerrada. En la vida no todo es blanco o negro. ¿O acaso los pasteles no te muestran eso en tus dibujos? -¡Qué buena frase!, pensé, pero una cosa era dibujar y otra bastante distinta la vida.
-Yo pienso así y la verdad es que me molesta bastante que sepas y para colmo opines sobre mis ideas del sexo y aledaños.
Mariano no logró ocultar su sonrisa.
-Parece que hay temas que con “tu amigo Mariano” no se pueden hablar.
-Siempre hay que reservarse algo... -agregué con una sonrisa.
-Eso quiere decir que no me vas a contar si ya hiciste el amor con Gastón -su sonrisa se iba ensanchando.
-Obvio que no te voy a contar -y menos aún porque no lo habíamos hecho.
-¡Qué lástima!, porque yo podría darte muchos consejos para que la pasaran mejor -se notaba que gozaba hablando de este tema, hasta sus ojos brillaban.
-¿Quién te dijo que necesitamos consejos? -yo también me estaba divirtiendo- ¡No sabés lo que Gastón es capaz de hacer con una roca!, así que imaginate conmigo -al terminar la frase ya ninguno pudo contenerse y comenzamos a reírnos a carcajadas.
Ya agotados de reírnos, nos quedamos en silencio mirando la tele, pero creo que sin ver nada en realidad. Noté que a Mariano se le cerraban los ojos, y de pronto comenzó a cabecear, hasta que recostó su cabeza en mi hombro. Casi de inmediato se incorporó.
-Bueno, Po, me parece que ya es hora de ir a la cama... te quiero mucho -besó mi frente y caminó rápido hasta su cuarto.
Recostada en mi cama, y aún sin mucho sueño, mi mente se puso en funcionamiento. Aunque no era algo que voluntariamente provocaba, el rostro de Mariano se me aparecía, pero no el que estaba acostumbrada a ver, sino aquel que había descubierto al besarnos, un rostro que turbaba mis pensamientos, que provocaba sensaciones que se contradecían con mis sentimientos hacia él. Su rostro había dejado de ser “el rostro de Mariano” para ser el rostro de un hombre.
Primera parte: "GARABATOS"
En verdad, solía gozar de libertad, ya que a pesar de no tener 18 años era usual que me encontrara sola en mi casa y tomara mis propias decisiones.
Mi madre había muerto hace algunos años. Una enfermedad horrible, muy dolorosa para querer recordarla. Supongo que mi padre compartía este mismo pensamiento, ya que desde su muerte había optado por escaparse. No niego que lo necesitara y extrañara, pero con el tiempo me acostumbré a su ausencia y aprendí a sacar provecho de ella. Trabajaba en el negocio inmobiliario y por eso, en los meses del verano, se trasladaba a la costa para alquilar departamentos.
Por lo tanto me encontraba sola en mi casona de Palermo viejo, que poseía un gran parque y una linda pileta, muy cotizada en mi círculo de amistades.
Prólogo
Creo que en la vida las cosas van cambiando de significado a medida que pasan los años.
Hay experiencias, sentimientos y sensaciones que logran modificar y teñir tu vida de tantos matices que jamás podrías imaginar.
A mí, la vida me dio muchas sorpresas. Me regaló momentos extremadamente felices y otros que lograron desgarrarme de dolor. Me presentó personajes que pudieron hacerme descubrir distintas maneras de amar, de odiar, de vivir, de gozar y de sufrir. Y me enseñó que no todo es como parece, que no todo es blanco o negro, bueno o malo. Que uno debe salir con su escudo y su espada a luchar y defenderse ante aquella eterna batalla de vivir.
Pero no siempre pensé así... no siempre viví así...
LOS INVITO A LEER LA NOVELA
Hola a todos!!
Para los que comenzaron a leer este blog más tarde, les cuento que he subido todos los capítulos de "TAL VEZ", mi primer novela.
Para que la puedan leer, pinchen en el archivo y allí les irán apareciendo los primeros capítulos.
¡¡Los invito a meterse en mi historia y a dejar sus opiniones!!
¡¡Que lo disfruten!!
María
¡¡MUCHAS GRACIAS!!
Y sí, se terminó "TAL VEZ". Pero lo que no se terminó es la historia de mi vida.
Espero que haberme animado a mostrarme a los demás haga que cada día mi vida sea un poco más rica.
Desde que comencé este blog me siento así, enriquecida por sus comentarios, por el ánimo que recibí de todos ustedes, por la buena energía que sentí día a día.
Y por eso necesito agradecerles, porque me llenaron de ganas de seguir escribiendo, de seguir mostrando lo que me gusta hacer.
Y también quiero agradecerles por todos sus votos en Book and you, ya que gracias a ustedes "TAL VEZ" salió segunda en el concurso y eso para mí es muy importante.
Como dice Fito: "Lo importante no es llegar, lo importante es el camino" . Y yo estoy satisfecha con el camino que estoy siguiendo.
No se a dónde llegará TAL VEZ, no se a dónde llegaré yo, pero me gusta por donde estoy yendo.
¡Nuevamente gracias por acompañarme!
Los quiero!!
María
CAPÍTULO 33 (capítulo final)
CAPÍTULO 33
Aquella tarde estaba dando clases con el grupo de Luz y sus amiguitas. Ya terminada la actividad, las ayudaba a limpiarse cuando sonó el timbre.
Al abrir la puerta ví a Francisco del otro lado de la reja. Mi corazón comenzó a palpitar con fuerza ante la sorpresa. Quedé paralizada.
-Vine a buscar a Luz -me explicó, al ver que no reaccionaba.
Lo hice pasar.
-Está en el baño lavándose, ya viene... ¿Qué hacés acá?
-Lola me llamó desesperada, que no llegaba, me rogó que viniera a buscarla.
Fue entonces cuando comprendí lo que sucedía. ¡Qué linda que era Lola! Ella jamás se daba por vencida.
-Me pareció raro que se preocupara tanto, pero me dijo que Luz se angustia mucho cuando ella llega tarde a buscarla -era una excusa poco creíble, sobre todo si supiera que Lola debía arrancarla de casa, ya que jamás se quería marchar del taller.
Aunque asentí a la explicación, Francisco notó en mi rostro mi falta de convencimiento y largó una pequeña carcajada. Acababa de darse cuenta de la trampa en la que había caído.
-¡Es genial nuestra amiga! -exclamó, yo solo sonreí por respuesta y agaché mi cabeza algo avergonzada.
Luz volvió corriendo del baño y al verlo a Francisco, emocionada, saltó para que la alzara.
-Fran, ¡quiero que veas mis dibujos!, ¡dale Poty, mostrale mis dibujos! Poty dice que soy una artista -le rogó excitada.
El timbre sonaba, las otras chicas del grupo saltaban a nuestro alrededor y yo seguía idiotizada ante la presencia de Francisco.
-Ahora Poty está ocupada, esperá un poquito -la tranquilizó.
Yo fui hasta la puerta con el resto de las niñas para entregárselas a sus padres, y cinco minutos más tarde regresé. Luz estaba mostrándole el trabajito que habían realizado en la clase.
-¡Qué lindas cosas hacen! -me dijo Francisco mientras me sonreía.
-¡Quiero que le muestres la tortuga que hice! ¡Dale! -tiró de mi delantal a modo de súplica.
-Luz, ya sabés que ahora vienen otros chicos a pintar, y que tengo que preparar todo. Tengo que guardar estos dibujos, para que no se ensucien y lavar los pinceles, barrer. Ya sabés -Luz puso cara de enojada.
-¡Pero quiero que Fran vea todo lo que hago! -dijo encaprichada.
-Fran puede venir cuando quiera a ver tus dibujos. ¿Qué te parece? Pero ahora no se los voy a poder mostrar, porque vienen otros chicos, ¿entendés? -su cara de enojada se iba transformado en cara de llanto.
-¿Puede ser hoy? -me preguntó con un puchero. Por un momento pensé que Lola la había hecho practicar este diálogo. Luz era mejor aún que su madre.
Francisco me miró expectante. Yo le contesté que trabajaba hasta las 8 de la noche.
-Bueno, tengo una idea. Ahora nosotros nos vamos a tomar la leche a un pelotero, después te llevo a tu casa y yo vuelvo a ver tus dibujos. ¿Dale? -el rostro de Luz se iluminó.
Ya más contesta, se abrigó y los acompañé hasta la puerta.
-A las 8 estoy por acá -me dijo serio Francisco a modo de despedida.
De más está decir, que los chicos del grupo de pintura que venían a continuación tuvieron una clase bastante pobre. No lograba concentrarme, en mi cabeza se había instalado el rostro de Francisco y me había obnubilado. Los minutos parecían eternos, hasta que por fin, se hicieron las 8.
Mientras lavaba los pinceles, pensaba que no iba a venir, que simplemente había dicho que vendría para calmar a Luz, en definitiva, no había venido a casa por voluntad propia. Ya habían pasado meses desde nuestra última charla, y si hasta entonces no había aparecido, ¿por qué hacerlo ahora? ¿Por qué abrir una puerta que él mismo se había encargado en cerrar? Pero mis sentimientos me sorprendían, a medida que habían pasado los días, había logrado resignarme, autoconvencerme de que nuestra historia no debía ser y lo estaba llevando bien. Sin embargo, con sólo verlo, todo aquello que sentía se había instalado con más fuerza. ¡Cómo lo deseaba! En aquel momento reconocí que en esos meses, cada vez que sonaba el teléfono, cada vez que tocaban a mi puerta, tenía la ilusión de que fuera él. Y allí estaba yo, lavando los malditos pinceles, sucia, con mis cabellos alborotados, deseando con desesperación que llegara el momento que había soñado y planificado por mucho tiempo. Pero los minutos pasaban y no llegaba.
Barría el taller, cuando por fin el timbre sonó.
Y detrás de la reja apareció Francisco, que estaba aún más lindo que un par de horas atrás. En cambio, yo era un desastre.
-Perdón que tardé, pero Luz no se quería ir del pelotero. ¡Qué personalidad tiene nuestra ahijada!-dijo mientras entraba. Él parecía tan relajado, y yo estaba demasiado nerviosa.
-¿Tomamos un café? Estoy re cansada -le dije mientras caminaba rumbo a la cocina. Francisco me siguió.
Nos sentamos a la mesa de la cocina, uno frente al otro y en silencio bebimos el café.
-¡Qué linda que estás! -su comentario me sorprendió.
-Si, divina, ¡estoy hecha un desastre! -me observé y noté que ni siquiera me había quitado el guardapolvo. Inmediatamente me deshice de él.
-No, te lo digo en serio. Estás radiante, se te ve apasionada, y eso te hace más linda... Aunque tengas la cara manchada de rojo -con su mano acarició mi mejilla para quitarme la mancha.
¡Por Dios! Con ese simple roce sentí que me había ruborizado. ¡Basta! Ya no podía más. No sabía que decir, que hacer, estaba allí sentada, mirándolo embobada. Debía decirle lo que sentía.
-Francisco, estoy re nerviosa. Esperé un montón de tiempo tenerte en frente y ahora que te tengo estoy hecha una idiota. Me moría por verte y me morí de amor al verte. Estoy en desventaja.
-Me parece justo, yo me muero cada vez que te veo y sin embargo me la banco -su contestación me dejó helada.
-Y entonces, ¿por qué no querés estar conmigo? -fui directa, ya no había lugar para la sutileza.
-Flor, yo sé lo que siento por vos, pero todavía no estoy seguro que lo que vos sentís por mí. Vos volviste de Europa, llena de proyectos y entusiasmo. Yo tenía miedo de que ese entusiasmo se pasara, como otras veces se te había pasado. Pero hoy estoy acá y me doy cuenta que no era un cambio pasajero; pero entonces no lo sabía.
-Yo cambié mucho, estaba muy perdida, pero me encontré. Te entiendo, entiendo que dudes, pero ahora por primera vez en mi vida me siento satisfecha conmigo misma, siento que sé hacia donde voy, y fundamentalmente siento que tengo algo para ofrecerte, antes no podía darte nada, porque yo no tenía nada -me levanté y tomé su mano para que me siguiera. Lo llevé hasta el taller-. Esto es lo que soy, esto es lo que me gusta hacer, y me encantaría poder compartirlo con vos. Me encantaría que llegara la noche y yo te pudiera contar las ocurrencias de mis alumnos, mostrarte esas producciones que me sorprenden, pedirte consejos. Me encantaría llevarte al jardín para poder retratarte. También me encantaría prestarte mi oído cuando estés preocupado por tu trabajo, o cansado, o contento, ¿entendés? Reconozco que soy feliz, pero yo necesito compartir mi felicidad con vos.
Ya no podía resistirlo más, necesitaba abrazarlo, besarlo, hacerle entender lo que sentía, pero él notó mis intenciones y con delicadeza me detuvo.
-Hay algo que necesito preguntarte, y te pido perdón, pero necesito hacerlo. Bah, no es una pregunta, es algo que siento... Yo... siento que si Mariano estuviera vivo, no sé si me habrías elegido. En realidad creo que no me habrías elegido.
-¿Cómo saberlo? Mariano está muerto... Yo lo amé a Mariano, muchísimo y te amo a vos. Y te amo desde hace años. Imaginate cuánto te amaré que te estoy esperando desde hace más de cuatro años. Y en estos cuatro años vos te casaste, yo viaje por otros países, conocí a un montón de gente, volví, te declaré mi amor, vos me dijiste que no querías estar conmigo y yo sin embargo te sigo amando, te sigo esperando. Entendeme, Francisco, yo te elijo a vos. Yo quiero estar con vos, hay miles de hombres en este mundo, y yo no quiero estar con ninguno. Quiero estar con vos. Vos me ayudaste a crecer, vos me ayudaste a salir del pozo en el que me encontraba. Y yo no quería volver a amar, pero aquella noche de tu despedida de soltero, me di cuenta de lo que sentía por vos. Estaba dormido y resurgió con más fuerza. Entonces no me animé pero ahora ya no sé qué más hacer para que estés conmigo -un sentimiento de impotencia me invadió y un par de lágrimas rodaron por mis mejillas.
Francisco me abrazó con fuerza y me instó a mirarlo.
-Perdoname, es que hoy vine a tomar la decisión más importante de mi vida, y necesitaba estar seguro -por unos segundos me miró en silencio, para luego acariciar mi mejilla y por fin besarme con avidez-. Yo no sé hacia dónde nos llevará la vida, pero hacia donde vaya, quiero que nos lleve juntos -me dijo con una sonrisa.
Y así sería, porque a mí tampoco me importaba hacia dónde nos llevaría el destino, mientras fuese a su lado, mientras siempre estuvieran esos ojos azules que hacían que me encontrara, que me iluminaban, que me retaban a ser mejor. Era allí donde quería estar, después de tanto andar, era justo allí donde quería estar.
Mi relato aquí termina, pero no mi historia. Porque el futuro se hace día a día, lleno de proyectos, ilusiones, crisis y conflictos, ya que sin estos sería imposible crecer, avanzar. Pero como me dijo Francisco entonces, y me lo sigue repitiendo aún hoy, es más sencillo transitar el laberinto de la vida si se sabe dónde se quiere estar.
La vida es como un cuadro. Es una obra de arte que uno va pintando, a veces usando la razón, a veces la pasión. Donde el lienzo se va enriqueciendo con cada prueba, cada manchón, cada pincelada. Donde son necesarias las sombras para que se noten las luces. Donde los colores plenos no alcanzan, ni los blancos, ni los negros... yo no podría pintar sin matices. Y donde cada trazo, cada elemento que uno incluye en la obra, modifica al resto.
Así es para mí la vida, y así es como planeo vivirla...
FIN.



